miércoles, 9 de agosto de 2017

21 Festival de Lima: La familia (Competencia Ficción)

Una historia sobre lazos familiares enmendándose. Un padre y un hijo parecen perfectos desconocidos. Un trágico acontecimiento los obligará a escapar de los bloques suburbiales en donde cada uno vivía por su lado; Andrés (Giovanni García) laborando de lugar en lugar, Pedro (Reggie Reyes) jugando con los otros niños del barrio. La familia (2017) desde un principio deja en claro que el móvil dramático de la historia es consecuencia del desamparo, el cual bien pudo haber germinado de cualquiera de los menores que cohabita en medio de la violencia. El director Gustavo Rondón Córdova revela un panorama degradado de la Caracas huérfana, la cual comparte mismo perímetro con una sociedad a la que el infortunio no ha tocado.
En La familia vemos una variedad de “dobles rostros”: el padre y el hijo, la violencia y la inocencia, la pobreza y la riqueza. Cada par se repele. En relación a los otros pares, no necesariamente se corresponden entre sí, aunque sí coexisten. La historia además va minando una serie de acciones y comportamientos que nos obliga a reflexionar sobre una problemática coyuntural. La disgregación, el autodestierro, la incertidumbre ante la persecución. El filme se mueve en base al pánico social y la restauración fraternal. Es la tensa doble huida del padre e hijo – logradas secuencias que por momentos recuerda a una escena de la argentina Refugiado (2014) – y el intento de estos mismos por relacionarse.

21 Festival de Lima: Medea (Competencia Ficción)

¿María José (Liliana Biamonte) en verdad se esfuerza por guardar su secreto por debajo de sus habituales ropas anchas? Existe más de una evidencia en que esta joven, que lleva una rutina acostumbrada para una persona de su edad, no parece ser presa del disimulo en su entorno familiar, universitario o sentimental. María José está definida por una actitud flemática en su entorno, mientras tanto, solo son en los instantes de soledad en que es presa de la incomodidad, que no necesariamente tiene que ver con el remordimiento. Medea (2016), de Alexandra Latishev, es la historia de una muchacha aguardando hasta que “suceda algo”, y por cierto sucede de todo.
Cuál ritual de tragedia griega, la heroína sufre un hilo de castigos, consecuencia de sus acciones y, tal parece, también de las acciones de sus predecesores –la maldición que recae en la heredera–. Interesante una secuencia en que se establece el orden social dentro de su círculo familiar. A propósito de los rasgos humildes del nuevo novio de la primogénita, María José avala al caldo de prejuicios sociales de su familia mediante la risa. Claro que lo más interesante de Medea es respecto al cuerpo y sus síntomas. Es la vigorosidad de la joven atleta, jugadora de rugby, mellando contra la naturaleza. En código de tragedia griega, es el descenso del héroe, quien al final, consumado su hado, no le queda más que un autodestierro simbólico.

21 Festival de Lima: La libertad del diablo (Competencia Documental)

Fuerte declaración que hace panorama a la ola de violencia en Ciudad Juárez, México. En La libertad del diablo (2017) escuchamos los testimonios de gente enmascarada, personas de distintas edades que mantienen el anonimato por miedo o por vergüenza. Todas han sido tocados o ejercieron violencia en el terreno en donde el civil tiene las de perder. El documental de Everardo González junta a víctimas y verdugos, familiares de desaparecidos y agentes del orden o del narcotráfico que tuvieron como misión desaparecer personas. Dichos hechos son fruto de la codicia y la evidente contaminación del elemento institucional.
El documental es confesionario de la tragedia y el desencanto. Por un lado, el de civiles llenándose de coraje y obstinación de búsqueda ante la ausencia de los suyos; por otro, el de los militares y sicarios víctimas del remordimiento, unos forzados a acatar el reglamento, los otros reclutados y domesticados desde temprana edad. La libertad del diablo es un colectivo de voces sobre los infames eventos en México en donde compatriotas se ofenden. De pronto la máscara que visten todos los convocados es recurso simbólico a una misma identidad inexpresiva, pero que no deja de bañar con lágrimas sus rostros.

