En Jay Kelly (2025), George Clooney encarna a un reconocido actor cayendo en una crisis existencial. No solo es su carrera, sino también su vida personal puesta en introspección. Esto lo terminará llevando a Roma, lugar en donde un festival lo condecorará por su carrera —indicio de que la misma está al borde de su fin— y que además reforzará su estado lacónico. Clooney dudará de su valor tanto paternal como para la industria. Obviamente, viniendo la idea de un director como Noah Baumbach, lo que termina por asomarse y reforzar es el cinismo natural e incorregible de un personaje que termina aplastando su conciencia a fuerza del “yo”. El autor estadounidense hace una referencia personal a 8½ (1963), de Federico Fellini, la película por excelencia que describe a un autor atravesando una crisis creativa, la que encalla a una crisis más amplia. Era algo similar a lo que había hecho Vincente Minnelli un año antes en Two Weeks in Another Town (1962), siendo el personaje de Kirk Douglas una excusa para retratar la ambigüedad de una industria que podía ser fábrica de tanto arte, pero también de tanta infamia tras las cámaras, y todo esto sucediendo en Roma. Se podría decir que Roma elástica (2026), lo nuevo de Bertrand Mandico, se suma a una lista de directores que coinciden similares premisas y escenarios.
sábado, 19 de septiembre de 2026
Fantastic Fest 26: Roma elastica (Main Competition)
martes, 4 de agosto de 2026
30 Festival de Lima: La noche está marchándose ya (Latinoamericana Ficción)
Divertida agonía es la ópera prima de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini. Aquí tenemos un retrato cálido y humano a propósito de una temporada crítica e insensible que responde a la coyuntura argentina. Se dice que en tiempos ásperos hasta el gesto de amor más humilde soslaya. Esto pasa en esta película sobre desempleados y otros resistiendo a no perder un trabajo dentro de un estado de inseguridad laboral. Pelu (Octavio Bertone) pierde su puesto como proyeccionista en el cineclub municipal, así que acepta el nuevo puesto como vigilante nocturno del lugar a fin de tener algo de dinero para pagar un piso compartido. La noche está marchándose ya (2025) pone a interactuar una arquitectura decadente con un protagonista también en situación decadente. Sucede que se escuchan rumores de un cierre “temporal” del lugar como medida de un recorte presupuestal. Es decir, se acercan los últimos días de proyecciones de películas antiguas que pocos ven, así como los últimos días de Pelu teniendo una paga. Espacio y sujeto no solo se ven afectados por la crisis económica generalizada, sino que además se los reconoce como esa primera línea de sacrificio público. El asunto es que Salinas y Sonzini deciden poner en segundo plano ese vaticinio intimidatorio y ponen en primero una rutina que mezcla el consumo del cine y el desapego a la realidad. En otras palabras, su protagonista, así como algunos otros personajes, optarán por entregarse a sus fantasías al margen de la crisis.
A propósito de gestos de humanidad y cinismo en tiempos de crisis generalizada, se me viene a la mente el neorrealismo italiano. Salinas y Sonzini parecen emular ese contraste provocado por los actos de sobrevivencia en tiempos de la posguerra. Pelu y el resto sobreviven como pueden, y si hay que ser “hábil” o poco recatados para ello, pues adelante. Todo vale mientras tengas qué comer y dónde dormir. Y, ciertamente, en ese camino pueda que se fabrique un rastro de romantización hacia la escasez y la pobreza, pero no olvidemos que eso son solo fantasías o mecanismos de defensa definidos por los personajes ante los tiempos en donde nada es seguro y las cosas se pueden poner peor. En extensión, ahora recuerdo los musicales y las comedias sofisticadas en tiempos de la crisis económica en EE. UU. El cine siempre al rescate de una sociedad desmoralizada, presto a repartir esperanzas y mensajes de aliento desde la ficción. He ahí el argumento más estimulante que también explota esta película argentina, porque la significancia de un cineclub tradicional, así como las películas que Pelu y sus amigos van viendo, son una suerte de terapia ante la precariedad de su situación. En efecto, la ficción repele o contiene a la realidad, muy a pesar, no deja de ser escuela para saber confrontar a la realidad misma desde la historia de héroes ficticios. Los personajes de La noche está marchándose ya asisten a las películas o la ficción para olvidar sus problemas, para ponerse a salvo; en tanto, ellos mismos, mediante sus actos despreocupados, se convierten en ficción, fantasía, falsedad o contradicción dentro de su propia realidad en crisis.
