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martes, 12 de agosto de 2014

18 Festival de Lima: Gente de bien (Sección Oficial Ficción)

Una de las bondades de la ópera prima del colombiano Franco Lolli tiene que ver con la negación al estereotipo social impuesto, casi canónico, sobre las clases sociales fijadas en un contexto claramente desequilibrado. Gente de bien (2014) narra el desencuentro entre la carencia y la abundancia, siendo esta última la benefactora y complaciente. María Isabel (Alejandra Borrero) es pues la madre de familia que se verá conmovida por el hijo de uno de sus trabajadores, Erick (Brayan Santamaria), un pequeño de diez años, quien será una especie de experimento sobre la alienación. Desde que el niño ha ingresado al hogar de la mujer, este ha comenzado a ser receptor de un estilo de vida totalmente distinto al suyo.
La vestimenta, los tiempos de juegos, el ingreso a la intimidad ajena y confortable, además del trato que recibe como un igual más, van forjando en Erick un nuevo individuo. El pequeño parece ajustarse a la rutina de la clase alta, algo que por ejemplo su padre rechaza tal vez por orgullo o enajenación. Ya más adelante, la fantasía se diluye. Gente de bien expone su posición sobre la división de clases, una que parece estar destinada a siempre estar fragmentada a pesar, en este caso, del paternalismo de la clase alta. La película se resuelve de una forma que da a interpretar una realidad fatalista. Está en la naturaleza de la clase baja convivir con lo trágico.

viernes, 9 de mayo de 2014

V Festival Al Este de Lima: Mi perro Killer y Milagros (Sección Competencia)

En Mi perro Killer (2013) la directora eslovaca Mira Fornay refracta el conflicto gitano desde una perspectiva despiadada, a la vez que intenta congregar la fragmentación de los bloques sociales que caldean ese gesto divisionista dentro de un mismo territorio. Marek (Adam Mihál) es un adolescente que se está integrando a un grupo de cabezas rapadas. Marika (Irena Bendová), madre de Marek, lleva 8 años de haber abandonado a su familia y mudarse junto a una comunidad de gitanos. Mientras tanto, pobladores, señales de advertencia y mensajes nacionalistas anunciados por la televisión, van motivando un entorno agresivo y segregacionista. La realidad en Eslovaquia parece ser clara: la comunidad gitana es la comunidad de los desprotegidos. Hay una incitación a su acoso, lo que parece arrinconar a Marek en un dilema, quien a pesar de tener un fuerte resentimiento con su madre, no posee la voluntad suficiente para arremeter contra esos “otros”. Mi perro Killer es la vacilación de un joven que está decidiendo en dónde ubicarse. Pertenecer al grupo violentista de los “skinhead” o aceptar ese nuevo lazo étnico al que su madre se ha insertado. Un hermano menor gitano será el punto de conflicto en la trama.
Mira Fornay sabe sintetizar los agentes patógenos sociales. La fotografía pálida (casi un sello patentado por el cine de Europa Oriental) otorga la cuota realista y sórdida. El posicionamiento de cámara casi documental. Todo esto genera una atmósfera que sin embargo no provoca la suficiente tensión que debería tener durante las escenas en un restaurant o en un baño público. Milagros (2013), de Juraj Lehotsky, al igual es un filme realista, solo que se encamina más por el drama personal, uno que parece estar muy influenciado en el estilo de los hermanos Dardenne. Ela (Michaela Bendulová) es una adolescente conflictiva. Su estilo de vida deviene del hogar fragmentado al que pertenece. Lleva además una relación amorosa con un dealer incorregible. El transcurso de la trama se construye en base a las metas idealistas que la joven se va imaginando, esto a pesar de la situación en la que está envuelta. El aislamiento contra su voluntad a una correccional de menores es el punto de partida para una serie de trabas que irá teniendo en su camino. Hay por ahí brechas en que posiblemente su suerte cambie, más todo es ilusión. La película provoca curiosidad, muy a pesar no se renueva por sí sola.

viernes, 9 de agosto de 2013

17 Festival de Lima: El verano de los peces voladores (Sección Oficial de Ficción)

Hoy se inicia el Festival de Lima. A partir de hoy posteareamos a diario las críticas de las películas que iremos viendo.

