sábado, 6 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: La vida de los peces


Tal como ocurre en su filme En la cama (2005), el director chileno Matías Bize en La vida de los peces (2010) apuesta una vez más por un escenario y una sola acción que envuelve una serie de recuerdos y nostalgias que nos acercan a la historia detrás de un personaje, Andrés (Santiago Cabrera) un treintañero que ha retornado por unos días a su natal Chile después de 10 años, lugar donde desea reencontrarse con conocidos y amigos de la infancia, pero especialmente con Beatriz (Blanca Lewin), su antiguo amor.
Bize crea una historia íntima, sobre el olvido y el desengaño. Andrés ha estado largo tiempo viviendo en Berlín laborando como un escritor de guía y turismo, viajando de un lugar a otro, viviendo una vida de nómade, mudando de casa como de amores. La vida en Alemania ha resultado ser una fantasía, un espacio que ha borrado parcialmente los recuerdos del joven chileno. De vuelta al lugar donde nació, sus antiguas vivencias parecen tomar claridad cada vez que se cruza con alguien conocido. Muy a pesar todo le parece extraño, los recuerdos son débiles y desanimados. Los que un día fueron sus amigos ahora son personas irreconocibles, no por haber cambiado su fisionomía, sino porque el tiempo ha creado una lejanía, una separación que retomarla es un viaje al pasado, un imposible que las remembranzas no pueden enmendar.
Su encuentro con Beatriz, sin embargo, es distinto al de los demás. Andrés es consciente que su único propósito de retornar a Chile es ver nuevamente a su antigua pareja, aquella de la que se separó–por motivos que nunca se aclaran –bajo mutuo acuerdo. La vida de los peces se centra en un amor frustrado, truncado posiblemente por la misma inexperiencia de dos adolescentes en ese entonces. Hoy, ambos adultos, deciden manifestar que sus recuerdos aún están latentes. Si bien estos no fueron por mucho tiempo parte de su diario, el dolor y la nostalgia parece haber estado tan solo dormitados.
En La vida de los peces, Andrés, por su misma condición de extranjero, es inicialmente reconocido como el único individuo que sufre de lagunas mentales por ser él quien se habría marchado hace 10 años. Más adelante nos percatamos que gran parte de los personajes sufren también de esas lagunas, y no solamente eso, sino que además, al igual que Andrés, muchos viven desengañadamente, algunos insatisfechos por sus trabajos laborales, otros por sus relaciones de pareja. Todos fingen actuar con normalidad. Bize no culpa al estilo de vida en Berlín o da crítica a los migrantes chilenos; la vida es igual para todos, sea a la vuelta del mundo o en una casa, compartiendo la misma agua o pecera (lugar que te limita al mundo), como los peces. El director provoca el encierro con una intención de abrirse a la vida íntima de una sociedad conformista, que viste caretas o que le es indiferente a los suyos y a sí mismos.
La vida de los peces va emitiendo recuerdos de un mismo personaje, esto bajo la continua presencia de un reparto secundario que va entrando a escena. La metódica parece ser efectiva, sin embargo existen ocasiones que ciertos encuentros están demás o no resultan ser transcendentales para la historia, como por ejemplo, el encuentro entre Andrés y la madre de un amigo del personaje principal. Algunos diálogos, como cuando Beatriz le cuenta a Andrés una etapa de depresión luego de su separación, amplía la historia, la debilita, algo que pudo haberse valorado más por las miradas o instantes de silencio.

