El retrato de una mirada infantil desencantándose de un modelo adulto ha sido retratado en el cine tantas veces. Películas como Los 400 golpes (Francois Truffaut, 1959) o Nadie sabe (Hirokazu Kore-eda, 2004) nos han mostrado en distintos niveles lo cotidiano o extraordinariamente nocivo que pueden ser los efectos de una paternidad/maternidad negligente o hasta tóxica. Siguiendo esos casos, vemos a niños normalizando el mal ejemplo como los que son conscientes de una irresponsabilidad a la que reaccionan con despecho como demostrando que no quieren seguir ese camino. Dicho esto, Ah Girl (2026) parece ser un argumento en donde reconocemos a una menor balanceándose en ambos extremos. Ah Girl (Ong Xuan Jing) convive con el egoísmo de los mayores quienes “dicen” cuidarla. La pequeña en un momento disfruta de su infancia, pero en otros momentos explota mediante una impostación dramática alarmantemente precoz cada que las actitudes de cualquiera de los adultos con los que convive logran herir a ella o a su hermana más pequeña. Definitivamente, uno de los fuertes de la ópera prima de Ang Geck Geck Priscilla es el vigor con que interpreta su rol la pequeña actriz. Cada que la niña es presa de la impotencia efecto de la provocación adulta, su infancia se va corriendo para ser poseída por una impostación adulta, aunque coherente, en contraste con los adultos reales.
viernes, 11 de septiembre de 2026
TIFF 26: Ah Girl (Centrepiece)
Sin
embargo, Ah Girl tal vez tenga los argumentos, pero no tiene la
personalidad o sensibilidad para decir que este es netamente un triste drama o
una tragedia. Me resulta muy curioso cómo es que la película teje las
situaciones de manera que dejemos pasar por alto o hasta digerir situaciones terribles.
En un momento, la pequeña protagonista puede llorar a mares ante tremenda carga
de frustración, mas en la siguiente secuencia la vemos jugando de manera que
nos hace pensar que su inocencia parece intacta. Ang construye su historia de forma
que percibimos la disfuncionalidad representada como una cotidianidad casi
cómica o extravagante. Y, claro, no niego que me es doloroso si me quedo meditando
respecto a ciertas situaciones de manera independiente. Pero siendo parte de un
todo, duele menos. Entender el circuito dramático de esta película es como experimentar
una montaña rusa que tiene sus subidas y bajadas, unas muy terribles. Y así
siento que lo asimila también la pequeña protagonista. Tiene la edad mínima
para detectar y concientizar los problemas, aunque no es lo suficientemente
madura para resolverlos. Eso no la libra de que haga lo suyo: poner en su lugar
a los grandes. Ah Girl frecuentemente encara a los adultos con una seguridad
que hace retroceder hasta al más cara dura. Por tanto, diría que Ang Geck Geck
Priscilla realiza una película ausente de una asistencia infantil responsable;
sin embargo, se imagina a un personaje que ha aprendido, a fuerza de instinto
tal vez, a fabricar su propia defensa. La historia de una niña que solo espera ganar
los últimos puntos de madurez para darle la espalda a esa vida que tanto la
maltrata.
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