Se me viene a la mente Ruido (2022), de Natalia Beristain, otra película mexicana. Esta se inspirada en una de las tantas historias de madres buscando justicia ante la desaparición de una hija capaz víctima del feminicidio. En su derrotero, la protagonista reconoce el silencio de la burocracia y, en contraste, la solidaridad de otras mujeres que también claman justicia. Es decir, ellas responden al silencio con ruido: la acción, la protesta, la transgresión. Caso en Lo demás es ruido (2026), el “ruido” es un efecto contrario a la denuncia. Es más bien un indicio que evidencia o recuerda la injusta brecha de género. Aquí tenemos la historia de un trío de mujeres evocadas al arte del cello siendo entrevistadas bajo el régimen del ruido. Por un lado, el encuentro será interrumpido una y otra vez por el sonido extradiegético. Ladridos de perros, motores y cláxones, así como el “ruido” de la intempestiva ausencia de electricidad. Por otro lado, el diálogo, en principio, centrado a solo una de ellas, se convertirá en una entrevista colectiva efecto de la mención de un ausente: un hombre. Pasa que las tres están de alguna forma relacionadas a un emblemático compositor, lo que incentiva al entrevistador a reorientar el sentido de la reunión. Entonces ya no será una entrevista sobre las mujeres, sino a las mujeres del hombre en cuestión, y de paso ausente. Y es así como se va orquestando una sesión en donde las mujeres terminan relegadas por una masculinidad al son del ruido.
jueves, 10 de septiembre de 2026
TIFF 26: Lo demás es ruido (Wavelengths)
La
desigualdad de género como ruido que resuena por todo un edificio y a su vez
por toda una ciudad. Es una incomodidad que no cesa y que, irónicamente, los
hombres son los únicos que hacen queja de esa intromisión sonora. En tanto, las
mujeres parecen estar acostumbradas o, mejor aún, lidian con ese ruido con
resiliencia. Y aquí viene una de las estrategias divertidas de la película. Lo
demás es ruido bien podría pintar como un drama, pero es más bien una
comedia. Aquí vemos a mujeres que se hacen cómplices. No solo se ayudan, sino
que además se ríen del egocentrismo masculino como si fuese eso parte de una
rutina. En efecto, la película podría interpretarse como la dejadez o reacción pasiva
de un grupo de mujeres ante cualquier acto machista; no reclaman, solo se ríen.
El asunto es que aquí no se debería de confundir el consentimiento con el acto
de interpretar el machismo como un ruido más. Es parte de “lo demás”. Es un
cotidiano del que mujeres deciden minimizarlo, cancelarlo o simplemente
burlarse. Es su método para confrontar ese ciclo nocivo y escandaloso. Nicolás
Pereda, nuevamente, se imagina una situación cotidiana para poder crear con
ocurrencia una sátira costumbrista, la que de paso le da licencia para reírse
un poco de la vanidad y artificiosidad vacía del mundo del arte y poner al
descubierto como siempre la frágil frontera entre la ficción y la realidad.
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