miércoles, 31 de diciembre de 2025

Mis favoritas del 2025

No hay mucho que decir de este año. Repetir que siempre lo valioso se halla en la dieta cinéfila de películas de años pasados. En el 2025, no he reconocido documentales memorables. Capaz algo de ello tenga que ver con que este año la crítica internacional repite su desatención a documentales no relacionados al conflicto Israel-palestino, seguido por los que aluden a la guerra entre Rusia y Ucrania. De esa producción en boga, resalto Put Your Soul on Your Hand and Walk (2025), de Sepideh Farsi. Es una sorpresa esté ausente en listas. Capaz falta de distribución; es lo único que se me ocurre. Mismo destino tal vez pase con películas más orientadas a la ficción como A Useful Ghost (Ratchapoom Boonbunchachoke, 2025), Home Sweet Home (Frelle Petersen, 2025) y La virgen de la tosquera (Laura Casabé, 2025). Buenas películas las tres. No quedaron en mi lista final, pero no dejo de pensar que sí que valen la pena ser revisadas y valoradas. Sin más, feliz año 2026 a todos. Resisto por esta vía.

Cartelera

El brutalista (2024)

Together (Michael Shanks, 2025)

Vino la noche (Paolo Tizón, 2024)

Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson, 2025)

Mente maestra (Kelly Reichardt, 2025): Así como en su ópera prima River of Grass (1994), la directora le saca la vuelta a un tópico clásico para descubrirnos una suerte de boicot al mismo. Arrancando por su irónico título, esta es la historia de un hombre que de “maestro” no tiene nada. Entonces veremos cómo este relato que nos evoca a los magistrales robos se va descomponiendo en un contexto que (no es gratuito) coincide con una época de cambios, rupturas ante ciertas creencias, incluyendo esos conceptos, fantasías o argumentos tradicionales asociados a la sociedad estadounidense.

Festivales y muestras

Heldin (Petra Biondina Volpe, 2025): Una película que acontece en una sola noche. Basta una sesión nocturna para comprender lo difícil que es la rutina de una enfermera, y aquí no estamos ante cualquiera, sino una comprometida. Acá vemos la seriedad ante un oficio y la empatía natural de un personaje al borde del colpaso emocional. Es una película con un mensaje claro: meternos entre los nervios de su protagonista a fin de valorar su labor. Es también una nueva película en donde me convenzo del gran talento de la actriz Leonie Benesch.

Un poeta (Simón Mesa Soto, 2025)

The Shrouds (David Cronenberg, 2024)

VOD

Una casa de dinamita (Kathryn Bigelow, 2025)

La chica zurda (Shih-Ching Tsou, 2025)

Alternativa

Eddington (Ari Aster, 2025): Todo un caldo de discursos y comportamientos nocivos es la pauta de un EE. UU. en pleno contexto electoral y pandémico. Vemos cómo una sociedad va transitando de la excentricidad a la locura. El absurdo aquí por momentos da gracia y en otros da miedo. Aster para ello invoca a los estereotipos de su nación. Es una crítica y sátira a un sistema descompuesto en donde una sociedad confunde la libertad de expresión con la imperiosa necesidad de crear nuevas fronteras ideológicas. El estado de desconfianza aquí está a un nivel paranoico. Solo queda ver de lejos cómo se autodestruye.

Eephus (Carson Lund, 2024): Tiene pinta de ser un homenaje al fanatismo por el beisbol, pero no. Más bien es consciente de cómo el beisbol pasó de ser una práctica tradicional a una rutina y luego a un escape de la realidad. Esta es una película sobre el escapismo, en efecto, dirigida para la sensibilidad de una comunidad masculina de clase media heterosexual estadounidense. Vemos aquí la agonía de la antiquísima promesa de que el ser padre de familia era equivalente a un modelo de nación. Esta es una película que expira decepción, melancolía, ocaso, mortandad y, en tanto, el escenario va siendo atrapado poco a poco por el crepúsculo, el inevitable recordatorio que hay que volver a casa.

Lurker (Alex Russell, 2025): Es familiar su protagonista y su trama, sin embargo, no deja de ser ciertamente impredecible. Salvo por el final, aquí no veremos grandes giros de trama, sino quiebres que replantean la frecuencia del relato. Tenemos entonces a un personaje descubrimiento su “país de las maravillas”. Este será el principio de la revelación de un individuo enigmático, luego inquietante, siniestro, perturbador. Pero vamos cómo el entorno va respondiendo a este extraño. Pienso en películas sobre amos y esclavos, pero aquí se voltea el pastel. Me pregunto si capaz estemos ante una fábula sobre los efectos de la fama o solo la historia de un perturbado sacándole provecho a la fortuna.

Bob Trevino Likes It (Tracie Laymon, 2024): Muy conmovedora película basada en una historia real. Creo que el gran fuerte de ello es la personalidad de una joven que a pesar de tener todos los antecedentes para ser un personaje desdichado le da la contra a su realidad dramática. La solitaria muchacha de este relato tiene un estoicismo u optimismo natural ante la adversidad, gesto que nada tiene que ver con la resiliencia. Y eso afecta al personaje de John Leguizamo que está en un papel memorable. Esta suerte de figura paternal abraza con delicadeza. Es empatía en estado puro. Esta es una película muy humana, triste, pero enciende el amor y la esperanza.

