sábado, 19 de septiembre de 2026

Fantastic Fest 26: Princesa burro

Lúdica, excéntrica y por momentos bizarra adaptación libre al cuento “Piel de asno”, de Charles Perrault. En una comunidad antigua, un rey prohíbe el amor al denominarlo una enfermedad. Su hija, la princesa, se enamorará de un súbdito y con ello inicia un melodrama que expondrá a esta protagonista a los viajes por multiversos que combinan la realidad, la ciencia ficción y la estética acartonada del serie B. Princesa burro (2026), lo nuevo de Joaquín Cociña y Cristóbal León, reconfirma la personalidad y creatividad única de estos directores de culto. Luego de Los hiperbóreos (2024), los autores acortan ligeramente su representación como animadores para inclinarse más al montaje teatral que de paso se transmuta pasando por la puesta tradicional al uso de pantallas verdes. La princesa Diana (Antonia Giesen), gracias a una joya mágica, podrá escapar de la privación de su dictador padre, pero para ello deberá despegarse de su lugar y tiempo, lo que implica soltar sus privilegios y rutinas. Siguiendo la promesa del brazalete, quien use de esa prenda tendrá la oportunidad de amar, muy a pesar, tendrá que vivir otra vida, cambiar de piel. La pregunta es: ¿la joven podrá vivir del amor? Así como en su referente original, esta película aguarda una moraleja.

Princesa burro es una experiencia gratificante tanto visual como narrativa. Sin gestar una alegoría codificada como sí lo fue hasta cierto punto Los hiperbóreos, Cociña y León nos proponen un tour a realidades que nos serán familiares. Si en el cuento de Perrault la protagonista experimentará la pobreza, que sería la antípoda a su anterior vida como mujer rica, en este retrato fílmico veremos a la protagonista experimentado las tantas variantes de su antípoda. Diana saltará de la fantasía o eventualidad histórica a un escenario realista o presente. Varias de estas mudanzas temporales que vivirá la princesa hacen una descripción a qué poco romántico es nuestra realidad. En tanto, el vivir una historia de amor bajo esas condiciones lo hará poco atractivo. Pero hay más. Princesa burro no solo es una alegoría a un sujeto siendo persuadida a abandonar el territorio del pensamiento romántico, sino que además es una alegoría de qué tan ingenioso y tramposo es el autoritarismo. Desde cierta perspectiva, Joaquín Cociña y Cristóbal León nos cuentan la historia de una princesa que es una súbdita más de un rey egoísta. Aquí vemos a un paternalismo traicionando a los suyos a tal punto en que el destino de todos está en manos del monarca y, obviamente, su plan está acondicionado a su bienestar propio. Que no te engañe, esta película de los chilenos es tan política, terrorífica y vergonzosa como su anterior.

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