La ópera prima de Jérémy Comte me recuerda a uno de los episodios de la impredecible Seules les vetes (Dóminik Moll, 2019). De hecho, el director canadiense toma las riendas de su historia de la misma forma que lo hizo el director francés en su película. En sendos casos, reconocemos historias que inician con una apariencia independiente respecto a la otra. Queda el misterio sobre cómo el autor decidirá descubrir el vínculo entre los personajes de escenarios distantes. Paradise (2026) establece una narración intercalada entre algún lugar de Ghana y otro en Canadá. Por un lado, en la escena africana, conocemos el pasado y presente de un joven huérfano: la pérdida de un padre durante la infancia y el sobrevivir en un territorio de bandidos durante la adolescencia encienden el drama social de la película. Del otro lado, en un suburbio canadiense, otro “huérfano” paterno combina su rutina entre el skate y la interrogante de quién fue su padre: ¿está vivo o está muerto? Parece haber una referencia inmediata hacia la otra historia, sin embargo, esta segunda descansa más en el ala del drama familiar. En cierta forma, los dos contextos descubren marginalidad, muy a pesar hay niveles, pues, ciertamente, el segundo territorio podría interpretarse como el “paraíso” para el primer protagonista.
sábado, 14 de febrero de 2026
76 Berlinale: Paradise (Panorama)
viernes, 13 de febrero de 2026
76 Berlinale: Iván & Hadoum (Panorama)
¿Acaso una identidad se construye únicamente desde el género? Esta es una película que nos hace atender a toda una serie de fronteras a la que cualquier persona común está expuesta. ¿Hasta qué punto no nos damos cuenta de que no somos dueños de nuestra propia identidad? He ahí el conflicto de Iván & Hadoum (2026) que asiste al melodrama como excusa para definir a un protagonista que podría ser un buen ejemplo de sujeto auténtico. Iván (Silver) es un hombre transexual. Ahora, el argumento no desea remembrar el trayecto de su conversión ya realizada. Muy a pesar, es seguro que estamos ante un individuo que ha tenido que sobrellevar o ignorar toda una serie de prejuicios, miedos y posibilidades agresivas contra su persona a fin de alcanzar lo que él percibe como lo sano para sí. Podríamos decir que la transición de Iván es prueba de que un día decidió no negar su identidad así tenga que contrariar la satisfacción de un resto. Iván es ejemplo de valentía y autorespeto. El asunto es que la ópera prima de Ian de la Rosa trata más bien de vulnerar o poner en duda esos valores que, en un contexto diferente, se podría asumir estaban asociados a Iván. Iván & Hadoum es una película en donde la batalla por definir una identidad no ha terminado.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Mis favoritas del 2025
No hay mucho que decir de este año. Repetir que siempre lo valioso se halla en la dieta cinéfila de películas de años pasados. En el 2025, no he reconocido documentales memorables. Capaz algo de ello tenga que ver con que este año la crítica internacional repite su desatención a documentales no relacionados al conflicto Israel-palestino, seguido por los que aluden a la guerra entre Rusia y Ucrania. De esa producción en boga, resalto Put Your Soul on Your Hand and Walk (2025), de Sepideh Farsi. Es una sorpresa esté ausente en listas. Capaz falta de distribución; es lo único que se me ocurre. Mismo destino tal vez pase con películas más orientadas a la ficción como A Useful Ghost (Ratchapoom Boonbunchachoke, 2025), Home Sweet Home (Frelle Petersen, 2025) y La virgen de la tosquera (Laura Casabé, 2025). Buenas películas las tres. No quedaron en mi lista final, pero no dejo de pensar que sí que valen la pena ser revisadas y valoradas. Sin más, feliz año 2026 a todos. Resisto por esta vía.
Cartelera
El brutalista (2024)
Together (Michael Shanks, 2025)
Vino la noche (Paolo Tizón, 2024)
Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson, 2025)
Mente maestra (Kelly Reichardt, 2025): Así como en su ópera prima River of Grass (1994), la directora le saca la vuelta a un tópico clásico para descubrirnos una suerte de boicot al mismo. Arrancando por su irónico título, esta es la historia de un hombre que de “maestro” no tiene nada. Entonces veremos cómo este relato que nos evoca a los magistrales robos se va descomponiendo en un contexto que (no es gratuito) coincide con una época de cambios, rupturas ante ciertas creencias, incluyendo esos conceptos, fantasías o argumentos tradicionales asociados a la sociedad estadounidense.