Sex (Dag Johan Haugerud, 2024)

Vistos por primera vez

The Song of Lunch (Niall MacCormick, 2010): un poema divertidamente dramatizado por Alan Rickman y una encantadora Emma Thompson. Todo muy británico.

My Heart is That Eternal Rose (Patrick Tam, 1989): el thriller y el triángulo amoroso se combinan en una película atractivamente visual que inspiró a Wong Kar Wai.

Brimstone and Treacle (Barry Davis, 1976): Satanás se filtra en el hogar de una familia británica y el resultado es perturbador y controvertido. Se entiende por qué se censuró.

El canon (Martín Seeger, 2024): atractivo cortometraje que examina el colonialismo moderno desde la precariedad laboral, la ética artística y la apropiación del cuerpo.

Sushou River (Lou Ye, 2000): muy atractiva historia ambigua y melancólica inspirada en los argumentos del cine negro clásico, solo que adaptado a una narración contemporáneo.

A Hora da Estrela (Suzana Amaral, 1985): una suerte de choque social y emocional sobre chica sumisa y romántica que conoce a chico y va rumbo al desencanto en una Brasil moderna.

La bicicleta de Pekín (Wang Xiaoshuai, 2001): Relato sobre un repartidor provinciano intentando abrirse camino en una China que lo explota y humilla de diversas formas.

Nowhere Special (Uberto Pasolini, 2020): Cálida, pero muy dolorosa historia de un padre ordenando el futuro de su pequeño. Aquí cada gesto paternal es un golpe al corazón.

Les miserables (Ladj Ly, 2019): El policía bueno reconociendo un sistema disfuncional en un escenario plagado de brechas. Es la historia destinada a la rebelión y el caos.

The Last Movie (Dennis Hopper, 1971): Financiada por Hollywood y boicot a Hollywood. Cusco es el escenario de un relato metaficcional sobre la industria corrompiendo.

Historia de un vecindario (Yasujiro Ozu, 1947): Mujer amargada y niño abandonado se encuentran y afloran los valores familiares del gran cine de Ozu, siempre corrector y optimista.

Troll Bridge (Daniel Knight, 2019): Una estupenda reflexión sobre el sobrevivir a partir de la historia de personajes míticos asociándose en una era en donde lo tradicional agoniza.

Our Town (Sam Wood, 1940): Oda y épica a una comunidad. La trascendencia, la memoria, los valores tradicionales, la vida en comunidad y el orgullo hacia la propiedad.

Girl With Green Eyes (Desmond Davis, 1964): Educación sentimental de una muchacha de provincia en una Irlanda descubriendo dicotomías/agresiones sociales y culturales.

Bailando con Regitze (Kaspar Rostrup, 1989): Un grupo celebra mientras el anfitrión está sumido en sus recuerdos. Sutil manera de representar el valor de la memoria y apaciguar el dolor.

The Killing of Kenneth Chamberlain (David Midell, 2020): Frustrante crónica basada en un hecho real. Otra infame demostración de una facción racista de la policía estadounidense.

Once Around (Lasse Hallstrom, 1991): Tremendo personaje encarnado por Richard Dreyfuss. Un tipo hedonista, transparente y, por lo tanto, insoportable, ganándose el cariño del resto.

Seppuku (Masaki Kobayashi, 1962): Remembranza de cómo la desgracia cayó sobre un samurái. Duro cuestionamiento histórico a los órganos adquiriendo poder a costa del honor.

Vinyl (Alan Zweig, 2000): Parece un documental de fanáticos de los vinilos, pero es más bien el desquite de un hombre obsesionado con compartir su frustración mediante la autocompasión.

¿Nevará en Navidad? (Sandrine Veysset, 1996): La rutina rural, el drama doméstico y la resiliencia cae en los hombros de una madre. Un martirio silencioso aliviado por el amor.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Una batalla tras otra

No se puede hablar del activismo político radical en el cine sin dejar de lado a La batalla de Argel (1966), una tremenda película de Gillo Pontecorvo y gran referencia en la última película de Paul Thomas Anderson. Una batalla tras otra (2025) parece integrar dos películas en una. Primero: el retrato épico y tenaz de un grupo de activistas radicales estadounidenses. Segundo: el retrato de un drama familiar conectado con los pendientes de la primera fase. A propósito, la transición entre ambos bloques es el único momento de reposo argumental que se reconoce a lo largo de esta enérgica película. Es el respiro en la renovación de una historia y de paso de una batalla. Entonces, la segunda parte es que se reconoce el tributo a la película de Pontecorvo. Así como Quentin Tarantino, PTA es un director que hace un saludo a sus directores y géneros favoritos en cada una de sus producciones. Ambos arduos cinéfilos, se diferencian con relación a su disciplina y discreción para manifestar su fanatismo. QT explota momentos, su tributo es más evidente, literal y hasta calcado. PTA, en tanto, es de línea prudente, más allá de reinventar secuencias, él se limita a remembrar a los géneros, películas o directores. La segunda parte de Una batalla tras otra tiene mucha similitud a la dinámica argumental de La batalla de Argel tomando en cuenta que en sendas películas un grupo radical se mueve de un lado a otro desde la clandestinidad, mientras que en paralelo un grupo militar selecto hace lo mismo solo que de manera palmaria.

