domingo, 2 de febrero de 2020

Netflix: Diamantes en bruto

Con esta nueva película, los hermanos Ben y Joshua Safdie parecen ir afirmando un estilo particular en su filmografía. Así como en Good Time (2017), en su último filme el ritmo con que se desarrolla la trama es galopante e imparable, al punto incluso de que no cede a su protagonista más que un par de respiros. ¿Simple momento de tregua o acaso una argucia para crear una falsa expectativa de que la situación de su personaje no es tan mala después de todo? Diamantes en bruto (2019) sigue los pasos de Howard (Adam Sandler), propietario de una joyería, una lujosa casa ubicada en una acaudalada zona en New York, además de un departamento en el corazón de esa misma ciudad. Su vida pintaría de maravillas de no ser por una serie de errores inspirados por su instinto. De inmediato, nos enteramos de un lío por deudas que el hombre se ha ganado. Básicamente, la película es él jugando sus cartas, ganando y, nuevamente, retornando al punto de inicio.
Los Safdie crean a un personaje fascinante. Tiene ese carisma que me recuerda a alguno de los perdedores del universo Scorsese. Tiene una mezcla de simpatía, lengua larga (tirando para pleitista) y que lo hecha a perder en grande cuando no debe. Ahí está el Robert De Niro de Mean Streets (1973) o el entrañable Morris de Goodfellas (1990). Howard parece ser cría de esa logia. Su primera aparición es él en una camilla. Es un estado de fragilidad que luego se diluye con su personalidad fresca, espontánea, cortés a su estilo, parece un jefe de jefes, pero luego lo ponen “en su lugar” de una.  A eso se reduce el derrotero de este personaje: todo va sobre ruedas, pero aparecen los peros. Howard es un fabricante de “peros”, movimientos imprevistos que son el espíritu del drama. Todo triunfo leve o grande que le sobreviene a este hombre es fugaz. Es un individuo codicioso al nivel de un corredor de bolsa. Howard es un apostador empedernido, y su vida, en efecto, es un juego, siempre pendiente a su suerte o al azar.
Ahora, lo curioso es que hay algo en su seguridad, en esa actitud que nada tiene que ver con los conceptos de un emprendedor o fanático del karma, que nos hace creer que está a salvo. Exceptuando por una escena, Howard es inquebrantable para los momentos críticos. Lo acosan, lo amenazan, lo golpean, lo humillan, y, a pesar, no observamos a un personaje víctima de la frustración, la ansiedad o el pánico. Es tan seguro de sí. O, sometidos a la lógica del filme, es como si ese diamante en bruto que adquirió de un lugar remoto tuviese una magia, esa que imagina ver el basquetbolista Kevin Garnett, interpretándose a sí mismo. La suerte no le da la espalda a Howard y, tal parece, él cree eso. No hay mucha diferencia entre el joyero y el atleta. Ambos son apostadores, suman puntos y luego lo cambian por más, lo arriesgan y sin calcular las consecuencias. El estilo de vida de los dos es vertiginoso, sometidos a un cronómetro que no se detiene, y deben de hacer lo suyo para seguir estando dentro del juego. Diamantes en bruto (2019) confirma a los Safdie como directores a seguir, y Adam Sandler tiene la mejor actuación de su carrera porque hace lo que no pudo hacer en gran medida en Punch Drunk Love (2002), dejar de ser Adam Sandler.

jueves, 30 de enero de 2020

IFFR 2020: Cenote

Permítanme la comparación. Los primeros momentos en la profundidad de los cenotes en Yucatán es lo que me imagino vislumbran los Na’vi cada que hacen una conexión con Eywa, esa divinidad terrenal que encierra toda la cosmovisión de dicha raza, la que incluye además información confidencial y premonitoria que solo puede ser comprendida por los que la rezan. Y es que luego del prefacio, todo el surtido visual y sonoro de Cenote (2019) de inmediato se asocia al imaginario del contexto. La directora Oda Kaori, a fin de introducirnos a las leyendas y testimonios que se remontan desde la época prehispánica hasta el presente, se inclina por el terreno de la abstracción para desarrollar su documental. Es a partir del terreno de lo indeterminado que el espectador va reconociendo lo que es propiamente intangible, difícil de ser asimilado desde una composición objetiva o teórica.
Es a propósito de esa abstracción que Cenote me recuerda también al exquisito documental Leviathan (2012). Al igual que el filme de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel, la película de Kaori es un ejercicio de la estimulación sensorial que crea un discurso independiente al discurso primario. Uno se encamina a descubrir la rutina de pescadores, el otro a revelar el lado misterioso de un vestigio histórico, pero al margen son también películas que encuentran sentido bajo un valor puramente expresivo. Cenote por momentos descubre destellos de la filmografía de Stan Brakhage. La textura de lo inanimado librado de un contenido narrativo gesta por sí solo una experiencia estética. Ahora, lo cierto también es que existe un momento de estancamiento en este filme. A medida que avanza, Cenote va devaluando ligeramente ese atractivo, y no por lo reiterativo, sino porque no logra repetir el alto grado de surrealismo de las escenas iniciales, que incluían las voces en off, seguramente nadadores de paso, pero que dentro del campo visual parecían esquematizar ese “más allá”.

