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viernes, 18 de septiembre de 2026

Fantastic Fest 26: La muerte no tiene dueño

Un relato sobre una herencia maldita. Una mujer de origen italiano (Asia Argento) llega a Venezuela para reclamar la sucesión de una finca cafetera tras la muerte de su padre, el terrateniente del lugar. La muerte no tiene dueño (2026) nos contará sobre la pugna de derechos territoriales entre la nueva dueña y la servidumbre afincada en el lugar. El director Jorge Thielen Armand se aparta ligeramente de la cadencia de cine de autor para inclinarse más a un cine de género; sin embargo, eso no lo obliga a dejar de reincidir en su interés por retratar historias asociadas a personas siendo desterradas en su propia tierra. Así como en La soledad (2016) y La fortaleza (2020), vemos en su reciente película a personajes también expuestos al desalojo forzado. Ahora, lo cierto es que esta vez Thielen no refiere como causante de ello a la crisis política venezolana. Es más, en cierto punto del argumento, una oficial pública anuncia: “Aquí las cosas han cambiado”. Esta frase se podría prestar para más de una interpretación, incluyendo el estado actual de la nación en cuestión. Entonces, tenemos a una italiana intentando persuadir a Sonia (Dogreika Tovar), la venezolana celadora de la mansión, de retirar sus pertenencias y a los suyos a fin de poder vender la propiedad. Aquí entran en juego argumentos que llegan de ambos lados: papeles de titularidad, reclamos por irresponsabilidad, posibles vínculos familiares, beneficios de un vividor, entre otros. Muy a pesar, el asunto clave es que esta pugna radica de algo más pretérito.

El conflicto en La muerte no tiene dueño deviene de una problemática poscolonial. Acá no solo se trata de una herencia terrenal, sino también de un resentimiento heredado. El personaje de Argento no solo es nueva propietaria de la finca, sino también de lo que hay dentro de ella, y esto implica a los empleados, los explotados y los tantos que perecieron en alrededor efecto de una precaria faena cafetalera. Estamos hablando de hacerse acreedora de un patrimonio que carga un presente y un pasado. He ahí el problema de la italiana, no ser consciente de ello. En tanto, es curioso cómo es que este personaje, quien en un pasado fue “rescatada” por su madre a fin de mantenerse al margen del terror laboral diario ejecutado por el patriarca, ha heredado casi por instinto el rol autoritario. De pronto, esa decadente casona ha despertado en ella eso que incluso le hacía aborrecer a su padre. Aquí no hay necesidad de hablar de posesiones; el fantasma colonialista es tan efectivo y patente en el sujeto privilegiado cada que reconoce a su otro. Jorge Thielen Armand parece imaginar que luego de los retos políticos, Venezuela ahora queda expuesta a los retos de enfrentar a una invasión. Piensa también en la violencia como acto de reacción. El saldo, obviamente, es trágico y un bucle maldito. Es un panorama pesimista el que avista. De nada vale haberse liberado de un dictador si más tarde vendrá otro intentando robar la propiedad.

miércoles, 26 de agosto de 2020

24 Festival de Lima: Érase una vez en Venezuela (Competencia Documental)

Un documental que hace un duro registro sobre la negligencia estatal en el país sudamericano. El protagonista de este filme es el pueblo de Congo Mirador, lugar que, según uno de sus habitantes, hace años fue poblado próspero, no en vano se ubica a unos kilómetros de las principales zonas de reserva de petróleo del país. El hecho es que nada de lo que describe el anciano se transcribe en el territorio ahogado por la sedimentación. Así inicia Érase una vez en Venezuela (2020). La directora Anabel Rodriguez desde un principio ya da sentido al título de su película. El pasado y el presente de este territorio expresan un contraste de realidades. Somos testigos de familias resistiéndose al éxodo. A pesar del panorama inhabitable producto de la precariedad sanitaria, un ánimo optimista se extiende en toda esta comunidad. La población ha migrado considerablemente, sin embargo, la vida sigue en el Congo. La pesca, los certámenes de belleza, la rutina en general sigue su marcha, así como las funciones de dos órganos, los cuales parecen dar sustento a la resistencia comunitaria.