El dueño de una finca al sur de Chile ha decidido ponerle fin a la sobrepoblación de carpas que han comenzado a reproducirse en el lago que bordea a su territorio, especie marina que desde su memoria no hace mucho ha iniciado esta invasión, esto a pesar que un cercano suyo insiste en afirmar que las carpas siempre han estado allí. El verano de los peces voladores (2013), ópera prima ficcional de Marcela Said, es un filme plagado de metáforas e indicios que se resisten a concretar algo que está sobredicho en su mismo ambiente, uno que aflora un estado pesado y denso, pero a la vez celestial. El contexto de la película es graficado por una dicotomía anímica, voluble y agresivamente contradictoria (cuestión que curiosamente no parece preocupar a sus habitantes). Este lugar de descanso revela una naturaleza paradisiaca adornada por árboles y recintos campestres, la que frecuentemente es opacada por una bruma espesa que no deja contemplar, que enceguece.
Said está a un nivel de consciencia sobre el significado que aporta el poder simbólico y sugerente de los indicios que componen sus locaciones para la comprensión de su película. El espacio natural delata un continuo conflicto entre el verdor y lo gris, entre el espacio que florece pero que a la vez consuma y extermina a las especies. Entre el brote de hierba habitan las zonas fangosas, lugares que ponen fin a la vida y que revelan ese lado agreste de lo rural. Se me viene a la mente el filme colombiano de Willian Vega, La sirga (2012), película donde el contexto juega un rol protagónico imprescindible. El área muerta e inhabitada resultaba ser símbolo del conflicto social. Eran pues los rezagos de la violencia. Es bajo similar idioma que El verano de los peces voladores parece comunicarse. La naturaleza voluble es solo el atajo a una historia que alberga sus propios conflictos, los mismos que, de igual forma, parecen tener un “orden natural”.

En las inmediaciones de una cabaña ubicada en las entrañas de un bosque, una familia acomodada pasa sus días de ocio disfrutando de la vida de campo. La pesca, la ruta al sauna, los juegos de mesa o las charlas infatigables con los amigos, son la rutina diaria de estos personajes que disfrutan en medio de las pequeñas rencillas que nunca faltan entre los miembros de esta familia. A Mane (Francisca Walker) le fastidia la obsesión de su padre por exterminar a las carpas “invasoras”. Le molesta también la tensión entre papá y mamá; a veces serenos, en otras peleados. Pero lo que le molesta aún más a Mane es cómo su padre ha comenzado a imponer reglas estrictas para con los pobladores que también habitan dicha naturaleza. Es a partir de esto que el bosque comienza a ser testigo de una confrontación entre los nativos y los foráneos, afrenta que ciertamente es casi silente, a modo de rumor o comentarios escindidos sobre cómo los mapuches están siendo intimidados por ajenos a su comunidad. Se entiende entonces la metáfora del exterminio de carpas.
En Solo el viento (2012), de Bence Fliegauf, se juega también al poder del intimidamiento entre una sociedad que intenta expurgar a una pequeña colonia. Al igual que la película de Said, este filme húngaro manifiesta la tensión en base a su ambiente tétrico, casi neurótico. Es la estrategia de ocultar al enemigo o al mismo enfrentamiento, y en su lugar disponer diálogos que indican que “algo está sucediendo”. El verano de los peces voladores, coindice con los filmes antes citados en disponer “la mirada no adulta” como un punto de observación neutral. Mane, al igual que los protagonistas principales de dichas películas, no está dispuesta de un discurso o ideología previa que la incline a preferir sea a los suyos como a los “otros”. Lo que sí posee Mane es un acto reflexivo. La adolescente es víctima del cuestionamiento, aquello que la va inclinando contra su padre y contra su sociedad. Mane ha sido víctima de un desencanto, tanto amoroso como social.