Festivales y muestras
Heldin (Petra Biondina Volpe, 2025): Una película que acontece en una sola noche. Basta una sesión nocturna para comprender lo difícil que es la rutina de una enfermera, y aquí no estamos ante cualquiera, sino una comprometida. Acá vemos la seriedad ante un oficio y la empatía natural de un personaje al borde del colpaso emocional. Es una película con un mensaje claro: meternos entre los nervios de su protagonista a fin de valorar su labor. Es también una nueva película en donde me convenzo del gran talento de la actriz Leonie Benesch.
Un poeta (Simón Mesa Soto, 2025)
The Shrouds (David Cronenberg, 2024)
VOD
Una casa de dinamita (Kathryn Bigelow, 2025)
La chica zurda (Shih-Ching Tsou, 2025)
Alternativa
Eddington (Ari Aster, 2025): Todo un caldo de discursos y comportamientos nocivos es la pauta de un EE. UU. en pleno contexto electoral y pandémico. Vemos cómo una sociedad va transitando de la excentricidad a la locura. El absurdo aquí por momentos da gracia y en otros da miedo. Aster para ello invoca a los estereotipos de su nación. Es una crítica y sátira a un sistema descompuesto en donde una sociedad confunde la libertad de expresión con la imperiosa necesidad de crear nuevas fronteras ideológicas. El estado de desconfianza aquí está a un nivel paranoico. Solo queda ver de lejos cómo se autodestruye.
Eephus (Carson Lund, 2024): Tiene pinta de ser un homenaje al fanatismo por el beisbol, pero no. Más bien es consciente de cómo el beisbol pasó de ser una práctica tradicional a una rutina y luego a un escape de la realidad. Esta es una película sobre el escapismo, en efecto, dirigida para la sensibilidad de una comunidad masculina de clase media heterosexual estadounidense. Vemos aquí la agonía de la antiquísima promesa de que el ser padre de familia era equivalente a un modelo de nación. Esta es una película que expira decepción, melancolía, ocaso, mortandad y, en tanto, el escenario va siendo atrapado poco a poco por el crepúsculo, el inevitable recordatorio que hay que volver a casa.
Lurker (Alex Russell, 2025): Es familiar su protagonista y su trama, sin embargo, no deja de ser ciertamente impredecible. Salvo por el final, aquí no veremos grandes giros de trama, sino quiebres que replantean la frecuencia del relato. Tenemos entonces a un personaje descubrimiento su “país de las maravillas”. Este será el principio de la revelación de un individuo enigmático, luego inquietante, siniestro, perturbador. Pero vamos cómo el entorno va respondiendo a este extraño. Pienso en películas sobre amos y esclavos, pero aquí se voltea el pastel. Me pregunto si capaz estemos ante una fábula sobre los efectos de la fama o solo la historia de un perturbado sacándole provecho a la fortuna.
Bob Trevino Likes It (Tracie Laymon, 2024): Muy conmovedora película basada en una historia real. Creo que el gran fuerte de ello es la personalidad de una joven que a pesar de tener todos los antecedentes para ser un personaje desdichado le da la contra a su realidad dramática. La solitaria muchacha de este relato tiene un estoicismo u optimismo natural ante la adversidad, gesto que nada tiene que ver con la resiliencia. Y eso afecta al personaje de John Leguizamo que está en un papel memorable. Esta suerte de figura paternal abraza con delicadeza. Es empatía en estado puro. Esta es una película muy humana, triste, pero enciende el amor y la esperanza.
Sex (Dag Johan Haugerud, 2024)
Vistos
por primera vez
The Song of Lunch (Niall MacCormick, 2010): un poema divertidamente dramatizado por Alan Rickman y una encantadora Emma Thompson. Todo muy británico.
My Heart is That Eternal Rose (Patrick Tam, 1989): el thriller y el triángulo amoroso se combinan en una película atractivamente visual que inspiró a Wong Kar Wai.