Uno de los grandes valores de la película de Pontecorvo es que su película es igual o hasta más agitada que la de PTA, y esto capaz tenga que ver con las dramáticas que trata cada uno de los argumentos. La batalla de Argel es extremadamente realista y descarnada. Una batalla tras otra se da licencias de comedia, incluso el drama de una familia —así como el de un grupo de activistas— escindida no invade el terreno del sentimentalismo. Vemos también un acercamiento a la realidad por la que está transitando EE. UU., a propósito de las normativas e ideologías impulsadas por el gobierno de Donald Trump en referencia a las restricciones migratorias y un fascismo creciente; sin embargo, PTA no observa ese panorama tras un filtro alarmante o sobrecogedor. Así como en Boogie Nights (1997) o Inherent Vice (2014), la dramática es neutralizada por estados con ajustes satíricos o hasta caricaturescos. Ahí está el sensei Sergio (Benicio del Toro), un comprometido con las comunidades ilegales, cinturón negro, que suelta unos estupendos chascarrillos, además de un bailecito en las narices de la ley. Él es el verdadero héroe de esta película, y no Bob (Leonardo DiCaprio), típico antihéroe que por momentos no se cree su propio discurso y para colmo es un débil físico y sentimental. Sergio es su Yoga, Gandalf, Miyagi; aquel que le salvará su trasero más de una vez en un solo día y de paso le aportará quietud, aunque de una forma irreverente y excéntrica.

Aunque más dura en su asimilación, Inherent Vice resuena en Una batalla tras otra. Ambas basadas en escritos de Thomas Pynchon, estas dos películas son como un recorrido laberíntico: al doblar cada esquina, aguarda algo inesperado. Pynchon se inspira de las novelas negras y a PTA le fascina el cine negro, historias de detectives que inician con un caso tan simple, pero que se va complicando. Es una batalla tras otra como la que enfrentará el antihéroe, que, ya lo dije, es Bob. Ahora, el trayecto de Inherent Vice es raro y confuso en un sentido argumental y hasta lógico. Por su parte, Una batalla tras otra es enmarañado y desorientador solo que más en un sentido espacial. Mucho detalle al recorrido físico de los personajes. Vayamos en orden. Un grupo de militantes radicales ingresan a un lugar para crear un atentado. Entran por una puerta, salen por otra, espacios angostos, están los hechos a plena noche. Escapan por las vías, cruzan calles, doblan esquinas, entran por callejones, estacionamientos, corren por donde haya lugar. Bob y su sensei cruzan puertas, habitaciones, corredores, no deja de aparecer más gente, mientras tanto van ascendiendo de pisos hasta llegar al techo. Es como jugar el antiguo King Kong. Una de las bases del club de la Navidad —nombre de caricatura— arranca en una casa común y corriente y luego de bajar unas escaleras, aparece un túnel, y así. Es laberinto tras laberinto. PTA parece simular una y otra vez el ingreso de Alicia al País de las maravillas. Apenas cruzas una puerta, empieza la batalla del “todo puede pasar”. Lo que aparenta ser un espacio limitado se amplía por arte de magia. Es el código del conflicto del cine noir, plasmado desde lo espacial.

Pero decía: Inherent Vice es más complejo argumentalmente, Una batalla tras otra no lo es. Es también un relato laberíntico, pero amable con cualquier espectador. Acá no hay códigos que te invitan a retroceder para masticar las ideas, como sí se amerita en películas como Petróleo sangriento (2007) o The Master (2012). Es por eso es muy apresurado decir que Una batalla tras otra está al nivel de lo mejor de PTA. Es una estupenda película con secuencias muy memorables, una agilidad que hace que su duración sea light, y esto también pasa con su argumento. El personaje más complejo de la historia, el coronel Steven Lockjaw (Sean Penn), no se comparará a los protagonistas de las películas anteriores de PTA, quienes demandan nuevas revisiones porque encierran un carácter enigmático. Lockjaw, igual, no deja de ser un personaje rico que merece detenerse para analizarlo. Es la versión hipócrita y contradictoria de un embajador del fascismo, pero eso no quita su habilidad para gestionar una misión de alto nivel de rastreo. El tipo es un sabueso de temer. El miedo que provoca en gran medida es por su obstinación y mentalidad vanidosa y ególatra. Es seguro de sí mismo. Incluso en los momentos de equívocos, este brilla por su cinismo grandilocuente. Pero tiene dos puntos débiles: el deseo de lo prohibido —desde su mentalidad perjuiciosa— y el poder. Estos lo convertirán en un servil. Tanto en lo sexual como en lo oficial, Lockjaw es un pasivo.

Y así son varios los personajes de Una batalla tras otra que tienen puntos débiles. Salvo por el Sensei, ninguno será víctima de la duda. Se repite esta idea de lo impredecible. El hecho de que estemos ante un escenario del activismo radical y la represión estatal es que siempre va a manifestarse el tópico de la traición. Nada está dicho en un terreno en donde tienes todas las de perder. En tiempos de guerra se ven los más valientes como los más cobardes, así como los más o menos comprometidos a una causa. A propósito, es que PTA realiza su primera película comprometida. Una batalla tras otra dialoga con los problemas actuales y fija su línea política de manera firme, pero siempre cuidándose de la censura. Así como muchos de los clásicos de Hollywood, PTA al final parece decir: “Y bueno, estas son las consecuencias si haces esto. Podrás ser muy aguerrido y hábil, pero…”. Queda un mensaje social, una vocación frustrada, una utopía, pero salpicaduras quedan. Una batalla tras otra es una estupenda película, pero no más que Petróleo sangriento, The Master o La batalla de Argel, sin embargo, son tremendas sus secuencias durante la carretera, así como su nueva alianza con Jonny Greenwood. Excelente instante western la que fabrica combinado con el suspense de una vía que sube y baja como una montaña rusa, el uso de un lente que ralentiza el acercamiento y, en tanto, la inquietud sonora del compás de Greenwood complementando la catarsis. Es un momento al que quiero volver a futuro.

