jueves, 30 de diciembre de 2010

Lo mejor en la cartelera comercial 2010. Un breve balance

La necesidad de realizar una lista de las 10 mejores películas en el año 2010 fue fructuosa. Desde el mes de noviembre, la meditación, el juicio y la crítica fueron arduos al intentar convocar a 10 filmes que conformarían dicha lista, 10 películas que serían aquellas que de acá algunos años no se exigiría de esfuerzo alguno para remembrar alguna escena memorable o una totalidad de eventos capaces de haberme manipulado emocionalmente a su antojo por un largo promedio de dos horas, quien sabe más; una experiencia humillantemente encantadora.

Pero, ante todo, de qué hablamos, ¿trabajo arduo? ¿Esfuerzo por elegir una diminuta lista de 10? Eso es demencial. Hacer crítica no requiere de esfuerzo ni de meditación. La crítica es en realidad fluidez de la palabra, al menos desde el momento en que tengas la necesidad de querer manifestar algo. La crítica es, además, una aguda selectividad y, a su vez, espontaneidad que no requiere algún tipo de auto-cuestionamiento. Entonces, obviamente, yo estaba errando. Hasta comienzos de diciembre me quedé convencido que realizar una lista de 10 era una tarea imposible, al menos, para mis gustos; para mi crítica.

El resultado; una breve lista de seis filmes. Y para los escépticos, mejor es revisar cuales fueron, en síntesis, las películas “más representativas” expuestas en la pantalla grande.

Los elegidos

A diez ascendió la candidatura a Mejor película, de las cuales cinco de estas fueron las que se estrenaron este año, cuatro el 2009, y una, A serious man (Hnos. Coen), nunca se estrenó. Con nueve películas vistas, es suficiente evidencia para entender que la Academia había abusado el límite de aspirantes a esta candidatura, siendo Un sueño posible y Enseñanza de vida, ambas estrenadas este año, dos lamentables muestras demás, desde mi punto de vista, dos estrenos de verano como para ir calentando o animando a la gente a ir al cine. Una tercera muestra fue Preciosa, bajo el manto del cine independiente y una interesante narración alternada a un mundo de ensueño, este filme traía la temática hostigada del racismo, que a pesar de poseer una distinta creatividad, se niveló siempre bajo los mismos arquetipos, la misma otredad de siempre, moral por todos los lados. Amor sin escalas y Zona de miedo fue lo mejor de las cinco, sin embargo, ni Reitman ni Bigelow no sobrepasaron mis expectativas, no con la misma rudeza que supuestamente una ceremonia del Oscar debe otorgar.

Los directores

Tres prestigiosos directores presentaron este año nuevas películas ambientadas, cada una, con su personal e inconfundible estilo, aunque, no siendo este nuevo producto lo mejor dentro de sus filmografías. Martin Scorsese, Pedro Almodóvar y Tim Burton estrenan películas para olvidar. La isla siniestra, Los abrazos rotos y Alicia en el país de la maravillas contienen mucho de lo que nos gusta de estos directores, pero nada más. Cada una de estas logra ser una adaptación frágil en sus argumentos basados en thrillers psicológicos, melodramas o fantasías típicas, sin alguna originalidad que los termine por acreditar. Una película más y un director más es Invictus, de Clint Eastwood, también un traspié en la filmografía del veterano director. Este biopic resulta ser tedioso, predecible y poco cercano a otras películas del mencionado. Con unas aspiraciones políticas que sobrevuelan en la historia sin algún tipo de sutileza, Eastwood aburre en este filme.

Lo (in)esperado

El origen, quien su mismo director, Christopher Nolan, promocionaba como su rompecabezas más dedicado, resultó ser una ampliación de lo que antes habría presentado en sus anteriores filmes. El origen terminó siendo decepcionante al expresarse de la misma forma que Nolan habría conseguido con Following y Memento, dos películas de buena dinámica narrativa y que, posiblemente, al lado de El origen sean mínimas, sin embargo, ninguna de estas no necesitó de ciudades retorcidas o un tiempo suspendido para ser logradas. Lo que crea desventaja en El origen, es que tuvo la mala suerte de ser estrenada mucho después de las mencionadas, aquellas que para su momento fueron criticadas y valoradas. Distinto es el caso de David Fincher, quien también fue superado por sus anteriores filmes al narrar el biopic de un joven multimillonario en Red social. Las atractivas historias que tiene acostumbrado adaptar Fincher, no se igualan a su lista filmográfica, viéndose además afectada su técnica de imagen claroscuro, débil y de hecho inadecuado para este género.

Mucho ruido…

Robert Rodríguez desde hace mucho amenazaba al mundo con adaptar la historia de su creativo personaje en Machete. Lo que pudo haber sido una historia sangrienta de un crudo personaje, terminó manifestándose como una caricatura barata aliada del gore, imágenes de desnudo, comedia y escenas disparatadas. Machete es el desencanto garantizado de un director que un día aspiraba ser un “Tarantino”, pero terminó siendo un parodiador de la ultra violencia; claro, haciendo caso omiso a sus filmes de corte infantil. Terry Gilliam, por su lado, logró una fuerte provocación con El mundo imaginario del Dr. Parnassus al evocarse un mundo surreal y de fantasía, algo típico en este director, quien supo graficar con una imaginación detallada, sin embargo, este filme fue argumentalmente débil y tedioso que ni sus mismas ensoñaciones lograron opacar.

Ocaso asiático

El cine asiático no deja de ser un boom en su filmografía, muy a pesar, fueron solo dos películas de este continente las que se proyectaron este año en las salas comerciales. La felicidad de vivir, anterior ganadora del Oscar por Mejor película extranjera, es un drama japonés con una temática humana y profunda como lo manifestaba el último Kurosawa o Zhang Yimou, este, lastimosamente, un estilo que está alejado de las temáticas transgresoras de los nuevos directores asiáticos. Así mismo Mongol, del país de Kazajistán, es un drama histórico sobre un emperador, narrado bajo las dinámicas del género épico hollywoodense. Ambas películas fuera de la nueva sintonía del canon asiático.