La escuela y la administración de la comunidad, a cargo de la profesora Natalie y la líder chavista Tamara, respectivamente, son esos espacios que determinan el deseo del pueblo por salir adelante. Por mucho que las personas al mando de estos espacios tengan ideas políticas muy contrarias, las dos están de acuerdo que no quieren dejar morir a su amado Congo. Todo sea por Congo. Ambas, de alguna forma y a su manera, lidian contra las circunstancias para que las últimas familias de Congo no abandonen el lugar y a su vez este poblado no sea tragado por el efecto de la contaminación. Lo cierto es que la condena luce inminente. Érase una vez en Venezuela, luego del contraste entre el pasado y el presente, el de las posturas políticas que representan Natalie y Tamara, va descubriendo otros tantos más. Vemos jugar a niños en el lago y luego limpiándose las capas de petróleo que se les queda en los pies. Vemos a los pescadores haciendo la faena del día, pero también flotan los peces infectados por la contaminación de las aguas. Los días de Congo están contados.
Rodriguez parece crear una suerte de épica a propósito de la degradación progresiva de esta comunidad. Ciertas eventualidades internas nos han despistado de una muerte próxima. Mientras que el pueblo triunfaba frente a los sobornos del chavismo como estrategia para ganar votos electorales, mientras que Natalie confrontaba las observaciones insignificantes de una supervisora educativa del Estado o mientras que Tamara demandaba a las autoridades una draga para salvar a la comunidad de las aguas; Congo se estaba muriendo. De un momento a otro, el pueblo se vio infestado de plantas como telarañas en una casa abandonada. Los momentos más conmovedores de este documental sucede en la última media hora, para cuando el reloj del tiempo apretó el paso y la población se redujo al ritmo del mismo. Érase una vez en Venezuela representa un caso sobre cómo las normativas chavistas han perjudicado a ciertas comunidades venezolanas a partir de su difusión política de ejercicio improvisado y desinteresado. Una síntesis de esa conducta se manifiesta en dos reuniones. En la primera, Tamara, en calidad de funcionaria de Congo, se reúne con su comunidad. En la segunda, un funcionario provincial se reúne con Tamara, en calidad de representante de Congo. En sendos, los que comandan la reunión no dudan en contestar al celular a mitad de la tertulia.

miércoles, 9 de agosto de 2017

21 Festival de Lima: La familia (Competencia Ficción)

Una historia sobre lazos familiares enmendándose. Un padre y un hijo parecen perfectos desconocidos. Un trágico acontecimiento los obligará a escapar de los bloques suburbiales en donde cada uno vivía por su lado; Andrés (Giovanni García) laborando de lugar en lugar, Pedro (Reggie Reyes) jugando con los otros niños del barrio. La familia (2017) desde un principio deja en claro que el móvil dramático de la historia es consecuencia del desamparo, el cual bien pudo haber germinado de cualquiera de los menores que cohabita en medio de la violencia. El director Gustavo Rondón Córdova revela un panorama degradado de la Caracas huérfana, la cual comparte mismo perímetro con una sociedad a la que el infortunio no ha tocado.
En La familia vemos una variedad de “dobles rostros”: el padre y el hijo, la violencia y la inocencia, la pobreza y la riqueza. Cada par se repele. En relación a los otros pares, no necesariamente se corresponden entre sí, aunque sí coexisten. La historia además va minando una serie de acciones y comportamientos que nos obliga a reflexionar sobre una problemática coyuntural. La disgregación, el autodestierro, la incertidumbre ante la persecución. El filme se mueve en base al pánico social y la restauración fraternal. Es la tensa doble huida del padre e hijo – logradas secuencias que por momentos recuerda a una escena de la argentina Refugiado (2014) – y el intento de estos mismos por relacionarse.

martes, 9 de agosto de 2016

20 Festival de Lima: Desde allá (Competencia Ficción)

Desde allá (2015) parece una versión insípida de La virgen de los sicarios (1999). La ópera prima del venezolano Lorenzo Vigas por un lado parece querer reflejar el marco delincuencial y violento en Caracas, sin embargo, este se define casi intrascendente frente a lo que pretende presumir. Es también un relato sobre la homosexualidad que más parece devenir a consecuencia de una asistencia o paternalismo. La fórmula del acogido correspondiendo a su benefactor no solo es trivial sino que posee un tratamiento superficial. Por último, el giro inesperado de su final luce inconveniente para una historia que luce inacabada, con acciones forzadas o poco justificadas y que rehúyen al tratamiento dramático. Desde allá es la decepción de la competencia.

viernes, 8 de agosto de 2014

18 Festival de Lima: Pelo Malo (Sección Oficial de Ficción)

Inicia una nueva edición del Festival de Lima. Vamos posteando desde ahora las críticas de las películas que logremos ver.

