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sábado, 10 de septiembre de 2022

TIFF 22: Fogo Fátuo (Wavelengths)

Es el año 2069. Se asumiría como un año al azar, pero viniendo la referencia de Joao Pedro Rodrigues ese número ya se convierte en algo sugerente. Entonces, decíamos que era el 2069. Un rey se encuentra en su lecho de muerte. Mientras que fuera de su habitación sus súbditos programan la cobertura de prensa de su próxima muerte y especulan la repartición de sus bienes, dentro del cuarto un pequeño, tal vez uno de sus próximos herederos al trono, le recuerda al anciano una canción que revivió sus tiempos de juventud para cuando se le metió el bicho de querer ser bombero. Fogo Fátuo (2022) transita por la comedia satírica, el musical y la fantasía queer —este último un tópico básico en la filmografía del portugués— para crear un panorama sobre el conflicto de identidad que posiblemente muchos portugueses cargan. Afonso (André Cabral) es el protagonista de esta historia. Lo vemos muriendo, pero comenzamos a conocerlo en su juventud, por entonces, aspirante a heredero de la corona, aunque desapegado de las banalidades e incongruencias que expide su mundano e irreflexivo linaje. El solo hecho de querer aventurarse a un oficio como servidor público ya lo describe como un transgresor, aunque no necesariamente un emancipado de su círculo.

Pedro Rodrigues parece inspirarse de comedias enlatadas de Hollywood sobre príncipes codeándose con el pueblo para generar urticarias a sus mayores. Lo cierto es que este no es un reconocimiento social o intercambio ideológico, es más bien un acercamiento físico-sexual. El compromiso hacia la defensa de la naturaleza azotada por el calentamiento global que en principio atrajo al mozuelo se despista para luego prestar más interés a los cuerpos de los bomberos, sobre cómo sus corporalidades son medio de revolución contra su estirpe y de paso son fuente de alegoría artística —interesante forma de ver qué tan homoerótica es la cultura occidental—. Pier Paolo Pasolini diría: “Afonso ha dejado de ser burgués para ser un inconformista, y no hay nada mejor que la homosexualidad para empezar a explorar ese terreno”. Entonces toma por amante a no cualquiera, sino a alguien de una “raza” distinta. Fogo Fátuo, como toda película de Pasolini, le propone la guerra ideológica a esa comunidad que ha descompuesto la identidad nacional y para ello le siembra una serie de provocaciones. No hay duda de que Joao Pedro Rodrigues no tiene delicadeza para restregarle a la herencia colonialista sus represiones y negligencias, y de paso le sigue abriendo camino y diversidad de expresión a su universo homoerótico.

martes, 7 de noviembre de 2017

3 Semana del Cine de ULima: O ornitólogo

A pesar de que la fílmica de Joao Pedro Rodrigues siempre ha manifestado cuotas que nos transporta a realidades extrañas, su último filme luce más insólito que lo anterior. O ornitólogo (2016) narra la historia de Fernando (Paul Hamy) un investigador de aves haciendo su oficio en un bosque ubicado entre la frontera de Portugal y España. Un accidente y su encuentro fortuito con unas turistas extraviadas será el quiebre de la coherencia argumental y material de la película. Profecías demenciales aludiendo al imaginario cristiano y un muestrario de cuotas carnavalescas y legendarias se alían para recrear un fragmento en la vida San Antonio de Padua. Es decir, un extracto de la cristiandad se verá desenvuelta en terreno pagano y bajo una lógica surreal.
O ornitólogo puede ser interpretado como un relato del protagonista siendo absorbido por una realidad ajena. Así como el apareamiento canino en O fantasma (2000) o la visión fantasmagórica en Odete (2005), vemos también a un protagonista siendo persuadido a ingresar a un terreno excéntrico o fantástico que resulta un medio de escape de su vacía existencia. El personaje de Fernando, a partir de sus acciones frente a un teléfono al que prefiere no asistir, da pautas de contener también un aire solitario, llenando su rutina entre aves y lo que no tenga que ver con la naturaleza humana. Ni si quiera un auxilio a su persona induce al hombre a ser sociable frente a sus rescatistas. Entonces, a partir de ese encuentro, se gesta la oportunidad para separarse de su realidad o soledad, reencarnando en lo mítico, dejándose seducir por la carnalidad sin necesidad de asistir a lo tangible.