domingo, 7 de septiembre de 2025
TIFF 25: To The Victory (Platform)
El director de Atlantis (2019) una vez más nos refiere a una realidad distópica en su última película. De pronto, el imaginar un futuro hipotético se ha convertido para Valentyn Vasyanovych en una necesidad para tomar conciencia de lo irreparable. To The Victory (2025) nos lleva a una Ucrania de la posguerra. Ahí todavía la vida marcha; sin embargo, hay evidencia de lo baldío y el abandono. Mucha gente ha decidido migrar hacia otras zonas de Europa o lo viene haciendo. En ese escenario es que vemos la historia de un director de cine y su pequeño equipo realizando una película que logre describir el drama personal que les toca vivir a los que han decidido quedarse. Así como en Atlantis, esta es una película que no tiene interés absoluto por imaginarse quién ganó la guerra. La idea es pensar en la pérdida o el trauma. Ante esa búsqueda, el fondo central de las dos películas acuerda que Ucrania está devastada y eso ha generado un impacto emocional tremendo en los sobrevivientes. ¿Cómo sobrevivir a ello o de qué aferrarse para resistir? He ahí la gran incógnita de Vasyanovych. To The Victory es una confrontación a los miedos que ya se han venido percibiendo desde el inicio de la guerra y que próximamente llevará a la comunidad ucraniana a reconocer una fractura emocional irreparable.
domingo, 17 de noviembre de 2024
All You Need Is Blood
Película disponible en cines seleccionados de EE. UU., AppleTV y Amazon Prime.
Super 8 (2011), de J. J. Abrams, hasta el día de hoy me emociona, y no tanto por el relato ficticio que invoca los tópicos conspiratorios y seres de otro mundo que tuvieron su mejor momento en la década de los 50 en EE. UU., sino por el carácter personal que percibo, a propósito de que se inspira de la pasión hacia la realización del cine, ello forjado por una cinefilia pura y dura. No es la fantasía impulsada por el deseo de la fama. Es la emoción que estalla durante el proceso creativo, y no olvidemos que toda creación es íntima e individual, una selección medida por el juicio o el fanatismo. Super 8 es una película de oficio en su etapa de iniciación. Al mirar All You Need Is Blood (2023), me resulta familiar a esa búsqueda. Esta es la historia de un neófito director de cine movido por el instinto. Pienso en el director Mark Borchardt, personaje del documental de culto American Movie (1999), o en Le Livre des solutions (2023), una reciente película de Michel Gondry. Ahí tenemos a protagonistas que al igual que el personaje de Bucky Le Boeuf desborda pasión y va a contracorriente de los métodos tradicionales. Estamos ante artistas autodidactas, extasiados más con producir que con planear un plan. Hay mucha de improvisación en sus propuestas, pero, ciertamente, no deja de contagiar esa pasión que proyectan.
martes, 5 de septiembre de 2023
Venezia 80: Making Of (Official Selection - Out Of Competition)
Un aclamado director se encuentra rodando lo que sería su nuevo éxito, una película que tratará la historia de una huelga laboral que tendrá una conclusión pesimista. Todo iría bien de no ser porque los productores han decidido presionarlo a cambiar el final del guion con un cierre de carácter optimista. Es a partir de ahí que comenzamos a percibir qué tanto de esa representación ficticia se parece a la realidad de su autor. Making Of (2023) pone a dialogar la creación fílmica con el “yo”. La nueva película de Cédric Kahn nos hace reflexionar qué tan consciente es a veces todo producto creativo. Simon (Denis Podalydes), director aparentemente comprometido con un discurso social y contestatario, tendrá que ceder a los ajustes de sus financistas. Al parecer, la personalidad revolucionaria solo es posible dentro de un escenario ficticio. Mientras que los personajes que creó Simon se la juegan para hacer respetar sus derechos laborales, él se sienta a ver cómo es que sus jefes financieros poco a poco lo acondicionan a las reglas comerciales. Capaz todo empezó para cuando el autor decidió asociarse a esa liga que desde un principio ya le imponía condiciones como la que tal actor famoso debía ser quien asuma el rol protagónico de su película. Ante este caso, Simon no solo tendrá que acoplarse al estilo actoral del mencionado, sino que también deberá aguantar la petulancia que carga el divo. Naturalmente, hay un choque de egos. No solo es lidiar con un criterio artístico, sino también con un tipo de personalidad.
