lunes, 7 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Pecore in erba

Artículo publicado en Cinencuentro.
Leonardo Zuliani tiene pegado en su habitación un afiche de This is Spinal Tap (1984). Faltaba más. Y es que este clásico del género mockumentary sirve de gran inspiración para la película de Alberto Caviglia, filme que sobretodo configura a un romántico. Al igual que los rockeros de la película de Rob Reiner, Zuliani será un famoso de poca monta, pero que sin embargo es –desde una clasificación de libros de autoayuda– un emprendedor nato. Pecore in erba enteramente relata el biopic de un antisemita, xenófobo, político radical, enemigo de los judíos o de algún grupo terrorista fundamentalista, el “odiado de turno” por la sociedad, huérfano de padre a quien odia con pasión (lo que le produjo una prematura disfunción eréctil, afirma su psicólogo de cabecera); y así sigue la lista. Es decir, un perverso, resentido y defectuoso por excelencia, pero que a pesar de todo fue líder nato, caricaturista, fundador de un grupo político y de un círculo literario, filósofo, inventor, autor de algunos libros y de una franquicia de comida rápida. Lo cierto es que Zuliani fue mucho, aunque nada.

Pecore in erba inicia con un noticiario anunciando la desaparición del joven italiano. No solo su familia, sino toda Italia está consternada. ¿Dónde está? ¿Fue acaso un escape o un secuestro? Multitudes claman la liberación de este joven incomprendido que desde pequeño, casi por naturaleza, sometió al bullying a su compañero judío. Desde ese momento, Leonardo Zuliani no dejó de impartir esa causa/odio hacia la comunidad judía como extranjera. Caviglia promueve la sátira partiendo de un personaje que tiene una lógica que rompe un tabú tan antiguo como moderno, pero que en cualquier momento de la Historia de la Humanidad fue carente de lógica. Es en base a ese absurdo que el director italiano se imagina a este individuo increíble. Cual Forrest Gump, este se va desenvolviendo en muchas áreas especializadas. Las políticas, las académicas, las mediáticas, las empresariales. En cada una de estas, Zuliani irá manifestando su discurso del odio. Muy a pesar, la frustración es inevitable.

El viaje comprometido de este héroe o antihéroe, como se le quiera ver, es la de un destinado a la frustración. Es decir, intentando exterminar algo tan arraigado como el conocimiento judío, tan trascendental e imperante en el mundo occidental. Cada corriente filosófica o estrategia de marketing que haya triunfado y promovido Zuliani, no será más que una suerte de ilusión, algo efímero. El efecto boomerang no se deja esperar. Justo cuando el protagonista principal ya se sentía en la cima del mundo, el piso se remece (o la Historia se acomoda) y la humillación asalta al joven romántico. Entonces nuevamente lo vemos aislado en su dormitorio. Sentado sobre su cama, justo al costado del afiche de los rockeros que al igual que él, su historia sirve como una suerte de radiografía de una época. Pecore in erba piensa en base a los comportamientos de una sociedad. Es irónico ver como las masas son tan volubles. Por momento odiando a este antisemita, al otro día comprando sus productos, luego odiándolo otra vez, y al final invocando a su reaparición. Queda, sin embargo, en la coda del relato ese sabor a triunfo y redención humanitaria; algo que en la actualidad resulta ser tan utópico. Alberto Caviglia es otro romántico.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: The fits

Artículo publicado en Cinencuentro.
The fits se inicia con la figura “masculinazada” de una niña. Su presencia rodeada de testosterona y prácticas de boxeo de inmediato contrasta con ese otro sector ubicado en el mismo complejo deportivo, uno que está conformado por el grupo de chicas, en su mayoría adolescentes. En paralelo, veremos a la protagonista de la película ejerciendo las mismas labores que las de su hermano mayor, sea ayudando con los tareas como empleado del complejo o haciendo rutinas de entrenamiento propio de un aspirante a boxeador. La ópera prima de la directora Anna Rose Holmer en principio parece apuntar a un drama de identidad, sobre la niña que siente curiosidad por ese club femenino de danzantes urbanas. Hay algo que le atrae de esta práctica. Es tal vez la naturaleza de compartir lo mismo que los de su mismo género. La película, sin embargo, apunta a una naturaleza más compleja.

