domingo, 5 de agosto de 2012

16 Festival de Lima: Au Galop (Semana Crítica de Cannes)

Dentro de su trama convencional, Au galop (2012) posee una serie de marcas que la convierten en una comedia dramática que simpatiza verla. Louis-Do de Lencquesaing, actor de películas como El padre de mis hijos (2009) o L’apollonide (2011), realiza su primera ópera prima basándose en una historia novelada. La trama gira en torno a los amoríos entre un escritor divorciado, Pablo (encarnado por el mismo director), y Ada, una mujer comprometida quien labora en la editorial que publica los libros de este escritor. Lo seductor dentro de esta relación es que, muy por encima de sus dramas íntimos, ambos personajes hacen el retrato de los amantes despreocupados. Existe una especie de relación cínica dentro de cada uno. A pesar de que Ada esté a pocos meses de su próxima boda, los amantes no dejan de frecuentarse ni de reprimir sus sentimientos. Pablo sabe que Ada ama a su prometido y Ada no deja de aseverar eso, muy a pesar, el lazo entre estos personajes no se quiebra.

Hay una leve aproximación al amor que por ejemplo se retrataba en Jules y Jim (1961), de Francois Truffaut, donde existía la posibilidad de que una mujer amara a dos hombres a la vez, y así mismo, un hombre sea capaz de no alterarse ante su adversario. Pablo en ningún momento asume una postura de raptor de prometidas, como también no es un fabricante de celos o dramas amorosos. El lado paradójico de esto es que el novio de Ada es un fanático confeso de la novela de Pablo; obviamente él no sabe sobre la aventura amorosa de su futura esposa. Asimismo, este comportamiento se extiende también al ámbito maternal, sobre como Ada confiesa a esposo y amante que espera un niño, uno que tan solo ansía, relegando así el cuestionamiento o preocupación sobre quién es el padre. Fuera de lo sentimental, está el drama íntimo, aquello que cada uno alberga para sí mismo.

El padre de Pablo ha fallecido y aquí es donde se presentan los sueños recurrentes. Es el sueño perturbador pero que no se extiende a la pesadilla. Es la imagen del padre en agonía, uno al que no asistió en vísperas de su muerte. Existe entonces un sentimiento de culpa, lo que sería el componente existencial del filme, un factor frecuente en la dramática francesa. Luego de estos vienen los sueños donde se hace reminiscencia del pasado, sobre la infancia y momentos específicos junto con su padre (legado de Marcel Proust). Ada, por su lado, tiene sus recaídas emocionales (como el personaje de Catherine en Jules y Jim). El sentimiento de culpa se asoma cuando la víspera de la boda se acorta. Entonces viene el lado frágil de la mujer, pero la de un espíritu que se inclina por el amor pasional. Ada confiesa para luego disponerse a los brazos de su amante. Seguido de esto, viene la reflexión, una que atiende y concluye por sí sola sin la necesidad de la opinión del amante o el prometido.

Au galop aglomera también a una serie de personajes bien construidos, de ahí su sentido novelado por la complejidad que le otorga incluso a los personajes secundarios. Está el frágil y preocupado hermano de Pablo, interpretado por el director Xavier Beauvois (De dioses y hombres, 2010). Marthe Keller personifica a la madre de Pablo, siendo su presencia el toque de humor en la película. Una mujer de aire sofisticado, de un espíritu planificador como lo pone en claro en la organización del funeral de su marido, algo que por cierto la ha dejado mentalmente maltrecha, situación que causa gracia pero que no deja de crear un aire triste y melancólico. El mismo personaje de Pablo es un sujeto que está fuera del común. A inicio del filme cuelga de un puente como disponiéndose a la muerte sin ningún interés. En otra escena maneja un auto de lo más tranquilo para luego acelerar para sorpresa de su copiloto. Un personaje impredecible. Valentina Cervi, quien interpreta a Ada, es de una belleza natural que impresiona y nos trae a la memoria la hermosura vigente de actrices como Catherine Deneuve o Isabelle Huppert. Pablo y Ada parecen ser protagonistas sacados de la nouvelle vague.

