Un repaso al cine y la constante ejecución de un lavado de cerebro, especialmente desde los platós de Hollywood, el cual persuade a reconocer a la mujer como un objeto sexualizado. Brainwashed: Sex-Camera-Power (2022) hace un primer plano a la conferencia dictada por Nina Menkes, una de las paladines del cine feminista, titulada “Sex and Power: The Visual Language of Oppression” y dictada hace unos años atrás en el Festival de Cannes, y que a su vez se inspira en la teoría de la “mirada masculina” (male gaze) difundida por Laura Mulvey, crucial crítica de cine, ya insinuada desde su artículo “Visual Pleasure and Narrative Cinema” publicado a principios de los 70. En síntesis, Mulvey y Menkes están de acuerdo de que la industria del cine ajusta su lenguaje cinematográfico para beneplácito de la mirada masculina. Es decir; la luz, el movimiento de cámara (o la ilusión), los planos y demás recursos técnicos se ponen de acuerdo para prefabricar a una mujer vista como objeto. En tanto; el hombre se convierte en el único sujeto del escenario y, en consecuencia, es él quien “consume” y goza del objeto o la mujer. La alusión a una ideología patriarcal es obvia. El cine está hecho para los hombres, y las mujeres son una mera carnada a la que además de sexualizarla se le asedia con una serie de convenciones.
martes, 29 de marzo de 2022
CPH:DOX 2022: Brainwashed: Sex-Camera-Power (Highlights)
martes, 3 de noviembre de 2020
La reivindicación: aclaraciones y defensas a la crítica de cine (Parte 2)
Continuación de una recolección de temas asociados a la crítica de cine aludidos en el seminario organizado por el festival Transcinema.
Existe
un prejuicio ante el “yo” en el escrito. En relación a la crítica de cine, creo
que esto deriva al hecho de que la palabra del crítico o la crítica dominada
por el yo –su opinión o perspectiva, que de hecho ya está explícita desde la
primera palabra– se la interpreta como un acto de egolatría, un indicio por
negar lo resto o ajeno a lo mencionado. El yo, para algunos, es equivalente a
un “yo tengo la razón, lo resto no cuenta”. Volviendo al sentido de que la
palabra del crítico o crítica de cine no es absoluta, sino una evaluación (en
teoría) consecuente y especializada sobre una película, entonces descartaría un
deseo por derribar el resto de lecturas. El yo solo es un uso que evidencia lo
que es evidente: un escrito está escrito por un yo. Aprovecho a mencionar que
una crítica sustentada no es la que exige citar a teóricos o lustros artistas
vinculados al cine o al tema en cuestión. En mi perspectiva, respeto más una
crítica sostenida por el yo a la sostenida por “según Talcito”. La crítica no
tiene que ser un ámbito de promoción autoral o para presumir (esto último es mi
prejuicio).
“No existes” o vivir en nuestra burbuja
Creo
que un caso insólito, aunque ya conocido cuando se trata de armar mesas
académicas, es el de conversar sobre un tema y no invitar a los que hacen
referencia al mismo. Es lo que sucedió en la última mesa del seminario en
cuestión. En efecto, el título de la mesa peruana no hacía referencia al
crítico o crítica de cine, sin embargo, los ponentes hablaron sobre la crítica
de cine en el Perú, a pesar de que ninguno la ejerce. Cosa que no está mal.
Todos estamos en un mismo territorio y está bien saber qué opinan unos de
otros, por mucho que sean ajenos al oficio en específico. No se cuenta los
antecedentes o tentativas de un ejercicio crítico. Esto por una simple razón.