Lo que parecía lejano a la niña, de pronto forma parte de su nueva rutina. La menor cuelga los guantes y pasa a formar ahora parte del grupo de chicas practicando coreografías que son todo un reto para la recién integrada. Junto a ella, se unen otras de su edad, quienes junto a las más mayores serán entrenadas para un próximo desfile. Algo inesperado, sin embargo, sucedió en la primera práctica. Una de sus líderes ha sufrido un repentino ataque de convulsiones. Las noticias no son claras de lo que sucedió, pero tal parece que no fue nada grave. Las sesiones de baile siguen su curso. En el transcurso, un cambio se percibe. Es el del divorcio fraternal. Es la niña pasando cada vez menos tiempo junto a su hermano mayor. La distancia es cada vez más notoria, aunque sin dramatismo. ¿Es acaso ese el conflicto de la historia? Una nueva víctima de convulsiones afirma que no lo es.

The fits me recuerda a algunas películas de Serie B en EEUU durante la década de los 50, sobre las paranoias colectivas, hechos inexplicables que sacuden a un grupo de personas, especialistas y noticieros lanzando hipótesis que como espectadores estamos seguros son erradas. Ya después del segundo desmayo, el ambiente en la película de Rose Holmer se torna pesado. La banda sonora se manifiesta misteriosa y amenazadora. Lo desconcertante se expande para cuando comenzamos a oír los testimonios de las víctimas ya recuperadas, cada una explicando a su manera esa suerte epifanías. Tal parece que la experiencia se va convirtiendo en una moda y, como en el inicio, la protagonista ahora busca ser parte de esta. The fits sigue siendo en cierto modo un filme sobre la búsqueda de la identidad o la inclusión, muy a pesar lo enigmático desplaza cualquier huella dramática. Anna Rose Holmer en su debut de ficción recrea su propia versión de las modas adolescentes desde una lectura un tanto retorcida como mesiánica. Es por un lado el clímax grotesco producto de parálisis y desmayos, es por otro lado la señal que simboliza la cumbre de la perfección; ambos casos relacionados a la danza que de paso abrió las puertas de la adolescencia a una niña.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Italian Gangsters

El 3 de setiembre se inicio el Festival de Venecia. Desde hoy estaré posteando algunas reseñas a las películas que forman parte de Sala Web, programa del mismo festival y que se transmitirá via streaming por Festival Scope. El precio para ver cada película es de 4 euros. Las reseñas serán publicadas originalmente vía Cinencuentro, media partners de Sala Web.


A diferencia de películas como Gomorra (2008) o Salvo (2013), el tema sobre la mafia en Italian gangsters (2015) se aborda desde una mirada fascinada por los rostros que décadas atrás fueron los principales decorados de las palestras mediáticas, los mismos que posteriormente el cine de Elio Petri, Mario Bava o Fernando Di Leo se encargarían de mitificarlos a través de épicas llenas de violencia que se perfilaban a una explotation. El documental de Renato De Maria tiene como propósito hacer una remembranza a estos individuos. Es a través de declaraciones y fuentes fílmicas, tanto reales como ficticias, que este filme va representando los perfiles y anales de un grupo de ex líderes de la mafia italiana, villanos que cometieron sus fechorías para la década de los 50 y 60. Es decir, una generación que nació y fue criada bajo el seno de la posguerra. Es en base a esto que la película se encarga de rememorar una época en crisis, aquella que engendró una prole desencantada con su realidad.

Bajo dicha perspectiva, Italian gangsters, además de ser asumida como una radiografía a esa primera mafia italiana, es una radiografía a la sociedad de la posguerra. De María para esto sienta en el banquillo a estas cabezas de la mafia, los cuales serán interpretados por actores. Es a través de estos testimonios en primera persona que se va manifestando en principio la testificación de habitantes por entonces comunes. Son los hijos de albañiles o comerciantes, víctimas del hambre y la miseria, viviendo entre las ruinas de un país devastado. La situación, sin embargo, solo es precaria para los pobres. Cual protagonista del neorrealismo italiano, estos abrazan con optimismo sus sueños. Muy a pesar, el trabajo promedio no amerita, las políticas proletarias parecen no funcionar y el fracaso cada vez más parece inminente. Es así como se da el origen de la mafia; según dictan sus propios autores. Todo es causa de un síntoma social o histórico.