martes, 3 de enero de 2023
Willaq Pirqa. El cine de mi pueblo
Una serie de anticlímax asedian a esta película a pesar de que en gran medida denota carisma, resulta entrañable y hasta inocente. Un brillo romántico destella en este terruño andino, lugar en donde la experiencia del cine no se ha difundido en parejo. En complemento, digo que es inocente no solo por el hecho de que sus miembros entienden o perciben con ingenuidad la naturaleza de la proyección de las imágenes y el sentido de la ficción, sino además porque estos mismos personajes habitualmente razonan desde una pureza que definitivamente los convertiría en seres frágiles dentro de un escenario como el de las grandes ciudades. He ahí el gran anticlímax de Willaq Pirqa. El cine de mi pueblo (2022), de César Galindo, una película que, por un lado, resulta cálida, tierna e idílica; pero, por otro lado, define a un sector social vulnerable, carente o limitado de recursos. Curiosamente, esta historia inicia presentándonos a una familia con una ausencia. El tono con que esto se menciona es casi trágico, como si se tratara pasasen por una pérdida humana. No es tanto así, pero así se hace sentir. Ya luego vienen sus hermosos paisajes y el reconocimiento de su protagonista. Dentro de este escenario, la infancia se siente aún más casta —hasta un preámbulo sexual resulta inmaculado—. Entonces llega flotando del cielo el “detonante”, eso que cambiará la vida del pequeño Sistu (Víctor Acurio) y llenará de curiosidad y júbilo su vida. El hecho es que la llegada de ese “anuncio del cielo” deja también en evidencia la brecha que existe entre este escenario y la ciudad más cercana.
Willaq Pirqa manifestará todo un territorio de ensueño, casi de película —retengamos esta idea—, y lo cierto también es que aquí la gente se está marchando de este paraíso. La inmigración es un conflicto latente en este escenario, aunque Galindo lo reserva. Está ahí, solo que en un segundo plano. Es posible que así sea dado que es un problema irreversible. No hay forma de revertirlo o encontrar la solución para detener su avance. Estamos, por tanto, ante una comunidad que probablemente esté camino a su extinción, no solo física, sino también cultural. Vale recalcar que la inmigración del campo a la ciudad se denota como un problema cuando una cultura, tradición o sabiduría es eclipsada por otra. Este temor es una suerte de mantra en Willaq Pirqa, aunque por encima tenemos todo ese embellecimiento u optimismo que nos despista de ese drama de los Andes. En cierta forma, el conocer mediante el cine es ampliar el panorama cultural, un motivo de alegría y un preámbulo al robustecimiento de una conciencia; sin embargo, está también la idea de la depredación y depravación de una cultura débil frente a una fuerte y agresiva a partir de su experiencia frente a la pantalla grande. Basta interpretar las consecuencias posteriores luego de que los niños de la comunidad de arriba —los miembros más vulnerables— vieran una película de terror. Es casi una alegoría a los efectos de una cultura canónica agitando y vulnerando a las pequeñas culturas.
jueves, 13 de octubre de 2022
3 Lima Alterna: The Novelist's Film (Insignias)
Del 13 al 23 de octubre se llevará a cabo una nueva edición de Lima Alterna Festival Internacional en 4 ciudades del Perú.
Junhee (Lee Hye-yeong) visita sin previa cita a una amiga. De inmediato, se percibe una incomodidad en la atmósfera. ¿Algún viejo resentimiento? Entonces sucede ese curioso momento en que la visitante insiste a la hija de su amiga le enseñe a hablar el lenguaje de señas. “De ahora en adelante nadie habla, solo haremos señas”; sentencia la recién llegada. Es un momento cómico de una manera extravagante, pero sobre todo significativo al darnos un anticipo del comportamiento tiránico de una mujer transitando por un estancamiento artístico. The Novelist’s Film (2022) relata la historia de una novelista recién llegada a una ciudad en donde coincidentemente se reencuentra con personajes que no hacen más que recordarle un talento y prolificidad que anda dormido o, en el peor de los casos, ya no está con ella. Ante esas circunstancias, Junhee no hace más que reaccionar frente a sus “anfitriones de paso” con hostilidad, en principio contenida y luego inevitable no aparentarla. Dichos encuentros se reducen a la escritora yendo al grano, recordándoles eso que a ella le disgustó y todavía le retuerce. Junhee convierte el encuentro casual “afortunado” en una situación penosa, en una escena de confrontación o, para ser más preciso, el momento para hacer su descargo.