martes, 1 de mayo de 2012

Terrence Malick Gourmet (2 parte)

Nacidos para matar
Durante el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, dos solados desertores de la armada de los Estados Unidos han decidido exiliarse al interior de una comunidad ajena a su civilización. Un mundo establecido en una isla poblada de una naturaleza virgen, habitada por una tribu oriunda, animales salvajes y una vegetación infinita, el agua vista a medio camino y en todo su horizonte. La delgada línea roja (1997) se inicia en este contexto, teniendo como primera escena la imagen de un cocodrilo que se hunde en medio de unas turbias aguas y seguidamente, la voz en off de uno de estos extranjeros que pronuncia: “¿Qué es esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Por qué la naturaleza lucha consigo misma, la tierra rivaliza con el mar?”. Terrence Malick, luego de casi veinte años, estrena un nuevo filme que retoma la temática del caos. El continúo enfrentamiento entre el bien y el mal, ambos brotando en medio de la naturaleza, habitando alrededor y en cada uno de sus seres. Su inicio no es más que la antesala a la autodestrucción. La actitud depredadora del ser que se hunde por sí mismo, obedeciendo a su naturaleza.

Si bien La delgada línea roja se desenvuelve en gran parte dentro de un enfrentamiento bélico, no es necesario internarse a este para observar el lado cruel de la naturaleza. La introducción sobre estilo de vida inmersa en unas ínsulas no es más que el acercamiento cauto a un mundo que emana la violencia a pesar de su paisaje calmado. Lo que es una tribu habitando en medio de un ambiente apacible, es también una tribu que se enfrenta a las bestias salvajes que merodean por sus casas, la enfermedad maligna que infecta a sus menores hijos, la riña imperdonable entre sus mismos iguales. La sola presencia de los extranjeros, soldados desertores, son para los ojos de los habitantes una señal de peligro. Es la perturbación tanto de los grandes como la intranquilidad de sus infantes, puros, llenos de inocencia, pero que se alejan de la amabilidad de estos soldados porque ya han aprendido que el mundo es violento y a lo extraño es necesario temer. Es así cómo se concibe una guerra. El encuentro entre dos grupos aparentemente distintos luchando por una tranquilidad pasajera. Malick incentiva la idea de que existe una guerra interminable contra los que un día fueron iguales, solo que ahora viven alejados, divididos cada uno en su propio habitad, que no es más que el mismo lugar.

Al igual que en sus anteriores filmes, el director se inclina nuevamente a promover la voz en off, una que en esta ocasión no está sostenida por una sino por muchas voces. La delgada línea roja no posee rigurosamente personajes principales ni secundarios. La película está dividida por una serie de testimonios internos y vivencias de guerra de un grupo de soldados enviados a la isla de Guadalcanal para romper la línea de un frente japonés. Terrence Malick mediante esta situación, crea diversos casos de vida. Entre estas la historia de un veterano militar intentando ser reconocido por sus años de servicio, los deseos de un soldado por sobrevivir a la guerra y reencontrarse con su esposa, un sargento de apariencia dura que ha encontrado en este conflicto su lado sensible, el debate moral de un capitán que no está dispuesto a poner en línea de fuego a su compañía, el mismo soldado que desertó para alejarse de ese mundo cruel y violento. Son distintas condiciones que se promueven con la finalidad de retratar puntos de vista sobre cómo el hombre asume esta realidad, una en la que todos coinciden en que es un proceso de autodestrucción del que no tendrán escape, sea en la guerra o en algún otro lugar después de esta.

