Pienso en el cine de Hirokazu Koreeda, específicamente, en Still Walking (2008) y After the Storm (2016), películas en donde se avistan comunidades habitadas únicamente por ancianos. Espacios no necesariamente retirados, pero sí baldíos de juventud. No falta el plano a un ámbito recreativo algún día visitado por niños, en el presente cubierto de tierra. Koreeda es un director muy sensible a los detalles que dan seña del desamparo hacia los más frágiles de la sociedad. Si no se preocupa por la infancia, el japonés se pregunta por la vejez. En tanto, qué hace el adulto promedio para asistirlos. House of the Wind (2026), ópera prima del camerunés Auguste Bernard Kouemo Yanghu, simula misma interrogante desde Yaundé, capital del país africano en cuestión. Aquí vemos la historia de una madre que vive sola. Mientras inspecciona la construcción de un nuevo hogar financiado por uno de sus hijos, la mujer espera con ansias el día en que el nuevo domicilio esté finalizado para que así todos sus hijos puedan retornar del extranjero. Sabemos que no será así, y de hecho la historia no convierte esa espera en el único conflicto, sino que introduce a una extraña para alimentar el vacío maternal de la protagonista. House of the Wind es un relato, por un lado, compasivo y, por otro, sensato. Asiste a una solitaria madre, pero también le arrebata.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Venezia 83: House of the Wind (Orizzonti)
Kouemo
Yanghu pueda que tenga todas las intenciones de querer sembrar la esperanza del
retorno o encoger la brecha de distanciamiento mediante la asistencia a las
herramientas de comunicación digital, sin embargo, su punto de vista, aferrado
a un carácter realista, lo obliga a ser nihilista o hasta fatalista. La
película inicia con un debate universal: las redes sociales, ¿es realidad o
pura simulación? Más adelante, mientras la madre corre para cancelar un último
pago a los albañiles de su nueva casa familiar, se anuncia la muerte de un
anciano del barrio. “Vivía solo en esa tremenda casa”; dice alguien. ¿Es acaso
un vaticinio? Algo similar también sucede en After the Storm; nadie se
había percatado del deceso de una anciana hasta que comenzó a invadir un oler
feo a la casa vecina. Sea Japón o Camerún, es cotidiana la realidad de ancianos
varados en comunidades en donde los más jóvenes han huido, sea a las grandes
ciudades o a otros continentes. El drama familiar de alguna manera se asocia a
un drama social. Caso en un país africano, el acto de partir o migrar se
convierte a veces en una necesidad de sobrevivencia, lo que hace aún más
complejo definir una negligencia. House of the Wind describe a una generación
joven que está generando desde el extranjero, pero también a una generación
anciana afectada, conformada con los videollamadas o el levantamiento de casas
que más pertenecen al viento que a sus dueños.
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