El ambiente caótico de una ciudad urbana viste y parece imponer sus normas a Junior (Samuel Lange), un niño que sufre de la paranoia de su madre y los traumas de su abuela. Pelo malo (2013) por encima de dedicar un tratamiento a la violencia contra el género, se engloba por representar la violencia contra el pensamiento del individuo común. La directora Mariana Rondón mediante la delicada mirada del infante, uno que pasivamente recepciona y reacciona mediante lo que escucha o percibe dentro de su círculo social, va componiendo una serie de comportamientos derivados a la frustración. Tanto a nivel técnico como de trama, esta película venezolana se encamina a un plano pesimista en donde las fantasías son tan irreales como los fallidos fotomontajes de una tienda de fotos. La fotografía, entendida como una ventana a lo utópico. Junior solo quiere tomarse una foto y lucir el cabello lacio para parecerse a uno de los cantantes que tanto admira. Esta “libertad” lo convertirá en un condenado prematuro.
Pelo malo a primera mitad puede lucir como un drama social superficial y redundante, muy a pesar poco a poco se van aglutinando las ideas sueltas y superfluos detalles sobre cómo se construye un imaginario opresivo. A medida que los personajes de la película van sufriendo o reprimiendo sus dramas, en el ambiente se percibe el adoctrinamiento, la vigilancia y el mutismo. Puertas abiertas, buena postura, sesiones contra la obesidad o elegir entre ser reina de belleza o militar. Sutil es como una simple y torpe letra musical puede terminar gustando a un individuo que hace algunos días odiaba. Similar mecánica es la que se refleja en el reportaje televisivo sobre el fanatismo retorcido hacia un monarca. Mariana Rondón toma por excusa el tema de la homosexualidad (cuestión que por cierto no se manifiesta más que mediante la palabra o la imaginación) para construir a personajes demenciales que se alinean al sistema y otros más inocentes que no tardan en sumarse a las filas.

sábado, 6 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Hermano


Marcelo Rasquin realiza un drama familiar sobre dos medios hermanos, ambos con un futuro prometedor para el fútbol; uno empeñado en realizar una carrera en las ligas profesionales, el otro obstinado en continuar una vida delictiva dentro del barrio en el que habita. Hermano (2010) a pesar de contener una trama revisitada sobre el hermano bueno y el hermano malo, manifiesta en ocasiones una dinámica dramática constante que esquiva la posibilidad de caer en la convencionalidad de la trama.
Daniel es el delantero y Julio es el capitán del equipo, ambos son medios hermanos y juegan para la selección de su barrio llamado “La Ceniza”, un lugar apartado de una urbanidad prolífica donde la pobreza y la delincuencia es pan del cada día y las oportunidades son escasas o cuestión de suerte. La historia se inicia cuando un busca talentos ha invitado a los dos hermanos a un entrenamiento de prueba para postular al “Caracas Fútbol Club”, uno de los equipos profesionales con mayor fama en Venezuela. Los hermanos están dispuestos a tomar la práctica, sin saber que una tragedia cambiará la situación de las cosas. Es en este instante que Rasquin crea la confrontación entre los dos hermanos. El “bien” y el “mal” se enfrentan. El drama ha despertado el lado conflictivo de este último, uno que mantenía al margen de su familia, pero que luego de la desgracia, se ve en la necesidad de tomar preferencia a su “vínculo vital”.
A partir de aquí, Hermano toma como referencia a las películas del género de pandillas y la adolescencia rebelde. Un dilema que provoca Rasquin es sobre el significado de “hermandad”, lazo que por un lado asume Julio respecto a Daniel y por otro respecto a su pandilla. No existe aquí el lazo de consanguineidad. Daniel y Julio son medios hermanos y esto provoca que dicha filiación tenga un nivel similar al que tiene Julio con el grupo al que pertenece. A partir de esta idea, se habla sobre la naturaleza de las pandillas, sobre la cabeza del grupo, las reglas de cada miembro y el vínculo familiar que los une, sea protegiendo a los suyos o no dañándolos. Julio además refleja esa actitud arraigada a la violencia. Él es testarudo, impulsivo y voluble. Esto sin embargo no perturba lo suficiente a Daniel quien asume una actitud a la defensiva, siempre con un idealismo de por medio.
Hermano peca de moralidad, una que es rebosante en el personaje de Daniel. Los instantes en que los hermanos se confrontan, son apaciguados prontamente por el “bueno” de la familia. Julio es rebelde, pero su hermano siempre pone la otra mejilla, siempre dispuesto a flamear bandera blanca. Los momentos más dramáticos surgen cuando los hermanos pelean, pero la moralidad se asoma, el conflicto cesa y el filme deja de funcionar. Cada vez que Daniel asume ese carácter rebelde de Julio, el drama fluye, esto a raíz de que el personaje violenta su propia naturaleza, algo que ocurre un par de veces como caso del final de la película, siendo este uno efectivo por lo inesperado de los hechos.