sábado, 20 de septiembre de 2025

Fantastic Fest 25: Night Stage

El homoerotismo y la política dialogan en este relato que combina melodrama e intriga. Matías (Gabriel Faryas), un joven actor de teatro, conoce a Rafael (Cirillo Luna) mediante una aplicación de citas. Este será el principio de una historia de deseo y amor, pero sobre todo un acto de resistencia frente a las apariencias y las viejas fórmulas del ciudadano correcto. Los directores Filipe Matzembacher y Marcio Reolon nos cuentan cómo es que los prejuicios sociales resultan ser una camisa de fuerza o incluso una careta para sus protagonistas. Ato noturno (2025) nos traslada a una provincia en Brasil, un escenario que transita por una alta tasa de violencia y que además está a vísperas de celebrar sus elecciones municipales. En ese panorama, los dos personajes principales se reunirán usando a la noche y ciertos escondites furtivos como tapaderas regulares para su relación, en cierta medida, anticipándose a la postergación. Sucede que Rafael no está en “posición” de exponerse, y esto tiene que ver con la próxima campaña electoral municipal. Los prejuicios aquí caen por su propio peso. Se podría decir que hasta entonces tenemos una convención del género LGTB; sin embargo, hay algo más. Un drama alterno compromete únicamente a Matías, situación que hasta cierto punto tensará el melodrama provocado por unos amantes que necesitan guardar las apariencias.

Matías ansía formar parte de una próxima producción de televisión. Ante esa búsqueda, es que se va creando ese drama y posterior conflicto alterno que al igual evoca a un juego de estrategias y apariencias. Tanto el actor de teatro como el político tienen en común un espíritu de superación. El hecho es que de pronto en ese escenario el obtener ello implica sacrificar desde lo personal hasta las propias convicciones. Es así como, en cierta perspectiva, Matías comienza a generar su propia campaña actoral para concretar su fantasía personal. Y aquí hablamos de tácticas, malas jugadas, sacrificios y, finalmente, crear una fachada, seguir el juego de ser alguien que no es del todo él. De pronto, aparece un contrato que remarca qué tan serio es eso de que así funcionan las cosas en esa realidad. Ato noturno abraza el mito de Fausto, a propósito de personajes atraídos por lo mundano, el insaciable deseo de experimentar el éxito y, en tanto, irán queriendo más, corrompiéndose, desviándose del verdadero estado de la felicidad. Ahora, Filipe Matzembacher y Marcio Reolon asumen el sexo como un camino a esa felicidad y no como un motor perverso o parte del festín superficial que corrompe. Es por eso que, hasta cierto punto, los protagonistas dejan de fantasear con sus búsquedas personales para más bien ver en la representación erótica expuesta a lo público como su fantasía idílica.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Fantastic Fest 25: The Curse

Solo el cine de terror podía generar un vínculo entre el tópico de las redes sociales y personas que son víctimas de una maldición. The Curse (2025), dirigida por Kenichi Ugana, nos presenta en principio una pesadilla digital para luego liberarnos un conflicto clásico en el cine de horror japonés. Una joven ha fallecido de una forma muy violenta, sin embargo, publicaciones y mensajes privados comienzan a inquietar y perturbar a los que la conocieron. Este será el principio de una pesquisa que muy pronto descubrirá una avalancha de hechos paranormales y que además comprometerá a los personajes que solo se dejaron llevar por una sana curiosidad. Definitivamente, esta película al igual que sus símiles no solo se valdrá del simple acto de “lo siento, ahora estás maldito”, sino que también le pondrá un conteo regresivo límite a la víctima como para que las cosas se pongan más tensas. Ahora, hay otro puente hacia dónde nos dirigirá este relato. Si el terreno de la brujería o el encantamiento ya de por sí es confuso y hasta incompresible para los protagonistas, mayor aún si este nos refiere a un escenario culturalmente extraño. The Curse aprovecha en explotar también el culto al escenario exótico. Ya para esto la película tiene inclinaciones al thriller detectivesco, aunque eso no garantiza que los “detectives” tengan resultados inspiradores. Sucede también que la introducción a chamanerías o artilugios folklóricos va aumentando la brecha entre la lógica y lo absurdo y, por tanto, acrecientan las incógnitas de si solo están avanzando o empeorando las cosas. Kenichi Ugana sabe reservar su gran incógnita: el germen de todo. The Curse apunta a ser un testimonio tétrico de los efectos turbios que las redes sociales a veces ocasionan.