Es en esta ocasión que la voz en off, a diferencia de los anteriores filmes de Malick, no tiene una necesidad de divagar frente a los sucesos que ocurren. Por el contrario, el monólogo interior de los combatientes posee un comportamiento realista, retórico y reflexivo; algo inconcebible en un contexto de rutina donde la vida mediocre impera y te abstrae de la realidad. El propósito de La delgada línea roja es manifestar cómo algo tan real, como es la guerra, llama a la meditación, al cuestionamiento sobre el ser y las cosas, el propósito y el desenlace de toda la existencia. Atrás se queda como único discurso la multiplicidad de imágenes sugerentes, estas interpretadas como marcas mortales que aguardan al castigo a manos de su propia naturaleza. Los personajes de Malick de los setenta eran seres que vivían con un desinterés arraigado, libres de conciencia o sensibilidad ante la proximidad de un juicio que es fin del ciclo de la vida. Cuando se trata de morir no existe elección, y esto recién se concientiza en este último filme. Películas como Full metal jacket (1987) o el mismo Salvando al soldado Ryan (1997), manifiestan a su propia manera el horror de la guerra, uno que se muestra siempre agresivo y violento, es la encarnación del rostro malvado del ser humano. En la batalla de Terrence Malick, sin embargo, no existe el soldado valiente o el más aguerrido. En lugar de esto existen los dolores de barriga, el miedo, el cuerpo tembloroso, comportamientos que la misma conciencia los ha invitado a manifestarse.

Gran parte de los filmes de corte bélico se interesan en recrear con total crudeza el drama estupefacto, la manifestación de la carne vive, el desangramiento letal o el fuego que perfora los cuerpos. La delgada línea roja, en su lugar, censura por un momento los cuerpos destruidos por la afrenta y se enfoca en el patetismo de los rostros, tanto de las víctimas como de los testigos. Terrence Malick se aleja de la imagen grotesca para acercarse a una contemplación más emocional, una que no deja de ser cruel ni objetiva. Hay una además necesidad por querer poner en evidencia de que, más allá del cruel final que nos espera gracias a esa naturaleza inmutable, sigue existiendo ese ánimo dual. No hay mal sin bien, y viceversa. Esa mirada del testigo, una conmovida por el cuadro de horror que se posa frente a sus ojos, no es nada más que el lado benigno del ser, fruto de la autocrítica, que a pesar de continuar con su “misión manipuladora”, no dejan de inquietarse y entristecerse ante la mirada convaleciente, tanto del amigo como del enemigo. Cuando se trata de la muerte no existe el juicio antagónico. Cuando se trata de la muerte no existe la mirada de desprecio. En lugar de esto hay gestos de fraternidad. La certeza de que si bien la guerra insensibiliza, también provoca lo contrario. En perspectiva, todos los filmes sobre guerra son en cierto grado anti-bélicos, siendo unos discursos más críticos que los otros. La delgada línea roja es de una crítica severa.

El “mismo” mundo
La invocación final de un soldado en La delgada línea roja (1997), es la introducción que la nativa Pocahontas (Q’orianka Kilcher) hace en El nuevo mundo (2005). El llamado a un ente intangible, la proclamación de “ver” lo que los ojos humanos no pueden percibir y solo el alma es capaz de observar. El conocer es conocerse, liberarse del cuestionamiento, de la ansiedad del vivir o morir. Si en los anteriores filmes de Terrence Malick éramos testigos del comportamiento autodestructivo que nacía de la propia naturaleza, en esta última película se observa el lado benefactor de las cosas. La búsqueda incesante por aclarar el ánimo sentimental y bienaventurado que la naturaleza rinde. El cuestionamiento es dónde encontrarlo, dónde se cobija ese bienestar que purifica los ánimos y nos eleva a los inicios de la creación, el propósito del ser. La vida que le toca recorrer a Pocahontas es el encuentro a la respuesta, una que hace brotar heridas a medio camino, pero que sigue alimentando, fortalece, esa necesidad de hallar lo que pocos logran descubrir.