La crítica de cine en el Perú fue una muy distinta hace diez años atrás. Por
otro lado, las pretensiones de ejercer la crítica de cine, no nos otorgan la
claridad de conocer qué es la crítica de cine o cuál es su panorama, en este
caso, en el Perú. Sin embargo, nuevamente, es una perspectiva y la crítica de
cine misma debe prestar atención a estas, dado que conocerlas es saber cuáles
son las posibles falencias que arrastra en el ejercicio de su oficio. Dicho
esto, no está bien que la crítica de cine viva en su propia burbuja. De cuando
en cuando, tenemos que despegar nuestra vista de nuestros textos o ejercicios
críticos para saber cómo es que el público en general está respondiendo a lo
que (se presupone) es nuestro aporte a la comunidad académica. ¿Estamos
haciendo bien nuestra labor? Tal parece que no, o al menos no lo suficiente.
Nos hace falta visibilizarnos, los críticos y críticas digo. Es evidente que
Mónica Delgado ya lo logró, porque fue el único nombre que se mencionó en la
mesa. Por lo resto, un poco más, para los ponentes la crítica de cine en el
Perú no existe. No existen los Bedoya, los Hablemos de cine, Ventana
Indiscreta, Fotograma Gourmet, el mismo resto de Desistfilm. Existen sí Cesar
Vallejo y otros poetas peruanos en modo crítico de cine. ¿Críticos de cine ellos?
Un rotundo no. Para cuando termine esta Pandemia, pueden pasar a la biblioteca
del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar. Ahí podrán leer todas
las “críticas” de los escritores peruanos. Entonces, hasta cierto punto, todos
opinamos o ejercemos desde nuestra burbuja. La crítica de cine tiene que salir
de esta. La zona de confort no es más que una limitación de las aptitudes, un
boicot a lo que es nuestra motivación, la pasión por el cine y la labor de
interpretarlo.
No hablas de las películas que me interesan
Una
respuesta infalible cuando te preguntan “¿Por qué no has visto tal película? ¿Acaso
no eres crítico de cine?” Es que el crítico o la crítica de cine no está en la
exigencia de ver todas las películas que se difunden de norte a sur. Es
dependiendo de su compromiso, curiosidad o tiempo si ve tal o cual película. Suscribo
lo comentado por John Campos: la crítica, en efecto, es un gesto que preserva y
ayuda a visibilizar una película –estamos hablando de críticas y no de
redacciones destinadas a decir “me gusta” o “no me gusta”; ya comenté sobre
ello–. Pero qué pasa cuando un crítico no valora lo que un programador sí. Es
no tiene por qué generar un civil wars.
Nuevamente, la mirada del crítico es apenas una perspectiva. Este no tiene la
misión de decir qué película debe trascender y cuál debe ser descartada. Lo
suyo, en principio, es el juicio estético y discursivo. Así que si el crítico o
crítica, a su perspectiva, no ve en una película una oportunidad para hacer un
ejercicio crítico, pues no hay razón para forzar una mirada crítica. A esto se
suma el caso de si decide ver una película o no. También tendrá sus razones o
motivaciones. Hay tantas películas por ver, muchas solo se emiten una vez y de
ahí desaparecen del mapa, otras hacen su gira y luego de ahí no sabes más de
estas, y no siempre la crítica llega al momento de su programación. Entonces,
la falta de críticas de tal película no es tanto por la permanencia de una
crítica de cine que se cierra, discrimina o devalúa a una línea fílmica. Ahora,
de que existen círculos de críticos que se cierran a un tipo de cine,
definitivamente sí.
Crítica tradicional y…espera, ¿a qué llamamos
crítica tradicional?
Personalmente,
lo tradicional me deriva a ver cine en pantalla grande y escribiendo para
periódicos. Lo primero, especialmente ahora, es algo tirado de los pelos. Es
perderse tantas películas que no tienen estrenos sea por vías comerciales o
festivales, desde los más visibles hasta los underground. Sobre lo segundo, no veo conflicto. Cada uno se mueve
en la plataforma que mejor se siente. Ahora, es un estilo de ejercicio crítico;
no lo comparto, pero definitivamente prefiero más críticos tradicionales a pseudocríticos.
