El documental Death of a Child (2017), dirigido por Frida y Lasse Barkfors, ponía al descubierto una pesadilla doméstica y social aparentemente recurrente. Esta película se encargó de reunir casos de padres y madres que olvidaron a su menor hijo en el auto en fechas que coincidía con los altos niveles de calor. Ahora, lo extraordinario y ambiguo de estos hechos es que se ponía en duda el denominativo de “negligencia”. Antes de que existiera un nombre para este síndrome, ya había un registro de personas que, consecuencia de un lapso de conducta automatizada, no pudieron impedir que sus menores fallecieran fruto del golpe de calor. Respecto al origen de esos eventos; sucede que el cerebro o la memoria, guiada o acostumbrada a cumplir con ciertas responsabilidades específicas, a veces toma el control del estado de conciencia de manera que se fabrican lapsos en que dependemos únicamente de ello. De ahí por qué a veces nos olvidamos de algo importante al salir de casa. El asunto es que hasta hace no tantos años la ciencia no nos había advertido que ese “algo” podrían ser nuestros hijos. Es una posibilidad que desencadenó varios decesos en Estados Unidos, según el documental de los Barkfors, pero que dejaba en claro que era una realidad posible en cualquier otro lugar del mundo.
jueves, 28 de agosto de 2025
Venezia 82: Father (Orizzonti)
lunes, 11 de agosto de 2025
29 Festival de Lima: Sentimental Value (Aclamadas)
Ciertamente, mucho aliento al cine de Ingmar Bergman se percibe en la reciente película de Joachim Trier. En películas como Fresas salvajes (1957) o Gritos y susurros (1972), el director sueco creaba un fuerte contraste dramático al contarnos historias que giraban en torno a los resentimientos familiares y la nostalgia. Por un lado, veíamos a sus protagonistas cediendo a una crisis existencial fruto de la soledad o la proximidad de la muerte. Por otro lado, veíamos a estos mismos no dejando de abrazar los recuerdos más entrañables que acontecieron en los ámbitos de su terruño en donde curiosamente nació el dolor. Aunque ligeramente alejado de la histeria, esto también acontece en Sentimental Value (2025), a propósito de la frágil relación que tiene un padre hacia sus dos hijas. Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) son dos hermanas que guardan resentimiento a Gustav Borg (Stellan Skarsgård), en especial la primera. No es gratuito que Nora sea actriz y Agnes una historiadora académica. Se podría decir que el oficio de cada hermana responde al nivel de temple que tiene cada una para confrontar los achaques del pasado, aquel en donde sufrieron el abandono de un padre y fueron testigos de la posterior agonía de una madre azotada por una enfermedad crónica. Una hija es más endeble al recuerdo, mientras que la otra es más inmune. El asunto es que ambas no dejan de abrazar esa memoria, el dolor que a su vez reconocen como un “valor sentimiental” que trascendió en el hogar en donde crecieron.
lunes, 9 de septiembre de 2024
TIFF 24: Los tortuga (Centrepiece)
Un drama familiar y un drama social son retratados en la nueva película de la española Belén Funes. Los tortuga (2024) nos cuenta la historia de una madre y una hija cargando un luto todavía no procesado. Es importante prestar atención al significado del prólogo de esta película. Anabel (Elvira Lara) pasa una temporada cosechando los olivos junto a la familia de su fallecido padre. Al tiempo, su madre Delia (Antonia Zegers) llega de Barcelona y esa tranquilidad bucólica se rompe. La relación de la madre con la hija se manifiesta tensa, muy contenida. Es hora de que ambas retornen a la ciudad. Así inicia esta historia de dos mujeres que “migran” o retornan al espacio que aparentemente es su lugar. Funes alude a “los tortuga” como la expresión que para un ámbito rural se les llama a las personas que deciden abandonar la vida de campo. Ahora, es a propósito de esa acotación de lo migratorio, que la directora decide hacer un retrato sobre personas desencajadas. De pronto, Barcelona es un “no lugar” para ellas, y no necesariamente porque Delia sea de origen chilena, sino porque las protagonistas de esta historia se sienten así tanto anímicamente —consecuencia de esa pérdida no superada— como socialmente, esto último estimulado por las muy cuestionables tácticas inmobiliarias que está reinando en las ciudades españolas.