Terrence Malick se aproxima a lo que es un filme de tema ligero, pero que no deja ese lado reflexivo, a veces filosófico, manteniendo además el relato plano, libre de una acción continua, propio de los instantes en que la naturaleza resplandece pictóricamente o los personajes meditan respecto a su emociones. El nuevo mundo es esencialmente una película emocional porque el amor es uno de sus temas centrales. Es la historia de Pocahontas, sobre su encuentro y enamoramiento con el colonizador John Smith (Colin Farrell), el destierro de su tribu y su posterior matrimonio con John Rolfe (Christian Bale). Malick, a propósito del amor, comenta sobre el conflicto interno que enfrenta a los sentimientos con los deberes o ambiciones. En primera parte, Pocahontas, siendo hija predilecta del líder de su clan, se debate entre su amor fiel hacia Smith y los lazos inquebrantables con su comunidad que se reduce al poder patriarcal de su líder y padre. Asimismo, Smith divaga entre amar a Pocahontas y quedarse para siempre en tierra firme o continuar nuevas rutas como un colonizador.

El razonamiento de ambos personajes difiere a partir de sus mismos cánones sociales y culturales. El encuentro entre colonizadores ingleses y los habitantes oriundos de Virginia, es a principio la presentación amistosa entre extranjeros y naturales. Existe lo que es un respeto el uno del otro debido a que los nativos desconocen que el asentamiento de los recién llegados se prolongará de manera indeterminada. Smith, quien tendrá que hacer una expedición en busca del líder de esa comunidad, será el único que “reconocerá” a estos individuos. Es el proceso de naturalización, uno que es temporal debido a que la civilización de Smith es irreparable, la misma que carga defectos, adjetivos negativos, palabras que no existen dentro del conocimiento nativo. Actitudes que Smith intentará imponer a sus compatriotas luego de su regreso al fuerte inglés, pero que será en vano. El mismo comportamiento de Smith cambia en el corto tiempo que ha estado alejado de su amada, a quien por cierto ama, pero niega por ser consciente de ser parte de un estilo de vida distinto al de ella, uno donde germina el odio de manera agresiva. Es a través de esto que se debate el conflicto interno de Smith: preguntarse asimismo si es él o podrá ser lo que ella desea. A comienzo lo que es una aspiración, luego se convierte en una actitud inconcebible. Amar es abandonar su propósito, el colonizar a nombre de su propia comunidad, algo que también se reduce a la imagen patriarcal, en esta caso la de un rey.

En La delgada línea ya se venía prediciendo esa necesidad del director Terrence Malick por albergarse a las vivencias de las comunidades exóticas, aparentemente libres de los prejuicios y otros pensamientos fronterizos propios de la civilización. Lo cierto es que esta misma humanidad está sostenida de igual manera por la naturaleza, una agresiva, siempre expuesta al peligro oriundo o foráneo. Es de la misma forma que la comunidad de Pocahontas se desenvuelve, una que reacciona cuando se trata de invadir un territorio posesionado, que asesina si es necesario, que prefiere prever antes de que el invasor dé el primer paso. El nuevo mundo, a pesar de esto, es la mirada atenta al lado piadoso de la naturaleza. Antes de ser ultimado Smith, Pocahontas pide a su padre que no suceda, pues observa en el extraño un lado bueno. El bien y el mal conviven en una misma naturaleza, y esto se reconoce en el semblante benigno de la nativa, quien a su vez observa lo mismo en la imagen del inglés. Pocahontas, de igual forma que Smith, se pregunta continuamente sobre su verdadera identidad, uno que a diferencia del extranjero, no es más que la necesidad de conocer el bien que habita en su alrededor. Dónde encontrarlo, en dónde se halla. La historia de amor entre estos dos personajes es el camino de experimentación para Pocahontas. La búsqueda de lo desconocido, algo que ella está dispuesta a seguir hurgando a pesar de los acontecimientos, muy a diferencia de Smith, quien en lugar de buscar lo irreconocible, se da por fatigado, dispuesto a continuar un rumbo que no desea abandonar.

