Un carácter beligerante resuena a lo largo de la nueva película del director Pedro Pinho. Sergio (Sergio Coragem) es un portugués que es convocado para desarrollar un plan ambiental que pudiera poner en marcha la construcción de una carretera que conecte una zona desértica con una zona selvática en un país africano. Es mediante esa premisa que O Riso e a Faca (2025) devela un choque ideológico a propósito de la interacción entre un bando neocolonialista y otro colonizado. Ahora, ese versus no manifiesta un lado bueno y otro malo. De hecho, cada uno aquí colabora con la preservación de la discordia, todos, excepto Sergio, el recién llegado, quien como nuevo en el vecindario y en calidad de inspector ambiental observará desde una postura pasiva y abogando por el respeto hacia lo ajeno. Lo del “respeto a lo ajeno” aquí es muy amplio. Es en razón a ello que Pinho se toma el tiempo necesario para desarrollar la postura de su personaje, la cual resulta un desafío mantener en dicho perímetro en donde lo hostil se refleja a través de la naturaleza como de la propia gente, sean autóctonos o foráneos. Así iremos reconociendo una variedad de retos para la tarea de Sergio y, por tanto, para la fundación de un consenso colectivo que pudiera unir algo mucho más que una carretera.
sábado, 17 de mayo de 2025
Cannes 2025: I Only Rest In The Storm (Un Certain Regard)
martes, 23 de mayo de 2023
Cannes 2023: Légua (Quinzaine des Cineastes)
¿Seguir o no las tradiciones? Existen circunstancias en que resulta difícil seleccionar cuál es el camino correcto (o más conveniente) a seguir. Décadas atrás, Pier Paolo Pasolini nos daba ideas vaticinadoras de que la modernidad provocaría la decadencia moral de la sociedad. En cierta perspectiva, tenía razón. Su idea era no abandonar las tradiciones. El hecho es que lo que le faltó mencionar es que muchas de estas también concentraban sus propios conflictos y limitaciones. A posteridad, la modernidad subsanaría esos problemas o convenciones. ¿Pero a costa de qué? Nuevamente, el rostro de Pasolini se asomaba diciendo: “Se los dije”. Algo de decencia había muerto en las comunidades llamadas modernas. Son esas ideas las que me nacen al ver Légua (2023), una película que a primera vista parece reducirse a un retrato entre dramático y humano a propósito del gesto de su protagonista. Ana (Carla Maciel), una madre de familia madura, decide cancelar sus planes tras caer enferma Emilia (Fátima Soares), la anciana con quien ha cuidado por muchos años una casa vacacional ubicada al norte de Portugal a la que sus dueños cada vez menos acuden. Entonces tenemos a esta mujer que impredeciblemente se verá atada a seguir con ese oficio mientras se hace cargo de su compañera. Es un sacrificio que cualquier moderno no haría.
lunes, 20 de septiembre de 2021
2 Festival Lima Alterna: Catavento (Competencia Iberoamericana)
La educación sentimental como proyección de la educación de vida. Catavento (2020) está a la línea de las películas de la tradición literaria francesa, a propósito de personajes experimentando una ruta de aprendizaje producto de la interacción con otros que manifiestan un conocimiento más amplio de las cosas. Nicolau (Francisco Melo) es un adolescente indeciso, personalidad que se refleja en su rutina sentimental como educativa. Son en sendos ámbitos que lo vemos dubitativo, incapaz de tener una claridad de sus deseos y tomar las riendas de sus propias decisiones. Estamos tratando con un muchacho sensible, emocional e inocente, pero también inmaduro, dependiente e irreflexivo ante lo que le depara el futuro. El director Joao Rosas hace representación de una fábula en donde los defectos del protagonista serán expuestos por los que han sabido madurar. Es casi una experiencia cercana a la humillación la que sufrirá Nicolau, una forma de aleccionamiento rudo que arremete contra sus políticas románticas al punto de confundirlo y obligarlo a cuestionar su naturaleza.


















