jueves, 1 de agosto de 2013

17 Festival de Lima: Conferencia de Prensa



Del 9 al 17 de agosto se realizará la 17 Edición del Festival de Cine de Lima, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú, a través del Centro Cultural del mismo centro educativo. Entre las novedades que marcarán pauta para este año, es la llegada y respectivo homenaje a Alexander Payne, director de filmes como Entre copas (2004) o Los descendientes (2011). Asimismo se realizarán homenajes a la actriz brasileña Glória Pires (El cuarteto, 1995) y la actriz peruana Elide Brero, de quien se verá su última participación en el filme Viaje a Tombuctú (Competencia Oficial de Ficción).

LAS NOVEDADES
Además de la visita de los mencionados homenajeados, se anuncia la llegada del cineasta serbio Goran Paskaljevic (Honeymoons, 2009), dándose a lugar dentro del Festival una Retrospectiva a sus filmes más celebrados. En referencia a las secciones no oficiales, se suman a la lista dos nuevos escenarios. “Portugal en Lima”, donde se podrá observar una selección de filmes del país ibérico bajo la curaduría de Pablo Iraola. Se suma también el “Ciclo Cine Independiente Norteamericano” el mismo que tendría intenciones de ser de aquí en adelante una sección fija para el festival limeño.

Como todos los años, las celebraciones estarán complementadas por una serie de foros, charlas, talleres y conferencias, siendo las más resaltantes de este año el Seminario “Cine Independiente Americano”, a cargo de Peter Biskind, critíco estadounidense especialista en dicha rama. Entre los diálogos con los cineastas, además de contarse con la presencia de gran parte de los directores que compiten dentro de las secciones oficiales, se contará con las intervenciones de Alexander Payne y Goran Paskaljvic. En paralelo los académicos Juan Carlos Ubilluz y Victor Vich dictarán la conferencia titulada “Hollywood y el Totalitarismo”.

LAS RECOMENDADAS
Entre las películas con mayor expectativa para este Festival de Lima figuran para la Competencia de Ficción: en Brasil El sonido alrededor de Kleber Mendonca Filho; en Chile Gloria de Sebastián Lelio, Il futuro de Alicia Scherson y El verano de los peces voladores de Marcela Said; en Colombia Roa de Andrés Baiz; en México Heli de Amat Escalante y La jaula de oro de Diego Quemada-Diéz; en Paraguay 7 cajas de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. El caso de los filmes peruanos son estrenos absolutos. Dentro de la Competencia Documental: en Argentina La chica del sur de José Luis García; en Brasil Elena de Petra Costa; en EEUU Narco cultura de Shaul Shwarz. De la misma forma, los documentales peruanos son estrenos absolutos.

En las secciones “Miradas Múltiples” resalta Carne de Perro de Fernando Guzzoni (Chile); en “Galas” Días de pesca de Carlos Sorín (Argentina), La noche de enfrente de Raúl Ruiz (Chile); en “Presentaciones Especiales Documental” El etnógrafo de Ulises Rosell (Argentina); en la “Semana de la Crítica de Cannes” Suzanne (Francia), Salvo (Italia), Broken (Reino Unido) e imperdible es 3X3D, filme que será programado en su formato original, 3D, realizado por Jean-Luc Godard, Peter Greenaway y Edgar Pera. En el “Ciclo Cine Independiente Norteamericano” los tres son precisos verse: You Make Me Feel So Young, Spring breakers de Harmony Korine y la nominada al Oscar, Bestias salvajes del sur.

En “Retrospectiva Sandrine Bonnaire” verse los cuatro filmes que la conforman, similar caso para la “Retrospectiva Goran Paskaljevic”. En la sección “Vuelta al Mundo en 8 días” End of watch (EEUU), La policía (Israel), Centro Histórico de Oliveira, Kaurismaki Erice y Costa, Kon Tiki (Reino Unido) e imperdible César debe morir (Italia). Por último, se presentará la última película de Alexander Payne, Nebraska, otra fija para ver en este Festival.

Según el Dossier de Prensa, las películas en competencia para este año son las siguientes:

Competencia oficial de ficción
ARGENTINA
LA PAZ de Santiago Loza.