21 Festival de Lima: Batallas íntimas (Gira Ambulante)

La directora Lucía Gajá convoca a un grupo de mujeres de distintos puntos del mundo para que compartan sus historias como víctimas de la violencia doméstica. Batallas íntimas (2016) inicia con una ceremonia matrimonial y el dictado a una serie de “condiciones” a las que la mujer tendrá que someterse. Esta es la antesala a un documental que hace alusión a la norma pública como aval de la desigualdad de género. Es revelador que una nación como México, país asociado y reconocido por sus tradiciones machistas, tenga en común con una nación tan influyente como lo es Finlandia, a partir de la alta tasa de violencia hacia la mujer dentro de los espacios íntimos. El abuso contra el género femenino parece no considerarse en los índices del desarrollo de una nación.
Los testimonios de las mujeres siguen misma estructura: los idílicos precedentes en un noviazgo, los primeros indicios de una relación tormentosa, el matrimonio, el infierno y el escape. Este documental no solo apunta a exponer la tortura, tanto física como psicológica –ambas sustanciales para medir la autoestima o degradación de cualquier individuo–, sino también a subrayar esos “indicios” de violencia, tal vez una necesidad a advertir al público femenino las consecuencias desastrosas que se desatarían si no se hace caso a esas evidencias. Batallas íntimas es el triunfo ante la adversidad, el desarrollo personal y el compromiso social de estas mismas mujeres como prueba de la recuperación de fe, no hacia el sector público o judicial –gran némesis que sustenta al imaginario patriarcal–, sino hacia la persona misma y al género opuesto.

21 Festival de Lima: Los ojos del camino (Hecho en Perú)

Un documental de utilidad etnográfica sin fórmulas académicas o distanciándose de la crónica producto de una habitual exploración de campo. Los ojos del camino (2017) combina lo testimonial y la homilía mística mediante un lenguaje de añoranza, a partir de la voz de Hipólito Peralta. Este personaje será nuestro narrador y guía dentro de las geografías de los Andes peruanos. Cómo si se tratase de un habitante que retorna a su terruño, Hipólito comienza a reconocer los espacios de la naturaleza incipiente, hace regresiones a su niñez, rememora lecciones y rituales. Es latente el carácter idílico en su discurso, el placer por lo bucólico, la vida cuando la humanidad inculcaba su vínculo con los Apus, reconociendo a su territorio como principal proveedor de la apacibilidad y la existencia.
El documental de Rodrigo Otero se interna en la cosmovisión andina desde el conocimiento de uno de sus actuales herederos. Es mediante el soliloquio del guía que el director registra a los Andes. Planos generales avalan las palabras de Hipólito referente a la inmensidad y riqueza de la naturaleza. Por dónde se mire, la verdosidad acaricia al terreno, el velo suave o espeso de los “cielos” se postran por encima de ella, lagunas y riachuelos descansan o murmullan por todos los lados, mientras que los habitantes hacen faena agrícola, tributo a la Pachamama, preservación de sus tradiciones. Los ojos del camino es también una reflexión a la coyuntura caótica, esos otros espacios en donde priman las pasiones y curiosamente la naturaleza muere. Hay una continua trasposición al presente global. Es el lado desolador del documental.

21 Festival de Lima: Joaquim (Competencia Ficción)

Más allá de querer realizar un biopic a uno de los héroes previos a la independencia en Brasil, Marcelo Gomes tiene más interés en bosquejar el proceder y los arquetipos predominantes de una sociedad colonizada. El inicio de Joaquim (2017) no es más que una falsa promesa, la idea de que veremos a este revolucionario en su faceta de revoltoso contra la corona portuguesa, entonces colonizadora del país americano, pero en su lugar vemos el orden y el desorden social, a los beneficiados y a los insatisfechos cohabitando en un mismo lugar, siendo el protagonista faro que guía. La historia de Joaquim (Júlio Machado) pasa de la sumisión, a la frustración, luego al disgusto y, finalmente, a la insubordinación, y es en el transcurso de este proceso que vamos viendo a unos secundarios, personajes tipo, que van dando sentido a la escalada del hombre que fue servidor y posteriormente rebelde.
Joaquim, obviamente, no es el único insatisfecho. Es uno de los tantos que fue víctima de la humillación por parte de los “protegidos” de la Corona. Fue también de los pocos que tuvo instantes de conciencia moral, cuestionando internamente el accionar de sus iguales y superiores, pero que su condición de soldado –en espera de una promoción que nunca llegó– lo hizo reprimir. En paralelo a su biografía, están los otros subalternos. Desde los soldados como él, hasta los esclavos llegados de África. Poco a poco transcurre la historia, se va desplegando dos modos de vida: el de la obediencia o la subversión. Son los que se aúnan al bando de la corrupción y los que se hacen de la “vista gorda”, como en inicio sucede con Joaquim, como también están los que deciden conspirar desde la clandestinidad, y con ello fundar una ideología.

