lunes, 26 de diciembre de 2016

La luz entre los océanos

Los esposos Tom (Michael Fassbender) e Isabel (Alicia Vikander) viven retirados en una isla en donde el primero es guardián de un faro. Luego de ser tocados por una tragedia, ambos abrazarán la oportunidad de rezurcir sus vidas al enfrentar un ajeno incidente. La luz entre los océanos (2016) es un drama que se construye en base a eventos fortuitos y de una casualidad cuestionable. Ese el principal problema de la película dirigida por Derek Cianfrance, quien pasa por alto aquellos cabos asumiendo el dramatismo pueda enmendarlos en su tránsito. Todo, sin embargo, no deja de lucir falso. Lo poco que podría apreciarse, en referencia a su inicio de melodrama de época engranado al drama doméstico que desplaza la atmósfera sentimental por la emocional, se diluye ante demasiada dependencia de un dramatismo cursi y predecible. No hay incluso actuación que salve a esta película.

jueves, 8 de diciembre de 2016

4to Festival Transcinema: The alchemist cookbook

Desde sus primeros cortos, Joel Potrykus hacía gráfico sombrío de personajes asociados con los tugurios de la ciudad. Las drogas, en tanto, siempre fueron “estimulantes” de dicha perversión, mezcla de locura y espanto, pero que también provocan un peculiar humor, obviamente, ennegrecido. The alchemist cookbook (2016) es lo menos logrado del director, tal vez culpa de esa necesidad por agudizar aún más ese lado siniestro de su cine. Aquí el protagonista es un químico que comienza experimentar con la magia negra en medio de un retirado bosque. Potrykus, nuevamente, apela a un individuo autosubordinado de la sociedad, dominado además por la codicia. Así como en Buzzard (2014), las parias parecen hacerse por sí solas; desterrándose del resto, dopándose y acudiendo a prácticas o rituales que atentan contra la normativa social.
Lo que decepciona de este filme es que las prácticas de este alquimista vaticinan con antelación lo que suponemos acontecerá. Algo que no tiene que ver con sus fármaco-alucinaciones ronda por los árboles. Está claro que habrá un punto de quiebre en la sanidad mental de este personaje. Lo que posiblemente quede como curiosidad es la manifestación de ese antagónico, aparición que se aplaza, así como la demencia del protagonista. The alchemist cookbook no logra retribuir esta espera por ningún lado.

4to Festival Transcinema: Wake (Subic)

A diferencia de un manual histórico, John Gianvito emprende con las consecuencias y luego aborda los antecedentes. Wake (2016) inicia con un clamor ambiental, a propósito del estado desolado contemplado en un extremo del territorio insular filipino. Si bien la presencia de las bases militares estadounidenses ha estado ausente desde 1991, fecha en que el Senado filipino exigió su retiro de la zona, los rezagos de esa larga estadía siguen recalcitrantes. La contaminación y residuos, producto de los químicos expuestos por la armamentística nuclear reservada en las bases navales, está propagada por la isla, convirtiendo el entorno y la población en los grandes damnificados. Gianvito va extendiendo este panorama doliente en donde el compromiso con la ecología es primario. Los testimonios de autoridades ambientales, defensores privados y el de los agraviados van coincidiendo su protesta en contra de la inasistencia por parte de EEUU. En paralelo, no deja de reproducirse fotografías que evocan a una eventualidad pretérita.
Wake es un abordaje incisivo sobre cómo la Historia responde a una eventualidad actual. Gianvito contempla lo coetáneo para después ponerse a rebuscar en el pasado. ¿Cuál fue el origen de todo? El director se remonta a 1898, año en que Filipinas declaró su independencia ante los colonizadores españoles, no sabiendo que meses después EEUU reclamará derechos dentro del territorio asiático tras derrotar a España, quien mediante un tratado cedió partes de sus tierras colonizadas al ganador. ¿Qué surgió después de esto? La ocupación inmediata de EEUU a Filipinas, la resistencia de los independizados, la guerra filipino estadounidense, una masacre de un número indeterminado de milicias filipinas (incluido civiles). Filipinas pasó de ser colonia de España a ser colonia de EEUU, país que inicialmente emprendió dicho conflicto en defensa de la liberación de países no independientes (tales como Cuba o Puerto Rico, que también fueron colonias españolas y luego pasaron a ser anexos de EEUU).