jueves, 18 de septiembre de 2025

Fantastic Fest 25: The Piano Accident

La creatividad inagotable de Quentin Dupieux nos lleva en esta ocasión a una situación más orientada a lo real, aunque no por eso deja de ser otra de sus fábulas absurdas. L’accident de piano (2025) tiene como protagonista a una particular influencer refugiándose en un chalé tras un “accidente”. Ahora, gran parte del largo de esta película se alimentará de esa incógnita: ¿qué es eso tan grave que le sucedió y que una periodista usará como chantaje contra la famosa? La autodenominada Magaloche (Adéle Exarchopoulus), en tanto, pasará de un estado de indiferencia propia de su personalidad apática a una inquietud sombría. Acá el comportamiento y posterior reacción de la protagonista será responsable de los puntos dramáticos del relato que, ciertamente, no rompen con la lógica, pero sí que hacen afrenta al razonamiento civilizado. De ahí por qué Dupieux no deja de coquetear con lo absurdo. Este es un director que expira sátira y para generarla solo tiene que darle una ojeada a nuestra realidad minada de incoherencia y falta de razonamiento, escenario que incluso ha reconocido que los productos definidos por esos defectos tienen un valor monetizable. Magaloche en un plano es amada, pero en otro, uno coherente, es solo una demente que explota una discapacidad.

L’accident de piano toca temas sensibles, aunque lo expresa de manera que logra esquivar la cancelación. Su personaje principal está inspirada en la serie de culto Jackass. Magaloche crea contenido autoinfringiéndose daño. Unos dirán, es un tributo a ese grupo de comediantes. Otros, es una dura crítica a una generación desadaptada. El hecho es que hasta cierto punto esta fascinación por ser violento contra el propio cuerpo pasa a segundo plano para cuando vayamos conociendo de cerca a quien lo ejecuta. ¿Es posible que los actos bizarros que publica Magaloche en las redes sociales sean menos perturbadores respecto a la misantropía que la define? Estamos ante un personaje detestable. Es una simulación al tipo de persona que describiría una comunidad que odia a los influencers. Magaloche tiene una enfermedad congénita que le evita sentir dolor, entonces es como si esa condición la hubiera inculcado a creer que el resto de las personas tampoco siente dolor, emocionalmente hablando. La falta de empatía soslaya en esta mujer que ha generado paradójicamente mucha empatía ante el público a partir de su falta de dolor. L’accident de piano dialoga con mucha ironía respecto a cómo es que la sociedad digital ha demarcado unos gustos y demandas que se contradicen con el discurso de la corrección política que tanto se ventila.

jueves, 11 de septiembre de 2025

TIFF 25: Bajo el mismo sol (Centrepiece)

Un relato de fondo histórico sobre la utopía de una sociedad próspera. En la primera película en solitario de Ulises Porra, el director español nos traslada al siglo XIX. 1819, en una isla caribeña, un heredero español busca completar una empresa que su padre no logró concluir. Gusanos de seda chinos son la clave para lograr una producción todavía no existente en la zona. Bajo el mismo sol (2025), a pesar de que se contextualiza en una época en que la repartición de tierras ya parece definida, todavía no deja de descubrir a ciertos pioneros y, por ende, una serie de arribistas y luchas por intereses. Como en muchas historias sobre colonizadores, sea de espacios como de ideologías, los sueños van de la mano con un manojo de riesgos. No solo se trata de tener las ganas, la fuerza y el capital, sino también el saber dominar un ecosistema extraño y domar a las criaturas que habitan en ese. Apenas pisa tierra firme, Lázaro (David Castillo) de inmediato reconoce una escena en donde toca ser violento o toca negociar para poder echar a andar su fantasía. Estamos ante un espacio que reconoce leyes civiles o morales ambiguas. En ese sentido, el hacerse camino en esa isla desconocida será para el joven forastero un trayecto lleno de trabas y aprendizajes. Aunque no sea con exactitud una película de aventuras, hay algo de ese tópico en esta historia. Y es que no hay necesidad de moverse tanto para reconocer a piratas, trampas y tempestades en el camino.

Lázaro, junto a una criadora de gusanos y un desertor haitiano, comenzará a echar a andar la fabricación de telares de seda que demanda la iglesia de la localidad, mientras no deja de estar alerta al posible acoso de ladrones que pertenecieron a algún regimiento francés. Ya con solo esto, Porra nos descubre un panorama que acumula una diversidad de brechas. Vemos una diferencia de culturas, razas, idiomas, una separación social y económica, muy definida todavía en el decimonónico. A esto se suma la desavenencia moral y el discordante perfil legislativo, tratándose de un estado parcialmente independiente (Haití ya lo había conseguido en 1804, mientras que República Dominicana todavía lo conseguiría en 1844), ya que todavía se estructuraba bajo el orden social de una colonia española. Todas estas separaciones cohabitan dentro de una misma frontera, más no parecen tener interés en adquirir una integración. El gran conflicto de Bajo el mismo sol deviene de la no conciencia de ese estado escindido. Vemos así a un protagonista que comienza a acariciar esa fantasía del pionero, ver progresar lo inimaginable. Lo cierto es que, en una realidad cargada de egoísmo e instinto, esto es provisional. La película de Ulises Porra define un universo de personajes destinados al fracaso. Aquí no reconocemos a una civilización, sino a una comunidad adaptándose a sus propias necesidades.

martes, 9 de septiembre de 2025

TIFF: Oca (Discovery)