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Hermano


Marcelo Rasquin realiza un drama familiar sobre dos medios hermanos, ambos con un futuro prometedor para el fútbol; uno empeñado en realizar una carrera en las ligas profesionales, el otro obstinado en continuar una vida delictiva dentro del barrio en el que habita. Hermano (2010) a pesar de contener una trama revisitada sobre el hermano bueno y el hermano malo, manifiesta en ocasiones una dinámica dramática constante que esquiva la posibilidad de caer en la convencionalidad de la trama.
Daniel es el delantero y Julio es el capitán del equipo, ambos son medios hermanos y juegan para la selección de su barrio llamado “La Ceniza”, un lugar apartado de una urbanidad prolífica donde la pobreza y la delincuencia es pan del cada día y las oportunidades son escasas o cuestión de suerte. La historia se inicia cuando un busca talentos ha invitado a los dos hermanos a un entrenamiento de prueba para postular al “Caracas Fútbol Club”, uno de los equipos profesionales con mayor fama en Venezuela. Los hermanos están dispuestos a tomar la práctica, sin saber que una tragedia cambiará la situación de las cosas. Es en este instante que Rasquin crea la confrontación entre los dos hermanos. El “bien” y el “mal” se enfrentan. El drama ha despertado el lado conflictivo de este último, uno que mantenía al margen de su familia, pero que luego de la desgracia, se ve en la necesidad de tomar preferencia a su “vínculo vital”.
A partir de aquí, Hermano toma como referencia a las películas del género de pandillas y la adolescencia rebelde. Un dilema que provoca Rasquin es sobre el significado de “hermandad”, lazo que por un lado asume Julio respecto a Daniel y por otro respecto a su pandilla. No existe aquí el lazo de consanguineidad. Daniel y Julio son medios hermanos y esto provoca que dicha filiación tenga un nivel similar al que tiene Julio con el grupo al que pertenece. A partir de esta idea, se habla sobre la naturaleza de las pandillas, sobre la cabeza del grupo, las reglas de cada miembro y el vínculo familiar que los une, sea protegiendo a los suyos o no dañándolos. Julio además refleja esa actitud arraigada a la violencia. Él es testarudo, impulsivo y voluble. Esto sin embargo no perturba lo suficiente a Daniel quien asume una actitud a la defensiva, siempre con un idealismo de por medio.
Hermano peca de moralidad, una que es rebosante en el personaje de Daniel. Los instantes en que los hermanos se confrontan, son apaciguados prontamente por el “bueno” de la familia. Julio es rebelde, pero su hermano siempre pone la otra mejilla, siempre dispuesto a flamear bandera blanca. Los momentos más dramáticos surgen cuando los hermanos pelean, pero la moralidad se asoma, el conflicto cesa y el filme deja de funcionar. Cada vez que Daniel asume ese carácter rebelde de Julio, el drama fluye, esto a raíz de que el personaje violenta su propia naturaleza, algo que ocurre un par de veces como caso del final de la película, siendo este uno efectivo por lo inesperado de los hechos.

viernes, 5 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Sin retorno


Un thriller de culpables y juzgados consiste la trama de Sin retorno (2010), opera prima de Miguel Cohan. Matías (Martin Slipak) luego de atropellar incidentalmente a un joven, abandona el lugar de los hechos, sin saber que más adelante Leonardo (Leonardo Sbaraglia), un comediante, será víctima de las acusaciones. La justicia y la moralidad son temas centrales en este filme que observa el lado adverso de las portadas mediáticas, sobre la sensibilización de la opinión pública y la imparcialidad del orden judicial.
Sin retorno es un filme que por instantes posee estados de conmoción y suspenso, lo resto se contagia por lo predecible. La misma trama sobre el “falso culpable” es de por sí repetitiva. Si bien en algunas películas son las acciones de los personajes las que motivan esta culpabilidad injusta, en el caso de este filme es la pura casualidad la que realiza este trabajo. Leonardo no es víctima de lo que Matías o sus cómplices se ingeniaron para sacarse del apuro, son más bien las dinámicas de los actores que exteriorizan este evento las que provocan el desarrollo fatal de la historia. Personajes ajenos al caso, quienes manipulados por la fiebre de “no a la impunidad”, van protagonizando un veredicto impulsivo, desde la sociedad hasta el orden judicial.
Luego que ha ocurrido esta trama –ya condensada la tragedia de Leonardo –se aproxima una nueva historia; la venganza, una de modalidad novedosa, pero que se concluye con una debilidad que no amerita a los sucesos pretéritos, muy a pesar esta última parte es lo mejor de la película. Sin retorno en ocasiones desaprovecha ciertos espacios donde el suspenso comienza a tomar revuelo, tal es el caso de una visita a la cárcel que es repentinamente interrumpida. Hay un continuo uso de las elipsis, algo que no favorece a la película al momento de manifestar el horror personal que está encarnando cada personaje. Cohan más que crear una historia, crea un discurso crítico sobre el porqué Argentina es uno de los países con más alto rango de muerte automovilística, responsabilizándose a actores que van desde los seguros de autos hasta los medios de comunicación.

