miércoles, 30 de diciembre de 2015

Mis Favoritas del 2015

Una lista que originalmente salió publicada en Páginas del diario de Satán y que ordeno según se fueron estrenando o las fui viendo. El porqué me gustaron se hace respuesta en las críticas que he redactado durante el año sobre dichas películas o en el breve comentario a aquellas que no logré reseñar, sea porque no las vi en su momento o porque nunca se estrenaron localmente (caso la lista de “Circuito alternativo”).

Estrenos comerciales
Foxcatcher (Bennett Miller, 2014).- Ha sido la mejor que he visto en la cartelera.
Whiplash (Damien Chazelle, 2014)
Vicio propio (Paul Thomas Anderson, 2014)
Mad Max: Furia en el camino (George Miller, 2015).- Miller conserva el universo de su saga. Es el mundo apocalíptico de aspereza visual, también representado en la entrega anterior, aunque explotando la tecnología de hoy. Mad Max (salvo por una escena) sigue siendo el personaje frío, sobrio y pesimista, además de un nowhere man. Incluso la vocalización de Hardy recuerda a Gibson, incluyendo sus tics actorales. Max, nuevamente, no es el centro de atención. A este lo acompañan otros aspirantes a personajes de culto.
Esta chica es un desastre (Judd Apatow, 2015).- Por encima de su comicidad de stand-up (citas propias de la cultura en EEUU, dobles sentido, humor ácido) me atrae del último filme de Apatow ese lado romántico que se abre paso entre la comedia irreverente. Lo mejor de Esta chica es un desastre es para cuando su protagonista se enamora. Parece decepcionada de sí misma, se frustra, llora, tiene miedo. Se diría que se abre paso a un melodrama sino fuera porque Amy Schumer no deja de repartir su parlamento de comediante. Un filme que por momentos se abre emocionalmente.
Incluida en mi lista del año pasado, aunque estrenada comercialmente este año: Está detrás de ti (David Robert Mitchell, 2014)

Festivales y muestras locales
Primer amor (Mia Hanse Love, 2011)
The look ofsilence (Joshua Oppenheimer, 2014)
Invierno (Alberto Fuguet, 2015)
The visit (Michael Madsen, 2015)
Autorretrato de Siria (Ossama Mohamed y Wiam Simav Bedirxan, 2015)

Cine Peruano
Solos (Joanna Lombardi, 2015)
Videofilia (Juan Daniel F. Molero, 2015)