Lo nuestro

Han sido siete los estrenos de películas peruanas este año, ninguna diferencia con el número que se dio en el 2009, muy a pesar, es preciso valorar el gran paso que ha dado el cine nacional en este año. La presencia de nuevos directores, así como la nueva película de Francisco Lombardi, Ella, manifestándose en una faceta distinta a su estilo tradicional, son muestras de buen ánimo y madurez para el cine. Es necesario recalcar la película de Javier Fuentes-León, Contracorriente, demostrándose un género de drama que rompe con esa tradición temática sobre las luchas de clases, la pobreza o los tiempos de la violencia, tres dinámicas que casi siempre se han asistido en nuestro cine cada vez que se quería tocar este tipo de género.

La lista

Seis películas conforman mi lista, dos de las cuales son peruanas, siendo Paraíso una de los filmes que siempre tuve en mente incluir. Además de estas, no hay motivo por mencionar alguna otra película anteponiéndole un “tal vez” o un “podría ser”. Este año nuestra cartelera estuvo plagado de apariencias (los que parecían ser buenos filmes no lo fueron) y avistamientos (los que pensábamos llegarían a cartelera nunca llegaron). A continuación, la lista…


Criatura de la noche:

El director sueco, Tomas Alfredson, dirige una de las películas de horror más tiernas y perversas. La historia de amor entre un niño y una pequeña vampiro es la respuesta a la complementariedad de dos naturalezas que, a pesar de ser tan opuestas, son tan símiles. La soledad y la incomprensión son factores asociados a la vivencia de estos dos seres, uno maltratado anímicamente y el otro, maldito, en su lucha por sobrevivir. Alfredson asocia con gran habilidad las leyes de cine y lo comercial, no abusando del gore o de la sangre en extremo que es manifestada en forma exacta y precisa, asumiéndose un resultado profundamente estético.


Paraíso:

El baldío y la hostilidad del barrio de “Paraíso”, conserva una complejidad significativa en su mismo contexto y, especialmente, en sus habitantes. El director peruano Héctor Gálvez documenta las vivencias y testimonios de un grupo de jóvenes que a pesar de encontrarse en una situación precaria y olvidada, germinan un aire lleno de optimismo que son incapaces de compartirlo más que en sus propios sueños. Gálvez no otorga discursos morales ni algún tipo de ideología. Su cine es contemplativo, con encuadres y secuencias ajustadas, diálogos cortos y una trama que se resiste a los detalles aglomerados.


Toy story 3:

Woody y sus amigos reaparecen con una nueva aventura en esta tercera secuela que sería, además, la mejor dentro de la saga. Realizado por el director Lee Unkrich y el guionista Michel Arndt, la industria Pixar mantiene sus laureles como una de las productoras en animación más ingeniosas y meditadas del medio. Con una trama humana y dinámica, los mismos juguetes se enfrentarán a uno de sus mayores e inevitables temores, ser desechados. Woody y los demás conocerán así a nuevos personajes los cuales contienen una personificación compleja, provocando una película que aspira a los géneros del cine western o carcelario.


Un superhéroe sin súper poderes (Kick-ass):

Basado en un cómic, el director Matthew Vaughn dirige Kick-ass, película que grafica la historia de un (anti-)superhéroe producto de la generación geek. Hostigado por su vida como “uno más de su clase”, el adolescente Dave Lizewski toma riendas de su realidad convirtiéndose en un hilarante y patético superhéroe que luchará por la injusticia e, inclusive, contra su misma rutina. Con rasgos de comedia negra y ultraviolencia, Kick-ass se presenta como un filme sujeto a la nueva cultura de la imagen, desenfrenada y sin tapujos, citando a los clásicos superhéroes o haciendo referencia a películas de culto como Matrix o Kill Bill.


El secreto de sus ojos:

La obsesión por un caso sin resolver y el amor frustrado de una pareja son los ejes centrales de este drama con tintes de cine negro del argentino Juan José Campanella. Con un buen reparto encabezado por Ricardo Darín, este filme argentino construye e intercala lo criminal y lo sentimental, ambas realidades perennes en el historial de un sujeto maduro, agobiado por lo que nunca pudo concluir, uno provocado por las fuerzas de la corrupción, y otro alimentado por los prejuicios sociales y económicos. Bajo una precisa dirección de encuadres y un buen planteado plano secuencia, este filme contiene dos escenas memorables.


Octubre:

La religiosidad y el costumbrismo limeño se asocian en esta fábula que habla sobre la soledad; una triada de personajes que luchan por negarla y, en ocasiones, por apropiarse de ella. Los Hermanos Vega realizan un filme ingenioso desde su historia hasta en su manifestación fílmica. Octubre es simpáticamente irónica, una carcajada amable, reflexiva para sus personajes, sin ser una película moral. Narrada en tonos minimalistas, tomas cortas y encuadres fijos, los personajes se limitan a desenvolverse en una imagen que no se ajusta a sus repentinos movimientos, haciéndolo un cine contemplativo, una historieta cómica y encantadora.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Red social