Terrence Malick, de la misma manera que en sus otros filmes, sigue el mismo discurso que envuelve a toda la existencia en un todo. El hombre y la naturaleza son el mismo reflejo, la misma identidad, pesimista y a la vez utópica, que se autodestruye, pero que también se cobija a sí misma. Pocahontas, a pesar de la advertencia de Smith, ofrece provisiones a los soldados ingleses azotados por el invierno. Más tarde, estos mismos atacarán a la tribu que los asistió, pero adoptaran con grandes beneficios a la más tarde desterrada nativa. El nuevo mundo, además del descubrimiento de las nuevas tierras, es el descubrimiento de lo intangible. Aquello que Pocahontas, benefactora, luego civilizada y criada como una inglesa, ha buscado en el largo de su camino. Las oraciones y prédicas a un ser intangible que llama “madre”, es la naturaleza misma, los árboles, las aguas, todos los seres vivos, los que la han engendrado y ahora cuidan. Su antigua comunidad protectora y luego el cuidado de la corona inglesa que se reduce a John Rolfe, su esposo, y su hijo. La meta final no es nada más que el amor, esto hallado en la felicidad que le provee su nueva familia, la respuesta de un largo aprendizaje que Pocahontas logró hallar. Es después de esto que ocurre la liberación de los miedos, uno que no se cuestiona y que incluso no teme a la muerte.

domingo, 7 de agosto de 2011

15 Festival de Lima: Sección Competencia de Ficción: Jean Gentil


Jean Remy ha viajado de Haití a República Dominicana en busca de trabajo. Sus habilidades son las contables, pero también se desenvuelve como profesor. Además de su lengua aborigen, él sabe francés, inglés y español. Es un creyente fervoroso de Dios y nunca ha tenido un encuentro sexual. Jean Remy es un extranjero en un lugar donde tiene las de perder. No tiene familia ni amigos ni alguna evidencia de vida.
Jean Gentil (2010), codirigida por Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, es la historia sobre un incomprendido en busca de fe, una que no necesariamente se sostiene de una divinidad, sino de sí mismo. Jean es un sujeto a la medida de una realidad distinta a la que encontró en República Dominicana. La búsqueda de trabajo de pronto es el reconocimiento de un mundo al que no está conforme y se resiste a acostumbrarse. La marginación y los prejuicios si bien están en el aire, Jean no es víctima de ninguno de ellos. Los personajes que va encontrando en su lugar irán invitándolo a que ingrese a la cotidianidad de su nuevo contexto, sea recibiendo un empleo como constructor o teniendo una cita sexual a su disposición, actitudes que el protagonista siempre rechaza.
Jean es un sujeto que se niega a conocer ese mundo esperando más bien ser reconocido. Hay una fe acérrima a sí mismo. Su carta de presentación es casi siempre su saludo formal: “se hablar inglés, francés y español”, dice. La urbanidad sin embargo es una realidad arraigada a todo este territorio, incluso en el espacio natural, a punto de convertirse en un sembrío de edificios y otras construcciones. Jean Gentil posee una nitidez real en sus imágenes casi a manera de un documental. Las desventuras de Jean pasan a ser un testimonio sobre la inmigración y la resistencia a ser parte de.

sábado, 6 de marzo de 2010

PREMIOS OSCAR 2010: Precious


Precious es una joven negra de dieciséis años. Ella tiene una hija con síndrome de down, fruto de una violación de parte de su padre. Precious espera un segundo hijo, también de su padre. Preciuos vive en un hostil apartamento junto con su desalmada madre. Precious es agredida física y psicológicamente a diario por su progenitora. Precious es analfabeta. En viceversa; Precious es miembro de un coro en la iglesia. Precious es una cantante de pop. Precious es una famosa actriz que vive una vida glamorosa. Ella tiene un novio bien parecido. Precious posa para las fotos. Precious está aprendiendo a escribir. Precious está escribiendo una novela.


