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martes, 7 de noviembre de 2017

3 Semana del Cine de ULima: O ornitólogo

A pesar de que la fílmica de Joao Pedro Rodrigues siempre ha manifestado cuotas que nos transporta a realidades extrañas, su último filme luce más insólito que lo anterior. O ornitólogo (2016) narra la historia de Fernando (Paul Hamy) un investigador de aves haciendo su oficio en un bosque ubicado entre la frontera de Portugal y España. Un accidente y su encuentro fortuito con unas turistas extraviadas será el quiebre de la coherencia argumental y material de la película. Profecías demenciales aludiendo al imaginario cristiano y un muestrario de cuotas carnavalescas y legendarias se alían para recrear un fragmento en la vida San Antonio de Padua. Es decir, un extracto de la cristiandad se verá desenvuelta en terreno pagano y bajo una lógica surreal.
O ornitólogo puede ser interpretado como un relato del protagonista siendo absorbido por una realidad ajena. Así como el apareamiento canino en O fantasma (2000) o la visión fantasmagórica en Odete (2005), vemos también a un protagonista siendo persuadido a ingresar a un terreno excéntrico o fantástico que resulta un medio de escape de su vacía existencia. El personaje de Fernando, a partir de sus acciones frente a un teléfono al que prefiere no asistir, da pautas de contener también un aire solitario, llenando su rutina entre aves y lo que no tenga que ver con la naturaleza humana. Ni si quiera un auxilio a su persona induce al hombre a ser sociable frente a sus rescatistas. Entonces, a partir de ese encuentro, se gesta la oportunidad para separarse de su realidad o soledad, reencarnando en lo mítico, dejándose seducir por la carnalidad sin necesidad de asistir a lo tangible.

martes, 5 de julio de 2016

6 Lima Independiente: Cemetery of splendour

Es apasionante el universo que ha venido evocando durante toda su fílmica Apichatpong Weerasethakul. En este observamos a imaginarios de naturalezas marcadamente antagónicas conviviendo a la línea de la cotidianeidad sin que ninguno de los dos tenga la necesidad de absorber al otro. Estamos hablando aquí de una utopía realizada. Existe pues un equilibrio de conocimientos, en donde las creencias y prácticas tradicionales son inmovibles, mientras que la modernidad va expandiendo su terreno mediante su tecnología y centros comerciales, sin provocar perjuicio en la primera. Este acuerdo de saberes y realidades se ven claramente expuestos en Syndromes and a century (2006), el cual se desarrolla enteramente en una ciudad, a diferencia de sus otros filmes del director tailandés en donde sus historias se gestan entre el campo y ocasionalmente se salta o se hace referencia a la ciudad, cuna de esa modernidad; la que, por cierto, poco a poco va exportando sus conocimientos rumbo a los espacios periféricos.
Se podría decir que Cemetery of splendour (2015) se convierte en una interesante dupla junto a Syndromes and a century. En esta nueva película, Weerasethakul centra nuevamente su historia en un contexto periurbano, sin embargo, vemos también los cambios que la modernidad se encuentra insertando, lo que hace creer que está a un paso de fundarse una nueva ciudad. Tal como se espera, las tradiciones de los residentes se mantienen intactas; muy a pesar, hay un punto de distinción que posiblemente la protagonista principal de esta historia logra percibir. El personaje aquí es una mujer madura que a diario se acerca al hospital de su comunidad para asistir a un grupo de soldados padecientes de una enfermedad que los obliga a dormir hasta por meses. Durante sus visitas, la mujer se ha apegado especialmente a un paciente, con quien se la pasa conversando o visitando lugares cada que este despierta. Cemetery of splendour luce como un drama romántico en donde la relación de una pareja pende de lo que dispongan esas dinámicas de lo tradicional y lo moderno. Ocurre pues que este soldado, al igual que el resto, son presas de este letargo a causa de los espíritus ancestrales que reclaman la energía de los que hoy habitan el territorio del hospital, que en realidad un día fue un cementerio de reyes. En tanto, la tecnología, a través de sus maquinarias modernas de luces alógenas, y la próxima fundación de un hospital de mayor envergadura, está en búsqueda de aplacar el sueño de los soldados.
Se entiende entonces que la curación del amante depende de lo que dispongan las ánimas o la sabiduría de la ciencia. Mientras tanto, la mujer y el soldado tendrán que conformarse con sus breves citas. Cemetery of splendour, al igual que los otros filmes de Weerasethakul, posee un aire plagado de misterio. Esto provoca que sus películas evoquen un sentido de incertidumbre sobre qué es real o factible. Los personajes del tailandés, a pesar de asociarse a lo que las tradiciones le dictan, no logran comprender del todo dicha sabiduría. En adición a esto, dicha incertidumbre parece arrastrarse también hacia otro ámbito que no se había percibido antes en la filmografía de Apichatpong Weerasethakul. Al final de la historia, su protagonista principal mira atónita hacia un paisaje. ¿Qué la ata a dicho asombro? ¿Es acaso esa incertidumbre por ese amor, que va trepando al deseo sexual, o por lo que sucederá para cuando la modernidad haya terminado de expandirse dentro de la comunidad? Lo primero ya está respondido. Por lo segundo; la modernidad en Cemetery of splendour provoca suspicacia. Esta nunca había intentado infiltrarse tanto dentro de ese contexto rural. El FBI, esposos en exportación, la infraestructura a punto de ultrajar cementerios reales, niños jugando en lo que será el nuevo territorio urbanizado. Son tal vez los primeros síntomas de incertidumbre respecto a ese otro saber todavía desconocido.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Contracorriente