domingo, 11 de agosto de 2024
28 Festival de Lima: El otro hijo (Competencia Latinoamericana Ficción)
Lo mejor de la película de Juan Sebastián Quebrada tiene que ver con la mirada ambigua de su protagonista. El otro hijo (2023) cuenta la historia de un adolescente sobrellevando la trágica muerte de su hermano, estado que ciertamente ha acentuado su perfil enigmático. Sucede que incluso desde antes de la tragedia, la presencia de Federico (Miguel González) era inquietante; específicamente, desde la primera vez en que la cámara logra detectarlo en un segundo plano, situación que se repite una y otra vez en el largo de la película. Aquí me refiero a los momentos en que personajes hablan y de repente logramos divisar al fondo a Federico fabricando esa mirada incómoda, una que mezcla confrontación y conspiración. De pronto, sus ojos, la inclinación de su rostro y su postura corporal generan un contraste con su punto de observación o primer plano. Se recrea una tensión similar a la escena de un cazador aguardando el momento indicado para atacar a su presa. Ahora, es cierto también que no hay una lectura objetiva en las intenciones de este “cazador” adolescente. ¿Qué piensa? ¿Qué trama? ¿Acaso siempre será un observador pasivo? Es a propósito de esa rigidez circunstancial del protagonista que esta película te mantiene en expectativa.
sábado, 18 de mayo de 2024
Cannes 2024: Los domingos mueren más personas (ACID)
Se me viene a la mente El rey del Once (2016), de Daniel Burman, una historia que se abre con el retorno de un maduro hijo a tierras bonaerenses por petición de un padre. Esta es una comedia sobre el rescate de un vínculo filial fracturado, pero además es una mirada a las costumbres de la comunidad judía inserta en la capital argentina. Los domingos mueren más personas (2024), primer largo de ficción de Iair Said, coincide con la película de Burman en algunos detalles. En esta historia, David, interpretado por el mismo director, luego de varios años, retorna a Argentina también por obligación, aunque invocado por una razón distinta. El tío del protagonista ha fallecido. Eso obligará a David a recuperar el contacto con su familia, lo que implicará otras obligaciones, tal como reactivar sus costumbres judías, así como tener que ir a visitar a su padre quien se encuentra ya tiempo en estado vegetal. Ahora, la película de Burman y la de Said se distancian a propósito de las actitudes de los hijos desplazándose en su terruño. Mientras que el protagonista de El rey del Once, así sea a regañadientes, se le nota dispuesto y hasta comprometido a auxiliar, reparar e incluso indultar eso que parecía irreconciliable, David simplemente no está del todo interesado en lidiar con todas esas peticiones. Obviamente, esto también tiene que ver con las circunstancias a las que este personaje tiene que confrontar, hechos que contrastan con el ambiente de El rey del Once.
viernes, 17 de febrero de 2023
73 Berlinale: Zeevonk (Generation Kplus)
Inicio compartiendo mi cobertura a la 73 edición del Festival de Berlín que va del 16 al 26 de febrero.
