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lunes, 22 de mayo de 2023

Cannes 2023: Augure (Un Certain Regard)

Uno de mis recuerdos cinéfilos más memorables durante la Pandemia fue el programa propuesto por la edición del 2021 de LongShots de la BBC. Recuerdo haber visto The Letter (2019), un impresionante documental keniano realizado por Christopher King y Maia Lekow. Este relataba la historia de un nieto retornando a su lugar natal luego de enterarse de que su abuela había sido acusada por sus propios familiares de brujería. Es a propósito de esta situación que los directores me pusieron al tanto del desesperante panorama que estaban sufriendo personas, principalmente mujeres, procedentes de diversos puntos del continente africano. Hasta la actualidad, se está viviendo una oleada de falsas acusaciones de brujería. Al menos en Kenia, tras esas denuncias, existe un interés político y económico. Líderes religiosos, los llamados chamanes, robustecían su legión de seguidores dentro de su sector mediante el acto de señalar y acusar a supuestos endemoniados; en tanto, ciertas familias se beneficiaban de esas acusaciones al adueñarse de los terrenos de las brujas o brujos que eran ajusticiados ilegalmente por alguna turba iracunda. Aunque parezca ficción o cosas del medioevo, del 2000 en adelante, África presenta un gran número de casos de personas humilladas, golpeadas y hasta quemadas públicamente. Este conflicto es el que se representa en Augure (2023), ópera prima de Baloji, director que es más conocido en tierra belga por su música. Como detalle curioso, la directora de The Letter es también una conocida cantante de origen africano.

En Augure, también el protagonista retorna a su terruño, una comunidad rural en la República de Congo, a fin de atender un asunto familiar. Junto a Koffie (Marc Zinga), le acompaña su prometida, una mujer belga. Es fundamental su presencia. Diríamos que la llegada de la joven a este escenario dominado por los rituales chamánicos es una realidad estresante para ella. Podemos entonces hacernos idea de lo que siente Koffie, un hombre que reniega de todo ese escenario mágico-fraudulento, pero a pesar de ello es el imaginario de su familia, por quienes no deja de sentir un profundo respeto. Hay un código férreo del vínculo filial en la tradición congoleña. Es algo que Koffie no desea romper. Sería como autodestruirse. Es por eso ha retornado a presentar su dote como parte de un ritual tradicional de la familia. Lastimosamente, sucede algo imprevisto, y Koffie será una de las tantas víctimas del ostracismo luego de ser calificado como un demonio o brujo. Pero hay más. Baloji va introduciéndonos otros personajes, no necesariamente acusados de brujería, sino demás afectados por las políticas chamánicas. Hay una historia muy particular de un adolescente de la calle, jefe de una collera de “bailarinas” que hacen tributo a un ser querido del líder. Es por esta historia que el director de origen congoleño se filtra en las filas de los directores nóveles a seguir. Aquí se encuentran el cine de terror, el serie B, las películas de pandillas, los cuentos de hadas, la estética de los videos musicales; pero siempre ejerciendo una denuncia hacia esa realidad que destruye los pensamientos individuales y prevalece el pensamiento colectivo y caduco desde la preservación del vínculo familiar.

miércoles, 28 de abril de 2021

7 Censuradores Film Festival: Downstream to Kinshasa, El guardián de la memoria y Volverte a ver

Hasta el 30 de abril, se llevará a cabo la séptima edición de Censurados Film Festival. Su programación puede verse de forma gratuita desde su página web. Aquí tres documentales que resaltan dentro del catálogo.

Downstream to Kinshasa (2020) sigue los pasos de algunas de las víctimas de la llamada Guerra de los seis días, un enfrentamiento desarrollado el año 2000 entre ruandeses y ugandeses en el territorio de Congo, exactamente en la ciudad de Kisangani, lugar que alcanzó una gran baja de civiles. Dieudo Hamadi, director congolés que se va perfilando como uno de los documentalistas a atender del continente africano, registra parte de la trayectoria de un colectivo que demanda se cumpla con la promesa estatal de una compensación económica dirigida a los damnificados por este conflicto. Lo que hace urgente a esta petición es que los dañados son civiles que sufrieron mutilaciones, unos más que otros. En ese escenario, Hamadi cumple el rol de observador de sus congregaciones y modos de clamas públicas, siendo la más arriesgada aquella que los obligará a migrar hacia la capital a fin de exponer sus arengas a puertas de las oficinas públicas. Lo mejor de Downstream to Kinshasa es ese viaje extremo, no solo para personas de esa condición física, sino para cualquiera. La marcha en esa lancha resulta emular a los desplazamientos en tiempos de éxodo de personas poniendo en riesgo su tranquilidad con intención de mejorar su condición de vida, y eso es básicamente lo que solicitan estas personas que miran con optimismo su caso dado el reciente cambio político que puso fin a una dictadura.

En El guardián de la memoria (2019), la directora Marcela Arteaga convoca a los que escaparon de la encrucijada de la violencia en México gestada por el narcotráfico y las fuerzas del orden, pero que terminaron introduciéndose a una dramática que se perfila como otra tragedia “tradicional” del país norteamericano. En principio, este documental decide exponer las distintas evidencias en donde el Estado se ve implicado en actos de lesa humanidad. Tanto la Policía Federal como los militares, son definidos como otra clase de crimen organizado. Secuestros, asesinatos y desapariciones desatadas en el municipio de Guadalupe, Chihuahua, son acciones que pone a las entidades de defensa estatal al nivel de los narcos. De pronto, no hay diferencia sobre quién ha cometido más actos de violencia en dicho estado ubicado al borde de la frontera con EEUU. Este es el primer cuadro dramático de los protagonistas: primero resistiendo en un lugar en donde echaron raíces y luego huyendo después de ser amenazados y perder a varios miembros de su familia. A esto le sigue esa otra realidad dramática. El guardián de la memoria añade un detalle consecuente de la violenta guerra en México. Son estos mismos sobrevivientes quienes decidieron transitar legalmente a EEUU y al solicitar el asilo político fueron víctimas de las normativas contraproducentes de una nación que observa a los ciudadanos mexicanos como agentes que deben de ser erradicados. No solo se subraya el lado vergonzoso y ya conocido de EEUU, sino además se manifiesta el drama de personas que cargan con un doble exilio, siendo el más doloroso el instigado por su propia patria.
Volverte a ver (2020) es el retrato y compromiso conmovedor de los familiares de los desaparecidos por la violencia en México que se ofrecieron como voluntarios al grupo de peritos forenses con esperanza de encontrar los cuerpos de sus seres queridos. El documental de Carolina Corral se enfoca en hacer seguimiento a tres mujeres que andan en busca de una hija, hermano y sobrino, respectivamente, quienes serán destinadas junto con muchos otros al estado de Morelos para excavar una fosa común fabricada clandestinamente por la Policía Federal. Este hecho se convierte en otro caso más en donde la defensa de gobierno copia los procedimientos del crimen organizado, solo que bajo los consentimientos de la fiscalía del estado en cuestión, queja que resuena a medida que se irá haciendo exhumación de los cuerpos de personas que presentan claras huellas de tortura. Más allá de calar en una reflexión sobre la memoria y el duelo parcializado de estos familiares, Volverte a ver apunta a hacer sus demandas a los entes del Estado implicados en los actos de violencia. La Policía Federal es solo la punta del iceberg en el crimen organizado que se estructura dentro del Gobierno.