Brimstone and Treacle (Barry Davis, 1976): Satanás se filtra en el hogar de una familia británica y el resultado es perturbador y controvertido. Se entiende por qué se censuró.
El canon (Martín Seeger, 2024): atractivo cortometraje que examina el colonialismo moderno desde la precariedad laboral, la ética artística y la apropiación del cuerpo.
Sushou River (Lou Ye, 2000): muy atractiva historia ambigua y melancólica inspirada en los argumentos del cine negro clásico, solo que adaptado a una narración contemporáneo.
A Hora da Estrela (Suzana Amaral, 1985): una suerte de choque social y emocional sobre chica sumisa y romántica que conoce a chico y va rumbo al desencanto en una Brasil moderna.
La bicicleta de Pekín (Wang Xiaoshuai, 2001): Relato sobre un repartidor provinciano intentando abrirse camino en una China que lo explota y humilla de diversas formas.
Nowhere Special (Uberto Pasolini, 2020): Cálida, pero muy dolorosa historia de un padre ordenando el futuro de su pequeño. Aquí cada gesto paternal es un golpe al corazón.
Les miserables (Ladj Ly, 2019): El policía bueno reconociendo un sistema disfuncional en un escenario plagado de brechas. Es la historia destinada a la rebelión y el caos.
The Last Movie (Dennis Hopper, 1971): Financiada por Hollywood y boicot a Hollywood. Cusco es el escenario de un relato metaficcional sobre la industria corrompiendo.
Historia de un vecindario (Yasujiro Ozu, 1947): Mujer amargada y niño abandonado se encuentran y afloran los valores familiares del gran cine de Ozu, siempre corrector y optimista.
Troll Bridge (Daniel Knight, 2019): Una estupenda reflexión sobre el sobrevivir a partir de la historia de personajes míticos asociándose en una era en donde lo tradicional agoniza.
Our Town (Sam Wood, 1940): Oda y épica a una comunidad. La trascendencia, la memoria, los valores tradicionales, la vida en comunidad y el orgullo hacia la propiedad.
Girl With Green Eyes (Desmond Davis, 1964): Educación sentimental de una muchacha de provincia en una Irlanda descubriendo dicotomías/agresiones sociales y culturales.
Bailando con Regitze (Kaspar Rostrup, 1989): Un grupo celebra mientras el anfitrión está sumido en sus recuerdos. Sutil manera de representar el valor de la memoria y apaciguar el dolor.
The Killing of Kenneth Chamberlain (David Midell, 2020): Frustrante crónica basada en un hecho real. Otra infame demostración de una facción racista de la policía estadounidense.
Once Around (Lasse Hallstrom, 1991): Tremendo personaje encarnado por Richard Dreyfuss. Un tipo hedonista, transparente y, por lo tanto, insoportable, ganándose el cariño del resto.
Seppuku (Masaki Kobayashi, 1962): Remembranza de cómo la desgracia cayó sobre un samurái. Duro cuestionamiento histórico a los órganos adquiriendo poder a costa del honor.
Vinyl (Alan Zweig, 2000): Parece un documental de fanáticos de los vinilos, pero es más bien el desquite de un hombre obsesionado con compartir su frustración mediante la autocompasión.
¿Nevará en Navidad? (Sandrine Veysset, 1996): La rutina rural, el drama doméstico y la resiliencia cae en los hombros de una madre. Un martirio silencioso aliviado por el amor.
lunes, 29 de septiembre de 2025
Una batalla tras otra
No se puede hablar del activismo político radical en el cine sin dejar de lado a La batalla de Argel (1966), una tremenda película de Gillo Pontecorvo y gran referencia en la última película de Paul Thomas Anderson. Una batalla tras otra (2025) parece integrar dos películas en una. Primero: el retrato épico y tenaz de un grupo de activistas radicales estadounidenses. Segundo: el retrato de un drama familiar conectado con los pendientes de la primera fase. A propósito, la transición entre ambos bloques es el único momento de reposo argumental que se reconoce a lo largo de esta enérgica película. Es el respiro en la renovación de una historia y de paso de una batalla. Entonces, la segunda parte es que se reconoce el tributo a la película de Pontecorvo. Así como Quentin Tarantino, PTA es un director que hace un saludo a sus directores y géneros favoritos en cada una de sus producciones. Ambos arduos cinéfilos, se diferencian con relación a su disciplina y discreción para manifestar su fanatismo. QT explota momentos, su tributo es más evidente, literal y hasta calcado. PTA, en tanto, es de línea prudente, más allá de reinventar secuencias, él se limita a remembrar a los géneros, películas o directores. La segunda parte de Una batalla tras otra tiene mucha similitud a la dinámica argumental de La batalla de Argel tomando en cuenta que en sendas películas un grupo radical se mueve de un lado a otro desde la clandestinidad, mientras que en paralelo un grupo militar selecto hace lo mismo solo que de manera palmaria.