Es seguro que la denominación “crítica tradicional” hace referencia a otras
formas de ejercer la crítica –o la cinefilia–, y es natural en una época de la
segmentación.
Los cercos en el terreno crítico
Un
comentario emergió de lo absurdo que se percibían las segmentaciones que
Netflix fijaba en su buscador de películas, segmentación más acelerada a la que
me parece inauguraron las páginas pornográficas. La segmentación es un síntoma
del consumismo, el dirigir un producto ideal o a la medida de un consumidor
específico. Es como los cereales que encuentras en un supermercado: los hay
dulces, muy dulces, los cancerígenos y más cancerígenos; etc. Los catálogos
fílmicos tienen esa estructuración. Pregunto: ¿cuántos cinéfilos miran de todo?
Es decir; de todo: distintos géneros, épocas, idiomas, Marvel y Pedro Costa.
Existen, pero son pocos, pues la mayoría también tiene sus filtros recurrentes
o fetiches, además de su lista negra de un tipo de cine que prefieren no ver,
sea por un acto justificado (desde su postura) o por puro prejuicio. Así como
los cereales, los cinéfilos eligen ver las películas que más les gustas. Sucede
que un sector de la crítica también tiene sus segmentaciones, y esa
segmentación no está lejos de las motivaciones de un cinéfilo o un consumidor
de películas promedio. Es a propósito de esto que se levantan unos muros dentro
de la crítica. Es todo un lío a veces armar una mesa sobre un tema en
específico y juntar a críticos y críticas que estén familiarizados o
actualizados con ese tema en cuestión. Esto se debe a que estamos en una época
en que la moda de la segmentación ha alcanzado y limitado el panorama fílmico
de los críticos. Aquí no se trata de “eres snob”
o “eres mainstream” porque miras esto
u otro. Aquí se trata de que hay evidencia de una crítica que restringe su
panorama fílmico, lo que a su vez limita su conocimiento crítico y, por ende,
fragmenta a la comunidad crítica: “Ustedes van a las funciones de prensa,
nosotros a los festivales de cine”. Y sucede que a veces esta limitación
responde a la postura política del crítico o crítica. Ya retomaré eso más
adelante.
Otra barrera: reseña y artículos
¿La
crítica sabe de extensiones? Definitivamente, no. Aquí deviene otro prejuicio
sobre lo que una mayoría (mal) entiende por crítica. Sucede que gran parte de
la pseudocrítica reconoce en las reseñas como el punto inicial para “practicar”
la crítica de cine. Entonces, un grupo de lectores lee la producción de estos
aventureros y se da cuenta que es pura charlatanería. Este desencuentro genera
frases como “¿quién entiende a los críticos?”, “los críticos solo te cuentan
las películas”, “las críticas solo saben poner estrellitas a las películas”.
Por otro lado, están también los lectores poco exigentes. Los que les gusta
cómo reseña o “critica” esa pseudocrítica. En conclusión, ambos grupos han
reconocido al pseudocrítico o pseudocrítica como crítico o crítica de cine.
Todo mal. Esto no solo ha desprestigiado a la crítica de cine, sino también a
la modalidad de reseñar. Por favor; Caimán, Cahiers du Cinema, Film Comment,
todos tienen su sección de reseñas, casi siempre al final. Entonces, la
pregunta sería: ¿cuánto de crítico tiene una reseña o un artículo? La extensión
no hace al crítico, así como tampoco el tiempo que le inviertes a un escrito.
Hay muy buenas reseñas que salen en un par de días, así como muy malos
artículos que se crean en meses.
¿Y el compromiso social?