Estamos entonces ante una hostilidad sintomática. Una carga provocada por la acumulación de estrés, lo que evoca a una descarga que pueda resultar exagerada o hasta demencial para el resto. No puedo dejar de hacer un comparativo mental de esa reacción frente a la coyuntura del COVID-19, una temporada en donde muchos nos volvimos sensibles, hostiles, estancados, sofocados, encerrados entre paredes física y no físicas. Pensémoslo de esta manera. Junhee es una mujer que escapa de algo, ese virus de la infertilidad creativa. Se va hasta otra ciudad que es un gesto de aislamiento. Ahí se encuentra a personas que quieren contagiarle o recordarle esa pandemia de la improductividad creativa. Y ella se molesta con ellos, los calla mediante sus comentarios o literalmente. Les tapa la boca, lo que sería colocarles tapabocas. En consecuencia, ellos no hablan -o hablan en señas- o toman su distancia. Y Junhee también toma su distancia. Es un idioma pandémico lo que aquí sucede. En otro momento extrañamente cómico, la escritora da la espalda a esas personas que no paran de hablarle y lamerle las botas, y ella solo prefiere mirar en un largavista, arrancarse de ese lugar o circunstancia en donde se encuentra. Ella hace un primer plano a personas que caminan a lo lejos, quiere visitar un mundo o realidad que no tiene nada que ver con el suyo. Toma distancia desde lo virtual. ¿Es acaso posible que lo virtual me aleje de eso que tanto me irrita?; parece preguntarse la novelista.
lunes, 3 de octubre de 2022
Netflix: Blonde
Lo crítico de la última película de Andrew Dominik es que hasta cierto punto de la historia sus dos grandes valores se verán degradados a simples recursos de explotación. De pronto, su dirección de fotografía dejará de ser prodigiosa al convertirse en mero artificio de una fantasía de portada de revista, mientras que la potencial interpretación de su actriz protagónica se nivelará a las memorables performances de cualquier soap opera. Y es que ningún recurso fílmico, sea técnico o actoral, no puede desvincularse del discurso fílmico. Este es el corazón, eso que da vida o pone en marcha a toda película, y si este bombea sangre contaminada, pues todo el organismo se verá contaminado, incluyendo los órganos en buen estado. Blonde (2022) narra la biografía de Marilyn Monroe (Ana de Armas) mediante el uso de un filtro banal similar al que la industria de Hollywood usó contra mujeres y hombres, eso que se llamó el star system, el maquillaje que era imposible removerle de sus rostros a actrices y actores, tanto fuera como dentro del plató. Sea Marilyn o Norma, Dominik la descompone o martiriza ante la superposición de perfectos contrastes en blancos y negros, cenizas que parecen copos de nieve o suavizados de ensueño. El castigo aquí se embellece o, más bien, se explota.
sábado, 10 de septiembre de 2022
TIFF 22: Leonor Will Never Die (Midnight Madness)
Leonor (Sheila Francisco) es una vieja gloria del cine de acción filipino que sueña con algún día acabar un guion que dejó a medias. Mientras la jubilada está encerrada en sus fantasías, su hijo no deja de resondrarla por andar de despistada con algunos deberes de la casa. Es así como estos dos personajes siguen su rutina habitual; una completando mentalmente su película y el otro refunfuñando de su madre. Ah, y hay un fantasma juguetón merodeando por la casa. Leonor Will Never Die (2022) pinta de principio como una película que tendrá varias notas de disparate. La directora Martika Ramirez combina un universo real con otro ficticio, pero lo curioso es que la misma realidad está invadida por un elemento ficticio. A propósito, no muy lejos de ese territorio, específicamente en Tailandia, Apichatpong Weerasethakul también ha imaginado historias “reales” en donde los fantasmas son materia cotidiana para los ciudadanos de su nación. El convivir con algún espíritu puede ser tan normal como quien te das una vuelta a comprar leche. Claro que Ramirez con ello no pretende invocar a los fantasmas para hacer su propia lectura sobre una nación aferrada a la memoria tal como apunta el tailandés. Lo que la directora pretende referir es una demanda más personal.
lunes, 20 de septiembre de 2021
2 Festival Lima Alterna: Digital Video Editing with Adobe Premiere Pro (Inauguración)
Hasta el 26 de setiembre se llevará a cabo la segunda edición de Lima Alterna Festival Internacional de Cine, vía la plataforma de Cineaparte, disponible en toda Latinoamérica, la cual incluye funciones gratuitas y también previo pago.