Cine “Paparazzi”
Muy a diferencia de lo que sucedió en EE.UU. con El origen, Toy Story 3 o la última secuela del mago Harry Potter, la espera del estreno de Red social fue más ansiada y, además, aguardada con un ánimo distinto a las mencionadas. Si el público, e inclusive parte de la crítica (explícitamente la estadounidense), esperaba algo de este filme; era un hecho que no estaban pendientes en saber qué tan perturbadora sería esta vez la nueva película de David Fincher, o si pintaría una vez más sus espacios con una fotografía cuarteada y deprimente, o si sus nuevos personajes serían tan desquiciados o raramente atractivos como sucedieron en sus anteriores filmes.
Lo que ocurrió con la película de Christopher Nolan o el nuevo estreno de la Pixar, era que ambos estaban bajo la expectativa de un rumor fílmico. El estreno de toda película, casi siempre, infiere a la expectativa de una historia aún no sabida, una realidad ajustada, un rumor que apenas nos manifiesta una entrada atractiva que nos impulsa a preguntar: ¿y qué más? ¿En realidad Nolan habrá creado su mejor rompecabezas? ¿Andy en realidad desechará a Woody y sus demás juguetes? Toda antesala fílmica implica ese juego seductor, eso que llaman difusión o marketing, siempre relacionado a lo artísticamente visual, algo que, por cierto, complementa nuestra ilusión fílmica.
Red social, en distinto, fue un anuncio que remitía algo más que un argumento o un avance. Este último filme de Fincher prácticamente ya había sido “estrenado” en las líneas de un libro titulado Billonarios accidentales de Ben Mezrich, escrito donde se descubría las implicancias o acciones realizadas por Mark Zuckerberg para emprender y convertirse en uno de los creadores de la red social más grande del mundo, Facebook. Sí había algo que el público estadounidense esperaba de este estreno, era ver “en imágenes” al personaje oculto en el genio geek, algo que de seguro muchos ya estaban enterados porque se habrían tomado la ligereza de leer el libro de Mezrich premeditadamente. Red social se convirtió en el chisme de la temporada, la manipulación del morbo y la mecánica de “dime qué es lo que hace mi héroe cibernético de hoy”, superando más de lo que se pueda esperar de una simple expectativa fílmica.
El debate a mediados de octubre, pasado el estreno de Red social, fue el de poner sobre el tapete los límites de la realidad y la ficción, es verdad o pura exageración, esto incluía la pronunciación del mismo Zuckerberg, quien sería el protagonizado principal en el filme de Fincher. Otra vez parte de la crítica estadounidense quedó embelesada por el escándalo, antes que el mismo producto filmográfico, comentando sobre si lo expuesto por Fincher era lo que realmente había sucedido en la vida real. El cine convertido en un paparazzi, un cazador de realidades, al menos esa fue la interpretación que le ofrecieron algunos, en un espacio de dos o tres semanas, a Red social. Punto a parte.
La agonía de un geek
Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) es inteligente, un sabelotodo, nunca fanfarrón, hábil, extraño, paradójico, resentido, impulsivo, huraño, ermitaño, ansioso, obsesivo, experto en informática, un hacker. Mark es un geek, un nerd de la postmodernidad. Red social asiste al estereotipo geek, un ser polar, a quien se estima pero de lejos, por ejemplo, detrás de un ordenador. En películas como Superbad (2007) o Kick-ass (2010), este personaje es entrañable para unos, repugnante para otros. Red social se inclina por causar este último efecto, representando al geek en un su faceta más perversa, aunque, después de todo, al corriente de la actualidad.
Red social ciertamente se acerca a la mecánica narrativa de Rashomon (1950), manifestándose el punto de vista de cada uno de los personajes integrando la totalidad de la historia. Fincher así va construyendo su historia por medio de una serie de flashbacks que se van intercalando con su presente: las citas judiciales entre Mark Zuckerberg y sus demandantes, su ex mejor amigo, Eduardo Saverin (Andrew Garfield), y los gemelos Winklevoss. Es a través de las declaraciones de cada uno que se va narrando cronológicamente los sucesos ocurridos, sobre la génesis, la creación y la expansión de la red social Facebook.
Son con los testimonios de los demandantes que Mark se va representando como un sujeto oportunista ante las situaciones que su misma genialidad ha atraído. El filme se inicia con un flashback del rompimiento entre Mark y una enamorada suya. El narcisismo y la pedantería afloran en los diálogos, casi monólogos empleados por Mark, quien es mórbido ante los que le rodean, especialmente ante aquel que lo niega, lo aparta a la periferia de su sociedad; sociedad que, efectivamente, en gran parte lo excluye. Sociedad que, además, él critica y subestima, pero a pesar de todo, se obsesiona por adquirir su ingreso, esta, representada en los exclusivos clubs de Harvard los cuales no cualquiera es miembro. Mark posee una sinceridad demoledora. Eso, que resulta ser una virtud en algunos, en él es un defecto, el cual funciona a la par con su autoestima, una no fingida, ajena a fanfarronerías debido a que en verdad él es un genio.
En contraparte a su personalidad, está el personaje de Eduardo Saverin, quien también es un geek, aunque una versión anterior a la de Mark. Es así como el concepto de geek parece ser tan complejo como un algoritmo o cualquier otra fórmula matemática. Mark y Eduardo son dos mejores amigos con mucho en común aunque muy distintos, algo que el tiempo comprueba y los ha limitado uno al extremo del otro: uno acusado y el otro demandante. Es la presencia de un tercer personaje, el medio clave para percibir la divergencia entre estos dos sujetos que parecían ser de una misma generación.