16 Festival de Lima: Joven y alocada (Sección Competencia Ficción)

Ganadora a Mejor Guión Internacional en el último certamen del Sundance, Joven y alocada (2012), ópera prima de Marialy Rivas, es un filme sobre la liberación sexual e ideológica de una adolescente de familia evangélica. Daniela (Alicia Rodríguez) es de un espíritu rebelde y cuestionador. Víctima del conservadurismo maternal y fanático, representaciones con las que convive a diario sin ceder a la represión carnal y, especialmente, la mental. Fruto de esto, nace su blog: Joven y alocada. Marialy Rivas hace algún tiempo presentó un corto en el Cannes, Blokes (2010), basándose en un interesante relato del escritor chileno Pedro Lemedel, en la que relaciona la homosexualidad y la política durante el tiempo de la Dictadura Chilena. Dos comportamientos o inclinaciones que se desenvuelven de manera anónima y que además son juzgadas. En Joven y alocada, Rivas nuevamente retoma el tema del descubrimiento sexual y la censura, solo que esta vez bajo un código distinto.

Daniela ha sido engendrada por la tecnología, criada a hablar como lo dictan las redes sociales y distintas plataformas digitales. Joven y alocada es un filme que se inspira del lenguaje vistoso y dinámico del internet. Un idioma que no restringe ideas o pensamientos que en la realidad o sociedad está prohibido ejercer o proliferar. Rivas sugiere al mundo blogger o el de “Joven y alocada” como un espacio adolescente, lugar en el que no existen teorías o conclusiones. Daniela es la representación del adulto inexperto, el individuo confundido, abierto a nuevas experiencias, especialmente las sexuales, y que no espera a cambio una reprimenda o la aparición del mismísimo Espíritu Santo. Joven y alocada puede ser divertida, sin embargo es ese mismo código Messenger el que termina por hostigar. Marialy Rivas se preocupa más en darle buena estadía al espectador adolescente usando su mismo lenguaje, vendiendo el morbo sin recato, justificando con esto la existencia de un discurso poco serio.

16 Festival de Lima: La demora ( Sección Competencia Ficción)

Una madre soltera es el único sustento de sus tres menores hijos y de su anciano padre. María, quien se desvive para el trabajo, tendrá como única medida dejar a su padre al cargo de un asilo. Las cosas se complicarán cuando le nieguen dicha petición. La demora (2012) la dirige Rodrigo Plá, de origen uruguayo y autor de dos largometrajes mexicanos. Su último filme, respecto a sus anteriores, desentona por situarse a un cine más pausado y de un argumento que no precisa de distintos nudos dramáticos. Agustín pasa por un estado de senilidad a consecuencia de su vejez, aquella que implica una carga a su hija quien en un momento de debilidad dejará en abandono a su padre.

La demora se sostiene de un factor emocional, la  incertidumbre e impotencia ante una espera que se dilata en gran parte del filme. Fuera de esto no existen más motivadores dentro de la trama. Rodriga Plá no incrementa el drama. La misma protagonista del filme, a pesar de la tragedia, parece siempre guardar la calma y la compostura careciendo algún tipo de catalizador que revitalice algo de por sí desesperante.

sábado, 4 de agosto de 2012

16 Festival de Lima: Yo recibiría las peores noticias de sus lindos labios (Sección Competencia Ficción)

En un poblado ubicado en la selva del Amazonas, Cauby, un joven fotógrafo, vive un tórrido romance con Lavinia, la esposa de Ernani, un predicador que hace algún tiempo lleva haciendo misiones en dicha comunidad. Yo recibiría las peores noticias de sus lindos labios (2011) es una película que sobresale dentro de la Selección Oficial de Competencia de Ficción para este Festival de Lima. Los directores Beto Brant y Renato Ciasca realizan un filme a partir de una historia simple, aunque bien argumentada. El triángulo amoroso entre tres personas es la aproximación a tres naturalezas distintas. Cauby es un joven despreocupado, pasional y buen amante. Lavinia carga un pasado oscuro, vive en confusión y está atada al amor incondicional de su marido. Ernani es un sujeto idealista y comprometido ante su creencia y la sociedad misma. A medida que la historia va sucediendo, la película va revelando comportamientos y breves discursos que van más allá de lo que está trascendiendo en la vida de estos personajes.

Yo recibiría las peores noticias de sus lindos labios, fuera de los encuentros amorosos entre dos amantes, asoma una breve radiografía de una sociedad rural alterna a la urbanidad. Sus directores hacen señas inmediatas para tomar como trasfondo contextual el golpe al ecosistema que está experimentando ese ambiente de la selva brasileña, situación que ciertamente parece ser sintomática e irreparable, casi como la misma relación entre Cauby y Lavinia. La anterior vida de la mujer parece ser una especie de fantasma que atormenta su presente. Amar a Cauby implica abandonar a Ernani, quien años atrás la salvó de su antigua vida. Es la encrucijada entre el deseo y la contemplación. Yo recibiría las peores noticias de sus lindos labios relaciona dos historias que ocurren en paralelo, la de un triángulo amoroso y la devastación de una selva natural, ambos, dos sucesos que pudieron evitarse al haberse actuado en el momento preciso, haciendo caso a los comunicados, advertencias o amenazas que les fueron alcanzadas o que sucedían en sus narices.