Aviso de spoilers. Se recomienda ver la película antes de dar lectura a la siguiente crítica.

La historia de amor entre una pareja de hombres, en algún lugar de la costa peruana, es la respuesta al título de la ópera prima de Javier Fuentes-León, ganadora al Premio del Público en el Festival de Sundance. Contracorriente es el testimonio de dos personas que van contra la tradición de un pueblo, sus costumbres y ritos. Contracorriente es la reflexión de dos hombres limitados por los prejuicios sociales, morales y religiosos, preexistentes en su realidad, pero más aún, dentro de sus propias conciencias.
Javier Fuentes-León describe el contexto (anónimo) como un pueblo conservador, religioso y lleno de creencias. A inicios de la película, todos los pobladores están unidos a una cadena de representaciones, que en contraparte, es la ilación de una red de prejuicios. Esto se detecta con la presencia de Santiago (Manolo Cardona), un joven pintor que tiene un corto tiempo de llevar establecido en el pueblo. Los rumores dicen que él es homosexual, y además, que no tiene fe de los ritos pueblerinos. Mediante estos comentarios, hay una diferencia entre el rumor y la afirmación, esto dando prueba de una subordinación a los prejuicios latentes del pueblo.

Santiago es víctima de una doble negación: el ser forastero y homosexual. La naturaleza de toda comunidad está unida a una tradición, frente a esto se sobreentiende un hermetismo; de que todos los “ajenos”, aún así sigan las costumbres del pueblo, tendrán un estigma que los identifique como extranjeros, víctimas de la subalternidad o marginación social. Santiago, al no seguir los cánones de la población, está destinado a una marginalidad en segundo grado. Muy a pesar, Javier Fuentes-León nos indica que existe una posibilidad de concebir las ideas más reaccionarias, dentro de las comunidades más obtusas.
Miguel (Cristian Mercado) y Santiago viven en secreto una relación. Lo que resulta ser más dramático es que Miguel está casado, y además, está a vísperas de convertirse en padre. En Contracorriente no existe un preámbulo sobre cómo se inicia la relación. Fuentes-León se limita a hurgar una historia sobre “cómo empezó el amor”; clásico en distintos dramas sobre triángulos amorosos. Miguel desde un comienzo lleva una relación extramatrimonial. Ver desde esta naturaleza dicha relación (la extramatrimonial), es fundamental. Los habitantes al ir sospechando la posible relación entre estos dos hombres, condenan la homosexualidad antes que la misma relación extramarital. Similar reacción se identifica en Mariela (Tatiana Astengo), la esposa de Miguel, que sufre al enterarse la supuesta “homosexualidad” de su marido. Todo el pueblo está manipulado por una mecánica machista, siendo, en gran parte, las mujeres quienes más se escandalizan.
Contracorriente puede ser dividido en tres momentos. Un primer instante describe la relación de los amantes furtivos, sobre los amores que Miguel y Santiago viven a espaldas de la población. Un segundo momento narra la manifestación del espectro de Santiago, la relación sin tapujos que lleva la pareja a “ojos ciegos” del pueblo, concluyendo esto con el retiro de la presencia fantasmal de Santiago y el retorno de Miguel a su vida “normal” (como padre, como esposo y como el poblador que era). El último suceso se inicia con el hallazgo del cuerpo de Santiago.
Es a través de estos momentos que los personajes de Contracorriente se verán evolucionando, cambiando sus formas de pensar o ver el mundo. El primer instante refleja a Miguel como una persona de doble vida: un hombre casado, un habitante más de un poblado costeño (establecido por sus costumbres machistas y religiosas) y, por otro lado, un hombre que lleva una relación extramatrimonial-homosexual (negando o contradiciendo su vida real). Dentro del cariño que Miguel siente por Santiago, su naturaleza como poblador lo obliga a razonar desde sus costumbres, desde su machismo, negando a aceptar así sus verdaderos sentimientos-deseos. Miguel se resiste a aceptar la relación homosexual que está ocurriendo. El viaje hacia una caverna apartada del poblado, es una excusa para no poder manifestar la nueva realidad que está afrentando, que inclusive desmiente cuando se encuentra a solas con Santiago.