Puedes ver la película por Festival Scope en este link: http://bit.ly/38MTKn2

martes, 28 de enero de 2020

Mujercitas

Es a propósito de un debate (interior) de Jo (Saoirse Ronan) que se descubre el rasgo más interesante de la última película de Greta Gerwig. Mujercitas (2019) hace balance entre la comedia y el drama. Es la mirada entre el pasado y el presente, el soñar y la resignación, la ingenuidad y la madurez. La historia no narra el proceso de aprendizaje de un grupo de niñas, sino hace comparación entre las temporalidades, presta atención a los cambios y la resistencia de sus personajes a preservar ciertos encantos que resulta difícil sobrellevar en una vida adulta. En un presente, las mujeres siguen teniendo los mismos conceptos, incluyendo las fantasías, que tenían de niñas; sin embargo, la realidad se las pone complicada. La Guerra Civil ha terminado, y con ello la etapa romántica ha cumplido su tiempo de vida. ¿O no?
En esa escena crucial, que además sirve para desarrollar la personalidad de Jo, se pone en manifiesto dicha incógnita: ¿ceder al compromiso o insistir al deseo de independencia? Es decir, ¿ceder al romanticismo o un nuevo cambio? Jo afirma su postura, pero no deja de poner en evidencia eso que le está embargando. ¿Es que acaso ha traicionado su propia naturaleza? ¿Jo, al igual que todas sus hermanas, ha decidido a resignarse? Ahora, ¿es que es resignación o simple consenso? Escenas más adelante, Jo negocia su novela. Nuevamente, el mismo debate se germina. Finalmente, vemos a la escritora llegando a un acuerdo. No es un gesto de resignación, es un indicio de afincar una idea –la de Jo– en medio de un imaginario contrario. Mujercitas es romántica de inicio a fin, pero dentro de ese universo ficcional, un cambio se avecina.

lunes, 27 de enero de 2020

IFFR 2020: Tierra adentro

El documental de Mauro Colombo nos introduce a un espacio boscoso. Los primeros indicios argumentales nos remontan a temas convencionales, incidencias o conflictos que corresponden al ámbito rural y a la coyuntura mundial. Lo cierto es que a medida que transita el filme, ninguno de estos se profundiza. Tierra adentro (2019) se va construyendo en base a un desfiladero de breves historias, testimonios mínimos dentro de una selva en específica. De pronto, el Tapón de Darién, cruce entre el territorio de Panamá y Colombia, parece ser el centro del mundo y centro además de una serie de situaciones, disputas, imaginarios y necesidades que incluso parecen invocar al terreno ajeno a esa ruralidad. Es como si este espacio se convirtiera en el punto de encuentro de la humanidad y que de paso es un entorno que parece orientarnos a una aproximación del concepto o naturaleza de la humanidad misma.
Inmigrantes, militares, una misionera, un apóstata que se convirtió en chamán, un zoólogo, un historiador, y así otros personajes manifestando un breve alegato aparentemente distinto a su anterior van definiendo una lectura universal estimulada por el propio entorno. Y es que si estos individuos y sus búsquedas se desenvolviesen en otro ámbito, definitivamente provocarían un significado distinto y hasta trivial. El Tapón de Darién se convierte en un espacio simbólico, que no solo da pautas de la realidad actual de la humanidad, sino que además nos da cuenta de los vestigios que dejó este. Es un espacio que, curiosamente, ha querido –y quiere ser– depredado o conquistado por la mano humana, pero es más bien el entorno el que ha persuadido o incluso empujado al mismo humano a renovar hasta sus conceptos más fuertes. Tierra adentro es un documental sobre la condensación de naturaleza humana, siempre explorando, modernizándose, asaltando territorios, aunque nunca pleno dominador de la naturaleza, en donde apenas se atreve a transitar.