16 Festival de Lima: El estudiante (Sección Competencia Ficción)

Roque (Esteban Lamothe) es un típico adolescente que no es un apasionado del estudio. Luego de intentar suerte con otras carreras, termina ingresando a una relacionada a la Política. El estudiante (2011) plantea la formación de un militante que a pesar de no tener una ideología de por medio, posee una habilidad para la dirigencia. El director Santiago Mitre realiza un filme sobre las dinámicas de la política que parten en las aulas universitarias y que se mudan finalmente a los espacios externos, los sociales y gubernamentales, aquellos que disponen cargos y que resultan ser la carnada más codiciada de las grandes cabezas partidarias. No existe nada nuevo que esta película nos muestre o, al menos, nada que no se espere.

Los debates, el abanderamiento, las traiciones internas y por ahí uno que otros roces emocionales. Lo único vistoso en El estudiante es sobre la transformación fisionómica en Roque, un joven que en inicio se presenta como un chico despreocupado y jovial, sociable y de ánimo entusiasta, para luego transformarse en un estratega de mirada desconfiada, seca, encorvado, con una rutina que está absolutamente envuelta al mundo político, esto a pesar que nunca parece tener una ideología clara o un entendimiento exacto del partido al que pertenece.

viernes, 3 de agosto de 2012

16 Festival de Lima: Elefante Blanco (Sección Competencia Ficción)

Comentar sobre la conversión que tuvo la filmografía de Pablo Trapero respecto a asumir un cine más comercial, sería ahondarnos en algo que no tendría sentido a estas alturas. Citar películas como El bonaerense (2002) o Familia rodante (2004), es comentar una etapa inicial del director, con un aire al cine de autor y que desde el estreno de Leonera (2008) a recurrido a otro modo de relato, uno que sin embargo no ha dejado de interesarse por la temática social, un rasgo que siempre ha imperado en las películas del argentino. Elefante blanco (2012) es una nueva mirada al lado dramático y real de la sociedad urbana, aquella que desde su ópera prima, Mundo grúa (1999), criticaba como un espacio que posee un lado sórdido y desolador. El último filme de Trapero se concentra en la historia de un grupo de personajes que son benefactores sociales. Dos curas y una asistente social son solidarios ante la tragedia ajena de una sociedad que muestra el peor de sus rostros.

Gerónimo (Jérémie Renier), luego de un evento trágico que experimentó en una misión a la que fue destinado, viaja a Argentina a pedido de su amigo, y también sacerdote, Julián (Ricardo Darín), quien le motivará a ofrecer servicio comunitario a las familias que habitan en el “Elefante blanco”, una residencial creada por el gobierno para dar albergue a grupos de condición baja. La primera idea paradójica que ocurre en Elefante blanco, es sobre el nuevo ámbito al que se traslada Gerónimo. La selva, un espacio donde las guerrillas, mercenarios o terroristas pululan, no tiene mucho de diferencia frente a la selva de cemento donde la delincuencia, la drogadicción y el narcotráfico, son rutinas diarias. A esto se le suma además temas como la corrupción, la política gubernamental e incluso la sacerdotal. Son situaciones en la que tanto Gerónimo como los otros personajes lidian de alguna u otra forma, sea salvando a niños del consumo de drogas o promoviendo estatutos que legalicen la construcción definitiva a favor de las familias que asisten.

Es frente a este tiraje de barreras, el cual impide el progreso de esta “ciudad periférica”, que los personajes son víctimas de las dudas personales, aquellas que se elevan tanto a un nivel ideológico como espiritual. Gerónimo, luego de su experiencia en Centroamérica, es un ser perturbado. La duda y la culpabilidad han inundado su estado emocional hasta el punto de cuestionar el hábito que usa. Por otro lado, Julián, es víctima de un cansancio que ha sido producto de una labor que ha emprendido desde hace varios años de forma incondicional. Luciana (Martina Gusmán), quien es responsable de gran parte de las diligencias para la población, es también prisionera del agotamiento que es incentivado por las políticas que restringen y dilatan el compromiso hacia los mismos pobladores que poco a poco parecen ceder a la resignación ante su realidad y un desagrado que no dudan en volcar contra sus “salvadores”. Es a partir de estos sucesos que la historia se tensa y se dirige hacia una colina que va rumbo a un final con cierto aire de pesimismo.