En la pantalla grande, lo fantástico en más de una ocasión ha sido terreno de sanación o refugio ante la pérdida de algún ser querido. Ahí está Un monstruo viene a verme (2016) o la argentina Piedra noche (2021), en donde criaturas extrañas y gigantescas se convierten en un salvoconducto que mantiene a los deudos “cuerdos”, alejados de su dolor irracional. Ahora, si bien Sea Sparkle (2023) no se inclina por lo fantástico, sí que su premisa se relaciona mucho a los casos mencionados. En la ópera prima del director Domien Huyge, una adolescente enfrenta la pérdida de su padre. Aquí el escenario marítimo, además de ser una conexión entre estas dos personas, se describe como un lugar que resguarda un misterio que la menor desea descubrir con obstinación. Desde que Lena (Saar Rogiers) ha escuchado noticias de un algún monstruo marítimo, ella no ha dejado de preguntarse si ese ser pudo haber tenido que ver con el accidente que tuvo la embarcación de su padre. Entonces es que inicia esta pesquisa de la protagonista. Aquí no puedo dejar de relacionarla con Piedra noche, película que también se imagina una localidad que está siendo “invadida” por una criatura del mar. ¿Invento o truco para darle más sentido a un lugar? Sea lo que sea, en su tiempo de vivos, los desaparecidos se sintieron atraídos por esa historia. En tanto, los deudos decidirán abrazar esas mismas creencias, tal vez con el fin de hacer honor a las fantasías de sus seres queridos.
miércoles, 5 de octubre de 2022
Sonríe
Basta mencionar una sola película para revelar el conflicto y hacia dónde se direcciona el destino de la protagonista de esta historia. A fin de evitar spoilers, obviamente, no la mencionaré. Lo que sí podría decir es que, tras el testimonio de una presunta demente a inicio de la película, se me vino de inmediato a la mente Invasion of the Body Snatchers (1956). Eso de cuerpos que parecen tener el mismo aspecto físico, pero han dejado de ser ellos, es una fantasía que nace con el sci-fi. Ahí están películas como The Thing (1982) o Night of the Creeps (1986), en donde vemos “cosas” espaciales apoderándose silenciosamente de la humanidad. Pero en Sonríe (2022) no estamos tratando con seres del espacio. Esto previene de un efecto paranormal o sintomático, o las dos cosas a la vez. De pronto, un evento traumático activa una sensibilidad alucinatoria, la cual no es posible desligarte. Estás con el virus. Sí, pueda que sea una alegoría sobre la coyuntura pandémica. Una representación sobre cómo es que la sociedad comienza a menguar producto de la tragedia en cadena, aquella que veías dentro o fuera de tu casa, en la televisión, por el celular o la Internet. Era casi imposible escapar de las noticias trágicas del COVID-19 en un mundo con un flujo informativo activo y disperso. Todos tuvimos un shock asegurado, en especial los terapeutas.
sábado, 10 de septiembre de 2022
TIFF 22: Le lycéen (Contemporary World Cinema)
La rutina de un adolescente asume un vuelco emocional luego de un fatídico evento. En Le lycéen (2022), Christophe Honoré se inspira en sus vivencias personales para descubrirnos el duro proceso de asimilación ante la muerte de un ser querido para una persona en plena formación de su identidad. Lucas (Paul Kircher) está en su último año de secundaria y ya tiene expectativas para su futuro. Estamos ante el ejemplo de un adolescente abierto a las nuevas experiencias, desasociado de las etiquetas o cualquier rastro de conformismo u arraigo. Esto no resultaría peligroso de no ser por el advenimiento de la trágica muerte de su padre —significativamente encarnado por el mismo director—. Entonces, es frente a esa situación que dicha personalidad se torna peligrosa. De pronto, lo que en una circunstancia habitual resultaría ser un comportamiento que expresa vitalidad, en un ambiente funesto se torna un efecto autodestructivo. Se reconoce así la historia de un adolescente que ha perdido su brújula en todo ámbito. El problema es que es casi imposible percibir ese conflicto interno dado su antecedente de persona impetuosa, carácter muy propio de su edad. Lucas es una bomba de tiempo que sonríe por fuera, pero por dentro está gritando.
jueves, 25 de noviembre de 2021
36 Mar del Plata: Piedra noche (Competencia Latinoamericana)
En su nueva película, Iván Fund se asocia nuevamente a un recurso fantástico como contrapunto para provocar una dramática que despliega mucha compasión humana. Mientras que en su película Vendrán las lluvias suaves (2018) los adultos desaparecían del escenario y los niños tenían que asumir el control de la situación, en Piedra noche (2021) acontece todo lo contrario. Un día el hijo de una pareja de esposos desaparece. Lo que parece apuntar a ser el retrato de un drama familiar termina más bien inclinándose hacia a un relato enigmático, pero no en un sentido de sembrar intriga, sino con un ánimo de menguar el desconsuelo de los mayores. Fund crea un vínculo entre lo imaginado y lo esperanzador a fin de generar una reparación emocional.