Puedes ver la película por Festival Scope en este link: http://bit.ly/2O5DxBt

1917

La nueva película de Sam Mendes tiene momentos imponentes. Son las escenas en que la acción y el drama se combinan, instantes en que la cámara se obliga a correr estrepitosamente sin perder completamente la estabilidad, al menos lo necesario como para descubrir la coherencia que surge entre el ritmo cardíaco de los personajes y el panorama caótico del campo de batalla. Son en esos instantes en que el plano secuencia encuentra el mejor sentido de su naturaleza: combinar la fuerza dramática con la habilidad de un montajista. Es un modo de registro complejo que implica un alto riesgo. Son muchos elementos y pautas, y todos deben de cumplir una misma sincronía. Es un baile en el que cualquier paso en falso desmoronaría la iniciativa. Técnicamente, 1917 (2019) es un logrado desfile de planos secuencias que aparentan ser una única toma.
Argumentalmente, la última película de Mendes se queda corta. La historia se alinea al tópico de “rescate” en terreno bélico. Los dramas o motivaciones de los protagonistas no son ajenos a lo que el género ya antes ha manifestado: cumplir con una misión, disuadirse por lo personal o el simple deseo de no morir. La película no posee muchas opciones para estimular las expectativas argumentales, e incluso parece escatimar el desarrollo de eventualidades o intromisión de otros personajes. 1917 es un filme de sobrevivencia. Es decir, son los protagonistas resistiendo, siempre en movimiento y hacia una misma dirección. Lo único que cambia son los terrenos y extras que no tienen más meta que el de hacer pausa o ser puntos de tránsito o descanso. Sam Mendes no se empeña en desarrollar más personajes o dramas complementarios. Todo se concentra en las pruebas de riesgo que les espera a los protagonistas, que no es más que la definición de la espectacularidad de su montaje. A eso se reduce su filme.

viernes, 24 de enero de 2020

IFFR 2020: Bird Island

Hasta el 23 de febrero, la plataforma de Festival Scope habilita una selección de películas presentándose en el Festival de Rotterdam. Pueden acceder a las películas por 4 cada o 2 por adquirir cinco películas o más.

Es a partir del estilo de narración por el que opta este relato que podemos anticiparnos hacia el propósito sensible del mismo y la naturaleza del propio protagonista. Bird Island (2019) narra la historia de un refugio de aves que de paso se convierte en refugio para el personaje principal de este documental –que no deja de privarse de una pauta ficcional–. Antonin nos cuenta su llegada a este hábitat, sus funciones, sobre los otros colaboradores, pero también nos introduce a sus pensamientos, la evolución de su estado emocional, el significado, en principio, inapetente y después trascendental de este su primer trabajo que tiene luego de una larga etapa de postración. No nos queda duda que estamos tratando con un personaje frágil, y lo cierto es que esa misma fragilidad está estimulada en el modo en que se registra su oralidad. La narración en Bird Island tiene el carácter y la intencionalidad de un diario. Las palabras de Antonin no solo es un seguimiento a su rutina, sino también es una suerte de confesionario.
Si nos remontamos siglos atrás, a la línea de la tradición de la literatura francesa, el diario hace escala de los cambios o evolución, sea positiva o negativa, de los personajes. Por su lado, en Diario de un cura rural (1951), el diario se interpreta como una suerte de puerta a la conciencia del que la escribe. Es el sacerdote declarando sus “tentaciones”. Dicho esto, la narración en primera persona del protagonista de Bird Island, que nos remonta a una lectura de diario, cumple una doble función: el de línea de aprendizaje y de efecto de depuración. En el transcurso de la película, vemos a Antonin percibiendo los valores del oficio, habituándose, comprometiéndose, aunque no dejando de expectorar esos momentos en que su tranquilidad se agita, pero sin dramatismo. Anecdótico es el instante en que la narración se corta para representar una recaída del personaje. Los directores Sergio Da Costa y Maya Kosa tienen mucha sensibilidad para retratar lo dramático sin drama, como la formidable escena en que una cámara térmica atestigua la evanescencia de una vida. Es la muerte vista desde un filtro impasible. Es una nueva lección para Antonin.

Puedes ver la película por Festival Scope en este link: http://bit.ly/2RLKicT

jueves, 23 de enero de 2020

10 MyFrenchFilmFestival: Les confins du monde

La película de Guillaume Nicloux se inspira en la canónica Apocalypse Now (1979). En su historia también hay una búsqueda desesperada, obsesión que de paso es un preámbulo hacia lo demencial; pura esencia sintomática del enfrentamiento bélico. Los confines del mundo (2018) centra su atención en Robert (Gaspard Ulliel), un soldado francés confinado en la selva de Indochina durante la Segunda Guerra, único sobreviviente de una masacre que tendrá como única motivación el dar con uno de los que condujo dicha matanza. Nicloux no tiene complejos en mostrar una violencia gráfica. Es la guerra tal cual, sin pensamientos románticos o decoro, y eso incluye a los argumentos melodramáticos, los que interfieren en la historia de este hombre tocado por la venganza. Robert conoce a Mai (Lang Khe Tran) y con ello se abre un nuevo conflicto en la trama. Este, sin embargo, no es un aditivo que persuade su principal motivación, sino más bien es un complemento. De pronto, esa relación amorosa áspera, por momentos agresiva, resulta ser una proyección del estado desequilibrado del joven soldado. El amor, ese sentimiento que bloquearía cualquier estado adverso, luce impotente ante la realidad postraumática. En efecto, Los confines del mundo revelará una historia de amor, pero esta no deja de ser caótica. Es la guerra.
Puedes ver la película online de forma gratuita en este link: http://bit.ly/2urjsP4