Elefante blanco se dispone de un hecho real, uno que logra llegar al espectador de manera objetiva, provocándole interés ante una situación trágica, la misma que Trapero logra manifestar con una crudeza veraz y necesaria. Muy a pesar, gran parte del argumento de esta película está sostenida de manera alterna por hechos que implican temas como la enfermedad y el melodrama, puntos que son frágiles y no despista de un discurso que se encaminaba a lo serio, y que en su lugar cede a la trivialidad trágica dispuesta en películas que gusta de la emotividad gratuita y bien correspondida por un círculo comercial. Con Elefante blanco, Pablo Trapero asegura su cine en un ámbito que congrega adeptos, algo que no está mal, pero que posiblemente más adelante se convierta en una fragilidad por sobreexponer el drama en sus nuevas películas. Lo que sí es positivo afirma en esta nueva senda de Trapero, es que su cine social ha evolucionado, uno que lo convierte en un cineasta comprometido, casi en la misma línea de los grandes literatos latinoamericanos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Caballero de la Noche "Desciende"

*Alerta de spoilers

El fin de una trilogía no necesariamente implica que la última parte tenga que ser superior a sus antecesoras. Lo fundamental más bien sería que todas las partes posean un diálogo entre sí, una referencial que permita observar que las tres han seguido una misma línea creativa. Es decir, cada parte que conforma a esta trilogía deberán ser fieles entre sí. The Dark Knight Rises sigue el dialecto sometido en Batman Begins o The Dark Knight, sin embargo, existe una multitud de razones que la convierten posiblemente en la menos original de la serie. La última entrega de Christopher Nolan parece haber sido víctima de un estancamiento de inspiración, uno que lo ha llevado a retornar a sus “orígenes”, a Batman Begins. TDKR es el retorno al pozo de murciélagos que habitan en las cavernas, es el renacimiento de la “Liga de la sombras”, el entrenamiento de Bruce Wayne (Christian Bale) por volver a ser el héroe, la aglomeración de aliados y la reducción de villanos.

El único villano que se asoma en gran parte de la película es la figura de Bane (Tom Hardy), el antagónico menos carismático que ha tenido la trilogía, de una pose presuntuosa, siempre sosteniendo sus manos de las solapas de su traje, y que no es más que un secuaz del que más adelante será descubierto como el verdadero villano. Ra’s Al Ghul o la “Liga de las sombras” o Miranda (Marion Cotillard), quien escondida en la personalidad de una benefactora, dura apenas quince minutos en pie. Gatúbela (Anne Hathaway) es el comodín dentro de esta trama. Por la misma personalidad que encarna el personaje de Anne Hathaway, esta debió llamarse “El Acertijo”. El comportamiento de esta villana se ubica en medio del limbo. Roba por placer y deseo. En ocasiones ayuda a niños pequeños que están en apuros, pero también es capaz de entregar a un héroe al mismo diablo. Gatúbela tal vez tenga carisma, pero, en palabras del Joker, es la villana con “menos clase” que ha aparecido en Ciudad Gótica. Sin citar al mejor villano, Scarecrowe (Cilliam Murphy) posee un significado esencial en toda la trilogía. Él representa el miedo y la locura. El desquiciado hace de las suyas una y otra vez. Es el villano inmortal, que desaparece y reaparece, y que en TDKR se viste de juez, un cargo que va bien con su personalidad.