A propósito de un arzobispo llegando a una ciudad, un grupo de personajes migrará hacia ese punto de encuentro. Oca (2025), ópera prima de Karla Badillo, es una película de trayectos y desvíos, una excusa para reconocer a una comunidad diversa, aunque en un sentido contradictorio. Aquí tenemos a una monja, un grupo de feligreses, un militar y una esposa adinerada. Aparentemente, todos van hacia el mismo lugar, sin embargo, cada uno tiene una motivación diferente que, ciertamente, se alinea a sus búsquedas personales o hasta existenciales. Es decir, más allá de que estén ejecutando misiones encomendadas, estos personajes mediante esas definen su personalidad o rol dentro de ese escenario casi carnavalesco; y es que resulta un tanto confuso ver a individuos de naturalezas tan distintas interactuando. Por un lado, es lo que suele pasar en un viaje por carretera: te encuentras con lo más cotidiano hasta lo más insólito. En esta road movie, personajes llegan del este, el oeste, a pie, en ruedas o incluso por aire. Pero, por otro lado, todos estos mismos personajes para su desconocimiento siempre han habitado dentro de una misma comunidad, el hecho es que siempre estuvieron separados por un vasto y poco transitado territorio árido, cada uno viviendo en su propia burbuja. He aquí una alegoría a las amplias brechas sociales o culturales siempre existentes en cualquier terreno.

Ahora, Oca se toma a pecho lo de alegoría. Esta película parece tener muchas personalidades, según con qué personaje estemos tratando, creándose una especie de Frankenstein, argumentalmente hablando. Entonces tenemos a la monja jugando a ser una suerte de “elegida de Dios” que me recuerda a la protagonista de Los ángeles del pecado (1943), de Robert Bresson, en donde la pureza y la soberbia se cofunden. Está un grupo de feligreses de definición costumbrista cargando en procesión una imagen cristiana, pero además cargando sus prejuicios e hipocresías. Un militar paracaidista sacado de un thriller de inclinaciones ideológicas. Y luego una especie de femme fatale cediendo a un instante de crisis moral. Simplemente, no sabemos a qué trama o género hacer caso. El asunto es que se genera un choque y ya de pronto todo resulta ser artificioso, más en un sentido inquietante. Es una ruptura de la lógica, y no solo porque somos testigos de una convivencia forzosa, sino también porque quedan varadas muchas interrogantes. Al margen de ciertos ruidos en el montaje, Karla Badillo resulta prometedora con esta fábula llena de derivas y sátiras como lo fueron las producciones de culto de Luis Buñuel. No hay duda de que Oca refiere mucho al cine del español al recordarnos películas como Nazarín (1959), Simón del desierto (1965) o la caminata incierta de los protagonistas de El discreto encanto de la burguesía (1972) que hasta el día de hoy resulta un acertijo.

domingo, 7 de septiembre de 2025

TIFF 25: To The Victory (Platform)

El director de Atlantis (2019) una vez más nos refiere a una realidad distópica en su última película. De pronto, el imaginar un futuro hipotético se ha convertido para Valentyn Vasyanovych en una necesidad para tomar conciencia de lo irreparable. To The Victory (2025) nos lleva a una Ucrania de la posguerra. Ahí todavía la vida marcha; sin embargo, hay evidencia de lo baldío y el abandono. Mucha gente ha decidido migrar hacia otras zonas de Europa o lo viene haciendo. En ese escenario es que vemos la historia de un director de cine y su pequeño equipo realizando una película que logre describir el drama personal que les toca vivir a los que han decidido quedarse. Así como en Atlantis, esta es una película que no tiene interés absoluto por imaginarse quién ganó la guerra. La idea es pensar en la pérdida o el trauma. Ante esa búsqueda, el fondo central de las dos películas acuerda que Ucrania está devastada y eso ha generado un impacto emocional tremendo en los sobrevivientes. ¿Cómo sobrevivir a ello o de qué aferrarse para resistir? He ahí la gran incógnita de Vasyanovych. To The Victory es una confrontación a los miedos que ya se han venido percibiendo desde el inicio de la guerra y que próximamente llevará a la comunidad ucraniana a reconocer una fractura emocional irreparable.

Las historias de la posguerra casi siempre hablan de la pérdida material, la crisis económica, la lucha por el sobrevivir, sea con decencia o indecencia, efecto la desesperación ante la agonía. Vasyanovych decide enfocarse, en este caso, en la separación familiar y lo difícil que sería componer eso. La guerra ha distanciado esposos, así como a padres de sus hijos, y a pesar de que la tecnología compensa el alejamiento físico, queda claro que ante la experiencia se ha generado una grieta irreparable. Vemos así a unos personajes tratando de seguir en contacto con sus seres queridos quienes se encuentran lejos de Ucrania, pero hay algo de artificioso, simulado o ensayado en esos procedimientos, y esto se concientiza a propósito del tipo de discurso que se está manejando. To The Victory se inclina al relato del cine dentro del cine. Entonces la ficción y lo real se confunden. Ahora, qué pasa cuando hablamos de los sentimientos en ese tipo de adaptación. ¿Es que ficcionalizarlos los convierte en sentimientos falsos? ¿Existe aún el “te amo” o “te extraño” en esa realidad distópica o es solo un ritual que se empecina por fabricar una fantasía en donde todo sigue igual? Valentyn Vasyanovych hace frente a esa realidad posible ciertamente pesimista. Su película se convierte como en una preparación a lo próximo. Tal vez para que el golpe sea menor para cuando suceda o ir pensando en cómo superar ese drama después de la guerra.

viernes, 5 de septiembre de 2025

TIFF 25: Lovely Day (Special Presentations)