martes, 2 de febrero de 2021
Netflix: Canción sin nombre
Previo a su ópera prima, la directora Melina León realizó El paraíso de Lili (2009), un cortometraje que parece un precedente a la premisa que abordará con mayor profundidad Rosario García-Montero en Las malas intenciones (2011), a propósito de una niña ejerciendo una mirada precoz y reflexiva ante el panorama convulso del Perú a fines de los ochenta contemplado desde la capital limeña. El filme de León deja en evidencia además el interés de esta directora por interpretar el escenario del conflicto armado como una etapa de fantasías ultrajadas. El terrorismo desatado durante la década de los 80 no solo ocasionó un saldo de masacres masivas y miles de desaparecidos hasta el día de hoy no habidos, sino también provocó traumas a toda una generación que incluso era reconocida como simple espectadora de esta cruzada armada que imponía una ideología con sangre. No fue recién hasta a principio de los 90 que Lima generalizó esa conciencia de que el país experimentaba una guerra contra el terror. Los atentados de Sendero Luminoso habían alcanzado los perímetros de las zonas más privilegiadas de la nación. Fueron tiempos en que el toque de queda y los apagones eran rutina diaria en todo el territorio de la capital. La inseguridad estaba propagada.
Canción sin nombre relata una historia basada en hechos reales. Georgina (Pamela Mendoza) es una de las tantas madres que sufre por el secuestro de su bebé a manos de una clínica ficticia. Esto es solo el principio de un escenario que descubre una serie de perjurios que recaen sobre la protagonista. Estamos en Lima en el año de 1988. León no solo nos apunta que la capital para entonces estaba a un paso de ser infestada por las fuerzas de Sendero Luminoso, sino que también está siendo azotada por otro mal igual de sigiloso y despiadado. Pero lo más alarmante es que para ese entonces ambos ultrajes se están abriendo paso dentro de un mismo escenario de la capital. Georgina es una las primeras habitantes de las nuevas barriadas asentadas en las zonas periféricas limeñas a finales de esa década, espacios inaugurados sin ningún título de propiedad en respuesta a la pobreza extrema que representaron sus mismos ocupantes. En tanto, son estas zonas, ya de por sí postradas por la miseria, foco de los azotes nacionales. Estamos hablando pues de un entorno en donde la sociedad más desamparada de la capital es la que está más expuesta a los malestares de la coyuntura, sin contar con el resto de obstáculos u ofensas que el sector público le propinaba a este sector social.
Canción sin nombre inicia con un ritual andino celebrado en los confines de los arenales limeños. La iniciación de un danzak o danzante de tijera, baile originario de la zona de la sierra central peruana, es el indicio de que esta comunidad migrante, a la que pertenece Georgina, posiblemente, sea procedente de Ayacucho –o sus alrededores–, siendo esta la ciudad en dónde Abimael Guzmán dio forma y activismo a Sendero Luminoso desde los mediados de los 70. Esto convirtió a Ayacucho en una de las ciudades más golpeadas por el terrorismo. La violencia que se desató en dicha localidad alcanzó tales rangos que gran porcentaje de su población escapó rumbo a Lima para refugiarse en las zonas aledañas a la urbanidad o el desierto no reclamado por la comunidad civil. Por tanto, podríamos inferir o sospechar que el calvario de Georgina estaba a mitad de camino al ser ella una de las tantas que huyó de la violencia, luego de atestiguar, tal vez, la muerte de sus padres, hermanos, vecinos, o incluso vio cómo estos se sumaron a las causas de Sendero Luminoso por un deseo de sobrevivir o proteger a los suyos. León no lo aclara y con razón. El centro del drama de su historia es la peregrinación de una mujer ante el rapto de su niña. Este relato además podría haberse abierto a una senda melodramática, a propósito del lado íntimo de ese otro importante protagonista, Pedro (Tommy Párraga), un joven periodista que comienza a investigar el caso de Georgina. El hecho es que esta circunstancia es solo un accesorio dentro de un escenario que parece tirar abajo cualquier gesto que nos recuerde a un ámbito cotidiano, romántico o fantasioso. Una vez más, vemos los paraísos ultrajados.