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Boleto al paraíso


Basado en hechos de la vida real, Boleto al paraíso (2010) es el típico drama de adolescentes disfuncionales, huérfanos de su propia familia y de la sociedad, donde fluyen temáticas como el alcohol y las drogas, la vida delincuencial y el sexo. El cubano Gerardo Chijona omite la problemática política como sucede en gran parte de los filmes de ese país para dedicarse exclusivamente a lo social, la historia de Eunice (Miriel Cejas) junto a tres adolescentes. La primera ha escapado de su hogar, mientras los otros son un grupo de vagabundos o también llamados “frikis”.
El relato es un recorrido rumbo a La Habana, lugar donde los jóvenes desean llegar sin alguna necesidad premeditada; una meta sin anhelos. En el camino encuentras sorpresas, una que otra escena cómica. Los jóvenes son amigos aunque no comparten ciertos secretos entre ellos. Existe un hermetismo sobre la intimidad de estos “frikis”, solo la vida de Eunice es clara en el filme. A casi veinte minutos de finalizarse la película irrumpe el tema del VIH. La hégira de estos muchachos se posterga y la historia parece tornarse más interesante, sin embargo esta es desaprovechada al acumularse un par de nuevas tragedias ajenas a este atractivo tema.
El final de la película es trágico, desenlace que posiblemente fue un suceso real pero que tiene un gesto inverosímil. No existe un indicio en el que se acerca el “gran drama” de Eunice o de alguno de sus amigos. No hay una motivación, solo sucede y ya. Chijona se queda corto al momento de describir el sufrimiento de un joven convaleciente de SIDA, lo mismo ocurre en otros sucesos; el escape de Eunice, una detención policial, una redada en un concierto de rock, eventos que el director desaprovecha para extender el drama. Boleto al paraíso nos muestra la cara de la tragedia, más no logra convencer.

jueves, 4 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Los colores de la montaña


Carlos César Arbelaez dirige una historia de amistad con un trasfondo real y muy citado en la filmografía colombiana; la violencia de la guerrillas. Manuel es un niño de nueve años que tiene como afición el fútbol, especialmente si juega como guardametas junto a los chicos de su barrio rural, siendo Julián y Poca Luz sus dos más cercanos amigos con quienes dispone gran parte de su tiempo.
Los colores de la montaña (2010) se centra en la vida de estos pequeños niños, personajes que todos sus días corren atrás de un balón maltrecho o buscan la forma de cómo recuperar uno que se ha estancado en medio de un territorio minado. Niños que en paralelo conviven sumisamente con una realidad caótica, el continuo acecho de las fuerzas guerrilleras que comúnmente insisten a sus padres a unirse a la “causa”. A este enemigo se unen los militares quienes también causan revuelo entre los pobladores, que mermados por el hostigamiento de ambos bandos deciden migrar a otros lugares. Arbelaez asocia la realidad de la vida en el campo con el de la violencia, una zona que posiblemente sea igual de peligrosa como el de la ciudad. La única diferencia es que en la vida rural la exposición a este mal es más cercana y no parece tener auxilio.
Esto convierte a este filme colombiano en un drama, muy a pesar que la historia está básicamente situada en la vivencia de los niños, sobre una ternura natural o en ocasiones una sana crueldad de estos personajes. El filme a pesar de iniciarse con tonos cómicos, es la introducción a un mundo de terror a ojos de los niños, aquellos que miran y escuchan, más no entienden el límite de las consecuencias. El fútbol y sus visitas a la escuela parecen ser su único medio de escape a sus fantasías, sin embargo siempre son sorprendidos por la violencia de las guerrillas, bien por la pintas en la fachada de su escuela como por un campo minado dentro de su área de juego. En ocasiones los niños parecen ser conscientes de dicha realidad, más es su condición de infantes la que los hace vivir en su propia burbuja a pesar que la tragedia en ocasiones los encara de la forma más violenta.
Los colores de la montaña está compuesta por una temática y una historia seductora, muy a pesar Carlos César Arbelaez parece no encontrar un aporte novedoso a su filme. La película se guía de las historias de grupos de amigos donde uno es más inocente que el otro. La figura de Poca Luz es el que provoca más simpatía a diferencia de los otros chicos por su misma condición de “ser diferente a los demás” –él es albino –asunto que el director hace bien en no extenderse ya que no habría sido muy ingenioso dentro de una trama donde la prioridad es la de plantear un mundo violento. Se observa también la figura paternal, la abnegada y la del padre con mal carácter, historias arraigadas al mundo rural. Por último, este filme colombiano parece tener una referencia con el filme iraní Las tortugas también vuelan (2004) de Bahman Ghobadi, que posee un nudo dramático similar al filme de Arbelaez.