Ya más adelante, los narradores cuentan sus primeros actos infringiendo la ley. De los inicios a este oficio se salta a sus momentos cumbre. La mafia ya es parte del cotidiano y algunos además se las arreglaron para que sus famas cruzaran las fronteras. Son en estos momentos en que los metrajes de ficción toman valor, los mismos que reproducen para cuando los locutores cuentan sobre tal robo o aquella fuga. Es el cine que va acotando sus dotes de la memoria, por ejemplo, al inmortalizar una temporada violenta. Italian gangsters no apunta a la crítica de una época ni tampoco crea una conexión con la mafia actual a fin de promover una reflexión. Renato De Maria prefiere indagar en la mafia italiana de forma contemplativa. El director inclusive cede a que las mismas biografías de estos personajes reales por sí solo se rediman. La película termina con una serie de epitafios. Son los mafiosos que pasaron una corta o larga temporada tras las rejas, tiempo que les sirvió para curar sus resentimientos, volcando sus fantasías a rutinas por fin divorciadas de la violencia. Es el caso de uno que se volvió un pintor e incluso ganó algunos premios por su arte.

lunes, 31 de agosto de 2015

Wes Craven (1939 - 2015)

Solo para resumir la importancia de Wes Craven para el género de terror, hago cita a tres de sus películas. La primera, su ópera prima, La última casa a la izquierda (1972), uno de los primeros filmes estrenados en EEUU a nivel comercial que manifestaba sin vergüenza una trama grotesca para aquel entonces; el abuso sexual a un par de adolescentes. Las imágenes son gráficas apelando además al gore, subgénero de terror que de igual forma, hasta esos años, solo había sido difundido mediante salas clandestinas o alternativas. Fueron, por ejemplo, las películas de Herschell Gordon Lewis o John Waters, quien por cierto para ese mismo año estaba estrenando su filme de culto Pink flamingos (1972).  Craven parece remembrarse al primero, esto al realizar una trama que mezcla lo perturbador con el humor negro. El grupo de yonkis de La última casa a la izquierda es como la representación, también excéntrica, del estereotipo de dementes rurales que Gordon Lewis manifiesta en 2000 maníacos (1964). Ambos directores convierten a sus personajes en caricaturas, casi como parodiando gags de ataño. Caso en el filme de Craven, son acompañados además de un fondo musical que los entorpece, como si se quisiese crear un ambiente cómico.
La última casa a la izquierda emana más bien una risa macabra. Más adelante veremos a esos mismos comediantes realizando una serie de barbaridades. El filme es cruel y angustiante en su primera parte. El castigo y la violencia sexual impacta, algo que años después le serviría de inspiración a Meir Zarchi para realizar I spit in your grave (1978). La otra mitad de la ópera prima de Craven es un vuelco de la trama y además una compensación hacia esos otros personajes que hasta entonces eran los secundarios; los padres de una de las víctimas. La última casa a la izquierda es un filme sobre la venganza, una que como dicta el refrán se sirve en plato frío. Esto también es elemental para el género. Es tal vez el primer filme de terror en donde los protagonistas hacen justicia con sus propias manos. Dicho esto, la película de Craven es una compensación para el espectador, uno que de seguro se deleita mientras observa cómo los deudos desatan su furia (igual de sádica) sobre los criminales. La última casa a la izquierda va educando el lado perverso del espectador mediante una justicia tan divina como violenta.