Algo
fascinante del seminario promovido por el festival Transcinema es que las voces
se percibieron claramente distintas a pesar de que la mayoría de los convocados
pertenecemos a una misma región. Desde la mesa de Bolivia resonaba la idea de
una sociedad emancipada del neoliberalismo; en tanto, en la mesa chilena se
habló del estallido social reflejado en el cine –un apasionante debate
pendiente es sobre la diferencia entre registros o ficciones, a propósito de la
marea de películas producidas en ya casi un año que captaron el escenario
efervescente de la sociedad revelándose contra el Gobierno–. Se podría decir
que el feminismo es el único tema que está en la agenda de todos. Lo curioso es
que, al menos desde las mesas, se ha escuchado más de compromisos que de
acciones concretas en donde el feminismo se milita desde la crítica de cine.
Esta forma de militancia siempre me ha resultado atractiva. El aula crítica
puede ser también un escenario de militancia, un espacio que forma a nuevos
militantes de cualquier compromiso social. Ya está sucediendo. En Perú, un
evento sobre crítica desde una mirada feminista se ha difundido. Desde Chile me
han llegado más eventos de esa línea. No hace mucho Final Girls Chile, un
festival que se dedica a difundir a directoras de cine fantástico y de terror,
dispuso de forma gratuita una masterclass sobre la representación del monstruo femenino
en el cine de terror. Un eco lo produjo Lina Durán junto a otras invitadas,
desde la producción del festival peruano Insólito. Ahora, regreso al panorama
fílmico de la crítica de cine y cómo las posturas políticas orientan y hasta
restringen ese panorama. Siguiendo el caso del feminismo, la producción actual
de películas sobre universos femeninos emancipados del patriarcado está
creciendo cada vez más. Retrato de una
mujer en llamas (2019), de Céline Sciamma, o la muy interesante Mamá, mamá, mamá (2020), de Sol
Berruezo, son apenas un par de ejemplos. Son películas instructivas que
dialogan con el pasado y el presente de la mujer deslindada de la masculinidad,
respectivamente. Pero sucede que la atención apunta más a lo que se está
produciendo y no a lo que se produjo, y a mi parecer ese gesto está fugando una
importante instrucción. Algo que valoré mucho de la ponencia “Féminas y
furias”, de Valeria Villegas, es que partió desde una introspectiva hacia un
cine en blanco y negro para encontrar las respuestas del porqué lo femenino es
un antagónico en las películas de terror más actuales. La crítica precisa de un
retrovisor, y uno muy amplio. Otra vez, limitarnos a ver cierto cine, limita
nuestro conocimiento crítico. Muchos cuestionan a los Premios de la Academia –y
me incluyo–; sin embargo, fue gracias a un Oscar honorífico ofrecido a Lina
Wertmuller que me enteré de la existencia de esta directora y hace unos días
recién pude ver algo de ella; Mimi,
metalúrgico herido en su honor (1972), una muy divertida película que hace
sátira sobre cómo el feminismo y el comunismo se convierten en utopías dentro
de un escenario hipócrita que siempre retorna a sus “tradiciones”. Y así hay
tantas películas que nos instruyen sobre ese y otros compromisos sociales
incluso desde un discurso caduco. Porque las falencias también instruyen.
Una escuela de crítica de cine y la preservación
fílmica
Dos
temas muy importantes que deben de convertirse en agenda urgente, al menos en
este territorio. Sobre una educación crítica, se habla mucho de lo autodidacta.
A mí me resultó. No solo es un acto de compromiso, sino también de pasión. Lo
cierto es que no deja de ser también una escuela un tanto deformada producto de
la proliferación de difusores que solo se dedican a desprestigiar a la crítica
de cine mediante prácticas que no tienen nada de crítico. Dicho esto, un modo
de ejercer crítica es también impartiendo una educación sobre el lenguaje del
cine. Más cursos de interpretación y menos de apreciación. Lo segundo se puede
estimular desde listas de películas recomendadas o hasta el mismo Netflix.