Aunque más dura en su asimilación, Inherent Vice resuena en Una batalla tras otra. Ambas basadas en escritos de Thomas Pynchon, estas dos películas son como un recorrido laberíntico: al doblar cada esquina, aguarda algo inesperado. Pynchon se inspira de las novelas negras y a PTA le fascina el cine negro, historias de detectives que inician con un caso tan simple, pero que se va complicando. Es una batalla tras otra como la que enfrentará el antihéroe, que, ya lo dije, es Bob. Ahora, el trayecto de Inherent Vice es raro y confuso en un sentido argumental y hasta lógico. Por su parte, Una batalla tras otra es enmarañado y desorientador solo que más en un sentido espacial. Mucho detalle al recorrido físico de los personajes. Vayamos en orden. Un grupo de militantes radicales ingresan a un lugar para crear un atentado. Entran por una puerta, salen por otra, espacios angostos, están los hechos a plena noche. Escapan por las vías, cruzan calles, doblan esquinas, entran por callejones, estacionamientos, corren por donde haya lugar. Bob y su sensei cruzan puertas, habitaciones, corredores, no deja de aparecer más gente, mientras tanto van ascendiendo de pisos hasta llegar al techo. Es como jugar el antiguo King Kong. Una de las bases del club de la Navidad —nombre de caricatura— arranca en una casa común y corriente y luego de bajar unas escaleras, aparece un túnel, y así. Es laberinto tras laberinto. PTA parece simular una y otra vez el ingreso de Alicia al País de las maravillas. Apenas cruzas una puerta, empieza la batalla del “todo puede pasar”. Lo que aparenta ser un espacio limitado se amplía por arte de magia. Es el código del conflicto del cine noir, plasmado desde lo espacial.
Y
así son varios los personajes de Una batalla tras otra que tienen puntos
débiles. Salvo por el Sensei, ninguno será víctima de la duda. Se repite esta
idea de lo impredecible. El hecho de que estemos ante un escenario del activismo
radical y la represión estatal es que siempre va a manifestarse el tópico de la
traición. Nada está dicho en un terreno en donde tienes todas las de perder. En
tiempos de guerra se ven los más valientes como los más cobardes, así como los
más o menos comprometidos a una causa. A propósito, es que PTA realiza su
primera película comprometida. Una batalla tras otra dialoga con los
problemas actuales y fija su línea política de manera firme, pero siempre
cuidándose de la censura. Así como muchos de los clásicos de Hollywood, PTA al
final parece decir: “Y bueno, estas son las consecuencias si haces esto. Podrás
ser muy aguerrido y hábil, pero…”. Queda un mensaje social, una vocación frustrada,
una utopía, pero salpicaduras quedan. Una batalla tras otra es una
estupenda película, pero no más que Petróleo sangriento, The Master
o La batalla de Argel, sin embargo, son tremendas sus secuencias durante
la carretera, así como su nueva alianza con Jonny Greenwood. Excelente instante
western la que fabrica combinado con el suspense de una vía que sube y baja
como una montaña rusa, el uso de un lente que ralentiza el acercamiento y, en
tanto, la inquietud sonora del compás de Greenwood complementando la catarsis.