Pesadilla en Elm Street (1984), por su lado, varió las reglas de juego en el subgénero slasher. Hasta entonces Jason Voorhees o Michael Myers habían encasillado al asesino de adolescentes de cuerpo fornido, rostro detrás de una máscara y dispuesto de un arma de dimensiones que simulaban a una representación fálica. Freddy Krueger atenta contra estas normas. Este es de pocas carnes, rostro desnudo y unas garras de metal que si bien no deja de ser grotesco le degrada agresividad. Adicionalmente, este personaje posee personalidad, cuestión que es nula tanto en Voorhees o en Myers, ambos personajes silentes y pétreos. Krueger en su lugar juguetea con sus víctimas. Los intimida, se burla de ellos y, finalmente, los caza. El otro gran distintivo tiene que ver con la verdadera arma de este personaje de culto, algo que no tiene nada que ver con su guante metálico. Son las pesadillas la verdadera arma de Krueger. A diferencia de los otros cazadores de adolescentes, el protagonista de Pesadilla en Elm Street es un ser surreal.
Si Voorhees o Myers sobrenaturalmente se recuperaban de algún mortal ataque de sus víctimas, Krueger resultaba ser casi intocable. Combatir contra ese monstruo simplemente implicaba rehuir al sueño o despertar en el momento indicado. Craven había creado una alianza entre el cine de fantasmas y el slasher. Su película además no había abandonado ese estilo tétrico para generar el humor negro. De ahí lo fundamental que era la personalidad paródica de Krueger al momento de intimidar a los adolescentes en sus sueños, quienes previamente habían tenido pensamiento pecaminosos (regla que siguen los aspirantes a víctimas).  Pesadilla en Elm Street, sin embargo, hace una reforma más. Al igual que en predecesoras películas slasher, la mujer virgen es la heroína por excelencia, muy a pesar, Craven le otorga ciertas dotes para sobrevivir dignamente. A diferencia de “las Jamie Lee Curtis” (Halloween, Prom night o La niebla), la heroína de Craven no se cae al momento de correr. Grita, mas no deja de ser racional para cuando el peligro se le viene encima. Pesadilla en Elm Street desmitifica a la virgen que se salva por “pura suerte” al otorgarle juicio al momento de vivir su propia pesadilla.

Finalmente está Scream (1996), filme que definitivamente abría paso a una nueva etapa del slasher. Así como John Carpenter, Tobe Hooper, Sean S. Cunningham (productor y director), Craven perteneció a la escuela de directores que habían sedimentado y construido este subgénero de terror. Hasta antes de ellos, películas como Peeping Tom (1960) o la misma Psicosis (1960) asumían arquetipos y tramas independientes. Solo el asesino coincidía en ser un individuo más, nada espectacular salvo por la locura perturbadora y compleja que lo sometía. Con los directores mencionados, el terror se renovó. Por ejemplo, la personalidad del gótico Frankenstein se reinterpretó a la visión urbana de Michael Myers. No más castillos, casas u hoteles lúgubres a mitad de la carrera a plena lluvia. Los suburbios o zonas descampadas se convirtieron en los espacios ideales. Muy a pesar, tanto Craven como sus colegas fueron fascinados de la fílmica de sus predecesores, desde sus clásicos hasta los de serie B sobre seres de otros mundos. Esto no impidió que dicha generación repensara la herencia y creara su propio estilo.
Craven con Scream hizo una reflexión al slasher. Fiel a sí mismo, con aire burlesco recrea una especie de parodia. Un asesino enmascarado ha comenzado a matar a víctimas (en gran parte) adolescentes. En su camino, el director crea personajes obsesionados con las películas de horror, especialmente las slasher. Pero, así como son seguidores de estos, son también los críticos más asiduos de este subgénero. Lo cómico e irónico llega para cuando estos mismos se vean inmersos en su propia película de terror, e irán cometiendo esos percances que tanto criticaban. Como lo señala un reciente libro de José Carlos Cabrejo, Scream es un ejercicio metaficcional, en donde tanto los protagonistas como la historia se esfuerzan por limitar esa separación entre lo real y lo ficticio, originando una dialéctica entre ambos espacios. Para el final de la trama, el asesino no era solo uno. La motivación de estos además no era una historia de ultratumba, sino una situación pasional. Los verdugos, sin embargo, se autonombran herederos de Norman Bates, por esa locura que los caracteriza. El filme concluye con una burla, pero también una lección de cine sobre ese ánimo de renovar sin olvidarse de los padres fílmicos. A Wes se le va extrañar.