En comparación con Wall Street (1987), Sean Parker (Justin Timberlake) asume una labor similar al de Gordon Gekko; aquel que señala el camino al éxito, sin poner en advertencia las consecuencias del medio o método adquirido. La similitud entre estas dos películas podría acercarse más, muy a pesar existe una diferencia sustancial entre Red social y el filme de Oliver Stone, quienes coinciden en apuntar a la exposición del éxito y sobre el discurso, y el significado, de “emprendedor”. La diferencia recae en la actitud de Mark respecto a la de Bud Fox, interpretado por Charlie Sheen. Fox es el neófito, el que cree saber, pero en realidad no sabe nada. Es así como Fox irá aprendiendo de la mano de Gekko: elegir entre lo correcto y lo que se debe hacer. Dicha relación no se aplica en Parker y Mark, esto debido a que el personaje de Timberlake es apenas una presencia que confirma las ideas de Mark, no asumiendo, realmente, su función de mentor. Las reuniones entre estos dos personajes confirman la naturaleza emprendedora de Mark, quien posiblemente se vea inspirado en Parker, no porque se aprenda mucho de este, sino por la simple razón que piensa igual que él, coincidiendo ideas o aspirando a nuevas fronteras, algo que no ocurre cuando las expone a su mejor amigo. Esto lo hace diferente de Eduardo, siendo este más bien el cándido Fox, que posiblemente hubiera podido aprender con el tiempo de Parker, pero la misma presencia de Mark, “el que sabe”, es un atajo para que el nuevo intruso pueda coger con mayor calma una rebanada del pastel.
Se ha señalado a Red social como una aproximación al personaje principal de Ciudadano Kane (1941). Es factible decir que Mark Zuckerberg pueda ser una aspiración o cercanía de lo que fue el joven emprendedor Charles Foster Kane, ambos desde su juventud, convertidos en multimillonarios, intentando ser líderes natos, dueños del mundo. Existe, sin embargo, una gran diferencia entre estos dos célebres personajes. Mark Zuckerberg siempre fue Mark Zuckerberg, muy a diferencia de lo que sucedió con el polifacético Kane, quien estuvo bajo una conversión moral. Un claro ejemplo es la reminiscencia de los días de cena junto a su esposa, cada vez más extraños y ajenos uno del otro. Mientras Kane va opacando los recursos de su pasado, Mark sigue un rumbo moral que, parece, siempre fue innato a su persona, al menos, es así como lo representa Fincher, sin pasado, sin antecedentes a su forma de ser, un geek tal cual es. Tenemos pruebas que Charles Foster Kane un día no fue el Charles Foster Kane en quien se convirtió, así como también tenemos pruebas que Ebenezer Scrooge no siempre fue el viejo misántropo y avaro. Es frente a esto que respondemos a que Mark es un geek más evolucionado que la versión representada en Eduardo, una más sentimental e inocua. Se puede inferir también que esta versión, la de Eduardo, tenga la posibilidad de poder condensar una relación sentimental, algo complejo e inalcanzable en la naturaleza de Mark, sin embargo, ese lado parece tampoco responder a una estabilidad amorosa. Eduardo, en la historia, es el único que logra tener una relación, más esta con resultados bochornosos.
El geek, sea Mark o Eduardo, parece estar arraigado a la negación social. Parte de iniciar una relación amorosa infiere la inclusión a un círculo o vínculo con la sociedad misma, algo que ambos personajes no lograron obtener triunfalmente. Es a través de esto que se percibe la continuidad del estereotipo que en ocasiones intenta, frustradamente, revertirse; es ahí donde el discurso del filme tiene sus debilidades. La escena inicial donde Erica rompe con Mark, la joven le excusa que el problema que ocurre con él, no es porque se comporte como un nerd, sino como ‘asshole’. En una siguiente escena, una consejera judicial le dice a Mark que en realidad no es un ‘asshole’, sino que se fuerza por serlo. El hecho es que en el largo del filme se infiere, a través de la actitud de los demás y del mismo Mark, que el ser nerd implica ser un ‘asshole’. Muy a pesar, se incluyen instantes donde Mark (el mismo que en toda su ruta proclama su ideología narcisista) se queda en silencio, pensativo, casi reflexivo, ante la opinión de la gente sobre él: “¿en verdad soy un ‘asshole’?”
La interpretación de Jesse Eisenberg es indudablemente superior a la que obtuvo en Adventureland (Greg Mottola, 2009) o Zombieland (Ruben Fleischer, 2009), en las que interpreta a un adolescente cualquiera. Es, sin embargo, en Red Social donde Eisenberg asume miradas, tonos irónicos y arrogantes que imponen un estilo propio. Su personaje es creativo desde distintos ángulos, desde su andar hasta en el ritmo apresurado de su voz. No será extraño verlo entre los candidatos a mejor actor en la próxima ceremonia del Oscar. Otro performance en resaltar es la de Justin Timberlake, un carácter dominante en su estilo laboral, frágil cuando se le descubre sus adicciones.
David Fincher decide no sobre exponer sus espacios plagados de una fotografía claustrofóbica, siempre recurrente en gran parte de su filmografía, muy bien interpretadas en Seven (1995) o Zodiac (2007), hasta ahora, sus dos mejores películas. Fincher otra vez se ve atraído por una nueva forma de narrar, en El curioso caso de Benjamin Button (2008) hay una narración en retroceso, mientras que en El club de la pelea (1999) hay una trasgresión de tiempos. Fincher provoca una buena historia, aunque no encajan las veces en que su personaje de Mark Zuckerberg recurre a la reflexión.
David Fincher en Red social describe a su personaje principal como un código informático, muy complejo, extraño, y ya de por sí, sometido al estereotipo social. Este personaje se rige ante una obsesión. Así como el agente Mills, en Seven, por encontrar al asesino, Mark tiene una testaruda necesidad por ser incluido socialmente, dentro de un círculo social o un exclusivo club, un tema también manifestado en su filme El juego (1997). Si bien existe una necesidad de Mark por alcanzar una fama dentro de la sociedad, dicha no se ve manifiesta en el poder o el dinero, sino en la aceptación. El ser parte, editor, creador del grupo social más famoso y con más miembros que cualquier grupo hermético, ya lo hace poderoso, una realidad inalcanzable si se presentara tal cual es, en su fisionomía geek.