ARGENTINA, FRANCIA, ESPAÑA, NORUEGA
WAKOLDA de Lucía Puenzo.

ARGENTINA, ESPAÑA
TESIS SOBRE UN HOMICIDIO de Hernán Goldfrid.

BRASIL
EL SONIDO ALREDEDOR de Kleber Mendonça Filho.

CHILE, ESPAÑA
GLORIA de Sebastián Lelio.

CHILE, ITAIA, ALEMANIA, ESPAÑA
IL FUTURO de Alicia Scherson.

CHILE-FRANCIA
EL VERANO DE LOS PECES VOLADORES de Marcela Said.

COLOMBIA, ARGENTINA
ROA de Andrés Baiz.

COLOMBIA – FRANCIA – VENEZUELA
EDIFICIO ROYAL de Iván Wild.

COLOMBIA – CUBA - PANAMÁ
JIRAFAS de Enrique Álvarez.

MÉXICO
HELI de Amat Escalante.

MÉXICO – ESPAÑA
LA JAULA DE ORO de Diego Quemada-Diéz.

MÉXICO
TERCERA LLAMADA de Francisco Franco.


PARAGUAY
7 CAJAS de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori.

PERÚ  
EL EVANGELIO DE LA CARNE de Eduardo Mendoza.
ROCANROL ‘68 de Gonzalo Benavente.

PERÚ-ARGENTINA
VIAJE A TOMBUCTÚ de Rossana Díaz Costa.

URUGUAY
TANTA AGUA de Ana Guevara y Leticia Jorge.

Competencia oficial documental
ARGENTINA
LA CHICA DEL SUR de José Luis García.
LA GENTE DEL RIO de Pablo Aparo y Martín Benchilom.

BRASIL
ELENA de Petra Costa.

CHILE
LA ÚLTIMA ESTACIÓN de Cristián Soto y Catalina Vergara.

COLOMBIA
LA ETERNA NOCHE DE LAS DOCE LUNAS de Priscila Padilla.

ESTADOS UNIDOS - MÉXICO
NARCO CULTURA de Shaul  Shwarz.

ESPAÑA
I WILL BE MURDERED de Justin Webster.

MÉXICO
LA REVOLUCIÓN DE LOS ALCATRACES de Luciana Kaplan. 
EL ALCALDE de Emiliano Altuna, Diego Enrique Osorno, Carlos F. Rossini.

PERÚ
SIGO SIENDO (KACHKARINAQMI) de Javier Corcuera.
RETRATO PERUANO DEL PERÚ de Sofía Velásquez y Carlos Sánchez.
LAS HUELLAS DEL SENDERO de Luis Cintora.

Más información en su página web:
http://www.festivaldelima.com/2013/

Programación completa de las películas:
http://bit.ly/16KvA6i

lunes, 22 de julio de 2013

Titanes del Pacífico (o Pacific Rim)

¿Por qué no un filme de robots puede sostenerse de una historia sensata, visualmente pretenciosa, pero que no deje de tener al menos un mínimo de respeto hacia un espectador que quiere ver algo más que explosiones y golpizas entre gigantes metálicos? Pacific rim (2013), de Guillermo del Toro, es un filme que a pesar de recurrir a una serie de elementos que asisten al cliché argumental o a la explosión visualmente espectacular del cine más comercial, resulta ser gratificante, al menos en comparación a la lista de los estrenos más esperados de este año, incluyendo en ella filmes como Star Trek: En la oscuridad o El Hombre de Acero. Del Toro realiza una película que no pretende fundar un relato complejo u oscuro, con personajes atormentados por conflictos internos, intentando calar lo más profundo del inconsciente, esto a pesar que el mismo filme sugiere que se hable sobre dicho plano mental.
Pacific rim parece irse por lo seguro. Citar dramas o nudos de acción que no desbaraten su línea argumental. Lo que ocurre aquí tiene cordura, se libra de absurdos y no dispone consecuencias o algún desenlace irreal. El filme cierra el círculo, no hay final abierto, no se necesitó de algún deus ex machina o efecto sorpresa, los que mueren tienen que morir y los que viven se salvan. Del Toro no da lugar a que el espectador cuestione las conclusiones. La lógica es clara y puntual. Lo que se representado es la eterna confrontación entre la humanidad y seres de otro mundo. Se asoman así reptiles gigantes, destructores que han dejado ciudades en ruinas. La respuesta ofensiva es la tecnología robótica, esta manejada por la conexión neuronal entre las máquinas y soldados de élite, guerreros con un perfil rockstar, es decir, que obedecen al estereotipo de los héroes actuales, incluyendo sus propios dramas o conflictos que no pasan a ser centro de atención.