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Tropa de Élite 2


El director José Padilha retoma nuevamente la historia del escuadrón de la BOPE - Batallón de Operaciones Policiales Especiales y la de Nascimento (Wagner Moura), capitán de esta “Tropa de Élite”, grupo encargado de desactivar y eliminar las fuerzas nocivas que actúan en las favelas. En esta segunda parte, el hombre al mando asumirá un nuevo reto: la corrupción –una fuerza indesligable a la realidad de Río de Janeiro –se ha manifestado en la fuerzas del orden. Nascimento tendrá que enfrentar a este nuevo enemigo; el mismo sistema para el cual labora.
A diferencia de su filme original, Padilha en esta ocasión no resulta tener la misma efectividad. Los mismos discursos que Nascimento se va planteando a medida que va luchando –inútilmente –con los agentes corruptos son los mismos que se repitió en la primera película, solo que en esta ocasión son destinados para el bando al que él sirve. Tropa de Élite 2 (2010) se manifiesta por plantear el ascenso en producción geométrica de los “seudo-vigilantes gubernamentales”, personajes que se han visto seducidos por el lado esperpéntico de los sectores violentos, las favelas, zonas que ellos mismos comienzan negociar y manipular a su antojo, mientras que falsamente se dedican a autoproclamarse como defensores de la nación al comunicar hasta el cansancio la lucha y el compromiso por combatir la criminalidad que se expande en la ciudad.
Nascimento esta vez asume una doble labor paternal, el de su propia familia y el de su compromiso con la BOPE. Tendrá que elegir entre uno de estos. Se reluce así discursos tales como el autoengaño, los principios ideológicos, los valores y sus opuestos, la manipulación gubernamental y en ocasiones la mediática. La figura de la prensa en esta oportunidad posee un rol fundamental, funcionando en ocasiones como el “cuarto poder” que es cazador de verdades, mientras que en otras resulta ser constructor de cortinas de humos, beneficiarios de intereses políticos. La misma política también posee ese lado comprometido con la moralidad, esto representado en la figura del Fraga (Irandhir Santos) quien personifica a una especie de sociólogo afiliado a posturas revolucionarias que más adelante se convertirá en diputado. Hay una propuesta por observar el lado de la izquierda como una senda que no se apaña por medias verdades, una postura política de Padilha que posiblemente se ha contagiado de los últimos dos gobiernos en Brasil.
Tropa de Élite 2 es en gran parte lo mismo de su precuela, solo que esta vez se suman nuevos enemigos: la policía, fuerzas paramilitares, los políticos, agentes y demás factores que promueven la actividad de grupos violentos, aquellos que parecen actuar al ritmo del sistema, un de síndrome de “seguir al líder”.

martes, 2 de agosto de 2011

Blue Valentine (o Triste San Valentín)


Alerta de spoilers solo en el quinto párrafo

Seis años después, Dean (Ryan Gosling) y Cindy (Michelle Williams), una pareja de esposos, están al borde del colapso matrimonial. En su historia no existen terceras personas ni alguna rutina apabullante que les provoque escapar el uno del otro, simplemente se está dando. Blue Valentine o Triste San Valentín (2010) es un drama amoroso, es el inicio y el fin de una historia de amor que narra el lado mágico de la relación de parejas y el lado trágico de la vida matrimonial. Es el cambio revolucionario, el paso de la fantasía al desencanto, del cuento de hadas a la realidad.
Derek Cianfrance, su director, escribe esta historia con un aire de encanto y melancolía. El filme es la exposición de dos historias, el antes y el después, de una misma pareja. Dean y Cindy son dos personajes que parecen haber experimentado tanto en tan poco tiempo. Ellos tienen una hija de seis años a quien aman incondicionalmente, más la relación que llevan entre ellos es distinta a la que tuvieron originalmente. El argumento de la película se centra en una habitación ubicada en un hotel, lugar donde los personajes principales manifestarán cómo su relación convalece de una química estable. Lo que sería un escape fantasioso aprovechando la ausencia de su hija, se convierte en la estadía que cristalizará sus desencuentros, cada uno murmurando al otro sus negativas mediante palabras o mediante actitudes. No existe un diálogo en concreto durante este escenario, Dean y Cindy poseen naturalezas opuestas, imposibilitados a una comunicación corriente.