Divertida manera de dramatizar la pugna que se establece entre la corrección técnica y la sensibilidad creativa. Digital Video Editing with Adobe Premiere Pro: The Real-World Guide to Set Up and Workflow (2020) es una película que a medida que acontece va reformulando su naturaleza dramática y a su vez gestando una nueva lectura o perspectiva. El principio del filme de Hong Seong-yoon es el principio de Caché (2005), de Michael Haneke. Es la pantalla dentro de la pantalla, “realidad” que el espectador no percibe, sino hasta cuando una voz en off le pone en sobre aviso que lo contemplado es el punto de observación de los verdaderos protagonistas de esta historia, en donde un director de cine y una editora intentan darle la mejor solución al corte final de la película del primero. Lo que vemos es el producto fílmico a editar. Lo anecdótico aquí es que, a diferencia de la película del austriaco, esa segunda pantalla o perspectiva de los protagonistas no abandona el primer plano. El director surcoreano opta por esconder de la vista la ficción principal con un doble propósito. Por un lado, se grafica con comicidad el debate entre el autor y la editora sobre qué o no debe salir de la película. Por otro lado, es la dramatización de dos percepciones distintas y distantes.
viernes, 11 de diciembre de 2020
Netflix: Mank
Tengo la impresión que las reacciones a la nueva película de David Fincher responden a dos focos de atención: el Hollywood clásico y el mito Welles. Respecto al primero, se confrontan las opiniones de una cinefilia tradicional y otra que poco o nada reconoce de este universo, desde las dinámicas de la Industria por aquel entonces hasta las figuras que se desplazaban dentro de este escenario. En referencia a lo segundo, acontece una confrontación igual de divergente, aunque más airada o “personal”, a propósito de una interrogante: ¿Es acaso una versión verídica o difamatoria la que manifiesta esta historia? Esta pregunta y debate es uno de los atributos que hace del filme en cuestión sea atractivo por sí solo. Sin embargo, al margen de lo cerca o lejos que esté de la verdad oficial, este es un tema que ha venido pasando por alto el valor de la ficción. Dicho esto, dejemos a los expertos, tipo como el historiador Joseph McBride, dialoguen al respecto. En tanto, me restrinjo a digerir la versión que Jack Fincher, padre del director, plantea en el guion de su autoría.
miércoles, 14 de octubre de 2020
27 Festival de Valdivia: Red Post on Escher Street (Gala)
El joven director de culto Tadashi Kobayashi (Tatsuhiro Yamaoka) ha lanzado un casting dirigido a actores aficionados para su nueva película. En respuesta, una legión de personajes extravagantes decidirá probar suerte en la audición. Pueda que los primeros minutos de Red Post on Escher Street (2020) haga lucirla cómo lo menos alocado que haya realizado Sion Sono, el hecho es que poco a poco se va acumulando una serie de situaciones propias de su original estilo. El director japonés emprende su historia sin un claro protagonista. Los que vemos son los interesados en aplicar para el filme de Kobayashi. Uno por uno nos vamos enterando de su existencia, sin hacerse un alargue de sus rutinas o biografías. No se evidencia una necesidad de profundizar en el historial de alguno. Es solo un barrido a las motivaciones –unas más absurdas que otras– por alcanzar un lugar en la película en cuestión. Es como contemplar el desfile de una feria. Siempre habrá algún personaje que llame más nuestra atención. Lo que sigue es el casting y es partir de aquí en donde surgen otros personajes, aquellos que forman parte del proyecto fílmico. Desde los creativos hasta los productores. Es entonces cuando Sono comienza a crear el marco de lo que será un tributo a esa figura invisible y subvalorada.




