Circuito Alternativo
Phoenix (Christian Petzold, 2014).- Una historia sobre la reconstrucción de un individuo. Una mujer sin rostro y una identidad que niega a causa de un trauma. Hay un riesgo incluso de que su pasado (o memoria) se extingan. Aquí el melodrama es parte de esa camisa de fuerza. La misma mujer negará sus propios principios con la intención de “retener” a su amante. Es la simulación de pasarse por una persona a fin de rescatar su antigua vida. Lo curioso es que en su camino ella reconstruirá su identidad. En una fascinante secuencia, la protagonista de esta película deja de ser fantasma al revelar su inmutabilidad. Nuevamente el arte es cómplice de la identidad y las paces con uno mismo.
Spring (Justin Benson y Aaron Moorhead, 2014).- El valor de este filme tiene que ver con esa capacidad de generar dos historias y sensaciones distintas y distantes. Por un lado es la historia de amor, dialécticas aunque (eso sí) menos apasionadas que las caminatas de Richard Linklater. Mientras que por otro es ese secreto de espanto. Es la mujer imposible que guarda un historial, cuestión que no cercena a su otra historia. Contemos además su introducción, deprimente y sombría. Pinta casi a drama social. Su final no pierde ese semblante enigmático, entre escabroso y romántico.
Creep (Patrick Brice, 2014).- De entre las películas de found footage de terror, la más valorable de las últimas realizadas. Creep inicia con ese rostro cómico de Mark Duplass jugando al adulto adolescente. Las cosas de pronto se van poniendo incómodas y sin darnos cuenta el estado de ansiedad se hace presente. La película es de hecho predecible. Muy a pesar, su valor se asomará con un doble quiebre en su narración. El filme de Brice se abre al metarelato. La historia dentro de la historia, o la historia vista desde los ojos del cazado y luego del cazador. Dentro de su modestia, esta película supera a otras de su género sin emplear efectos u otras trampas.
World of tomorrow (Don Hertzfeldt, 2015).- Un cortometraje que no pasa los 20 minutos y pone a dialogar el futuro apocalíptico con la inocencia. World of tomorrow provoca humor, tristeza, invita a la reflexión y a la melancolía. En un futuro hipotético, el ser humano ha ido perdiendo de a pocos su esencia. Queda solo la memoria, la misma que también se va extraviando. Lo emocional está ausente, pero la muerte y la soledad están perennes. Una gráfica existencial que en su final conmueve. Una tragedia animada que supera a otras realizadas por Hertzfeldt.
The end of the tour (James Ponsoldt, 2015). - A consecuencia de una entrevista, dos personas se conocen, dialogan, ríen, comen juntos, se enemistan, se cuestionan, pero se respetan el uno al otro. Lo mejor del filme de Ponsoldt tiene que ver con ese tejido de conversaciones y acciones triviales que en consecuencia van generando una reflexión en base a la fama y el fracaso. La estadía provisional entre un prometedor novelista y un periodista de revista se convierte además en un relato de amistad. Una convivencia que aflora desde gestos cordiales hasta una absurda riña. Es, por último, la diferencia entre ser un genio o una farsa, la distancia entre lo mitificado y ese sujeto común que fue David Foster Wallace. Jason Segel hace una impecable actuación sin subir o bajar de peso.
Eden (Mia Hansen Love, 2014).- Por los 90, en Francia, un adolescente descubre el mundo de la música electrónica, y con este su rutina de vida. Eden no es un filme para aspirantes a DJ ni tampoco apunta a convertirse en un manual histórico sobre este género musical. Como en todas las películas realizadas por Hansen Love, sus relatos obedecen a un personaje inmerso a su temporalidad y generación, y cómo este va lidiando con triunfos y asperezas. Aquí el tiempo es distante aunque conciso, una suerte de línea de tiempo que obliga a su protagonista a madurar sin sus obsesiones. Es la historia sobre éxitos, frustraciones, toques de fondo y rehabilitaciones.
Red Army (Gabe Polsky, 2014).- Documental que evoca una época y mitifica a un grupo de deportistas que fueron emblema de toda una nación. Es el nacimiento, la rutina, las glorias y derrotas, el auge y la decadencia, la separación y el reencuentro, de un equipo de hockey sobre hielo perteneciente a la ex Unión Soviética. ¿Qué hace de este filme sea complejo? Red army aspira al relato épico. El retrato de sus protagonistas marca una visión tan global como íntima. La remembranza al pasado de la URSS incluso parece responder al presente de Rusia. Polsky recopila y reconstruye en base a testimonios históricos y personales sobre personajes abrazando su historia con melancolía aunque reviviendo una profunda decepción.
Queen of earth (Alex Ross Perry, 2015).- Inquietante filme sobre la insanidad mental y el masoquismo emocional. Dos amigas se apartan del mundo para dar rienda suelta a sus depresiones y frustraciones. Ross Perry establece esa línea delgada entre el amor y el odio entre estas mejores amigas que se humillan y castigan mutuamente de forma consciente. Un homenaje al cine de Roman Polanski sobre personajes encerrándose, visitantes inesperados que provocan tensiones, la soledad que agrieta la cordura. Una historia que promueve un humor sombrío y se tuerce a lo terrorífico. Hay mucha inestabilidad emocional. Buenas interpretaciones.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Los videos ensayos; y un apunte a Sidney Lumet