Cuántos habrán comenzado a apreciar el cine luego de un mes de amanecidas
frente a esa plataforma. El hecho es que ninguna plataforma te enseña a
diferenciar entre el encuadre y un plano. Lo otro que urge atender es el tema
de la preservación fílmica. El Perú es el único país que no tiene una
cinemateca, un espacio que rescate a las películas en celuloide y las reconozca
como patrimonio cultural. ¿Cómo convencer a los legisladores de eso? ¿De qué
forma la crítica de cine puede colaborar en esa cruzada que ya está en mano de
algunas asociaciones de cine? Una forma es que la crítica de cine se comprometa
a concientizar al público sobre el estado de olvido en que se encuentran muchas
películas peruanas.
Palabras finales
En
serio, estoy cansado. Ahora solo tengo cabeza de continuar preparando un
próximo curso de cine. Esa es la palabra final: sigamos haciendo crítica.
lunes, 2 de noviembre de 2020
La reivindicación: aclaraciones y defensas a la crítica de cine (Parte 1)
NOTA: Lo siguiente no solo interesa a los críticos, sino también a cualquiera que en algún momento husmeó una crítica de cine.
Lo
que a continuación escribo, es básicamente una recolección de los puntos que
más me estimularon a reflexionar y que conciernen a la crítica de cine. Tómese
lo siguiente como mi oportunidad para también pensar en voz alta sobre los
temas en cuestión; y digo “pensar en voz alta” porque –y esto fue la cuota
atractiva del seminario– por mucho que varios de los ponentes prepararon un
esquema, gran parte de las exposiciones se quedaron a mitad de camino o se
fueron por la tangente al atender a las sugerencias o cuestionamientos del
público, de su compañero de mesa o incluso de sí mismos. Es decir; las
exposiciones transitaron del monólogo al circuito dialéctico. Las preguntas
fueron cruciales para eso, las que venían del chat o los propios invitados; desbaratándose
así el plan y montándose un esquema improvisado que no dejo de ser ricamente
académico. Ahora, ¿esto qué implicó? Muchos comentarios “sinceros”, no
premeditados, contradicciones e incluso malinterpretaciones. Es posible que
muchos dijeron algo que en un escrito lo hubieran dicho más bonito o mejor
sustentado, pero esas son las reglas del juego y el encanto del terreno de la
oralidad. Es un espacio en donde todos estamos en desventaja, expuestos al
balbuceo, a la frustración del “cómo decirlo” o “no sé si se me entendió”. Es además
mitad consciencia e inconsciencia. En cierto punto de las exposiciones, los
ponentes ya no eran personas sometidas a un programa, sino a la espontaneidad,
obligados a ser sinceros, pero siempre con derecho a la réplica. Caso el de los
espectadores, la situación era limitada. Es por eso que ahora me otorgo el
derecho a cederme la palabra, y aunque tengo la ventaja de la palabra escrita,
haré mi esfuerzo por no hacer trampa. También quiero pensar en voz alta,
escribir de corrido y apenas retrocediendo por inercia.
La crítica: autocrítica, resistencia o cinismo
Muy
pocas veces se da la oportunidad en que un crítico –de cualquier materia que
sea– sea crítico de su oficio y, más aún, sobre cómo lo imparte. El crítico, y
posiblemente todo sujeto académico, tiene algo de ego. El hecho de que
construyamos discursos en base a nuestras posturas, edifican algo así como un
monumento de nuestras creencias. Pueda que por eso es difícil ser autocríticos,
y cuando lo somos, se nos activa una suerte de autodefensa, un acto de
convencernos o de convencer a los demás que lo que hacemos tiene sentido o está
bien. Entonces, esto sugiere tres caminos: nos corregimos, nos convencemos (o
reforzamos) de nuestro propio discurso, o actuamos con cinismo. Esto último
sería un acto de fracaso. Todo espacio de conversación al final debe llevarnos
a cualquier camino menos al de decir “hago esto, pero bueno, es lo que es”. Si cuestionamos
ciertas normativas de la crítica de cine, es porque hay un deseo de modificar
esa realidad, así que el camino es ponerse manos a la obra para cambiarlo,
empezando desde nosotros.