Lo curioso dentro de toda esta historia son sus citados puntuales a la cultura asiática, desde sus arquetipos clásicos hasta los más actuales. Pacific rim hace guiño a la bestia Godzilla en la imagen de sus monstruos acorazados de escamas, de semblantes mitológicos, simulando ser producto de algún experimento fallido, cosa que no es. Está también la asimilación al drama universal sobre la familia escindida. La Segunda Guerra Mundial tuvo como consecuencia el origen de millones de familias huérfanas de hijos o padres, testigos oculares de dichas desgracias. El lazo familiar en la cultura asiática es de por sí tema sagrado. Los personajes del filme asumen dichos tormentos, testigos directores de la muerte de sus seres queridos en medio de la destrucción masiva. Está el tema de la venganza en el personaje de Rinko Kikuchi, que en la gesta samurái se trasluce a la temática del honor, en este caso, al de los seres queridos perdidos. Lo que se percibe también es una alegoría al género anime, sobre el mundo post-apocalíptico, la nueva revolución tecnológica, las fuerzas especiales que intentarán revertir el caos.
Los “Jaegers” son los héroes de esta historia. Estos son representantes de naciones ajenas, cada uno fijado en sus propias costumbres, muy pronunciadas y distintas al de los otros. Esto se percibe también en el anime, esa necesidad por crear grupos distanciados entre sí, como los luchadores de dojos vecinos usando diferentes técnicas de pelea o hasta incluso jugadores de fútbol que poseen sus propias estrellas y estrategias de juego. Hay además una adopción por la fascinación al género noir, sobre el mundo de los bajos fondos o la mafia, como en el que se observa en la pandilla de Ron Perlman, un jefe de contrabando en medio de arquitecturas futuristas. En efecto, lo mejor de Pacific rim es esto, y que en vista general sería su adaptación visualmente atractiva, tanto en la lucha entre titanes mamíferos y de metal (hay un buen tratamiento catárquico en estas peleas) como en la creación de metrópolis inspiradas en las estructuras edificadas por películas como Blade Runner (1982) o El quinto elemento (1997).

miércoles, 10 de julio de 2013

Festival Transcinema: 5 Broken Cameras (Competencia Internacional) / Far From Afghanistan (Disidencias)

5 broken cameras (2011) y Far from Afghanistan (2012) son dos documentales que hacen frente a conflictos armados, el primero provocado entre los colonos israelíes y los habitantes de Territorios Palestinos, mientras que el segundo desatado por las fuerzas militares de EEUU dentro de los territorios del mencionado país asiático. Ambos filmes coinciden en reflejar un ambiente derruido y acechado por lo políticamente incorrecto, sustentado por las dinámicas del poder y la fuerza agresiva de invasores que niegan la norma constitucional o prefabrican un enfrentamiento con fines “mesiánicos”. El punto de distinción entre estas se basa en desde dónde llega esa voz de denuncia. Emad Burnat resulta ser director, testigo y corresponsal de una guerra que afecta tanto sus lazos familiares como los de su población. 5 broken cameras es, de los dos documentales, el más honesto.
Burnat sigue a la resistencia pacífica palestina y de paso nos va informando sobre cómo las fuerzas militares de Israel van apoderándose de los terrenos del campesinado palestino. Es la cámara que se inmiscuye en medio de la batalla campal imprevista, aunque siempre frecuente. El circuito es usualmente el mismo: un grupo de palestinos plantados en las áreas apoderadas, la llegada de las milicias israelíes, el boca a boca y finalmente la retirada en medio de una lluvia de gases lacrimógenos o balaceras intimidatorias, casi siempre dejando algún saldo de heridos o algún muerto. 5 broken cameras tiene una analogía en paralelo, la de las cámaras de Burnat, aquellas que le sirvieron para grabar las fases por las que va pasando esta guerra. Es durante esto que los aparatos van colapsando uno a uno, prueba de los rezagos del conflicto.