Desde The Philadelphia Story (1940) hasta Melancholia (2011), son varias las películas que nos han enseñado que en el preámbulo o durante la ceremonia de las nupcias todo puede pasar. En tanto, lo que debería de ser un día perfecto, podría terminar siendo una anécdota vergonzosa. Mille secrets, mille dangers (2025) navega hacia ese destino, aunque sin sembrar la histeria colectiva. De hecho, esta es una película en donde el conflicto del “puede salir mal” se concentra en su protagonista. Alain (Neil Elias Abdelwahab) se va a casar. Él está seguro de querer dar el gran paso. Muy a pesar, ligeros contratiempos acontecen. Empieza la inquietud, las molestias, viene el ahogo, el dolor estomacal, los recuerdos, las pastillas que le silban, la sensación de desmayarse, la desconexión con el mundo. Si tan solo el sujeto no padeciera de una ansiedad crónica, esos percances no parecerían tan dramáticos. El director Philippe Falardeau diversifica aún más su filmografía con una comedia dramática que se apropia del tópico de las bodas caóticas a fin de dedicarle un intensivo repaso biográfico a su protagonista. A puertas del casamiento de Alain junto a la joven que ama, nos enteraremos de la naturaleza de su personalidad y capaz los antecedentes que alentaron un estado nervioso que lo aquejó constantemente.

Lo más atractivo de Mille secrets, mille dangers deviene del modo en cómo se nos narra el tránsito de una boda y, en paralelo, los momentos más críticos en la vida de Alain. Acá el orden narrativo del pasado está en relación con los ataques de ansiedad que acosa al novio en el día de su boda. Para él, cada momento de tensión será razón para recordar, vincular el presente con el pasado. Y es ahí en donde radica el verdadero caos, y no tanto en la boda. La película de Philippe Falardeau en cierta forma le da vuelta al tópico de las películas sobre matrimonios cediendo al desorden. Alain estaría totalmente seguro en su ceremonia nupcial de no ser porque carga un historial caótico. La memoria le recuerda que algo podría salir mal, y eso es lo que nos mantiene ansiosos. De pronto, cualquier evento de su ceremonia matrimonial lo relaciona al divorcio de sus padres, un primo y padrino que siempre fue un desastre, un viejo resentimiento a un amigo ausente, la enfermedad, la muerte. Esta avalancha en cierta forma tiene sentido. Se dice que durante las decisiones más cruciales es que vemos ante nuestros ojos repasar nuestros fracasos, conscientemente evaluamos todo y lo convertimos o bien en fortaleza o en dudas. Alain, ciertamente, se toma muy a pecho lo de evaluar su vida. Es gracioso si se mira de lejos, pero no lo es tanto si se vive en carne propia.

jueves, 28 de agosto de 2025

Venezia 82: Father (Orizzonti)

El documental Death of a Child (2017), dirigido por Frida y Lasse Barkfors, ponía al descubierto una pesadilla doméstica y social aparentemente recurrente. Esta película se encargó de reunir casos de padres y madres que olvidaron a su menor hijo en el auto en fechas que coincidía con los altos niveles de calor. Ahora, lo extraordinario y ambiguo de estos hechos es que se ponía en duda el denominativo de “negligencia”. Antes de que existiera un nombre para este síndrome, ya había un registro de personas que, consecuencia de un lapso de conducta automatizada, no pudieron impedir que sus menores fallecieran fruto del golpe de calor. Respecto al origen de esos eventos; sucede que el cerebro o la memoria, guiada o acostumbrada a cumplir con ciertas responsabilidades específicas, a veces toma el control del estado de conciencia de manera que se fabrican lapsos en que dependemos únicamente de ello. De ahí por qué a veces nos olvidamos de algo importante al salir de casa. El asunto es que hasta hace no tantos años la ciencia no nos había advertido que ese “algo” podrían ser nuestros hijos. Es una posibilidad que desencadenó varios decesos en Estados Unidos, según el documental de los Barkfors, pero que dejaba en claro que era una realidad posible en cualquier otro lugar del mundo.

Basándose en hechos reales, Father (2025), de la eslovena Tereza Nvotová, nos cuenta la historia de un exitoso editor que tendrá la mala suerte de transitar por la pesadilla del síndrome del niño olvidado. Al igual que en el documental de los Barkfors, en esta película veremos a un hombre asediado por un juicio a su moral. Aquí también el punto de vista psicológico, en cierta perspectiva, defiende la moral del padre; sin embargo, eso no será suficiente para aliviar la carga emocional del hombre en especial cuando se refiere al sentimiento de culpa. Alrededor del personaje habrá agravios, actos de resentimientos y también las muestras de apoyo; muy a pesar, el error de lo inconsciente consume, incapacita y hasta automatiza, nuevamente, a un padre. La idea de la directora es simular el estancamiento emocional, el trauma que impide al sujeto volver a la realidad. Father nos recuerda qué tan complejo y hasta villano puede ser nuestro comportamiento cognitivo al punto de anular nuestra percepción de la realidad. A propósito, lo mejor de esta película es todo el trayecto antes del caos. Previo a saber lo que se venía, me parecía atractiva la forma en que Tereza Nvotová generaba sus elipsis. Eran sutiles, aunque extrañas. No como lo hizo Jean Luc Godard en su tiempo de nouvelle vague, sino con delicadeza. Llegada la tragedia, en retrospectiva, esa edición resulta terrorífica. La memoria es a veces aterradora.