¿Son palabras o grafitis lo que escribes?
Uno
de los problemas que reconocía para cuando me inicié en la crítica de cine es
entender hasta qué punto el lenguaje que utilizábamos merecía un esmero
literario, a propósito que leía ciertas críticas que no entendía del todo, que
repasaba una y otra vez para poder dar con el mensaje –durante el seminario, un
colega mexicano prácticamente citó misma experiencia– . En paralelo, estaban
los seguidores de ese crítico o crítica que mencionaban “qué lindo escribes”,
cuando yo solo veía un derroche de verborrea. Era un esfuerzo por apropiarse
del lenguaje, mas no de la fuente en cuestión; porque, en efecto, muchos de
esos escritos eran cero interpretación. Esos casos, desde mi posición de lector,
me eran frustrantes; a pesar de que por aquel entonces era un alumno de
Literatura –o sea, convivía con ese tipo de discurso–. No dejaba de reconocer
una pared en el escrito, una incógnita que me dejaba débil. ¿Habrán resuelto
esos acertijos esos lectores que le dedicaban felicitaciones a los textos de
tal crítico o crítica? Lo más seguro es
que muchos no entendían lo que decía, pero les gustaba cómo escribían; “qué
lindo escribes”. Era como cuando descubrí
Eraserhead (1977), de David
Lynch, y me decía: “qué profundo, no entiendo nada, pero qué profundo”. Estaba
en nivel Homero Simpson. Ahora, muchos hemos aprendido a decodificar a Lynch,
pero ¿alguien se ha preocupado por decodificar esos textos críticos? No, y
nadie lo hará, porque nadie hace críticas sobre el estilo literario de las
críticas. Y si sucede, creo yo, no es jurisdicción de la crítica, quien más
bien tiene un compromiso académico con la interpretación fílmica. La crítica es
interpretación, y después si quieres te pones a jugar con las palabras, pero
siempre con consciencia, con medida, siempre pensando quién está al otro lado
del texto.
El egoísmo académico y un clasismo inconsciente
Por
tanto, lo académico no tiene por qué ser complejo. De acuerdo, muchos usan un
lenguaje “elaborado” porque leen mucho a J. Hoberman o a Adrián Martín: somos
lo que leemos o escribimos lo que leemos (a veces con conciencia y en otras
no). Es un terreno y hay que respetarlo. Sin embargo, se convierte en un
problema cuando el contenido no tiene sentido o no sabe explicarse, cuando hay
inconsistencias, agujeros negros. Una seña es la saturación de adjetivos
calificativos, que en muchos casos no es más que un reflejo de que no sabemos
explicarnos; ese es un balbuceo escrito. Está “floreando” (peruanismo para decir
que está palabreando). Pero no menos negligente es el que sabe y domina los
conceptos y no lo explica, sea por desidia o egoísmo académico. Claro, hay
territorios de la crítica de cine en donde se espera el consumo de un lector
arduo. Ya, pero, ¿es así como queremos perpetuar a la crítica? ¿Qué sea una voz
limitada para cierto sector? Genial, seamos democráticos, visibilicemos lo
invisible, la crítica ahora piensa desde el feminismo, los estudios culturales,
etc. Es preciso practicarlo. Lo pendiente es también concientizar que a veces
la crítica es clasista, pues piensa únicamente para el lector universitario de
Humanidades. ¿Qué hay del resto? Entonces, ¿cómo así podemos cuestionar a una
sociedad que carece de curiosidad frente a la crítica de cine? ¿Es que acaso es
así porque la crítica de cine a veces construye una barrera académica? Por tanto,
si mencionas algo, hay que explicarlo al menos brevemente. Por ejemplo, si
mencionas colonialismo, escribe “qué es el colonialismo”. Sí, toma tiempo,
pero, vamos, si uno sabe lo que es colonialismo, no tiene por qué tener miedo a
definirlo en pocas palabras o usando ejemplos.