Una interesante lista de los mejores videos ensayos sobre cine desarrollados durante este 2015 ha posteado la web Fandor. Los videos ensayos poco a poco han venido tomando presencia en la línea de la crítica de cine. Me parece incluso que este es el primer año en que alguna web le dedica un listado anual de los mejores videos. Los análisis de los videos ensayos hasta el momento han sido amplios. Desde la revisión puntual de secuencias, una visión general a alguna película o filmografía de cierto director, la coincidencia temática o estilística a modo de cine comparado. Aquí, en el Perú, hace un mes atrás, los colegas Mónica Delgado y José Sarmiento han realizado videos ensayos sobre El limpiador (2012) de Adrián Saba y Shirley: Visions of reality (2013) de Gustav Deutsch, respectivamente.
De entre las listas creadas por los corresponsales de Fandor, me llama la atención el video 12 silent men, realizado por Filmscalpel, aludiendo a la 12 angry men (1957) de Sidney Lumet. En los seis minutos que dura, se ven escenas del filme de Lumet siguiendo la cronología que sigue la misma. ¿Qué la hace distinta además de concentrar las etapas por las que pasa la película por medio de una serie de elipsis? Hay una ausencia del diálogo. ¿Qué resulta de esto? Una lectura de la película enfocada a una constante del director. El cine de Lumet reúne a protagonistas angustiados. Al inicio ingresan a la escena calmados, luego son víctimas de la ansiedad, el pánico, la frustración. Se genera a su paso tensiones entre los otros personajes. El cine de Sidney Lumet es expresivo, catárquico, visceral. Son, por ejemplo, los rostros a primer plano de Henry Fonda en Fail safe (1964) o el humillado Sean Connery de La colina (1965). Sus rostros sudorosos son conductos de la incertidumbre en exceso. Pero hay más. 12 silent men es también una reflexión sobre el cine mudo o "puro", en donde la imagen cuenta, “dialoga”, transmite emociones. Un video ensayo que habla mucho sin la interferencia de una voz en off.

viernes, 11 de diciembre de 2015

En el corazón del mar

Cuando se trata de filmes sobre marineros y capitanes lo que apasiona es ver cómo esa naturaleza hosca de dichos personajes sirve como herramienta de sobrevivencia para cuando se encuentren batallando contra las feroces aguas. Es la lucha entre el hombre y la naturaleza acuática, una a la que no se extermina, sino simplemente se somete de manera provisional. Es también la afrenta entre navíos enemigos, piratas u otros mercantes, generándose de esta forma una competencia en donde el mar pone trabas. No hace mucho estuve viendo El mundo en sus manos (1952) de Raoul Walsh, en donde vemos a un capitán de barco interpretado por Gregory Peck mostrando dos rostros distintos. En tierra enamorando a una condesa rusa, en mar compitiendo ferozmente con Anthony Quinn, otra personalidad hosca por naturaleza. Demás está explicar por qué el contexto marino es más motivador que la tierra firme.
En el corazón del mar (2015) es atractiva si la contemplamos con distancia. Es una historia que va asumiendo nuevos conflictos. Su trama de pronto es tan impredecible como el mar. En consecuencia a esto, lo único que prima es la incertidumbre. Ron Howard adapta el relato que habría inspirado a Herman Melville para escribir Moby Dick. Ese es de hecho la historia que engloba a la película. Vemos en primera instancia a Melville entrevistándose con un marinero retirado, uno de los sobrevivientes del navío Essex. La hostilidad y la resistencia de este último por dejar al descubierto los sucesos que vivió en sus tiempos de juventud solo corroen aún más la curiosidad del escritor. Ante la insistencia, el alcoholizado viejo decide por fin revelar lo que ocurrió con el barco y su tripulación. Se manifiesta así una historia de un argumento que puede ser dividido en partes. Es la tensión entre un capitán y su primer oficial, luego la codicia por recolectar la mayor cantidad de aceite de ballena, más adelante el encuentro/enfrentamiento con una bestia marina, y finalmente el naufragio y viaje sin rumbo por 3 meses.
Al igual que en otras películas sobre aventuras marinas, los personajes y la trama de En el corazón del mar están a merced del océano y de lo que este esconde en sus entrañas. Howard imparte un relato de sobrevivencia logrado, sin embargo su narrativa secuencial hace que no haya mucha profundidad en el desarrollo de sus personajes. Es, por ejemplo, para cuando capitán y primer oficial son presos de la obsesión y la codicia, como según define la voz en off del narrador, mas esto no se aprecia debido a que Howard acorta o salta acontecimientos. De un momento a otro los dos miembros enemistados son cómplices de una acción que más adelante tendrá trágicas consecuencias. Lo que sí queda claro, y es de hecho lo más logrado de la película, es cómo el viaje en altamar es filtro que diluye los prejuicios terrenales. Durante el naufragio a una reducida y desértica isla, el capitán, encarnado por Benjamin Walker, dialoga con su primer oficial, interpretado por Chris Hemsworth, con sabiduría. El primero ha extraviado en algún punto del mar su prepotencia e inmadurez heredado por su inexperiencia y el apellido proveniente de una familia de bien. Dicha actitud le será marca indeleble hasta su posteridad.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Festival Transcinema: Cuerpo de letra