jueves, 27 de agosto de 2015

Mientras seamos jóvenes

A sus cuarenta y sin hijos, la monotonía de una pareja se verá desafiada al nacimiento del primer niño de sus únicos amigos. Mientras tanto, su amistad fortuita con una pareja dos décadas menores que ellos, será su oportunidad para evadir ese fantasma de la paternidad o la vejez, símbolo del aburrimiento y la rutina, algo que ha venido pesando en ese matrimonio sin hijos. Al igual que en casi toda su filmografía, Noah Baumbach en Mientras seamos jóvenes (2014) desarrolla un lenguaje irónico a propósito de un grupo de personajes sobreviviendo a sus conflictos personales. Está además su interés por tener como protagonistas a individuos saltando a una nueva etapa, aquella a la que se resisten ingresar, sea por complejos o miedos. La meta del director será hacerlos madurar. Así como en El calamar y la ballena (2005), Greenberg (2010) o Frances Ha (2012), Baumbach obliga a sus personajes (la mayoría por encima de los treinta) a revaluar sus vidas, provocando la comedia y rozando con lo dramático.
Mientras seamos jóvenes posee además otro discurso que es lo más interesante del filme, tema que se devela para cuando la relación entre la pareja madura y la joven entran en conflicto. Josh (Ben Stiller), además de sus prejuicios de los cuarenta, padece de otra frustración personal. Es la del documentalista que ha venido trabajando por cerca de diez años un mismo proyecto, y que niega además los laureles de Jamie (Adam Driver), cineasta amateur que a diferencia de los autores del cinema vérité ha convertido el oficio de documentalista en un acto de montaje pueril y oportunista. Noah Baumbach cita con sátira la moda hipster a fin de crear a un personaje que evoca la nueva dinámica de realizar cine. Mientras seamos jóvenes para el final deja de ser un dilema marital para convertirse en un enfrentamiento entre cineastas puristas y los nuevos cineastas. Hay una reflexión al cine transitando por una era democrática en donde la ética está demás para cuando se trata de realizar un buen montaje. Lástima que para ello la historia tenga que recurrir al mensaje aleccionador degradándose a un conflicto propio de otras comedias de Ben Stiller.

jueves, 20 de agosto de 2015

Eliminar amigo y El payaso del mal

Dos películas de terror efectivas. Ambas caminando en el mismo género, pero en direcciones distintas.

Unfriended (2014) o Eliminar amigo es una película que se aborda desde el punto de vista de un ordenador. Es decir, la pantalla de cine cede su lugar a la pantalla de una laptop. Es a través de esta que conoceremos toda la historia, al igual que a sus personajes y sus conflictos. El director Levan Gabriadze se vale de una dinámica que poco a poco está siendo cada vez más recurrente en jóvenes directores, y que con el tiempo, posiblemente, se convierta en un nuevo subgénero de terror, así como sucedió con el found footage. El corto argentino Alexia (2013), de Andrés Borghi, o la también reciente Open Windows (2014), de Nacho Vigalondo, son algunas de las películas que toman como perspectiva el monitor de una computadora. Si algo ha sabido aprovechar el género de terror, es el uso de las tecnologías como utensilios de narración. Es mediante la representación de cámaras, celulares o pantallas multidimensionales, en donde el horror ha venido hallando sus nuevos espacios para generar el acecho.
Unfriended relata el encuentro por Skype de un grupo de amigos que serán acosados desde el internet por una presencia que se revela así misma como una amiga en común de todos, fallecida tiempo atrás. El filme de Gabriadze apunta a ser una historia de venganza desde la “ultratumba informática”. Lo más atractivo del filme tiene que ver con las normas que implican al tener al ordenador como única perspectiva. La trama, por ejemplo, manifiesta muchos escenarios, aunque se desenvuelve en uno solo. Son las webcams que instantáneamente vigilan las habitaciones de cada uno de los personajes. Está la posibilidad de generar un flashback sin necesidad de una remembranza. Es apenas un video o una fotografía la que evoca un pasado. Es además la sucesión de ventanas que se abren una tras otra, creando un ritmo acelerado de los hechos. A pesar de que el filme genera ciertos desniveles en su verosimilitud, este no da espacio a cuestión ya que la historia no pone freno. Como el internet mismo, Unfriended hace que el usuario o víctima distraiga su atención a una nueva ventana o complicación.