Escribir desde un canon o la camisa de fuerza
Todo
académico tiene una postura y, en consecuencia, tiene sus padres. La crítica de
cine tiene varios, y según la línea que uno sigue. Bazín, Ebert, Moullet,
Quintín, Farocki. En fin, aquí también hay democracia. Ahora, sin ánimo de
hacer una igualdad entre creación literaria y crítica de cine, pienso en las
clases de Literatura, las que hacían apuntes sobre los primeros pasos de un escritor.
Al inicio escribes cómo el autor que admiras. Esto también implica incluso
apropiarse de sus temas. Ya después de un tiempo de ejercicio, el escritor
encuentra su propio camino. Creo que la crítica de cine también precisa de una
emancipación de nuestros padres/madres o mentores. El seguir remitiéndonos a
esos pasajes o modos de escribir del mentor –por muy bonitos, consecuentes o
inspiradores que suenen– no hacen más que someternos, esclavizar nuestros
textos, pensar “según” lo que escribiría tal, o según cómo escribiría tal. Me
aventuro a pensar; si existieran menos críticos o críticas que antes de
escribir se sacudieran de su fantasma o mentor, tal vez se hablaría menos de
ese trauma llamado “la hoja en blanco”.
La crítica y sus espectadores
Me
imagino el ejercicio crítico como el ejercicio de un aula llena. Tras la
disertación, a veces pueden surgirse preguntas, discrepancias, debates, como
también un silencio absoluto de parte del público, pero no como signo de
aceptación o desinterés, sino porque a veces es difícil para el público
compartir sus ideas. El hecho es que siempre habrá evidencia de una dialéctica,
ya sea exteriorizada o interiorizada. Ahora, toda crítica merece un espectador,
como todo espectador espera de la crítica un ejercicio crítico. Entonces, es
por eso que me resulta a veces un tanto poco creíble saber que existe una
crítica que en algún momento no se ha tentado a pensar a quién va dirigido sus
textos. Digo, es como las películas. Para qué hacer películas que no serán
difundidas. Lo mismo pasa con la crítica. Ya sea un producto creativo o
crítico, son conocimientos, perspectivas que están destinadas a llegar a un
receptor que, a fin de cuentas, evaluará según sus propios conceptos el
mensaje. Lo ideal es que todo termine en una respuesta del receptor, pero, como
ya mencioné, no siempre esta respuesta se exterioriza. Quiero suponer que eso
no detendrá al crítico o realizador a seguir impartiendo su pasión.
La crítica versus los autoproclamados
Estamos
en una época en que las películas de Woody Allen tienen mucho sentido. Es como
si los pseudocríticos se multiplicaran como los gremlins, y estamos en
temporada de lluvia. Y bueno, ya que se supone que estoy pensando en voz alta,
creo que resultará algo terapéutico mencionar que los/las odio. Es que son tan
buenos marketeándose. Es como si ellos tuvieran una etiqueta bien diseñada, mientras
que la crítica (que quede claro que solo existe una crítica; nada de medias
tintas) va desnuda. Pero este odio no se trata de “¿por qué yo no tengo más
likes o más seguidores?”. Esto es importante. Cuando la crítica se publica, se
aplaude. Si algunos críticos son más leídos que otros, no importa. Lo
importante es que la crítica ha ganado. Un aporte más para la interpretación
del cine. Pero muchos de esos a quienes el espectador reconoce –esto es lo
fatal – como críticos o críticas no son más que los mismos espectadores o
cinéfilos, en casos, de buena escritura, de habilidad para generar tráfico, con
muchos amigos o seguidores y tiempo para crear notas, videos y podcast con un
contenido que es remedo de lo que uno bien pudiera encontrar a la vista de las
redes sociales o páginas webs, que se dan la licencia para decir qué película
es buena o mala, y se llenan su boca de adjetivos para sustentar sus ideas,
cuando no tienen la más mínima idea que eso no es competencia de la crítica.