Hay sin embargo otra analogía más melancólica. A medida que ocurren las fases de la guerra, Burnat nos describe la infancia de sus cuatro hijos, niños que van creciendo en medio de los encarcelamientos a familiares, la violencia y el nacimiento de las primeras cuestiones sobre quién es el agresor y el porqué dicha acción. 5 broken cameras es la muerte temprana de la inocencia. Far from Afghanistan por su lado es un documental más inclinado a lo discursivo. Son los temas abordados, bajo estilo propio, de cinco directores. Cada relato se enfoca desde puntos de vista distintos, dentro o fuera del campo de guerra, sobre sus actores, tanto agresores como víctimas, las directas y las indirectas, así como simulaciones que sugieren un contraplano del conflicto. Sus idiomas se ajustan a lo testimonial, al estudio de campo, a veces sustentados por posturas que van en contra de las ideologías políticas.
Far from Afghanistan revela temas como el odio al “otro”, el Imperialismo, la ética militar, la orfandad,  la pobreza, el suicidio, entre demás cuestiones. Los dos documentales, bajo un lenguaje propio, son un ingreso hacia cómo las órdenes invasivas militares van calando distintos conflictos, agravándose y complicando la situación en ambos bandos.

domingo, 7 de julio de 2013

Festival Transcinema: J (Competencia Transandina)

Del 4 al 14 de julio se realiza la primera edición de Transcinema, Festival Internacional de No-Ficción. Iniciamos posteando críticas de algunas películas incluidas al programa.

En Parrilla (2012), una cámara es espía durante la antesala y celebración de una parrillada. En este no existen diálogos ni eje temático, es apenas la pantalla deslizándose entre los sucesos y espacios que pasan desapercibidos. Farid Rodriguez realiza un corto que busca puntos de vista, halla formas y maneras de encontrar lo extraviado por la mirada común. J (2013), su nuevo largometraje, camina por similar senda, la única diferencia es que dentro de este filme sí existen personajes, aquellos que cumplen una rutina fijada entre lo laboral, los deberes, el ocio y lo íntimo. Lo adicional y, a su vez, lo más curioso de la película de Rodriguez es su amplia duración de doscientos minutos, tiempo que, dentro de su exceso, parece insistir en serle fiel al concepto que se está tratando.
J, en medio de tanta redundancia de acciones, no se inclina a una aglomeración de deja vu. Rodriguez, así como ocurría en su cortometraje, se decide nuevamente a investigar “desde dónde filmar”. Es así como ciertos sucesos que son familiares, aquellos que se repiten una y otra vez, a distintas horas o en distintos días, asumen un estado distinto frente al dinamismo de encuadres, primeros planos, unos abiertos, otros cerrados, una cámara estática que cambia bruscamente por una al hombro, la improvisación de travellings, la distancia que agrupa elementos del contexto o que solo se concentra en específicos detalles. El objetivo y la movilidad que aplica Rodriguez a la cámara es tan cambiante que parece desmitificar lo rutinario.

Si bien el filme se dilata mediante acciones triviales, tiempos muertos o situaciones de escasa subjetividad, la mirada asume modos que van contra esa misma rutina. J, si bien es el retrato de lo cotidiano en la vida de tres personajes, es también la agrupación y captura de las distintas formas de ver “lo mismo”. Mientras la historia se planta ante un mismo escenario que reduce a vez a un mínimo las acciones, la cámara asume variabilidad al posarse de un lado a otro. Es la manera de ir en contracorriente con lo que sucede, y eso se está más latente en la primera parte de la película, momento que en resumen grafica la venta diaria de un carro de comida ambulante. Es el trueque entre comprador y vendedor, la ruta desde la avenida de un vecindario hasta la casa del propietario del negocio.
En la segunda parte de J, el visor se divorcia de un eje fijo. La cámara al hombro ahora es más constante. Mientras tanto, la rutina es cambiante en uno de los personajes que ha decidido viajar por una breve temporada a las orillas de la ciudad. La única mujer del filme se reencuentra con su marido, y esto da pase a los recorridos por distintos ambientes. La ciudad, el campo, las áreas recreativas, las patrimoniales y las comunitarias se confunden. De repente la mezcla de planos y encuadres se postergan por una dependencia hacia un personaje que camina y fisgonea de aquí para allá. Ahora es el individuo quien tiene el control de romper la rutina, quien decide investigar el mundo por sí solo. Farid Rodriguez está en pie de encontrar un propio estilo de cine, uno que observa desde lo cotidiano a medida que aflora puntos de vista.