A diferencia de la anterior, Clown (2014) o El payaso del mal se ajusta a normas más tradicionales del cine de terror. El filme de Jon Watts apela a manifestar una trama modesta, que sin la necesidad de recurrir a complejos argumentos va provocando emociones distintas. La historia inicia con una familia promedio. El padre que decide darle una sorpresa de cumpleaños a su menor hijo, y que desafortunadamente termina engatusado a una maldición. La película evoca esa placidez de los suburbios, de personajes de vidas cotidianas, trabajos que no odian, familias que no traicionan. Todo es genial y aburrido a la vez. Se manifiesta entonces la primera ruptura de esa tranquilidad. Un disfraz trae bajo el brazo un pasado aterrador. Se me viene a la memoria la figura del payaso más citado en el cine. La de Pennywise de It (1990), una especie de leyenda urbana que viaja entre el pasado, el presente y los sueños, cazando niños a quienes tortura en las entrañas de las alcantarillas. Levemente más sádico, es el mito de este otro payaso.
Clown tiene ese concepto de cuento de terror, sobre cofres malditos y prendas zurcidas por el mismo Diablo que caen en las manos de personas benevolentes. Lo que era paz y armonía, se convierte en el drama de un hombre por deshacerse de un disfraz. A esto le sigue el terror. Los primeros efectos de la metamorfosis se van manifestando. Es momento de la posesión y el descontrol. Es el lado macabro de la historia. El origen de la maldición se revela y tal parece que la mala suerte está echada. El gore aquí es bienvenido dada las circunstancias, planteado sin exageraciones y lo suficiente para descubrir al otro “yo” que termina por apoderarse del cuerpo del buen padre. La trama desde un inicio pueda resultar predecible, sin embargo, siempre queda esa interrogante ¿el buen padre traicionará a los suyos? ¿Tal vez a su hijo? Es motivador ver películas de terror en donde los personajes son círculos familiares, habiendo de esta forma menos riesgos a clichés que traen consigo los típicos personajes adolescentes, cada uno jugando a protagonizar su estereotipo.

miércoles, 19 de agosto de 2015

19 Festival de Lima: Balance

Puedo iniciar diciendo que a diferencia de ediciones anteriores, la más reciente me deja pocas películas que nombraría como “Preferidas o favoritas”. Es por esto mismo que evito una lista puntual. A pesar de ello, el Festival de Lima no deja de manifestar la variedad y el atractivo de poder ver películas que bien traen expectativas o simplemente esperan a una primera mirada. Antes de hacer un repaso a la programación, como para no perder la costumbre, inicio este Balance con un asunto que me parece tiene que cambiar de una vez por todas.

Los percances
Nuevamente la prensa a cargo del Festival (la misma de los últimos años). Para esta edición se me programó dos entrevistas a través de Vértigo (boletín oficial del Festival). Estas nunca se hicieron realidad. La poca organización o interés por confirmar las fechas provocó que en la primera cita nunca llegara el entrevistado.  La segunda entrevista fue dimitida, a petición de la editora de Vértigo, a fin de que me vea envuelto en una situación similar a la primera entrevista.

La sala de prensa, increíblemente, fue desactivada faltando tres días de concluir el Festival. Al parecer la poca convocatoria de la misma motivó a su cierre. Me pregunto, ¿es que acaso no hay consideración al momento de brindar un espacio de prensa? ¿Es que acaso creen que los colegas extranjeros cuentan con una sede de trabajo en Lima? La defensa pueda decir: la poca presencia de la prensa en general hizo que se cerrara el salón de prensa.