En Cuerpo de letra (2015) hay un par de personajes que se podría decir son los protagonistas de este documental. Lo cierto es que el filme de Julián D’Angiolillo parece tener más una aproximación a una película coral, en este caso inclinado a contemplar la rutina de unos “publicistas alternativos”, personajes anónimos que divididos en tropas salen a las calles y realizan pintas en las paredes, en sus talleres fabrican carteles que cuelgan entre postes o en una van improvisan un estudio de grabación y la hacen de locutores de voz. Su clientela es múltiple, sin embargo, por temporada de elecciones políticas el negocio se concentra ahí. Es a propósito de esto que se abre esa reflexión sobre cómo dicho negocio también se politiza, es decir, los posibles roces que existan frente a otros pintores de muros. Cuerpo de letra no tiene mucho para contar. Es apenas un mero deslumbramiento de parte de su director por este mundo no explorado. Una escena a valorar es el fundido encadenado de dos tomas en plano abierto y picado, en una noche en donde los pintores menean sus lámparas y parecen multiplicarse entre una maraña de autopistas.

Festival Transcinema: Santa Teresa y otras historias

Santa Teresa y otras historias (2015) es la congregación de relatos testimoniales en donde un periodista de nombre Juan de Dios y la ciudad de Santa Teresa son los personajes centrales. El director Nelson de los Santos, mediante voces en off de personas a las que no vemos, va fundando un contexto sórdido en donde la religión y la costumbre ancestral están perennes a pesar de la violencia y la fundación cosmopolita, dos cualidades que están apropiadas a la realidad de Santa Teresa. Santa Teresa y otras historias no es más que una de las tantas ciudades mexicanas azotadas por la violencia que ha sido institucionalizada. Nelson de los Santos monta un filme que mezcla la ficción y el documental en donde la oralidad rige y la imagen se despliega mediante ideas y alusiones de una ciudad ficticia. Es decir, explota lo ya explorado por muchos y bajo un idioma fílmico que desmotiva por su poca persuasión visual.

martes, 8 de diciembre de 2015

Festival Transcinema: Stinking Heaven

En una casa, un grupo de ex drogadictos conviven para curarse. Ellos han establecido sus propias reglas, han creado su propio programa de rutina. Es decir, han disciplinado su vida. Todo, sin embargo, cambia con la llegada de una nueva inquilina. Stinking heaven (2015), de Nathan Silver, es una historia en donde aparentemente las cosas caen por su propio peso. La trama inicia con la unión matrimonial de dos de sus miembros y termina con la desintegración de todo este concepto de rehabilitación que parecía funcionar. Es una simulación de la tragedia humana. La estabilidad y su estrepitoso descenso. Silver al retratar personajes con antecedentes precarios tiene para ser pueril, muy a pesar existe una calidez humana en estos, esas ansias de querer recuperarse, la ayuda mutua, esa fraternidad que soslaya, por ejemplo, en la ducha diaria del grupo, que cual simbolización hippie comparten el baño como en familia frente a la naturaleza. Esa humanidad es lo que hace la caída sea más fuerte.
Stinking heaven a medida que va caminando con aire optimista, va siendo víctima de tropiezos. ¿Qué es lo que causó el fracaso de esta empresa? ¿Fue acaso la intromisión de una mujer en medio de una relación, la cual fue símbolo de lo redimido para la comunidad? ¿O fue tal vez el exilio a alguien que debió ser protegido para cuando más lo necesitaba? En respuesta a la consecuencia de este ascenso trágico; Silver crea esta casa de rehabilitación “utópica” en donde si bien sus miembros desean escapar de su pasado, a diario usan como método de terapia el registrarse frente a una cámara para representar sus momentos más deplorables, acción que puede ser traducido como una convivencia con el pasado. No bastando con la memoria, estos personajes registran sus dramas en la ficción. Ellos abrazan inconscientemente a sus antecedentes; la causa de su caída. Para donde vayan, sea el mundo real o representado, el pasado ahí los aguarda. Ya sea en un supermercado encontrándose con un conocido, entre los matorrales en donde se encuentra una botella de licor camuflada, en un álbum de fotos o una grabación de VHS.

