Un influencer estadounidense encuentra unos jeans viejos y eso le interesa a un miembro yakuza. Es una premisa disparata. En efecto, es hacia ese rumbo al que desea dirigirse el director ucraniano estadounidense Eugene Kotlyarenko. Vintage Violence (2026) mezcla la aventura, el cine negro, el romance y el gore. Y, claro, hay yakuzas, pero unos muy actuales, y ese detalle es elemental para este autor que está a la línea de otros creativos del cine estadounidense. Pienso, por ejemplo, en Sean Price Williams, director de fotografía de esta producción y películas de Alex Ross Perry, los Safdie, Nathan Silver, además de ser director de su única obra, The Sweet East (2023). Estamos hablando de una generación en donde los géneros o tópicos clásicos se adaptan a las filias y miedos actuales. Este encuentro tendrá como producto un torrente de situaciones un tanto hilarantes. Digo, ¿quién se imaginaría a un yakuza haciendo de todo por hacerse de unos pantalones viejos? Vintage Violence es una película que piensa sobre las demandas de la actualidad y para ello se alía de los mecanismos argumentales clásicos. Tenemos a un influencer que vende contenido en donde él se introduce sin permiso a lugares abandonados. Es lo que una comunidad quiere ver. Incluso sus antecedentes de posible asesino —el cual la historia no se interesa en profundizar— no los detiene a seguirlo o incluso alentarlo con alguna colaboración. Así que luego de hallar un “tesoro”, esa seudo celebridad tiene la chance de vender basura. Es lo que la gente quiere.
jueves, 8 de octubre de 2026
Festival de Sitges 26: Vintage Violence (Órbita)
London Film Festival 26: Prince
La introducción de la primera película en solitario del uruguayo Federico Borgia me recuerda a Bernie (2011). En esta película, en donde Richard Linklater se apropia de un true crime para fabricar una comedia recreando un falso documental, vemos a una mujer rica, anciana y malhumorada tomando por servil a un hombre más joven y bonachón, a quien a fuerza de la humillación y la provocación lo retará a ir en contra de sus valores éticos. Prince (2026) tiene mismos estereotipos como el detonante, sin embargo, esta historia se decide por derivar a un relato lleno de cinismo en complicidad con una pequeña comunidad de perdedores. Jaime (Roberto Suárez) es el fiel sirviente de su ama y responsable de entrenar al multipremiado can de raza afgana, propiedad de la señora, en un hogar excéntricamente dispuesto del confort suficiente para olvidarse de que no muy lejos de ahí la situación económica anda difícil. Salvo por los instantes en que la mujer se encuentra de mal humor, se podría decir que Jaime disfruta de una vida acomodada y segura. Eso hasta que a su patrona se le ocurre morirse y entonces la cosa se le pondrá gris para el hombre. Pero esta es una película sobre oportunidades y decisiones. La herencia recae a nombre de Prince, el perro. Entonces inicia la batalla ética entre el respetar los deseos de la desaparecida o ver la manera de acortar el plazo a cambio de una tajada.