sábado, 30 de octubre de 2010

The Town (o Atracción peligrosa)


Boston es descrita como una de las ciudades que posee tantas bóvedas de bancos, como asaltantes de estos recintos. Doug MacRay, cabeza de una banda de ladrones, es uno más dentro del oficio, al parecer, perteneciente a un grupo social laboral sectorizado por una urbe que, a pesar de todo, congrega un espacio perteneciente a la clase burguesa, naturaleza distinta a lo que podría imaginarse de una ciudad que, según comentarios, parece ser criadero de malhechores. La ciudad de Boston guarda sus propias apariencias, así como también el rostro del crimen.
Ben Affleck actúa y dirige su segundo filme haciendo referencia una vez más al rostro de la delincuencia en la ciudad de Boston. Su ópera prima, Gone, baby gone (2007) retrataba el lado dramático de las consecuencias criminales, perfilándose hacia un thriller policial y más humano. The town es por igual un drama aunque, este en contraparte, observa la mirada del criminal; el testimonio de un sujeto redimido por el amor hacia la persona menos indicada. En filmes como On the waterfront (Elia Kazan, 1954) o Sangre por sangre (Taylor Hackford, 1993), se observan dos claros ejemplos que redimirse no es una tarea fácil, no después de haber sido criado en un barrio hostil donde existe una única ley como única opción: transgredir.
Luego de haber asaltado un banco, Doug y sus tres compañeros se han percatado que dejaron un cabo suelto. Claire (Rebecca Hall), la gerente del banco, en un momento de nerviosismo fue tomada rehén para luego ser liberada en el camino. El problema es que se cree que pueda saber lo necesario para delatar a los asaltantes enmascarados. Es con esto que se abre el espacio necesario para que Doug, quien se asignará para investigar de cerca a la mujer, pueda relacionarse con Claire más de lo debido. El amor es predecible y como era de esperarse, el drama también. Affleck otorga al personaje de Doug, a quien el mismo director interpreta, el planeamiento de lo que sería su último golpe, algo que nunca parece suceder. Así como sucede en las películas de gansters, la ciudad de Charlestown posee una mafia encubierta, aunque liberada de las telas italoamericanas o estereotipos irlandeses. Fergie (Pete Postlethwaite) es el jefe, casi proxeneta, de esta estirpe de delincuentes que parecen no tener escapatoria frente a esta única alternativa.
Doug reconoce además otros dos rostros que hostigan sus ganas de cambiar su estilo de vida. El eterno agente del FBI, Adam Frawley (Jon Hamm), será su persecutor y sabueso durante una jornada que parece estar al borde del colapso. Frawley posee las sospechas, más no las pruebas de acusar a Doug como el obrero de múltiples asaltos. Jem (Jeremy Renner), amigo de Doug, miembro de la banda, será, sin embargo, su máximo verdugo. Affleck ha aprendido que los verdaderos enemigos son tus más cercanos, y Jem es el prototipo perfecto. Motivos no le faltan luego que él fuera encarcelado por nueve años de prisión tras encubrir a Doug de un lío. Jem, como miembro de la banda, es el perverso, el rebelde del grupo, es la amenaza andante que parece complicar más la situación debido a su estado impulsivo. Un pequeño tufo de lo que era la personalidad de Tommy de la película de Martin Scorsese, Bueno muchachos. Jem parece arrastrar esas breves reminiscencias del personaje de The hurt locker; un poco de simpatía con una mezcla de locura, peligrosa combinación.
The town posee en ciertas ocasiones una gran cualidad. Existen momentos de tensión los cuales evocan instantes de drama, aunque son las escenas de acción las más sobresalientes en generar este estado de ánimo. Dos ejemplos que valen mencionar son las escenas del restaurant y el estacionamiento de un estadio de beisbol. En el primero, es el almuerzo entre Doug y Claire que se ve interrumpido por la presencia de un cínico Jem, quien esconde en el cuello un tatuaje que era prueba fundamental para que la joven desenmascare la identidad de los atracadores. La escena se ve suspendida por una conversación llena de ironías y desconciertos reflejados en el rostro de Doug, que al igual que el espectador, era el único que sabía la verdad de todo. La segunda escena describe instantes de finalizarse un tercer atraco por la banda de malhechores que serán sorprendidos por agentes del FBI a las afueras del estacionamiento, e inclusive dentro de él, no a sabiendas de los asaltantes. En las escenas de persecución se percibe como único atractivo el encaramiento de la cámara frente, y cercana, a la zona trasera del móvil perseguido. Las calles angostas son además un factor fundamental que hace de estas dinámicas sean más agitadas y estrepitosas.
The town, según la crítica estadounidense, se perfila como un posible candidato a los premios Oscar. A diferencia de lo que pudo haber realizado Ben Affleck en su carrera como actor, parece estar recompensando dichas derrotas en su labor como director. Por encima de ello, su último filme podría pasarse como uno de los más representativos, tan solo, dentro de esta temporada. The town no muestra nada nuevo. La vida de un criminal que es la excepción dentro de un grupo de criminales no es una historia nueva. Queda por valorar las buenas actuaciones de Jeremy Renner, Pete Postlethwaite y Chris Cooper, siendo la participación de estas dos últimas, mínimas pero de buen calibre.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un hombre soltero (o Un hombre solo)

En 1962, en EEUU, la Guerra Fría parecía avistar su momento más crítico. Las noticias anunciaban que Cuba, una de las capitales del comunismo, era base de misiles soviéticos. El país entero estaba inmerso en una profunda crisis política y emocional. Ese mismo año, en la ciudad de California, George Falconer (Colin Firth), un británico maduro y docente universitario, vivía para entonces su propia crisis. Un hombre soltero es la historia sobre la crisis personal, siendo el amor, la identidad y la soledad los grandes protagonistas dentro de este filme.
Tom Ford, reconocido diseñador estadounidense, dirige esta ópera prima que representa el estado de tres personajes perturbados emocionalmente, que, sin embargo, serán neutralizados por un mundo optimista y gráfico. George, luego de haber vivido 16 años con su pareja, un joven homosexual muerto en un accidente automovilístico, observa una mañana el suicidio como una alternativa. Un hombre soltero es un día en la vida de un hombre solitario, víctima de la incapacidad de seguir llevando su rutina pesimista, aquella que siempre fuera neutralizada por la presencia de Jim, su amante, una persona que, al contrario de George, vivía sus días con júbilo y libertad.
Charley (Julianne Moore), una británica, y mejor amiga de George, es víctima de una soledad producto de un matrimonio frustrado, el cual nunca supo disfrutar. A puertas de los cincuenta años, Charley es incapaz de dejar atrás su amor platónico que siente por George, quien fuera su pareja largos años atrás. Kenny (Nicholas Hoult) es alumno de George, un adolescente que sostiene una relación ficticia con su enamorada, siendo incapaz de aceptar con total libertad su homosexualidad. Los tres personajes, si bien están ligados por una soledad, cada uno se localizan en tiempos distintos.
George manifiesta su soledad respecto a su futuro. Su mismo estado pesimista lo obliga a consultarse por el mañana, siendo siempre su respuesta similar al de anteriores días: “sobrevivir, un día como ayer”. Charley es un personaje que sostiene su soledad desde su pasado. Sus días pasados con George son los responsables de mantener una vida teatralizada a base de engaños, como sus mismas citas que funcionan como un transporte a su vida en Gran Bretaña. Kenny por su lado, se cuestiona su presente, esa indecisión sobre su identidad, aquella que lo mantiene aislado de su círculo social.
Los tres personajes son víctimas de un miedo que está siempre relacionado con la soledad, aquella que les impide mirar al frente. George, al ser el único que encara el futuro, responde a unos deseos suicidas, aquel que observa con mayor proximidad ese temor que evita, pero también atrae. George, Charley y Kenny atraen y captan sus miedos, a medida que intentan negarlos. Ellos, sin embargo, se ven equilibrados por un reflejo de ensoñaciones. Es a través de las remembranzas del pasado, las fantasías representadas o las vivencias de un vida aparente, que los personajes encuentran la oportunidad de reconocer una moderación a sus trágicas vidas.
Tom Ford recurre así a los matices cálidos que avivan la piel y enrojecen más el brillo californiano. Un hombre soltero a veces parece ser más una sesión de fotos que una película. Los rostros pálidos de los personajes, una y otra vez, se ven prendidos y apañados por los efectos visuales siempre recurrentes. La película posee una gran cantidad de imágenes simbólicas y oníricas, que en momentos se duda lo que podría ser real o fantasioso, como es la presencia de una misteriosa niña a ojos de George. Ninguna de las actuaciones captaría la atención, si no fuese porque se observa a un Colin Firth haciendo lo que no es usual dentro de su filmografía. Tom Ford hace un breve homenaje a las películas Psicosis (se observa un afiche pegado en un muro) y Vértigo (se utiliza una pieza del soundtrack) de Alfred Hitchcock; ni si quiera el gesto lo salva. No recomendable.