Es un momento al que quiero volver a futuro.
sábado, 20 de septiembre de 2025
Fantastic Fest 25: Night Stage
El homoerotismo y la política dialogan en este relato que combina melodrama e intriga. Matías (Gabriel Faryas), un joven actor de teatro, conoce a Rafael (Cirillo Luna) mediante una aplicación de citas. Este será el principio de una historia de deseo y amor, pero sobre todo un acto de resistencia frente a las apariencias y las viejas fórmulas del ciudadano correcto. Los directores Filipe Matzembacher y Marcio Reolon nos cuentan cómo es que los prejuicios sociales resultan ser una camisa de fuerza o incluso una careta para sus protagonistas. Ato noturno (2025) nos traslada a una provincia en Brasil, un escenario que transita por una alta tasa de violencia y que además está a vísperas de celebrar sus elecciones municipales. En ese panorama, los dos personajes principales se reunirán usando a la noche y ciertos escondites furtivos como tapaderas regulares para su relación, en cierta medida, anticipándose a la postergación. Sucede que Rafael no está en “posición” de exponerse, y esto tiene que ver con la próxima campaña electoral municipal. Los prejuicios aquí caen por su propio peso. Se podría decir que hasta entonces tenemos una convención del género LGTB; sin embargo, hay algo más. Un drama alterno compromete únicamente a Matías, situación que hasta cierto punto tensará el melodrama provocado por unos amantes que necesitan guardar las apariencias.
viernes, 19 de septiembre de 2025
Fantastic Fest 25: The Curse
Solo el cine de terror podía generar un vínculo entre el tópico de las redes sociales y personas que son víctimas de una maldición. The Curse (2025), dirigida por Kenichi Ugana, nos presenta en principio una pesadilla digital para luego liberarnos un conflicto clásico en el cine de horror japonés. Una joven ha fallecido de una forma muy violenta, sin embargo, publicaciones y mensajes privados comienzan a inquietar y perturbar a los que la conocieron. Este será el principio de una pesquisa que muy pronto descubrirá una avalancha de hechos paranormales y que además comprometerá a los personajes que solo se dejaron llevar por una sana curiosidad. Definitivamente, esta película al igual que sus símiles no solo se valdrá del simple acto de “lo siento, ahora estás maldito”, sino que también le pondrá un conteo regresivo límite a la víctima como para que las cosas se pongan más tensas. Ahora, hay otro puente hacia dónde nos dirigirá este relato. Si el terreno de la brujería o el encantamiento ya de por sí es confuso y hasta incompresible para los protagonistas, mayor aún si este nos refiere a un escenario culturalmente extraño. The Curse aprovecha en explotar también el culto al escenario exótico. Ya para esto la película tiene inclinaciones al thriller detectivesco, aunque eso no garantiza que los “detectives” tengan resultados inspiradores. Sucede también que la introducción a chamanerías o artilugios folklóricos va aumentando la brecha entre la lógica y lo absurdo y, por tanto, acrecientan las incógnitas de si solo están avanzando o empeorando las cosas. Kenichi Ugana sabe reservar su gran incógnita: el germen de todo. The Curse apunta a ser un testimonio tétrico de los efectos turbios que las redes sociales a veces ocasionan.
jueves, 18 de septiembre de 2025
Fantastic Fest 25: The Piano Accident
La creatividad inagotable de Quentin Dupieux nos lleva en esta ocasión a una situación más orientada a lo real, aunque no por eso deja de ser otra de sus fábulas absurdas. L’accident de piano (2025) tiene como protagonista a una particular influencer refugiándose en un chalé tras un “accidente”. Ahora, gran parte del largo de esta película se alimentará de esa incógnita: ¿qué es eso tan grave que le sucedió y que una periodista usará como chantaje contra la famosa? La autodenominada Magaloche (Adéle Exarchopoulus), en tanto, pasará de un estado de indiferencia propia de su personalidad apática a una inquietud sombría. Acá el comportamiento y posterior reacción de la protagonista será responsable de los puntos dramáticos del relato que, ciertamente, no rompen con la lógica, pero sí que hacen afrenta al razonamiento civilizado. De ahí por qué Dupieux no deja de coquetear con lo absurdo. Este es un director que expira sátira y para generarla solo tiene que darle una ojeada a nuestra realidad minada de incoherencia y falta de razonamiento, escenario que incluso ha reconocido que los productos definidos por esos defectos tienen un valor monetizable. Magaloche en un plano es amada, pero en otro, uno coherente, es solo una demente que explota una discapacidad.









