Joaquim es atractivo desde su lectura colonialista y multicultural. En una secuencia, un aborigen y un esclavo africano combinan cantos de sus propias tribus, en sus propios idiomas. El filme de Gomes subraya la condición fraccionada de una sociedad. Mientras que la otredad parece reflejarse entre sí, los colonizadores se esfuerzan por sembrar el divisionismo, incluso entre ellos mismos. Tanto brasileños como portugueses están movidos por el egoísmo y la codicia; en tanto, el oro convirtiéndose en metáfora que agudizaba dichas pasiones. A propósito, es necesario el instante en que Joaquim se torna una historia de aventuras. La expedición minera para el protagonista es un largo mechero encendido que espera ser consumado. El fin de este, es el fin de su idea romántica, una que coincide con el fin de su principal propósito.
El personaje de la esclava Preta (Isabél Zuaa) es motor para Joaquim. La extinción de esta dará por concluida su relación con Portugal. Joaquim, luego de un peregrinaje lleno de amarguras y privaciones, se va proyectando al nacimiento de lo que será el mito de Joaquim, pero lo curioso es que para entonces la película parece cerrarse abruptamente. El filme de Marcelo Gomes no es para nada inconcluso. Las vivencias de Joaquim son mera excusa para reprochar casi todos los circuitos dominantes, incluyendo los revolucionarios. La última parte de Joaquim es la del rebelde siendo descubierto por los grandes conspiradores, los próximos ingenieros de la Independencia, los autores de la ideología, actuando siempre tras bastidores, jalando los hilos o soltando la cadena del perro rabioso. Para ellos, Joaquim es su “oro”. El festín a nombre del rebelde, no es más que mascarada, pura ironía. Es lo mejor de la película.

21 Festival de Lima: Los perros (Competencia Ficción)

Un comentario clave en la película de Marcela Said sucede para cuando un agente policial afirma que los actores de tercer o cuarto orden de los crímenes acontecidos durante la Dictadura en Chile no son objeto de investigación. El porqué de ello se responderá en el transcurso de la trama. Los perros (2017) toma como protagonista principal a Mariana (Antonia Zegers), una mujer de clase alta, hija de un acaudalado empresario, y esposa de un abogado argentino. Su vida como curadora artística se complementa con una rutina propia de su posición. En su itinerario, conocerá a Juan (Alfredo Castro), el profesor de sus clases de equitación. Un acontecimiento, encenderá la curiosidad de la mujer, quien se acercará más a su tutor, a pesar de descubrir el oscuro y cuestionable pasado de este.
Said nuevamente toma la figura de un animal para crear una metáfora de un síntoma social e histórico. Si en El verano de los peces voladores (2013) el exterminio de unas carpas representaba una erradicación poblacional nativa, en Los perros la cacería de los canes es símbolo de la exención de los amos. ¿Quiénes fueron los actores intelectuales de los crímenes por lesa humanidad? En el filme veremos a los perros siendo procesados, mientras que los amos continúan con su vida habitual. Para ello Said hace un retrato especial, y hasta excéntrico, de estos amos, los representados por la burguesía chilena, una comunidad contaminada por un cinismo y un desinterés por lo ajeno, por lo social e históricamente trascendental. El personaje de Mariana profana el duelo de una nación tocada por la desgracia.
Los perros hace un panorama de la indolencia ante la tragedia ajena. Muchos de los personajes se mueven entorno a sus propios principios y frivolidades, incluso los que representan al orden público, caso el personaje de un investigador, quien literalmente hace pesquisa en un instante y seguido infringe, viola el protocolo. Marcela Said desarrolla una serie de acciones y argumentos que contradicen los principios morales y, lo que es peor, ejerciéndose a conciencia. En efecto, existe esa típica asociación de la escala de poder y beneficios públicos; sin embargo, se logra generar un rastro de reflexión. A pesar de la acción final de Mariana, algo ha removido su conciencia. La impunidad seguirá incólume, mas ya no a causa de la ignorancia, sino por un gesto de doblegación.