domingo, 24 de octubre de 2010

El último exorcismo

La historia de niñas poseídas por el demonio parece aún no terminar. Desde el estreno de El Exorcista (1973), no ha habido película que haya causado similar impacto a la película de William Friedkin. Si tomamos memoria de una de las escenas más memorables de este filme de horror, muchos elegirían las piruetas por las escaleras de la inocente Reagan o la muy citada torcida de cuello en 360°. Dichas imágenes posiblemente son una de las fuentes directas que muchos directores desearían igualar, y ahí es donde se manifiesta el primer error, o más bien “horror”. Sí algo le sobra a las películas de terror hoy en día, son los sonidos estridentes y repentinos, y el abuso de los efectos especiales. Es asì como el exorcizado ya no solamente baja por las escaleras, sino camina por los techos, ya no solamente hace girar su cabeza, sino se la saca y lo vuelve a su lugar. Naturalmente, el suspenso y el verdadero terror, quedan en segundo plano.
El último exorcismo de Daniel Stamm marca la diferencia entre las secuelas e imitaciones del famoso filme de Friedkin. Es a diferencia de las otras películas sobre exorcismos que su director no se atreve a recurrir a las mismas marcas del cine de terror actual. El último exorcismo posee los efectos especiales necesarios para la historia y, en contraparte, estos podrían ser casi deficientes, ya que es natural que el espectador espere a ver más que una torcedura de cuello y miembros dislocados en el cuerpo de una niña. La historia se podría ubicar dentro del género de falso documental. Al igual que películas como [REC] (2007) o Actividad paranormal (2007), El último exorcismo está basado en el documental que le realizan dos jóvenes a la última sesión del reverendo Cotton Marcus (Patrick Fabian) y su exorcismo a una niña, supuestamente, poseída por el demonio. Marcus confiesa haber perdido la fe, así como la existencia de demonios que se apoderan del cuerpo de las personas. La historia se centra cuando los tres mencionados tendrán que viajar hasta un pueblo que es zona de cultivos, donde conocerán a Louis (Louis Herthum), un granjero, y sus dos hijos adolescentes, Caleb (Caleb Landry) y Nell (Ashley Bell), siendo esta una niña de 16 años y, según su progenitor, poseída por almas demoníacas.
Tres factores fundamentales se pueden identificar en el filme de Stamm. Dos primeros serían el fanatismo y la pérdida de fe. El personaje de Cotton Marcus es un hombre que ha perdido de la fe, muy a pesar es el “showman” de una iglesia evangélica. El inicio de la película es casi una breve biografía de la vida de Marcus, hijo de, también, un reverendo que desde niño lo inculcó a predicar para su iglesia, orando y sanando los espíritus de las “ovejas descarriadas”. Marcus ha llevado una vida de una figura emblemática para su iglesia, siendo casi una estrella de rock para sus seguidores. En paralelo, su vida familiar se ve perturbada por la presencia de su único hijo, quien habría nacido prematuramente y por eso mismo es dócil inmunológicamente. Seguido de ello es cuando el reverendo confiesa su pérdida de fe, y es por eso que ha convocado a los dos documentalistas para que cubran lo que sería su último exorcismo (una actividad usual en su tarea como reverendo), acto que según sus experiencias, será toda una puesta en escena, casi como su mismo oficio religioso.
Stamm atrevidamente utiliza a un agnóstico para que sea un mediador de fe. Esto, muy aparte de lo que está por suceder, es un medio atractivo al provocar un juicio anticipado de lo que podría pasar. Hay una cita directa al El exorcista. El padre Karras, si bien creía en Dios, este pasaba por un conflicto de fe, ello producto de su alcoholismo y su vida personal. Entonces, es más trágico (o espeluznante) ver a un incrédulo de fe intentando hacer un exorcismo, que a un cura conservador haciendo lo suyo. El atrevimiento de Stamm se incrementa cuando toma a toda una congregación (o un pueblo) y la convierte en una secta encubierta. El último exorcismo así se perfila como un filme lleno de ironías, donde el que parecía ser no era realmente.
Un tercer factor es sobre la pubertad femenina, algo que nos remonta a la película de Brian De Palma, Carrie (1976). La pubertad naturalmente se relaciona con la sexualidad femenina, esta como una germinación del pecado. En ambas películas se puede observar la presencia de la madre castrante. Nell hace años ha perdido a su madre, víctima de un cáncer “de mama”. Los celos que son propios de la madre para los hijos, fueron heredados al padre. La imagen de Louis es la de un padre sobreprotector, casi enfermizo, velado además de un fanatismo "personal". Es personal debido a que Louis no cede a la religión de su misma iglesia evangélica (representado en el filme como el recinto del fanatismo). Al igual que en Carrie, la presencia de la madre es asfixiante y perturbadora, subordiana también a la religión. Con esto podemos concluír que la imagen del padre-madre es un catalizador que evoca el terror.
El último exorcismo hubiese sido una buena película si no fuera por su desacertado final. Daniel Stamm en gran parte del filme sabe manejar el suspenso y aprovechar los momentos de terror. Ninguno de ellos se vuelca a la exageración ni a “vuelta de tuerca” de los sonidos repentinos que hacen saltar al público de sus butacas. El terror que impone en el transcurso de la trama no es falso ni tramposo. Los escenarios son adecuadamente seleccionados. Los espacios abiertos pero oscuros, entre pastizales y corredores estrechos, son lugares donde lo diabólico reina. Las escenas del cuerpo de Nell en pleno climax demoníaco son generosas y suficientes, y lo que es mejor, es que se hacen esperar. Son apenas cinco minutos los que se ve a la adolescente posesionada por el espíritu maligno. El último exorcismo es escaza del gore. Todo el rodaje contiene tan sólo manchas de sangre, dibujos tétricos (una fuente muy citada, pero, sin embargo, efectiva en medio de la oscuridad) o gritos, tópicos que empañan al espectador de un gran desconcierto. Las actuaciones siempre provocan verosimilitud, sin embargo, la presencia de Caleb, el hermano de Nell, es absolutamente la mejor performance. Una de las mejores escenas es la primera aparición de Caleb. Es de día y a campo abierto, pero es su mirada y su tono de voz diabólico (él parece ser el poseído) los que manifiestan esos momentos de mucha tensión.
En conjunto, El último exorcismo termina siendo una mezcla de El proyecto de la Bruja de Blair (1999) y The reaping (2007). El final no es justo para una película que había logrado su cometido en el terror. La cámara que corre a campo traviesa es un refrito que posiblemente se veía aproximar, aunque no en tal estado. El desenlace además de ser ineficaz es precipitado, casi fugaz, dejando en un profundo enigma ciertas preguntas: ¿quién desvirgó a Nell? ¿Fue el chico de la cafetería, tal como lo habría confesado la misma Nell? ¿Es acaso el mismo joven el diablo? ¿Era en realidad gay?