viernes, 21 de junio de 2013

El Hombre de Acero

Posiblemente sea desde Spiderman (2002), de Sam Raimi, que la estructura de la iconografía de los héroes y antihéroes del cine –los naturales o adaptados– han observado la necesidad de replantear sus historias y rebuscar de entre sus baúles el origen de sus respectivas naturalezas. Entonces Bruce Wayne, Tony Stark, pasando por Freddy Krueger, Leatherface hasta la raza de simios sublevados, tomaron como punto de partida el retorno a la semilla. Es el retroceso a los primeros hechos o indicios sobre el nacimiento de un salvador o un villano, los mismos que pasan por un proceso de reflexión sobre sus propias tragedias. El espectador así se convierte en testigo del punto de inflexión en la vida de estos personajes. Ese momento en que los buenos decidieron ser buenos y los malos se dejaron arrastrar por el odio, uno justificado o producto de la locura. Lo repetimos, esto se llama tragedia, eso que es innatamente humano, y, que por cierto, hace al humano vulnerable.
El hombre de acero (2013), de Zack Snyder, tiene como gran reto humanizar lo no humanizado. Kal-El (Henry Cavill), además de ser un extraterrestre procedente del planeta Krypton, es Clark Kent, el niño adoptado por una pareja de granjeros, confundido y atormentado por ser distinto a los demás, dueño de una fuerza sobrehumana, pero también víctima del miedo y una profunda desconfianza hacia el “otro”, conflicto que vendrá arrastrando hasta su adultez, lo que más tarde traerá el reconocimiento de su origen y, seguido de eso, su paso a ese punto de inflexión. Snyder, de la misma forma que los antes mencionados, sigue la dinámica de observar al héroe en su estado más frágil, aquello que lo desciende al nivel del individuo común, presa de la duda y la fatalidad. Es la contemplación al drama, eso que desplaza hasta cierto punto a la espectacularidad. Este Superman, sin embargo, no está en condiciones aptas para humanizarse.
El nuevo filme de Zack Snyder en primera instancia adolece de poca complejidad en sus personajes. El protagonizado por Cavill es el explotado por una serie de conceptos humanos que terminan más bien por endiosarlo. Existe además una imperfección en la estructura de los flashbacks que van narrando la temporalidad temprana del héroe. El desorden con que se confunde la niñez con la adolescencia, que van en ida y vuelta, no gestan diferencia entre sí. No se percibe un proceso evolutivo en la personalidad de Kent, en lugar de ello el filme acumula giros dramáticos en la vida de dicho personaje. A esto se interfiere un inequilibrio por asociar estados de ambientes dispersos, puntos de vista naturalista, inclinados a los visualmente alegórico (son los primeros planos a la contemplación de lo inanimado), el melodrama, las batallas espectaculares. Existe una necesidad de forzar el conflicto mediante frases agotadas a boca de padres que se vuelven mártires, antes pregonando sobre cómo un héroe se convertirá para la humanidad en el símbolo de la esperanza. Una denotación actualmente caduca.

martes, 18 de junio de 2013

III Festival de Lima Independiente: Leviathan (Sección Internacional)

De lo que hasta ahora se ha visto, Leviathan se convierte en lo mejor de este Festival.