Precious: Based on the novel Push by Sapphire es un drama aclimatado en un mundo crudo y realista, pero también de esperanza y ensoñación. Precious es una joven que ha sido golpeada por la vida desde muy menor, es por eso que su comportamiento pesimista respecto a un mundo que continuamente la ha agredido es más que natural. Muy a pesar, Precious íntimamente guarda un brote de bienestar dentro de sí: intentar imaginarse dentro de un mundo perfecto, muy diferente al suyo, aquel que le haga olvidar su realidad misma. La imaginación de Precious es un escape de la realidad que aprovecha para lograr sostenerse dentro de este. La verdadera vida de Precious no tiene algún significado positivo. Su vida está reducida a la maldad que le rodea y no duda en reprenderla. Este filme es una prueba de vida, sobre cómo una tragedia puede ser el medio para huir de esta y renacer. Rehacer la vida de Precious luego de toda una pila de situaciones desafortunadas, es toda una hazaña. La esperanza que ha comienzo fue imaginaria, luego se materializa en el segundo hijo en espera. Su nacimiento son las fuerzas que empujan e incentivan a Precious a sobresalir. La educación asume un rol importante dentro de este cambio de pensamiento. El poder de la letra –que es el transmitir ideas sin necesidad de hablar –es representativo dentro de la vida de Precious. Su vida fue la de estar dentro de una burbuja, sin comunicación hacia algún otro individuo. Alfabetizarse es dar u otorgar opinión a Precious, es otorgarle una identidad a través de su escritura. La lluvia de ideas que ella va tomando apuntes en una agenda es la construcción de su propia persona. Sin querer la narración de su cotidiano da paso a las metas o propósitos de una mujer que nunca había tenido derecho alguno frente a su persona. Precious a través de la comunicación escrita va tomando nuevos valores que van influyendo en su autoestima. La presencia de una profesora o asistente social son agentes externos que ayudan a la construcción de Precious, pero no tan fundamentales como su transcripción de ideas.

Uno de los distintivos dentro de esta cinta es la ausencia de las figuras masculinas. Existen en realidad dos personajes masculinos, más estos son estereotipos del género. La presencia del enfermero sexy y la del novio ficticio de Precious son irrealidades que la joven provoca o atrae. La verdadera figura del hombre está representada en la figura del padre, una imagen borrosa, presente y ausente a su vez, aquella que provocó los sucesos trágicos pero que nunca respondió a ellos. La imagen del padre universalmente es representada como el que vela por el primogénito, aquel que le otorga identidad a aquel, por lo tanto Precious sería una desprotegida social y que además no tiene identidad. Más adelante, cuando Precious ya ha aprendido a defenderse de las agresiones y ha terminado de crearse una nueva imagen y una identidad, aparecerá la figura de la madre anunciando el fallecimiento del padre. La muerte del padre simbolizaría la caída de esa universalidad, sobre que la figura del padre es el único elemento que todo individuo necesita para ser alguien.

martes, 2 de marzo de 2010

PREMIOS OSCAR 2010: Distrito 9


Se ha cumplido veinte años desde que una nave alienígena ha varado en los aires de la ciudad de Johannesburg, en Sudáfrica. Desde entonces una masa memorable de alienígenas se ha instalado en un espacio del territorio africano conviviendo así con la raza humana, aunque siempre cercados en un espacio limitado donde han creado una tierra de nadie, compartiendo su cotidianeidad junto con grupos de traficantes sudafricanos, adaptándose a su mercado negro y a sus deplorables nuevas costumbres. En el Distrito 9 la tierra es hostil y caótica. Rodeados por basurales e inundados por la naturaleza delincuencial; una vida de vagabundos.