jueves, 14 de octubre de 2010

Octubre

El minimalismo, el realismo y la ironía, van de la mano en la película peruana Octubre, dirigida por los hermanos Daniel y Diego Vega, ganadora al Premio del Jurado “Un certain regard”, en el Festival de Cannes. Los hermanos Vega citan la temporada del “mes de los milagros” como un medio para crear una historia arraigada al costumbrismo peruano, reflejado de “personajes tipo” que representan sus vivencias y dolencias, estas siempre abiertas a una mirada universal, aunque apoyados desde nuestra cotidianeidad.
Octubre parte lo que podría ser nombrado como un “chisme de barrio”. Este es superficialmente la novedad de un contexto en específico, más aquella encierra una cadena de privacidades. El chisme aquí sería que la Cajamarquina (una prostituta) ha abandonado a su hija recién nacida en el hogar de Clemente (Bruno Odar). La niña, producto de las visitas sexuales entre los mencionados, se ve ahora en manos de este prestamista, personaje huraño y solitario, que tendrá que arreglárselas para cuidar a la niña mientras va en busca de la madre prófuga.
Los hermanos Vega representan la intimidad de este hombre con un tono de humor y encanto. Películas como Chicha tu madre, Madeinusa y Paraíso poseen esta marca que Octubre decide adoptar. En estas se reconoce la figura de un antihéroe que parece ser un imán de infortunios. Sus malas experiencias se ven contextualizadas con los silencios, la inexpresividad de sus gestos, el congelamiento de sus reacciones. Son estas situaciones la antesala a un acontecimiento desafortunado para el personaje, mientras que para el espectador resultan ser cómico, esto no representado en risas crueles, sino, más bien, risas generosas y piadosas para el personaje. Es mediante los infortunios que Clemente, el antihéroe, va ganando sus adeptos.
Octubre presenta además a otros dos personajes: Sofía (Gabriela Velásquez), una devota al Señor de los Milagros, y Don Fico (Carlos Gasols), un anciano que está ahorrando dinero para sacar a su enamorada del hospital. Estos junto con Clemente forman una triada de la soledad. Clemente lucha por vivir en su soledad, Sofía por abandonarla, y el anciano por negarla. Cada uno responde a este tema respecto a sus situaciones. Clemente al ser un prestamista, este se obliga a ser apático, sin amigos, ni familia, exiliado dentro de una burbuja inquebrantable. Sofía se esfuerza por la búsqueda de una familia que es incapaz de obtener. Su único medio de escape a su realidad, es su devoción, los rezos y los recorridos en el mes de octubre. El hábito resulta ser un disfraz que no evita a su personaje lucir el desnudo de sus piernas, mientras coquetea con deseos lujuriosos. Don Fico, por su lado, está ingeniándose de un plan para poder escapar con su enamorada (ella se encuentra aislada en un hospital) a alguna provincia. Existe una negación hacia la soledad, no por la mera ausencia de su enamorada, sino por su misma vejez, aquella situación destinada al olvido, a la soledad.
Sofía y Don Fico tienen la oportunidad de poder contemplar sus deseos, más estos nunca se ven concretarse. En gran parte de los sucesos, los hermanos Vega ponen en actividad el imaginario de los espectadores para que sean ellos mismos los que expliquen o concluyan las escenas de la historia. Don Fico podrá salir de la capital junto a su enamorada. Sofía, al ser destinada al cuidado de la niña de Clemente, observa en esto la posibilidad de formar una familia junto al prestamista. A los personajes se les extiende las oportunidades, más estás no terminan por concretarse. Está la interpretación del público si desea observar esto como una señal esperanzadora o un camino a lo inevitablemente adverso. El caso de Clemente es distinto.
La presencia de un billete falso a manos de Clemente es un medio que sus creativos aprovechan para remarcar la amoralidad arraigada en este personaje. El deseo de deshacerse de ella da paso a las situaciones irónicas de las que se ve envuelto. El billete falso pasa a ser su estigma del cual parece no abandonarlo, es un cargo de conciencia que de pronto se ha materializado a raíz de sus afanes de continuar viviendo su vida de prestamista, de hombre hosco y solitario. A diferencia de los otros personajes, Clemente encontrará lo opuesto a sus deseos. La presencia del bebe será su medio para redimirse, así como la oportunidad de Sofía para poder conseguir una familia. Clemente al haber experimentado un quiebre en su rutina con la presencia de la niña, este se ve expuesto a experimentar lo que siempre se había esforzado por negar, la compañía y el afecto de una familia. Al final de la película tampoco podemos asegurar sí Clemente ha optado por abandonar la obsesión por ese mundo solitario; lo que sí se afirma, es que él no es el mismo. Ha ocurrido una especie de milagro.