Gatúbela es el lado “seductor” que Nolan ofrece a su película. Una simple portada para el filme. El Joker no tenía historial, huellas o evidencia absoluta. Sin embargo tenía demasiada personalidad, una mente retorcida, un psicótico por excelencia y muchos planes por llevar a cabo. Gatúbela no tiene historial ni huellas ni parlamento. Solo roba –que bajeza diría el Joker– a quien se le planta a su costado y está deseosa de borrar sus pasos de la ciudad. Las apariciones de este personaje son similares a los encuentros que tuvieron tiempo atrás Michael Keaton y Michelle Pfeiffer. Giño de ojos, ronroneos y besos robados. Hathaway se pierde en el sentido del filme que es el de dar sentido a la criminalidad. Scarecrowe es al miedo, Ra’s Al Ghul representaba lo contrario al idealismo, el Joker (Heath Ledger) era el agente del caos. Bane incluso representa el lado inverso de Bruce Wayne. Era el expulsado por la “Liga de las Sombras”, mientras que Bruce era el que se desterró asimismo de esta agrupación. Hay un sentido en eso. Nolan sigue con la bifurcación entre el camino del bien y el camino del mal. Nuevamente con Gatúbela, es la seudo-simbología de la femme fatale, un personaje que viste del catálogo de Audrey Hepburn, algo que poco o nada interesa dentro de la línea que ha decidido seguir Nolan, de crear personajes –y no solo villanos–  complejos y con un sentido específico, la de dar sentido a la presencia de su antagónico. Son las dinámicas de la complementariedad.

Por el lado de los buenos, los nuevos personajes de TDKR no tienen la vitalidad de los que aparecieron en las anteriores partes, salvo Blake (Joseph Gordon-Levitt) quien da un sentido alterno a cómo emerge el héroe, uno que ha compartido similar historial de Bruce. Huérfano, criado en un espacio hostil pero que volcó dicha desesperanza hacia un idealismo, uno al mismo margen del comisionado Gordon, personaje que poco interviene en esta tercera parte a pesar de haber sido pieza fundamental en las otras películas. En su lugar se agregan personajes flojos como el de Foley o Dagget. Y, a propósito de Dagget, Nolan –a modo de simple detalle– parece redundar casi siempre los mismos elementos que han coincidido en su trilogía. Siempre hay un traidor dentro de las Industrias Wayne. En la primera el jefe de la directiva, en la segunda un delator de la identidad de Batman y en la tercera otro miembro de la directiva. Lo mismo ocurre con la presencia de, por lo menos, un cabeza de mafia. Estos serían pequeños arquetipos, los cuales, a pesar de su participación secundaria, tuvieron lugar a una presencia digna, y no muertos al rato de su aparición como sucede en esta última parte.

TDKR no se acerca a la astucia de los anteriores argumentos, aquellos que no se contentaban con una única sorpresa, como la aparición de la hija de Henri Ducard (Liam Neeson). TDK es la mejor de la trilogía porque todo su argumento es el plan maestro del villano, un proyecto que toma tiempo y que vemos florecer hasta el punto de deconstruir los discursos ajenos. Es el engranaje de sucesos continuos que provocan una nueva eclosión y nuevos dilemas que además manifiestan diálogos que se elevan hasta un significado filosófico-existencial. TDKR apenas aglomera de dos a tres “memorables quotes”, esto versus el puñado de citas que dieron en el pasado Alfred (Michael Caine), Harvey Dent (Aaron Eckhart) o Thomas Wayne. El vehículo argumental que dirige a TDKR es parecido a “El murciélago”, el nuevo juguete de Batman, que asume una apariencia espectacular. Christopher Nolan se deja contagiar por la trivialidad dirigida al público comercial pendiente de un héroe que sale a pasear con su nueva adquisición, acompañado de su femme fatale, para luego descender al suelo y presumir sus armas.

Bruce Wayne hace su retorno a la semilla, solo que en esta ocasión con luz prendida, saliendo a cazar bajo el sol, no sembrando miedo ni sombra. Y sí, no es justo que Bane sea el nuevo enemigo de Ciudad Gótica; no después del Joker. Lo que parecía la pelea del siglo, terminó como el enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre dos personajes que se turnaban los golpes. Como última acotación, una observación que me ha planteado una suspicacia. Christopher Nolan, especialmente en Memento y Following, fue un arquitecto narrativo. Uno que se valía de un ingenio creativo en referencia al modo de narrar una historia, sea en desorden o partiendo por el final. Fue con Batman que más bien Nolan promovió un sentido discursivo –Batman, Scarecrow, el Joker; todos manejan su propio discurso–, el mismo que se devaluó en TDKR y que además tomó recursos prestados de Batman Begins. ¿A qué viene esto? El guión de Batman Begins fue escrito por David Goyer y Christopher Nolan, el de TDK fue escrito por los mismos más Jonathan Nolan, mientras que en TDKR no intervino David Goyer. Será que la ausencia de Goyer implicó un decrecimiento potencial en la figura del héroe del cómic. No estoy seguro de eso, pero tal vez el mismo Goyer responda a esto en su próximo guión para Man of steel. Hasta entonces.