Pero, ¿en qué consistía la sala de prensa? Tres laptops (dos de ellas con mala señal de internet) acompañadas de sus respectivas mesas y sillas. Nada más. Lo resto estaba compuesto de muebles o áreas exclusivas para las entrevistas. Es decir, la sala de prensa se compartía con el salón de entrevistas. Son dos espacios distintos. En fin, para el próximo año la sala de prensa será un mito. Ojo, no solo sus auspiciadores son los que difunden las noticias del Festival.

La Competencia Ficción
De la Competencia Oficial Ficción sobresalen películas como Casa grande, La obra del siglo, Ixcanul y Solos (es la única peruana que se ha reseñado dado que no será estrenada comercialmente). En menos proporción está El incendio, Una segundamadre, El abrazo de la serpiente y Carmín tropical. De la Competencia me faltó ver El club.

Los temas: las dos películas brasileras (Una segunda madre y Casa grande) me hace pensar que el cine en dicho país está tomando una consciencia social en referencia a la desigualdad económica que divide a sus habitantes. Esto se asume mediante un idioma cómico y satírico, ánimo que se vio hace unos años en El sonido alrededor, de Klebler Mendonca Filho. Por otro lado, una película como La obra del siglo nos da cuenta que en Cuba está surgiendo un cine que se ha sacudido del convencionalismo social (como ocurre en La pared de las palabras, también seleccionada en Competencia), algo que también se observó hace unos años con Melaza, de Carlos Lechuga, o en la película Venecia, de Enrique Álvarez, incluída en la sección “Múltiples Miradas” de este año.

Las seleccionadas de México coinciden en abordar un realismo sórdido. La violencia, el tráfico de armas o la prostitución, son temas frecuentes al ser parte de la coyuntura en el país norteño, los cuales, por cierto, resuenan en los festivales europeos. Por último, Ixcanul y El abrazo de la serpiente coinciden en la reflexión sobre el imaginario étnico tratado desde su interior. Tanto los personajes que viven en un apartado pueblo de Guatemala como el indio chamánico de la Amazonía colombiana, luchan frente al imaginario citadino al ponerse en duda sus creencias míticas. Por cierto, esto puede ser leído además como la decadencia de una generación, lo que también se manifiesta en la colombiana La tierra y la sombra.

¿Qué criticar de esta sección? Esa necesidad de “democratizar” las miradas. Hay películas que no está mal incluir dentro de la Compentencia, sin embargo, es preciso diferenciar entre lo trascendental y lo trivial. A propósito, dos películas que nos hubiera agradado ver: Vientos de agosto, de Gabriel Mascaro, y Dos disparos, de Martín Rejtman. En la Competencia Oficial Documental, una mención a la uruguaya Tus padres volverán.

Las otras secciones

Acertada la sección “Hecho en el Perú”, que invita a dar una mayor presencia del cine peruano dentro del Festival. Habría que esperar a una sección descentralizada, también necesaria. De “Múltiples miradas”, es curioso ver La vida de alguien, de Ezequiel Acuña, fuera de Competencia. “La vuelta al mundo en 8 días” estuvo conformada por siete películas que se estrenarán (o se estaban estrenando) en cartelera comercial. Eso se llama “salir del paso”. Decepción la selección de la “Semana de la crítica de Cannes”. Faltó ver Degradé, función que en la fecha que programé la cancelaron y decidieron cambiarla por French cancan, de Jean Renoir. Y, a propósito de eso, la sección “Grandes clásicos Franceses renovados” no genera más que gratitudes. “Gira Ambulante” es una sección a valorar. Dos películas a mencionar. El patio de mi casa, de Carlos Hagerman, un documental íntimo sobre los padres del director y la eterna reflexión sobre la vida, la muerte y la memoria. El otro, The visit, la primera película que vi de mi programa y lo mejor (de lejos) que he visto en todo el Festival (no contando con las películas de retrospectivas). Un documental que por cierto pasó desapercibido. Solo tuvo dos funciones. Por último, la gran selección de películas sobre la fílmica de Werner Herzog (gran ausente Grizzly man), y la inclusión de Las últimas conversaciones, filme póstumo de Eduardo Coutinho, que decidí no ver por culpa del cansancio.