Sin historia ni diálogos, Leviathan (2012) despliega poesía en medio del alta mar. La pesca de pronto se convierte en arte visual y auditivo. Es el allanamiento de espacios ubicados dentro y alrededor de una embarcación que se va abriendo campo de entre las aguas. Mientras las pesadas redes entrampan cardúmenes, Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel capturan en sucesivos planos secuencia la laboriosidad de un grupo de pescadores, la agresividad con la que el mar sacude la nave, los vientos que silban y la fauna marina que no deja de sobrevolar en el aire o en el mar. La conducta de la cámara en mano se convierte en cómplice de un tambaleo hipnótico que despierta performatividad en la materia inerte. Son las pesadas cadenas que retumban en la coraza del barco, compuertas escupiendo agua muerta, redes de caza asfixiando peces, cuerdas que se tensionan, tatuajes que cobran vida, restos sin vida varando de un lado a otro.
La muerte entonces manifiesta su lado bello, una que apunta la mirada estética que emplea Ramin Bahrani en un corto musical o como la que observa un adolescente desquiciado en la escena final de Belleza americana (1999). A propósito de eso, Leviathan tiene ese gesto voyerista. De explorar de entre las acciones de los cazadores. La cámara se entromete con sutileza, como si pasara desapercibida. Es mediante dicha libertad de asomarse que se va inventando nuevas formas, puntos de vistas, desde lo alto hasta lo bajo. Es así como la vemos andando en la cubierta como fuera de la embarcación, caminando, andando a rastras, nadando entre las violentas aguas, volando junto a las aves. En paralelo, una diversidad de ruidos acústicos ambienta la braveza marítima. Es el golpe metálico del acero, las burbujas de agua explotando, el castañeo de conchas atropellándose entre sí, el quejido humano, el chillido de las gaviotas, la danza frenética y desfalleciente de los peces, las olas que revientan una tras otra.
El sonido de Leviathan es el juego de percusiones que se componen al ritmo uniforme del océano. Es por eso que el visor de la cámara también se tambalea, se mueve a un lado y aparece en otro. No hay más coordinación que la de enfocar los recursos de la pesca, sus actores y su ambiente. Pueda ser por esto mismo que un par de escenas se parece interrumpir la magia del contexto al desconfigurarse el mundo de la pesca al citarse elementos propios de la “tierra firme”. Lo cierto también es que es en una de estas donde la sensación humana parece ser compartida. La mirada azarosa de un individuo dormitando es el contagio de apacibilidad, algo que emana del interior al exterior y que invade el cuerpo ajeno. Todo este proceso, bajo distintas emociones, se ha ido repitiendo en todas las secuencias del filme. Leviathan se convierte en uno de los documentales más espectaculares de los últimos años.

domingo, 16 de junio de 2013

III Festival de Lima Independiente: Mapa (Sección Internacional)

En La casa Emak Bakia (2012) un director emprende un viaje teniendo como meta definida encontrar una casa que encerraría toda la inspiración artística hallada por Man Ray. Su camino, sin embargo, se vería desviado, una y otra vez, por una serie de asuntos planteados por la curiosidad misma de este joven que a su paso se ve encantado por las historias ocultas, aquellas que esperan ser descubiertas por un viajero de paso, como él. Mapa (2012), de León Siminiani, parece recrear una dinámica símil al filme de Oskar Alegría. Sendas películas son protagonizadas por su mismo director, respectivamente, los mismos que van documentando todo lo que ven y, a su vez, van manifestando pistas sobre su estado emocional. Alegría extasiado por la belleza cotidiana, mientras que Simianiani tocado por un reciente despido laboral. Lo otro es que también ambos están atrapados por una ruta impredecible. Estos directores, los dos españoles, son víctimas de acciones improvisadas.
Mapa se inicia como un cambio de aire. La estadía a un lugar exótico, una cultura muy lejana a la de su protagonista: la India. Es el paseo en medio del tumulto, el barullo urbano y el desorden poblacional, algo que descompone y a la vez despierta el lado sensible de este personaje. La memoria y la nostalgia lo asaltan, y entonces la verdadera trama se inicia. Mapa es el proceso tortuoso por la que tendrá que discurrir un individuo obsesionado, no con un artista, sino con una mujer. Simianiani recuerda, ama, se enamora, se despecha, se resiste, odia, vuelve a querer, reflexiona, toma decisiones, se apresura, está desesperado. El filme así se convierte en una especie de diario amoroso, aquel que intenta ocultarse de entre la rutina, la coyuntura, una propia o ajena. El recorrido de la película es tan accidentado como el mismo estado emocional de su personaje. Mapa encuentra como único enganche su relación frente al espectador, uno que funciona a manera de confidente al descubrirle el orador su lado más soso y pudoroso, a veces redundante, aunque entretenido.