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viernes, 24 de mayo de 2024

Cannes 2024: All We Imagine As Light (Sélection Officielle)

La nueva película de Payal Kapadia se abre con el reconocimiento a una caótica Mumbai en plena nocturnidad. A medida que los travellings se desplazan entre la rutina y el gentío, comenzamos a escuchar una serie de testimonios en off, voces de personas sin nombre, los habitantes no originarios de esa ciudad a la que lograron adaptarse, pero que a pesar no se atreverían a mencionarla como su hogar. Lo que sigue es la historia central, el de tres empleadas de un hospital, personas que por circunstancias tiempo atrás se vieron obligadas a dejar sus lugares natales para laborar en esa ciudad a la que ciertamente tampoco reconocen como su territorio. All We Imagine As Light (2024) es una serie de crónicas de un aliento melancólico. Estamos ante una comunidad de postergados. Gente a la que vemos asumiendo una rutina, yendo al mismo ritmo que la ciudad demanda, sin embargo, reprimen rabia, inconformidad, soledad. Es un comportamiento al que se han habituado: el seguir avanzando entre la acumulación de conflictos que reconocen a su paso. De pronto, es como si la dramática de esta película no estuviera lejos de los dramas sociales que sufren los refugiados en territorio europeo. Claro que, en este caso, los personajes de Kapadia, en teoría, no están fuera de su jurisdicción.

En su anterior película, A Night of Knowing Nothing (2022), un relato muy complejo que combina estilos narrativos, la directora ya se había interesado en la fuerza de lo testimonial al adoptar una narración epistolar. El testimonio entendido como un pronunciamiento liberador y honesto, dado que nace desde lo más interior de uno. Es además un discurso que tiene una gran facilidad para desplazarse en el tiempo y el espacio. Ahora, esto último resulta significativo tomando en cuenta de que se trataba de la historia de una mujer, también sin nombre, que escribía a su amante sobre sus días de lucha en un escenario universitario. La protagonista se refería al presente o lo que acontecía en el campus para después remontarse al pasado y un lugar distinto en donde se amaba con esa persona a la que se dirige en su carta. Entonces, la brecha temporal y espacial se desvanecía a propósito de los conflictos que se reconocían en sendas circunstancias o coyunturas. Tanto la lucha política universitaria como el melodrama de una pareja separada eran consecuencia de denuncias cotidianas en el escenario de la India. No importaba el lugar o la década, era como si los problemas siempre fueran los mismos. Esto es algo que también resuena en All We Imagine As Light. Aquí también tenemos a personajes que siguen padeciendo mismos conflictos así hayan pasado los años o mudado de lugar.
Prabha (Kani Kusruti) comienza a recordar a su marido que tiempo atrás se marchó a Alemania. Anu (Divya Prabha) tiene que verse a escondidas con su novio que es de una religión distinta a la suya. Parvaty (Chhaya Kadam) está a punto de perder su casa que se encuentra en un vecindario que será un próximo condominio. Tres vidas de pronto se encontrarán con los similares problemas que un día las obligó a marcharse de su lugar, y es a partir de ese estado de discordia que las mujeres se sentirán en un espacio ajeno. Kapadia pondrá en tránsito a esas mujeres como síntoma de esa no correspondencia. Esto es más notorio en la rutina de Anu, quien continuamente busca un lugar que le permita consumar su amorío. Ella busca vanamente aislarse en una ciudad tan abarrotada. Por mucho que lo consiga, siempre hay un límite que le impide actuar con total libertad. La libertad es una fantasía en la gran Mumbai, un lugar mitificado, imaginado como una luz de esperanza, pero que es más bien el eco de una realidad con un brillo opacado por los conflictos cotidianos y tradicionales de la India. Esta es una película sobre personas aturdidas por un espacio contaminado. En tanto, el salir de ese perímetro será un acto de liberación, el avistamiento de una luz o refugio en donde la gente revive o vuelve a nacer. Payal Kapadia es una directora con un sentido muy poético.

lunes, 4 de abril de 2022

CPH:DOX 2022: A Night of Knowing Nothing

Los primeros minutos de A Night of Knowing Nothing (2021) me recuerdan a My Mexican Bretzel (2019). Cartas abandonadas, una voz femenina, un romance prohibido. Ciertamente, aquí el anonimato de la emisora nos anticipa que estamos tratando con un testimonio que tiene un mayor grado de postergación que el diario de la mujer del documental español. A esto se suman los antecedentes o coyuntura a la que alude la escritora en sus misivas. Ya con eso, el documental de la directora Payal Kapadia va por un camino totalmente distinto al de Nuria Giménez. La introducción a un escenario melodramático no es más que una excusa para derivarnos a una pugna política en terreno universitario. En consecuencia, es que la película ahora me persuade a vislumbrar un nuevo vínculo. Se me viene a la mente el ambiente del Mayo del 68. Diversos directores franceses, e incluso uno italiano como Bernardo Bertolucci, a través de su película The Dreamers (2003), promovieron historias en donde se ejerce una dialéctica entre la política comprometida y los primeros amores desde la experiencia de los universitarios en plena efervescencia social. El amor en A Night of Knowing Nothing si bien no es contemplada en primer plano, salvo en la introducción de la película, su referencia es suficiente para detectar de que estamos ante una relación amorosa sintomática; es decir, consecuencia de una divergencia social latente en la nación hindú.

Este testimonio epistolar hace pues referencia a las protestas universitarias en las aulas del Film and Television Institute of India, en el año 2015, a propósito de la designación de una directiva incapacitada para el puesto, lo que a su vez patentizaba el estado de abandono al que estaba expuesto desde hacía años atrás la prestigiosa institución. Se descubre así una lucha por los derechos no igualitarios en un sistema que escatima o hasta restringe valores a las comunidades reconocidas como las castas pobres. Este conflicto encuentra una relación con el melodrama de “L”, la joven que escribe a su amante “enclaustrado” por su familia luego de enterarse que el primogénito tenía una relación amorosa con una dalit, en referencia a una mujer perteneciente a la población considerada por el sistema Indio como la menos privilegiada, aislada en la pobreza extrema y, por tanto, imposibilitada de convivir con las otras castas. A Night of Knowing Nothing no era un melodrama, sino un drama social. Tampoco es pues un drama personal, sino colectivo. De ahí la razón por qué las imágenes en su mayoría registran a una rutina universitaria, en principio, jubilosa, luego, agitada, organizada, reprimida por la policía y agentes de coacción de credenciales irregulares.
Este es un filme que hace un panorama a la apasionada militancia universitaria y de paso hace crítica a la estructura social tradicional en dicho país asiático. En tanto, el drama es el poder político encomendando detenciones, agresiones y provocando un saldo de heridos y muertos. Es un retrato enérgico y aguerrido el que manifiesta el bando universitario, y es también un retrato de frustración y mucho miedo el que este mismo proyecta. El testimonio de “L” no es suficiente para Payal Kapadia. Es así como el documental, además de valerse de un registro epistolar, reúne material de archivo de la violencia desatada por la policía. A Night of Knowing Nothing manifiesta un carácter de denuncia firme que va reconociendo una variedad de formas para expresarlo. Las cartas son intercaladas por arengas, declaraciones a la prensa, cámaras de vigilancia, dibujos enigmáticos que definitivamente traducen un gesto de auxilio en estado de emergencia. Lo curioso también es que este documental parece saltarse los tiempos. Por un momento, “L” responde a más de un enfrentamiento correspondiente a temporadas distintas. Muy a pesar, todos coinciden en una denuncia tradicional fruto de un sistema tradicional y prejuicioso.