jueves, 8 de octubre de 2026

Festival de Sitges 26: Vintage Violence (Órbita)

Un influencer estadounidense encuentra unos jeans viejos y eso le interesa a un miembro yakuza. Es una premisa disparata. En efecto, es hacia ese rumbo al que desea dirigirse el director ucraniano estadounidense Eugene Kotlyarenko. Vintage Violence (2026) mezcla la aventura, el cine negro, el romance y el gore. Y, claro, hay yakuzas, pero unos muy actuales, y ese detalle es elemental para este autor que está a la línea de otros creativos del cine estadounidense. Pienso, por ejemplo, en Sean Price Williams, director de fotografía de esta producción y películas de Alex Ross Perry, los Safdie, Nathan Silver, además de ser director de su única obra, The Sweet East (2023). Estamos hablando de una generación en donde los géneros o tópicos clásicos se adaptan a las filias y miedos actuales. Este encuentro tendrá como producto un torrente de situaciones un tanto hilarantes. Digo, ¿quién se imaginaría a un yakuza haciendo de todo por hacerse de unos pantalones viejos? Vintage Violence es una película que piensa sobre las demandas de la actualidad y para ello se alía de los mecanismos argumentales clásicos. Tenemos a un influencer que vende contenido en donde él se introduce sin permiso a lugares abandonados. Es lo que una comunidad quiere ver. Incluso sus antecedentes de posible asesino —el cual la historia no se interesa en profundizar— no los detiene a seguirlo o incluso alentarlo con alguna colaboración. Así que luego de hallar un “tesoro”, esa seudo celebridad tiene la chance de vender basura. Es lo que la gente quiere.

Por muy descabellado que resulte, esta ficción no se aleja mucho de la realidad. Así que, a propósito de esta actual sociedad del consumo, una muy excéntrica, es que vemos cómo ciertas comunidades tradicionales se verán descompuestas. Ahí entra en escena Japón. Desde Tokio hasta los yakuzas, ciudad y comunidad que tras la posguerra se vieron impactadas por el occidentalismo al punto de crear un consenso desigual entre las tradiciones locales y las preferidas extranjeras. Hoy en día, poco queda de esa tradicional. Este es un conflicto efímero en la película. Dentro de los yakuza, vemos un choque generacional que tiene que ver con la vestimenta. Aquí la moda en cierta forma es soez y hasta violenta, casi un equivalente a las bebidas alcohólicas en tiempo de la ley seca. Superficialmente, los personajes reconocen en los jeans viejos una moda que implica ganancia, pero el argumento lo va perfilando a unas piezas de contrabando. Vintage Violence de un momento a otro desencadenará persecuciones en donde sacar partido de las prendas es la meta. Ahora, al igual que los oficios e intereses de los protagonistas, ninguna de las situaciones aquí resulta seria. Eugene Kotlyarenko realiza un relato que acaricia la comedia de situaciones, la sátira y el pastiche. De ahí por qué es también coherente el estilo fotográfico de filtro instagrameable de Sean Williams.

London Film Festival 26: Prince

La introducción de la primera película en solitario del uruguayo Federico Borgia me recuerda a Bernie (2011). En esta película, en donde Richard Linklater se apropia de un true crime para fabricar una comedia recreando un falso documental, vemos a una mujer rica, anciana y malhumorada tomando por servil a un hombre más joven y bonachón, a quien a fuerza de la humillación y la provocación lo retará a ir en contra de sus valores éticos. Prince (2026) tiene mismos estereotipos como el detonante, sin embargo, esta historia se decide por derivar a un relato lleno de cinismo en complicidad con una pequeña comunidad de perdedores. Jaime (Roberto Suárez) es el fiel sirviente de su ama y responsable de entrenar al multipremiado can de raza afgana, propiedad de la señora, en un hogar excéntricamente dispuesto del confort suficiente para olvidarse de que no muy lejos de ahí la situación económica anda difícil. Salvo por los instantes en que la mujer se encuentra de mal humor, se podría decir que Jaime disfruta de una vida acomodada y segura. Eso hasta que a su patrona se le ocurre morirse y entonces la cosa se le pondrá gris para el hombre. Pero esta es una película sobre oportunidades y decisiones. La herencia recae a nombre de Prince, el perro. Entonces inicia la batalla ética entre el respetar los deseos de la desaparecida o ver la manera de acortar el plazo a cambio de una tajada.

Esta película tiene por conflicto el clásico encuentro entre oportunistas, en donde a uno le da su momento de honestidad. El hijo y la nieta de la finada están urgidos por apropiarse de una casa que ahora le pertenece al perro. En tanto, siendo ahora el único cuidador y responsable del nuevo propietario, Jaime comenzará a ser receptor de una mezcla de propuestas y amenazas a fin de acelerar el reinado de Prince. Aquí es clave poner atención a la personalidad desprolija y falsa de los personajes. Borgia representa a una sociedad vividora, crápula, ociosa, económicamente negligente. A eso le sumamos su humor tirando para la sátira. Es un conjunto expuesto a un perfil anímico que es clásico para los que gustan de la comedia negra. Volviendo a Bernie, esta otra película también se alimenta de un espectro social y se ríe de eso. Eso es prácticamente lo que provocan los personajes de Federico Borgia. Prince tiene por ahí argumentos para darse una chance de darle un giro dramático o reflexivo. Pienso aquí en Jaime y la relación nada estrecha con su hijo. El hecho es que esta película es firme a su propósito. Este es un escenario en donde incluso los momentos más coherentes o que podrían sacar a los personajes de esa dependencia a lo gratuito o inmediato resultan situacionales. Muy a pesar, es importante aquí dejar en claro que no estamos ante inútiles o deficientes mentales. Tienen la salud física como la capacidad mental para emprender, pero prefieren el atajo.