Esta habitación será además testigo del pasado, lo que ocurrió a principio de los seis años de relación de la pareja. Cianfrance en dicha temporalidad crea un ambiente naturalista. La fotografía es clara y despejada, en muy pocas ocasiones los personajes se encuentran en lugares cerrados. En lugar de esto son espacios abiertos, lugares donde los encuadres son ajustados y dejan en solitario a la pareja. Una historia de amor se va gestando. Ellos conversan, cantan, bailan, viven una fantasía sin necesidad de “alquilarla” por una noche. Cianfrance, en paralelo, no deja de manifestar a la pareja de hoy, aquella que tiene dificultades, tanto emocionales como íntimas. El sexo del presente es perverso. Nuevamente en el hotel, ambos ceden al alcohol, como dando valor a sus almas que van rumbo a lo indeseado, resistiéndose a ser testigos de una realidad tan tenue como el alumbrado de la habitación. Dean quiere negarse a sí mismo que su esposa ha dejado de amarlo, mientras que Cindy intenta olvidar lo frustrante que resultó su vida con Dean.
Cianfrance manifiesta un lenguaje alegórico. Los lugares o escenarios son casi siempre vaticinadores de lo que está por suceder o simplemente son meras representaciones de los sentimientos de la pareja. El contexto asume una tarea anímica, sea en un arcoíris –que representa la antesala a un amor –o la desaparición de una mascota –aquella que predice el principio de una fragmentación familiar –. Triste San Valentín es atractiva porque cada suceso durante la relación de Dean y Cindy parece tener un porqué, un propósito, cuestiones que se entienden al instante o mediante el correr del tiempo. Es así como algunas cosas del pasado se responden en el presente, y viceversa. Las dos temporalidades poseen una relación análoga, no por su forma narrativa, sino porque el principio de la historia –sobre la relación apresurada de dos jóvenes –ya anuncia de por sí una ruptura no muy lejana.

Dos anotaciones representativas del filme. En la etapa inicial, ciertamente Dean y Cindy se ven rodeados por un ambiente íntimo y jubiloso –indicador que el amor aflora –, pero luego ocurre un hecho que pone a prueba a la pareja. Estos de pronto se ven acompañados, sus diálogos repentinamente se ven interferidos por otros personajes, su mundo comienza a verse interrumpido. Una escena que esclarece esta idea es cuando Dean visita a la familia de Cindy a pedir su mano. Es la primera escena –cronológicamente hablando –donde los personajes se encuentran enclaustrados. Es de día afuera, pero el recinto está apenas iluminado. El padre y la madre de Cindy hacen preguntas incómodas mientras que la pareja es “sincera”; son jóvenes y están enamorados. Este ambiente entonces anticipa el inicio de la tragedia; “la pedida de mano” como un hecho que vaticina cuestionamientos que se repetirán más adelante bajo un techo hogareño. La otra anotación es más clara, sobre la elección de un cuarto donde la pareja intentará pasar una fantasía que hace mucho no viven: “La cueva de Cupido” o “El cuarto del futuro”. La pareja decide por esta última, negando entonces ese espacio romántico por uno más real.
Tanto Michelle Williams como Ryan Gosling logran buenas interpretaciones. Williams parece haber madurado mucho desde su actuación en Brokeback mountain (2005), reflejando el rostro de una mujer reprimida y de aire cabizbajo. Gosling, por su lado, muestra más de lo que ha venido interpretando. Existe un Dean del pasado y otro del presente, y esto no solamente por un cambio en su fisionomía, sino porque son distintos anímicamente. El Dean del presente, además de conservar ese aire impulsivo y hasta en ocasiones inmaduro, es inseguro de lo que tiene. Gosling hace esto además de saber comportarse con mesura en los momentos dramáticos. Triste San Valentín es un filme melancólico, sobre un amor que posiblemente para muchos merecía tener un final distinto, sin embargo termina por ceder a un desenlace adverso; esa es la esencia del filme. Es la fantasía y la realidad, el pasado y el presente de una pareja que intentó recluirse en una habitación a retomar un amor extraviado, pero que en lugar de eso solo encontró nostalgias y otros buenos recuerdos.