Ante lo sustentado, el documental de Gianvito no está lejos de perfilarse a las motivaciones de un director como Michael Moore, al emprender una investigación que pone en evidencia las verdaderas intenciones de las normativas expansionistas de EEUU. Las políticas pacifistas de hoy son tan similares a las expediciones colonialistas del ayer. Lo de Gianvito, en tanto, se mueve desde una lectura y un cuestionamiento sobre lo histórico. Su idioma, en contradicción con Moore, no apela a la sátira. Su filme más bien se estimula mediante un factor humanitario. Su proyección de la pobreza y la enfermedad, la cual ha deformado físicamente a toda una generación, no se inclina a lo abyecto, sino a la estimación por una contienda trágica que día a día enfrentan madres y padres, además de los voluntarios en busca de una reparación humana y una sanación de la ecología.
Cercana a su conclusión, Wake, a propósito de su indagación histórica y el reconocimiento de un antagónico que luce omnipresente hasta el día de hoy, evalúa el perímetro de la memoria. ¿Existe una consciencia histórica en la ciudadanía filipina? ¿Cómo luchar por algo del que no eres consciente? Son cuestiones que surgen y que acuden a respuestas desmoralizantes. Aunque actualmente independiente, la memoria histórica de una gran porción del país de Filipinas aún parece estar colonizada. La herencia de un colonizado sumiso es ese otro residuo que ha dejado el colonizador luego de su abandono físico, y lo peor es que, según el Epílogo, la Historia, al ser la fuente inmediata de reflexión social-nacional, a veces puede ser insidiosa, pues no siempre es la versión “oficial” al haber estado también expuesta a los tiempos del ultraje y la manipulación. John Gianvito con Wake realiza un compendio histórico en donde se observa esa polaridad del perfil humano, infame y solidario, y la polaridad de la propia Historia, veraz y ocasionalmente embustera.

4to Festival Transcinema: Masabu

Artículo publicado originalmente en Cinencuentro:

Las primeras secuencias en Masabu (2016) son de profunda desorientación. Su director Carlos Benvenuto mezcla imágenes caseras y registros ajenos con la intención de inducir en el espectador y de paso introducirlo a lo que conforma su universo, aquello que es parte de su realidad y aquello que es la esencia y el material de sus filias y fantasías. Es uno de estos escenarios, sin embargo, que terminará siendo excluido en el transcurso para con ello ceder la rienda absoluta al otro. Benvenuto prosigue a lo largo con su dialéctica de secuencias dispersas, solo que cada vez más enfocado a su fascinación por la cultura asiática, la gran motivación de este filme que dispone metrajes, tanto públicos como amateur, que reflejan o calcan los hábitos consumistas de una sociedad de la que el director intenta apropiarse literalmente.
Masabu pueda que por momentos se perfile como un simple mashup montado por un aficionado al tema, muy a pesar, existe un registro que da un sentido de la exploración más obsesivo de lo que parece. Benvenuto pone en marcha una serie de encuentros con mujeres genéticamente asociadas a las naciones asiáticas. Las entrevista, mide sus niveles de correspondencia y, en medida de esto, aprueba o desaprueba a la invitada. Es además que dentro de este diálogo, que levanta un cerco de cine documental, motiva a las “elegidas” monten una recreación melodramática la cual asalta la frontera de lo supuestamente real. Benvenuto alude a un mecanismo metaficcional en donde pone en evidencia su urgencia por interactuar con esa otra cultura.
Es a partir de entonces que la línea del fanatismo se subraya al punto de manifestar un goce casi perverso. Los testimonios de mujeres implorando de pronto funcionan como dosis que van directo al ego del autor hechizado por las fantasías asiáticas que pretende adjudicarse, por lo menos, dentro de una ilusión ficcional. Masabu es una exploración a un universo personal en donde se comparte con el espectador una fascinación por esa no correspondencia, y es frente a esto que se va desatando un deslumbramiento más profundo y cada vez más oscuro. El filme de Carlos Benvenuto deja en tanto una serie de interrogantes de la que tal vez sea consciente. En una secuencia pone sobre el banquillo su estilo de cine que es juzgado y cuestionado. ¿Una autocrítica o un gesto de inmolación ante un modo de expresión?

4to Festival Transcinema: Bajo la influencia

Artículo publicado originalmente en Cinencuentro.