Las estrellitas y los spoilers
No
nos dejemos engañar. El hecho que las editoriales de los medios de comunicación
inventaron las estrellitas que encabezan a las críticas de cine, no significa
que el crítico sea un predestinado a decir qué película merece la orca o la
inmortalidad. Eso es solo un juego. Algo así como cuando le pides a un crítico
una lista de películas. Es algo opcional; si no está, no pasa nada. Siskel and Ebert era un estupendo
programa de crítica de cine en donde dos críticos estadounidenses iniciaban sus
programas diciendo: “Me gusta” o “No me gusta”, y derivados. Luego de eso, se
la pasaban peleando –no casi siempre– diciendo por qué. Era un debate en vivo
de dos personas con gustos diferentes sustentando sus ideas. Era la televisión.
No había terreno para florear. Sus sustentos eran críticos y ninguno balbuceaba.
Al final, nuevamente, renovaban sus posturas frente a la película en cuestión:
le subían o le bajaban el pulgar. Ese es un consenso entre la crítica y la
recomendación fílmica. Claro que es posible una crítica que opte por la
puntuación. Ahora, ¿en serio creen que el rating de Siskel y Ebert hubiera bajado si anulaban ese accesorio del pulgar
arriba o abajo? No. El público los veía por el debate feroz que a veces
suscitaba; el ejercicio crítico. La crítica no son las estrellitas, así como
tampoco ponerse a contar la historia de la película. Vamos. Existen videos que
te resumen las películas con memes y la pasan bien. Ahora, si te gusta que te
la resuman con un lenguaje poético –apelando a esos redactores que mencionaba
más arriba–, esa es otra cosa. Pero, ¿dónde está la crítica? Escenario distinto
son los artículos, tesis e investigaciones que precisan extractos o hacen
sinopsis de las películas con el fin de reactivar la memoria o contextualizar
al lector que no ha visto una película que será analizada con severidad y
puntualidad en las hojas siguientes. En ese terreno, los spoilers son
necesarios. En otro territorio, si tratamos de una (video)reseña y el contar la
historia de la película domina en tu texto, puedes llamarte como gustes, pero
menos crítico o crítica.
Entonces, ¿qué es un crítico de cine?
Es
el que interpreta una película, sea desde un plano estético o discursivo, y
reconoce y sabe explicar el lenguaje y las expresiones del cine. Si lo escribes
para una revista o en boletos del autobús, no importa. Puedes ser crítico de
cine desde la plataforma del podcast hasta en una edición impresa de colección.
No se confunda interpretación con apreciación. Mi papá aprecia las películas de
Jean Claude Van Damme, pero crítico de cine no es. Crítico o crítica no es “yo
sé más sobre cine o he visto más cine que el resto”. No. La humanidad se ha
pasado toda una vida mirando las pinturas rupestres y no por eso las entiende.
Ahora, como todo acto de interpretación, todo acto crítico es un ejercicio
subjetivo, por tanto, no es una palabra absoluta. La voz del crítico no es ley,
es apenas una aproximación hacia una película. ¿Se entiende entonces por qué no
tiene sentido que el crítico o la crítica mencione en su texto si le gustó o no
la película o si es buena o si es mala? Tomen en cuenta un testimonio y
confesión universal. Varios críticos afirman que las películas que un día
odiaron, días, meses o hasta años después la amaron; y viceversa. Y no estamos
hablando de un gesto de seguir a un líder o la reformación de un canon fílmico,
sino el de un juicio puramente personal. Eso también “debería” de definir a un
crítico o crítica. En un mundo ideal, no está pendiente de los cánones, sino de
su propia sensibilidad.



