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sábado, 6 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Hermano


Marcelo Rasquin realiza un drama familiar sobre dos medios hermanos, ambos con un futuro prometedor para el fútbol; uno empeñado en realizar una carrera en las ligas profesionales, el otro obstinado en continuar una vida delictiva dentro del barrio en el que habita. Hermano (2010) a pesar de contener una trama revisitada sobre el hermano bueno y el hermano malo, manifiesta en ocasiones una dinámica dramática constante que esquiva la posibilidad de caer en la convencionalidad de la trama.
Daniel es el delantero y Julio es el capitán del equipo, ambos son medios hermanos y juegan para la selección de su barrio llamado “La Ceniza”, un lugar apartado de una urbanidad prolífica donde la pobreza y la delincuencia es pan del cada día y las oportunidades son escasas o cuestión de suerte. La historia se inicia cuando un busca talentos ha invitado a los dos hermanos a un entrenamiento de prueba para postular al “Caracas Fútbol Club”, uno de los equipos profesionales con mayor fama en Venezuela. Los hermanos están dispuestos a tomar la práctica, sin saber que una tragedia cambiará la situación de las cosas. Es en este instante que Rasquin crea la confrontación entre los dos hermanos. El “bien” y el “mal” se enfrentan. El drama ha despertado el lado conflictivo de este último, uno que mantenía al margen de su familia, pero que luego de la desgracia, se ve en la necesidad de tomar preferencia a su “vínculo vital”.
A partir de aquí, Hermano toma como referencia a las películas del género de pandillas y la adolescencia rebelde. Un dilema que provoca Rasquin es sobre el significado de “hermandad”, lazo que por un lado asume Julio respecto a Daniel y por otro respecto a su pandilla. No existe aquí el lazo de consanguineidad. Daniel y Julio son medios hermanos y esto provoca que dicha filiación tenga un nivel similar al que tiene Julio con el grupo al que pertenece. A partir de esta idea, se habla sobre la naturaleza de las pandillas, sobre la cabeza del grupo, las reglas de cada miembro y el vínculo familiar que los une, sea protegiendo a los suyos o no dañándolos. Julio además refleja esa actitud arraigada a la violencia. Él es testarudo, impulsivo y voluble. Esto sin embargo no perturba lo suficiente a Daniel quien asume una actitud a la defensiva, siempre con un idealismo de por medio.
Hermano peca de moralidad, una que es rebosante en el personaje de Daniel. Los instantes en que los hermanos se confrontan, son apaciguados prontamente por el “bueno” de la familia. Julio es rebelde, pero su hermano siempre pone la otra mejilla, siempre dispuesto a flamear bandera blanca. Los momentos más dramáticos surgen cuando los hermanos pelean, pero la moralidad se asoma, el conflicto cesa y el filme deja de funcionar. Cada vez que Daniel asume ese carácter rebelde de Julio, el drama fluye, esto a raíz de que el personaje violenta su propia naturaleza, algo que ocurre un par de veces como caso del final de la película, siendo este uno efectivo por lo inesperado de los hechos.

jueves, 4 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Tropa de Élite 2


El director José Padilha retoma nuevamente la historia del escuadrón de la BOPE - Batallón de Operaciones Policiales Especiales y la de Nascimento (Wagner Moura), capitán de esta “Tropa de Élite”, grupo encargado de desactivar y eliminar las fuerzas nocivas que actúan en las favelas. En esta segunda parte, el hombre al mando asumirá un nuevo reto: la corrupción –una fuerza indesligable a la realidad de Río de Janeiro –se ha manifestado en la fuerzas del orden. Nascimento tendrá que enfrentar a este nuevo enemigo; el mismo sistema para el cual labora.
A diferencia de su filme original, Padilha en esta ocasión no resulta tener la misma efectividad. Los mismos discursos que Nascimento se va planteando a medida que va luchando –inútilmente –con los agentes corruptos son los mismos que se repitió en la primera película, solo que en esta ocasión son destinados para el bando al que él sirve. Tropa de Élite 2 (2010) se manifiesta por plantear el ascenso en producción geométrica de los “seudo-vigilantes gubernamentales”, personajes que se han visto seducidos por el lado esperpéntico de los sectores violentos, las favelas, zonas que ellos mismos comienzan negociar y manipular a su antojo, mientras que falsamente se dedican a autoproclamarse como defensores de la nación al comunicar hasta el cansancio la lucha y el compromiso por combatir la criminalidad que se expande en la ciudad.
Nascimento esta vez asume una doble labor paternal, el de su propia familia y el de su compromiso con la BOPE. Tendrá que elegir entre uno de estos. Se reluce así discursos tales como el autoengaño, los principios ideológicos, los valores y sus opuestos, la manipulación gubernamental y en ocasiones la mediática. La figura de la prensa en esta oportunidad posee un rol fundamental, funcionando en ocasiones como el “cuarto poder” que es cazador de verdades, mientras que en otras resulta ser constructor de cortinas de humos, beneficiarios de intereses políticos. La misma política también posee ese lado comprometido con la moralidad, esto representado en la figura del Fraga (Irandhir Santos) quien personifica a una especie de sociólogo afiliado a posturas revolucionarias que más adelante se convertirá en diputado. Hay una propuesta por observar el lado de la izquierda como una senda que no se apaña por medias verdades, una postura política de Padilha que posiblemente se ha contagiado de los últimos dos gobiernos en Brasil.
Tropa de Élite 2 es en gran parte lo mismo de su precuela, solo que esta vez se suman nuevos enemigos: la policía, fuerzas paramilitares, los políticos, agentes y demás factores que promueven la actividad de grupos violentos, aquellos que parecen actuar al ritmo del sistema, un de síndrome de “seguir al líder”.