Javier Fuentes-León, mediante un evento mágico-religioso, abre un segundo momento. Santiago al morir ahogado ha quedado en una especie de limbo. Ahora el único que podrá verlo es Miguel. Según los ritos populares de la trama, un alma perdida podrá ser liberada por la persona a quien más sea cercana, más claro decir, a quien más haya amado. El amor entre la pareja parece asomarse a un estado de pureza. Fuentes-León recurre a los eventos fantasmagóricos para dar prueba sobre la inmortalidad del amor, un estado puro, fuera de lo físico, acercado más a la “realidad”. En medio de la nada, lugar donde se encuentra Santiago, estará el amor para Miguel, al menos, hasta que el cuerpo de Santiago sea rescatado y pasado por un ritual para que así transite al lugar donde pertenece. Se va dando paso a la reflexión. Por un lado Santiago ha entendido que las costumbres del pueblo no eran habladurías, mientras que Miguel ha entendido que el amor verdadero no es retener u obsesionarse con el ser querido, sino dejarlo ir. Miguel, luego de haber callado al encontrar el cadáver de Santiago (este perdido en la inmensidad del mar), el alma decide ocultarse, y Miguel no tendrá que negarse.
El tercer momento es la prueba final del amor. Miguel, al enterarse que el cuerpo de Santiago ha sido encontrado, expondrá su “reputación” y la de su familia, un sacrificio que él tendrá que elegir, un medio para que el verdadero amor sea concretado. El cuerpo de Santiago representa la redención de Miguel, y además, la oportunidad de un pueblo de conciliar con lo que es, tradicionalmente, irreconciliable. La participación del cura del pueblo en el funeral de Santiago es clave. La figura de la iglesia no es castrante. No existe un juicio ultra-conservador, algo que en la mayoría de filmes se podría esperar de un padre de la iglesia. El final de Contracorriente es una mirada que pone en tela de juicio los prejuicios sexuales y tradicionales. Hay una posibilidad de redención en un sector de aquella población; muestra que siempre existirá un mundo desequilibrado, lleno de prejuicios, pero también de aceptación.
Javier Fuentes-León hace convivir y relacionar a dos mundos en contradicción. La misma dicotomía de un cadáver abandonado en medio de las aguas. El mar representado como fuente de vida, irónicamente aísla a un cuerpo sin vida, el cuerpo de un individuo que en vida luchaba “a contracorriente”. A inicio de la película las primeras escenas parecían predecir el futuro trágico de Santiago. Un cadáver soltado en medio del mar. Los muertos, aquellos que “no pertenecen al mundo de los vivos”, no tienen espacio dentro de la realidad, sino en el lado profundo de las aguas.
A diferencia de otras películas de temática homosexual, Contracorriente no materializa al agresor. Películas como Los muchachos no lloran (1999) o Brokeback Mountain (2005), la homosexualidad es condenada por un sujeto agresor, muy a diferencia de la ópera prima de Fuentes-León, que el principal agresor resulta ser la misma conciencia de los personajes en conflicto, una represión motivada por los límites sexuales o culturales.
La historia de Javier Fuentes-León es hasta la primera mitad ágil e ingeniosa. Las representaciones fantasmales como un tratamiento para replantear la conciencia de los personajes, es uno de los mayores atractivos dentro de esta película. Es a partir de la aparición del cadáver de Santiago que el curso de la historia parece debilitarse. La aparición de una familia adinerada, la esposa que se marcha y el enfrentamiento de Miguel a la sociedad, son rasgos que parecen apreciar un lado más dramático, no de acorde con la sutileza iniciada. Dentro de todo Contracorriente merece estar dentro de lo mejor del cine peruano en su historia y la actualidad.