sábado, 12 de septiembre de 2026

TIFF 26: Nosotros (Discovery)

Una breve fábula sobre los rituales, complejos y grietas sociales inseminados en un escenario guatemalteco. Nosotros (2026) nos relata la historia de un hombre de provincia que decide ir a la ciudad para poder sustentar a su familia. Romero (Jozef Coxaj) comenzará a trabajar de vigilante, mientras tanto, se sentirá embelesado por Nubia (Lola Vásquez), una transexual que labora en su negocio propio. A simple vista, es una premisa muy simple la del director Joaquín Ruano, sin embargo, de una manera casi desapercibida congrega toda una fauna de problemáticas que resuenan en el territorio latinoamericano. Entonces vemos cómo a raíz de un trabajo que no es suficiente para mantener a los suyos, un hombre se verá expuesto a una serie de dinámicas y acciones que tantas películas han tratado de forma independiente: la migración, la irresponsabilidad afectiva, la homofobia, la impunidad en distintos niveles y escenarios, etc. Son solo algunos temas que la película refiere, más no se detiene a profundizarlos. Pueda que a simple vista pensemos que estamos ante un discurso irreflexivo. De hecho, este es un relato que a propósito de la no reflexión evidencia su carácter de urgencia, y ello a partir de problemas que son normalizados y no cuestionados.

Un caso, por ejemplo, es la definición del comportamiento o la moral de Romero. Lo conocemos siendo padre y esposo que se marcha para darle un mejor futuro a su hijo y esposa. No pasa mucho para cuando en otra ciudad se olvide de esta promesa. El asunto es que el argumento tampoco se toma mucho el trabajo para pintarnos la personalidad de su protagonista. Decir entonces que “cambió” no sería exacto. ¿Será que siempre fue así?; quepa la duda. Es normal que tomemos al protagonista como un héroe y no como un antihéroe cada que inicia una película. El asunto es que Ruano decide no definir ese detalle en expreso. Los propios actos de su protagonista definirán su naturaleza, o, para ser más exactos, el espectador, mediante su juicio, lo definirá como héroe o antihéroe. Por otro lado, tenemos al personaje de Nubia. Alguien de quien más bien sí sabemos más a propósito de su búsqueda de un amor sincero. Muy a pesar, su encuentro con Romero delata algo que ella misma anticipa. Nosotros describe un escenario sin romanticismo y casi orientado al pesimismo. Aquí las cosas suceden y queda aceptarlas como vengan. Nubia tiene un buen presentimiento hacia Romero. Al rato, ella parece darse cuenta de que es uno más y pues queda vivir la situación o, por qué no, aguardar con esperanza. El asunto es que le espera una desilusión aún peor.
Lo mejor de la película es el dinamismo con que fluyen las cosas. Detenerse ante cada drama o alerta sería reincidir en algo ciertamente evidente. Pero está también el efecto del trayecto o viaje que no deja de incomodar. Pienso en películas que se toman más tiempo para hacer una radiografía a los cotidianos nocivos en Latinoamérica. Ahí están películas como Y tu mamá también (2001), Relatos salvajes (2014) o la más reciente Un poeta (2025). Estas son historias que se las ingenian para no solo tratar un drama, sino que toman por excusa un drama central para hacer referencia a tantos otros, sea en un viaje de carretera, mediante episodios o por pura mezcla de situaciones. Esto último también pasa en la primera película de Joaquín Ruano, solo que más conciso. En menos de ochenta minutos hay una escalada que inicia desde lo cotidiano pasa por lo dramático vira a lo trágico y termina en lo anecdótico. A propósito, el solo cierre de la película es todo un momento alimentado de una cruel ironía. Es la última estocada que experimentará el personaje más decente de toda la película. Es como si los buenos fuesen los destinados a ser los eternos perdedores en este territorio lleno de tanto egoísmo. Y lo peor es que, insisto, ya lo había anunciado de su propia boca. La eterna resignación o puro conformismo.

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