jueves, 29 de abril de 2010

Paraíso


Paraíso narra la vida cotidiana de cinco adolescentes de un barrio pobre, terreno hostil y agreste, que es testigo de una realidad que no apremia a los individuos de su naturaleza, una que está rodeada de la fantasía representada por la vida escolar o la del pandillaje. Sus personajes aparentemente se dejan arrastrar por lo que les toca vivir dentro de ese mundo de escasas oportunidades. Ellos son segunda generación de los migrantes ayacuchanos, aquellos que escaparon de los terrucos, de los cachacos, de la guerra sucia, muy a pesar el espanto y las nostalgias no han sido heredadas a sus hijos que confrontan sus propios temores.
Héctor Gálvez ha co-dirigido anteriormente el documental Lucanamarca, se entiende entonces porque Paraíso tiene ese aire documentado que se concentra en sus cinco personajes adentrándose a su intimidad lo suficiente para saber qué está surgiendo en su alrededor. La historia no exige que se conozca a estos jóvenes sobre su psicología o sus propios sentimientos. El mismo pueblo parece ser hermético. Los mayores guardan celosamente un luto que queda para la memoria, mientras que sus hijos meditan en voz baja compartiéndose muy pocas veces sus deseos o preocupaciones. Son apenas las miradas o los primeros planos los que nos ofrecen alternativas a interpretar. La película posee situaciones de corta duración, las secuencias son cortas, los encuadres son en conjunto o enteros –Paraíso siempre es visible y partícipe a pesar de ser baldío –. Los momentos más activos son una mención que no merece ser expresada. Paraíso es contemplativo, no busca ofrecer un mensaje, se resiste a emplear métodos de enganche o de nudos de acción.

El mundo de sus jóvenes está compartido: el interactuar dentro de su mundo (asistir a la escuela, reunirse con los amigos, tomar unos tragos, recurrir al pandillaje) y el convivir consigo mismos, que es dejarse llevar por sus deseos o sus sueños. Paraíso es soñar con un mundo mejor que ese. Es ver el mundo de otra forma, y no solamente porque algunos de estos adolescentes son socialmente conscientes, sino que es la misma situación los que les obliga a romper con su mundo fantasioso creando sus propias fantasías. El poder volar es imposible, pero estar colgado a los aíres mientras que la gente te aclama está cercano a sus sueños. Paraíso está localizado en tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro. El pasado está representado por la violencia, tanto política como social, representadas en Sara –una de las jóvenes del grupo – y en la muerte de “Che Loco” – un amigo del grupo que cayó víctima del pandillaje –, respectivamente. El presente es el pueblo de Paraíso, el desempleo, las borracheras, las malas juntas, los días de colegio. El futuro son sus sueños, las ganas de ser mejores o de ser otros.
Los personajes de Paraíso viven su presente pero conservan una memoria, muy a pesar, eso no les evita poder soñar con un futuro diferente al suyo, aquel que está impuesto en la realidad, más no dentro de sus mentes: la fe de tener una piscina, de volar por los aires o de tener una carrera profesional. La sutilidad que Gálvez otorga a su película es la de conservar la calma ante la entrega de un mensaje, muy a pesar Paraíso transmite mucho de eso. Los diálogos escasos se vuelven temas de conversación vastos que prontamente son reemplazadas por otras situaciones. El espacio minimalista resulta ser tan simbólico, y la simple vida de sus personajes tan significativa; tan anecdótico como un árbol vivo en medio de un desierto. Paraíso es una buena película. Es un claro ejemplo de lo que nos está ofreciendo el nuevo cine peruano aún en formación.