Respecto a esto, un tema importante en Octubre es sobre la religiosidad, vigente con una presencia-ausencia. Las celebraciones a la procesión del Señor de los Milagros, el fervor, los milagros y otros distingos de esta temporada, son una mera excusa para que se pueda contextualizar una historia de tres personajes inundados por la soledad. La tradición del “mes morado” apenas se asoma en medio de la historia. Una que otra vez se ve el peregrinaje de la procesión o la imagen fotográfica de un Cristo alumbrado por una vela y el murmullo de un rezo, más este, el mes de Octubre o, lo que representa, el Señor de los Milagros, nunca logra tomar una presencia absoluta, de ahí su ausencia. Los hermanos Vega titulan su película de tal forma que durante todo el transcurso haya una ruta inconsciente, que los sucesos de la trama sean relacionados con “nuestra” herencia religiosa. El que se tome la imagen del Señor de los Milagros (pintura exclusiva de la capital limeña) no ahuyenta a que el espectador externo, ajeno a esta realidad, de por ignorada la intención de la película. Cada localidad contiene un imaginario específico sobre lo que representa su religiosidad, sea esta manifestada en una imagen o en una simple creencia de fe. Lo que los Vega intentan provocar es que se interprete la realidad de la “soledad” (un tema universal) contextualizado desde, lo que para cada uno son, las leyes de nuestro imaginario (ideología, cultura o religión).
Octubre apuesta por un encuadre fijo. La estabilidad del enfoque y esa indiferencia de que los personajes siempre deben de permanecer dentro del cuadro, son rasgos que van caricaturizando la historia, esta vista como un prototipo comic. En un momento vemos a Clemente sentado en la parte trasera de un taxi, mientras que en la siguiente escena lo vemos tirado al borde de una calzada. Si existe un movimiento brusco que ponga fuera de escena o cercene la cabeza de alguien importante dentro de la escena, no hay necesidad de alarmarse. El estilo que proponen los hermanos Vega expresa un límite contextualmente narrativo. Octubre crea seriedad y credibilidad desde el desenvolvimiento de sus actores (en su mayoría del género de teatro) hasta la contemplación simplista de sus tomas cortas. Octubre, dentro de su minimalismo, encierra una segunda meditación luego de finalizado el filme. Los Vega, mediante la sutileza que tienen para dejar finales abiertos en la historia, provoca al espectador cuestionarse, desde su imaginario, sobre la conclusión de los hechos. Octubre es un filme logrado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Haciendo "La Vigilia" a "¿Como se hace cine en el Perú?" en "Octubre"

Este mes de octubre el cine peruano aguarda dos estrenos en la cartelera comercial: Octubre de los Hermanos Vega y La vigilia de Augusto Tamayo. El primero merecedor de distintos reconocimientos, siendo el de “Una cierta mirada” en el Festival de Cannes el más llamativo, y el segundo, la final de una trilogía iniciada por su director con El bien esquivo, película que recientemente se ha alzado con el premio mayor en un festival de Egipto.


El Centro Cultural Peruano Británico anuncia además, se realizará todos los jueves del presente mes una serie de conversatorios que llevan como título: ¿Cómo se hace cine en el Perú?, mesas que contaran con distintos personajes que manifestarán sus testimonios y proyecciones dentro de la producción de cine en el Perú. Como mencionamos, las fechas serán todos los jueves de octubre a las 7:30pm en el local del Británico de Miraflores (Jr. Bellavista 531/Malecón Balta 740) con ingreso libre. El cronograma es el siguiente:


Jueves 7: El primer impulso: el guión. ¿Cómo se escribe uno?

Invitados: Eduardo Adrianzén (guionista), Emilio Bustamante (guionista, docente y crítico) y Enrica Pérez (cineasta)


Jueves 14: Presentación y gestión del proyecto (no es tan fácil como colgar algo en YouTube)
Invitados: Luis Quequezana (músico y cineasta) y Enid “Pinky” Campos (productora de Días de Santiago).


Jueves 21: El financiamiento: ¿cómo se consiguen los recursos para filmar una película?
Invitadas: Ana María Roca Rey (productora de Tarata) y Nathalie Hendrick (productora de Una Sombra al Frente).


Jueves 28: Presentación del libro: “Confesiones Fílmicas. 12 Lecciones de directores sobre cómo se hace cine en el Perú”, con la participación de Emilio Bustamante y Luis Quequezana; y conferencia acerca de La distribución: ¿cómo se estrena una película peruana en los cines?

Invitado: Héctor Gálvez, director de Paraíso.


Moderadores: Pablo J. Ruiz y José Tsang, autores del libro “Confesiones Fílmicas. 12 Lecciones de directores sobre cómo se hace cine en el Perú”.