La fe cristiana parece dar venia a una relación queer a partir de un “milagro”. No Rest for the Wicked (2026) nos cuenta la historia de amor que surge entre dos pescadores en las retiradas Islas Feroe del siglo XIX. El director Kasper Kalle adapta libremente un relato corto para retratarnos un melodrama dentro de un contexto que refiere a lo gótico. El resultado podría ser calificado como un relato folclórico. Baldur (Egor Venned), un joven pescador que nunca ha abandonado el perímetro de las islas, conoce por incidente a Helge (Pilou Asbaek), un hombre que contrario al protagonista es un aventurero empedernido. Surge un vínculo amoroso que por cosas del destino será tempranamente interrumpido por un hecho trágico. Ese será momento para dar pase a la fantasía, aunque manifiesta de manera particular. Un punto curioso de esta película danesa es que decide promover un hecho profano a partir de una motivación cristiana. A propósito, no dejo de pensar en una secuencia en que los dos hombres, antes de que expresaran su amor, encuentran miradas en una iglesia mientras una homilía habla sobre el amarse los unos a los otros. Ya más adelante, veremos a Baldur, fiel creyente, haciendo una petición, mezcla de rezo y ritual, para alargar su romance. Consecuencia de ello, acontece el milagro, aunque apoyado por las fantasías zombis y vampíricas.
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viernes, 18 de septiembre de 2026
Fantastic Fest 26: No Rest For The Wicked
Ahora,
¿por qué reconocerlo como un relato folclórico? No Rest for the Wicked
si bien está centrada en la historia de Baldur y Helge, hasta cierto punto esta
tragedia/milagro comenzará a proliferarse. Entonces, ya no solo hablamos de un
hecho extraordinario, sino un ciclo que se repite dentro de una comunidad y, en
consecuencia, transita de hecho a conocimiento o vivencia exclusiva de la zona.
Ahora, esto no es suficiente para asegurar su trascendencia. Ya para cuando
Baldur logre obtener esa suerte de consuelo surrealista, quedará expuesto su
secreto amoroso. Kalle en su camino evita los clichés de siempre. En efecto,
estamos tratando con una sociedad que tiene prejuicios hacia la homosexualidad,
pero eso no lo obliga a impulsar un castigo o revuelta homofóbica. En su lugar,
decide imaginarse una manera en que la comunidad pueda sacar algún tipo de
reflexión de todo eso. En No Rest for the Wicked el hecho fantástico en
cuestión perderá su valor terrorífico para luego reconocer en este un valor
humano. Pienso en Drácula, de Bram Stoker (1992); la inmortalidad y el succionamiento
de sangre como sacrificio para reencontrar a una amada perdida. Es por ese
camino que va la película de Kasper Kalle. Vemos a personajes convirtiéndose en
malditos en espera de lograr recuperar el amor perdido, pero de paso el
reconocimiento colectivo. Por tanto, una comunidad no solo gana un nuevo relato
folclórico, sino que también aprende algo nuevo, una lección de amor.
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