Es a razón de la censura u obstrucción que se entiende también por qué Canción sin nombre termina de una forma que no define conclusión alguna. Puede que sea malinterpretada como una película que no supo cerrar el drama, ya sea el del romance, el de la madre buscando a su hijo o el terrorismo infiltrándose en la vida de la protagonista. Ya comentaba que el amor era tópico imposible dentro de este contexto. No hay lugar para romanticismos o dramas que lucen secundarios ante un conflicto que se extiende a lo largo de una nación. Es por eso mismo que el desenlace de esa relación amorosa de Pedro luce tan desabrido. Es un romance sincero, pero que se denota furtivo. Es un final lógico dentro de las circunstancias. Por otro lado, Georgina hace un canto bucólico a la línea de la tradición andina que le enseñó a depurar sus penas a partir de los cánticos. Es el testimonio doloroso convertido en canción, pero que además revela un pesar irreparable. León realiza una película inspirada en un hecho inconcluso, aquel que dejó heridas abiertas, pérdidas que no encontraron solución, madres que siguen viviendo con esa confrontación, ese duelo irremediable. La directora no es quien decide el final, sino es la misma historia la que lo hace. Por consecuencia, Canción sin nombre se alinea a la fila de las películas incentivadas por captar testimonios que hacen culto a la memoria, siendo el tema de los casos de secuestros a recién nacidos en el Perú uno no concluso y casi nulo en la filmografía nacional.
viernes, 27 de noviembre de 2020
35 Festival de Mar del Plata: Nosotros nunca moriremos (Competencia Internacional)
Una historia modesta, pero relatada mediante una sensibilidad que no deja indiferente. Lo que cautiva de la película de Eduardo Crespo es que de este retrato trágico se logra emerger un sentimiento de calidez. Hay algo de gozoso en esta marcha fúnebre. Nosotros nunca moriremos (2020) inicia con el descubrimiento de un cadáver, escena que curiosamente no se figura dramática o sórdida. Es un día en la mañana en un área rural y un apacible cuerpo parece reposar en medio de la naturaleza. Lo que sigue es la madre y el hermano adolescente del fallecido pasando por el protocolo –tanto burocrático como sentimental– que implica el reciente luto. Veremos a estas dos personas desplazándose con aflicción, aunque se denota mucha serenidad por parte de estos. Es tal vez el efecto del shock o el estado que implica toda una revuelta de preguntas que suscitan en este momento: ¿Qué sucederá ahora? ¿Seguiremos teniendo una vida normal? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Habrá algún reencuentro con esa persona que no se despidió de los suyos?
lunes, 5 de octubre de 2020
XI Festival Al Este: Ich war zuhause, aber (En Competencia)
William Shakespeare siempre ha sido asociado a la tragedia teatral. Sus obras más conocidas tienen pues tantas muertes como las tendría una película de Quentin Tarantino. Lo cierto es que en medio de tanta tragedia, se gesta una comicidad involuntaria, posiblemente, producto de la sucesión de muertes, en su mayoría, absurdas o innecesarias. Pueda que solo sea mi lectura personal y esté pecando un tanto de mi dosis de humor negro. El hecho es que tengo el presentimiento que Angela Schanelec también ha leído las desventuras del joven Hamlet con un sentimiento humorístico. En su nueva película, Astrid (Maren Eggert) y sus menores hijos lidian con un luto que ya tiene tiempo de acontecido, pero que los deudos viven como algo muy reciente. Estaba en casa, pero… (2019) es una película que retrata los síntomas de una tragedia, sin embargo, existen secuencias que están dominadas por dosis de comedia. Ahora, no siento que sea gratuito que en la escuela de uno de los hijos, los alumnos pasan horas practicando una adaptación de Hamlet. Por un lado, una excusa es el tópico del padre muerto y el hijo desorientado ante el acontecimiento. Eso es lo que sucede: el hijo de Astrid decide abandonar la escuela y refugiarse en un bosque dominado por la “locura”. Por otro lado, está el vínculo de lo teatral y cómico. Se manifiesta un luto con gracia.