Distrito 9, opera prima de Neill Blomkamp, relata una historia de ficción, pero además, muy realista. Muy pocas veces en el cine se ha visto desde esta perspectiva una invasión alienígena. Durante su historia, las invasiones de los huéspedes extraterrestres a la Tierra siempre habían implicado un choque armado preguntándose qué raza era la superior. Siempre sus encuentros era el de expectorar a los recién llegados, aquellos que tenían como usual propósito el conquistar el planeta Tierra. En Distrito 9 la trama es diferente, pues hablamos de alienígenas que llegaron al planeta azul sin un interés de colonizarlo, sino por pura fortuna. A diferencia de las otras tramas sci-fi, esta vez la reacción de la raza humana es diferente. En lugar de que existiera un estado de pánico existe más bien un estado de inconformidad, de malestar. La naturaleza del hombre siempre ha estado arraigada a ser dueño de un espacio natural-físico específico. El hombre se determina por su territorio, y es así como se explica el razonamiento de la raza humana en Distrito 9. Lo que le incomoda a la nación no es el hecho de convivir junto con seres monstruosos que puedan matar sus hombres, comer a sus hijos o raptar a sus mujeres; lo que se expresa en la humanidad es el reclamo de territorio. Blomkamp plantea en este film el proyecto de segregación que a inicios del siglo XX se había intentado promover; el apartheid. La diferencia entre el humano y el extraterrestre en este mundo es correspondiente a la dicotomía de centralidad y periferia respecto a la diferencia de razas. Los extraterrestres pasan a ser los individuos más inferiores dentro del planeta tierra, pasan a la marginalidad, pasan a ser bañados por una serie de sobrenombres y prejuicios que los van desprestigiando aún más. Y como toda nación, siempre hay un centro dentro del centro mismo, y esa es la MNU (Multinational United) aquella que se encarga de expandir toda una red mediática que avale la inferioridad de los ajenos. Lo que se vende: planificar a las criaturas extraterrestres; lo que se realiza: la desocupación a la fuerza de la masa extraterrestre a espacios apartados de la urbanidad para dar a cabo sus proyectos personales. La MNU además de ser una organización que protege la integridad tanto humana como la extraterrestre, es además una de las corporaciones de armas más prolíficas del mundo. De aquí viene el discurso de los intereses; aprovechar los espacios apartados para hacer experimentos de armas con los alienígenas.




Distrito 9 desarrolla así una problemática realista fijado en los prototipos raciales, políticos, económicos y corporativos. Es además un adentramiento hacia lo incomprendido e inalcanzable. Wikus van de Merwe (Sharlto Copley) es el encargado de la evacuación del Distrito 9. Wikus paradójicamente pasa a ser parte del otro, esto mediante una metamorfosis; la única forma y medio en que el humano sepa reconocer y comprender a su huésped extraterrestre. Este proceso de “alienigización” resulta ser un proceso de “humanización”, donde el individuo aún humano, pero también extraterrestre, comienza a tener una nueva perspectiva de los sucesos. Es así como la metamorfosis de Wikus lo convierte de un día a otro en el cazador cazado, pasar de pronto a la periferia muy a pesar que todavía tiene un aspecto humano. El ser híbrido o neutral llega a ser de pronto un ser solitario, pero que irónicamente es acogido por el extraterrestre al que un día juzgo y persiguió; Christopher. La mutación es una alegoría perturbadora, que cambia las ideologías al convivir en primer grado con las culturas subalternas. Finalmente el hombre se convirtió en extraterrestre y comenzó a ser más humano.




Distrito 9, especialmente en sus primeros veinte minutos, es un filme que trae consigo un discurso más que sugerente; es perturbador por ser muy realista. La rebeldía de los salvajes no se compara con la inhumanidad del hombre. El visor documentalizado está programado como un medio neutral, dejando siempre espacios de opinión para los que están en contra y los que no, frente a esta raza diferente a la humana, cómo dejando a que el espectador cree sus propios juicios, cómo dejando en tela de juicio que pueda haber la probabilidad que el hombre un día este en su contra y a favor del otro.