Bajo la influencia (2016) es una suerte de álbum videográfico producto de un viaje personal. La directora Karina Cáceres nos introduce al filme con unas palabras que se elevan a un sentimiento bucólico, a propósito de un hartazgo y la búsqueda de una renovación. De inicio a fin, la película se estructura mediante brevísimas secuencias de ese desplazamiento moviéndose entre naciones y culturas familiares. 
La articulación por las que estas series se ven encadenadas tiene en ocasiones una leve correspondencia, sea temática, visual o sonora. Bajo la influencia no cuenta con una sincronía ni con más oralidad que pueda orientar sobre lo que vamos observando. No existe tampoco un eje riguroso o predilecto por la que se sienta motivada esta  travesía incesante. Karina Cáceres se somete a una expresión libre e íntima. Interpretar más allá, tal vez sería falsear el contenido del filme.

domingo, 4 de diciembre de 2016

4to Transcinema: Actor Martínez

El quiebre entre lo real y lo ficticio se manifiesta de principio a fin en la película de Nathan Silver y Mike Ott. ¿Qué es lo que provoca esto? La exposición de los mismos directores ante la lente. Este exhibicionismo, en tanto, asume a los autores como parte de una realidad inventada, como también que lo representado no es más que un registro alterno de lo que será el filme; un plan cinematográfico que, por cierto, irá virando en su intención inicial a medida que avance. Actor Martínez (2016) inicia con una sociedad: Arthur Martínez quiere ser el protagonista de una película que pueda ser dirigida por Silver y Ott. La idea es que la historia se base en la biografía de este técnico en computadoras, quien, además de presentarse como productor de películas, se jacta de ser un prolífico actor de filmes que, lastimosamente, no lograron éxito comercial.
Actor Martínez es una travesía improvisada de los directores por crear una trama en base a este personaje, que poco o nada tiene que contar. Tanto Silver como Ott coinciden en que es preciso hurgar, o hasta falsear, un conflicto que pudiera dar alas a este proyecto que parece no tener uno. Curiosamente, es ahí en donde germina el conflicto de la película: la búsqueda de un conflicto que va desinteresándose en la vida y personalidad de un sujeto fanfarrón y aburrido que afirma no ha llorado desde su infancia. Actor Martínez va descubriendo de esta forma el rostro avasallante, y hasta ligeramente tiránico, de sus directores que van en busca de lo elemental en toda película de aspiración comercial. En respuesta, los actores, el mismo Martínez y la que hará de su supuesta pareja, se verán engañados, presas de un proyecto que ya no les corresponde más que a los creativos. Una ligera idea de lo que pudieron experimentar actores bajo el dominio de directores como Luis Buñuel o Elia Kazan. Actor Martínez es también una tesis del proceso creativo de un filme.

4to Transcinema: El nudo de la corbata

El nudo de la corbata (2016) me trae a la memoria un documental que el director Alan Berliner dedicó a un familiar suyo. First cousin once removed (2012), además de ser un testimonio sobre una enfermedad, en este caso, el mal de Alzheimer, es también el tributo a un fructífero académico. Berliner registra a un personaje desde la memoria y desde el presente. Es la polaridad entre el instante glorioso y una realidad decadente. Mauricio Godoy, por su lado, hace similar labor en complicidad con el mismo protagonista, a quien dedica su documental. A través de una serie de grabaciones –algunas de estas distorsionadas, como retrayendo a un personaje hoy dañado–, conocemos a Alejandro Córdova y su gran productividad en las tablas como actor teatral. En paralelo, nos enteramos de su rutina más actual, enclaustrado en su departamento rodeado de analgésicos que lo mantienen a la línea de su cordura. Ahora, si bien él ha cesado su función actoral, este no ha dejado de ser un actor.
Aquí un punto crucial en el filme de Godoy que se relaciona aún más con el filme de Berliner. Existen pues secuencias en el documental del estadounidense en donde vemos al primo que, en medio del olvido y los estragos de su enfermedad, rebrota sus dotes de buen orador. Es como si momentos de lucidez volvieran a dominar al alicaído personaje, como en los viejos tiempos. Dichos actos, sin embargo, son efímeros. En El nudo de la corbata parecemos contemplar similar cuadro, a diferencia que aquí los momentos de lucidez son en mayor proporción que los momentos dolorosos. Desde ese sentido, Córdova tiene más momentos de actor que de persona en estado doliente. Por último, el filme de Mauricio Godoy tiene un agregado que lo distancia del filme de Alan Berliner. Alejandro Córdova es codirector de su propio documental al registrarse a sí mismo y, lo que es más llamativo, de paso impulsar su propio guion teatral, siendo él y su realidad mental tema central en dicha obra. En continuidad a esto, El nudo de la corbata es también un proyecto de depuración para su mismo protagonista.