miércoles, 30 de septiembre de 2020
XI Festival Al Este: Mamá, mamá, mamá (Competencia Itinerante)
Atractiva ópera prima que representa una serie de estertores asociados al universo femenino. La película de Sol Berruezo da la impresión de ser un mero registro de una familia reaccionando a un reciente luto. Lo cierto es que los hechos, incluyendo los que se perciben como menos trascendentales, van creando una maraña de conflictos que tiene que ver con los miedos que rondan en la cotidianidad de estos personajes. Mamá, mamá, mamá (2020) es una historia sobre mujeres relacionándose y cómo esta integración hace frente a las incidencias y realidades que recae en ellas. Estas adversidades, unas más habituales que las otras, no se figuran como exclusivas dentro del entorno o circunstancias específicas que envuelven a las protagonistas de este relato, sino que responden a un panorama universal. Dicho esto, se puede interpretar a las personajes de este filme como la personificación de un microcosmos de lo femenino, en donde el dolor de una, de alguna forma, la otra lo percibe, lo vive y lo padece, evidenciándose así un vínculo que las mantiene unidas. Es una relación que no surge por apatía, una respuesta de camaradería o un valor filial. Es un parentesco natural e innato producto de la correlación.
Es así como tenemos a Cleo que, a propósito de su tragedia, ha ganado nuevas hermanas y nuevas madres. Y la asistencia femenina es una cadena que se va extendiendo casi de manera instintiva, que llega incluso de lejos –de Paraguay, por ejemplo–. No dejo de relacionar la llegada de esas mujeres con las historias de antepasados, tiempo en que las rutas entre poblados eran extensas y accidentadas, pero, a pesar de eso, los clanes vecinos visitaban y asistían a los que precisaban de alguna ayuda. Era la fraternidad humana, hoy en día, una idea utópica, pero posible en este filme. Los personajes de Mamá, mamá, mamá por momentos parecen los miembros de una logia que no dudan en asistir a la compañera necesitada. Es también un espacio de enseñanza, el de la instrucción femenina, por ejemplo, de las primeras menstruaciones. Es cuando la “hermana” mayor se asegura de que la menor esté al tanto de su cuerpo y su naturaleza. Punto seguido, a propósito de esa secuencia que germina una lectura sombría del ciclo menstrual, es también un ámbito en donde se disponen avisos en valor de alertar a todas las miembros. Sucede que, como toda comunidad, estas mujeres aprovechan sus reuniones para dar cuenta de algunos peligros, hechos –los que cuentan a manera de leyendas prohibidas– que sirven para proteger a sus integrantes.
viernes, 16 de agosto de 2019
23 Festival de Lima: La cantera (Hecho en Perú)
martes, 13 de agosto de 2019
23 Festival de Lima: Nuestras madres (Competencia Ficción)
domingo, 11 de agosto de 2019
23 Festival de Lima: Enigma (Competencia Ficción)
jueves, 18 de octubre de 2018
Netflix: 22 de julio
lunes, 24 de septiembre de 2018
Buscando
lunes, 17 de septiembre de 2018
The Song of Sway Lake
jueves, 9 de agosto de 2018
71 Locarno: Trote
Mira gratis (tickets limitados) Trote, de Xacio Baño, por Festival Scope, previa suscripción gratuita: http://bit.ly/2vTJcAP




