martes, 12 de agosto de 2025

29 Festival de Lima: Un poeta (Latinoamericana Ficción)

En su aparente simpleza argumental, la película del director Simón Mesa Soto en su transcurso va enriqueciéndose a nivel de relato. Sucede que la historia sobre el típico toque de fondo de un personaje defectuoso, aunque entrañable, comienza a asociarse en su camino con otros tópicos, también conocidos, pero que no dejan de saturar y estimular la complejidad del conflicto y dilema en el que se ve implicado su encorvado protagonista. Óscar Restrepo (Ubeimar Rios) es una vieja gloria de la literatura. O, para ser más exactos, décadas atrás fue acreedor de un reconocimiento en la escena de la poesía colombiana. En el presente, es solo un invitado auxiliar que ocupa un banco en los tantos coloquios que organiza la casa editorial que lo representa. Alcohólico, desempleado, dependiente de su anciana y enferma madre, padre que no ve a su hija, autodenominado poeta incomprendido, fabricante de un discurso del “yo”, presume cada que puede la próxima publicación de su magna obra, que él sabe nunca nacerá. Óscar el es típico cuarentón mediocre que vive aislado en su burbuja académica. Entre la espada y la pared, este protagonista se verá obligado a trabajar como profesor de poesía en un colegio, lugar en donde reconocerá capaz su reivindicación.

Un poeta (2025) atiende a una dramática clásica. El héroe reconoce su caída. Siendo Óscar un antihéroe ya en crisis, este tocará fondo para cuando intente comenzar a hacer bien las cosas. Este trayecto inicia para cuando el ahora profesor de escuela reconocerá en una alumna un talento natural y prometedor para la poesía. Se perfila entonces el tópico de los sueños posibles a través de un intermediario. Lo que Óscar no posee, que es talento, Yurlady (Rebeca Andrade) lo tiene a su temprana edad, a pesar de su desinterés para la materia y de sus condiciones sociales. Estas últimas características son cruciales concientizar si se quiere dar con el principio de un problema que se acrecienta. Entonces, ¿qué pasa cuando alguien encuentra un oro en bruto? Es parte de la naturaleza humana explotarla. Sin preverlo, Óscar hace eso. Ahora, es preciso diferenciar las cosas. Él explota a la niña con un ánimo de hallar su reivindicación moral y autoral. Por un lado, el cultivar el talento bruto de Yurlady lo convertirá en un mentor de la poesía —o por lo menos promotor—. Por otro lado, el ayudar a la niña sería prueba de que no es el perdedor que es ante los ojos de su hija. El hecho es que donde hay un tesoro virgen, hay otros dispuestos a coger lo que pueden. Ahí es cuando las cosas se van complicando ante el criterio desprolijo del poeta benefactor. El talento de Yurlady hasta cierto punto convocará a un desfile de oportunistas, incluyendo la misma Yurlady.

En definitiva, Yurlady es la víctima de este asunto. Presionada por Óscar, luego por la casa editorial del poeta añejo, e indirectamente por la familia que recibe a bien los víveres del profesor en su énfasis de que acepten que la niña no deje de faltar a las clases de poesía. Pero no olvidemos que las intenciones de Óscar son benignas. El tipo podrá ser un desastre como ejecutor, sin embargo, su intención es el de un benefactor. Dicho esto, en cierta perspectiva, Óscar puede ser reconocido como la víctima. Vemos a una familia pobre que aprovecha la situación para intentar ganar algo del profesor, así como vemos a la misma Yurlady aprovechando a hacer algunas compras y comidas de adolescentes financiadas por Óscar. Tanto la estudiante como su estirpe poco o nada les interesa el sentido de la poesía —una creencia que el manifiesto del profesor—, y es absolutamente comprensible tomando en cuenta la identidad social que representan. Es en ese argumento que se define un tópico o conflicto social en Un poeta. Pienso en la película también colombiana Gente de bien (2014), la historia de una mujer de clase alta “adoptando” a un niño de condición precaria. La moraleja de ese relato es que un paternalismo mal orientado más allá de ayudar complica las cosas.

Un poeta puede ser interpretado como el frustrado proyecto paternalista de un individuo que simplemente no tiene madera para proveer un pensamiento poético, partiendo de la idea de que poeta no es. Así como la benefactora de Gente de bien, termina por meter en la boca del lobo a su beneficiaria. Aparece ahí otro conocido tópico: el mundo literario en su versión caníbal. Es curioso cómo una casa de estudios tan modesta y periférica tiene el instinto y agudeza de un gran órgano industrial que explota materias primas de forma masiva. Vemos así un lado perverso del mundo de la poesía. El arte también cede a las dinámicas capitalistas y de paso se convierte en nido de una moralidad ambigua. A propósito, dos momentos ruidosos en la película Simón Mesa Soto acontecen cuando decida caricaturizar a un colectivo feminista y el típico perfil de un sujeto públicamente decente e íntimamente depravado. Lo resto de Un poeta es memorable, invocando otros tópicos como el retrato a una generación negligente y desorientada, sea por una condición social o ideológica, la frágil relación entre un padre distante y una hija, y el movimiento contra el acoso sexual en su forma prejuiciosa y canceladora. Ya antes el director había realizado Amparo (2021), una película distinta en su argumento, sensibilidad y una dinámica casi inspirada en los hermanos Dardenne. Definitivamente, está en otra orilla respecto a su reciente película. El hecho es que ambas están entre lo mejor que se haya producido en Colombia recientemente.