Festival Transcinema: Juanicas

En Juanicas (2015) observamos al cine como medio de depuración y curación del drama íntimo dentro de un círculo familiar. El filme inicia con dos mujeres rebuscando las pertenencias de alguien que no se encuentra en escena. Entre los objetos se observan libros de historietas, videos pornográficos y registros médicos. Es una antesala a la intimidad hurgada. Lo que sigue es lo que aconteció ocho años atrás. Una madre y su hija (las mismas que vimos en el inicio) se reencuentran después de tiempo con Juan, hijo y hermano de las mencionadas. Se abre de esta forma una historia en donde el recién llegado, además de ser centro de atención, es el centro de tensiones y conflictos entre los implicados. La directora Karina García Casanova no hace registro sobre una enfermedad mental, esto a propósito del mal bipolar que comparten su madre y hermano. Ella filma con la intención de cuestionar las decisiones y acciones que sus familiares cercanos provocaron en un pasado y, al parecer, siguen cosechando, especialmente Juan, en su entonces presente.
A través del relato, que va saltándose fechas y temporadas, sabremos del declive mental por el que va pasando Juan, un joven del que se cuenta es hábil e inteligente en sus momentos de lucidez, mientras que el resto de sus días es hostil y violento. En paralelo, seremos testigos también de la frustración de la madre e hija. Lo curioso y más atractivo de Juanicas es que siendo Juan el “punto de atracción”, poco lo vemos en foco. Su única aparición fue para cuando su salud era estable. Ya después el lente no vuelve a captarlo con esa misma claridad. Entonces esa ausencia parcial, irónicamente, hace de su presencia más enérgica. El documental de García Casanova sabe a filme de terror. Juan genera ansiedad y temor sin aparecer. Es su misma ausencia la que carcome pues sabemos es una bombilla a punto de explotar. Todo lo impredecible es arriesgado. Es por esto mismo que la cámara incluso ha tomado distancia; esta le teme. Sabe que acercarse a Juan implica estar expuesto al peligro. Al final de Juanicas la directora y hermana le abre las puertas a la reconciliación, muy a pesar, queda registrado el signo del miedo por aproximarse a lo que no se pudo controlar.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Festival Transcinema: Le beau danger

Le beau danger (2014) es un documental empeñado en promover el concepto de un ensayo literario. Es decir, es la alianza entre la literatura y el cine a fin de fijar cada uno sus propios significados. Tanto la palabra como la imagen no pierden sus esencias, pero adicionalmente sirven como herramientas para complementar su mutua comprensión. René Frolke realiza un filme en donde decide abordar la literatura de Norman Manae, escritor de origen rumano, víctima del Holocausto y, posteriormente, de la represión comunista en su país. Para ello el director compone su ensayo bajo tres focos: la biografía, la rutina literaria y el universo literario del escritor. Comprender uno de ellos, es introducirse al resto. La producción literaria de Manae es el fruto de su biografía y los conceptos, lingüísticos o existenciales, que ha venido captando a través de los años.
En principio veremos al rumano internado en su domicilio. Dicho contexto parece evocar esa soledad plasmada, por ejemplo, en los testimonios de un personaje exiliado, versos que pertenecen a Manae, y en donde se manifiesta esa incertidumbre por el olvido de su terruño, esa no pertenencia a un nuevo contexto o a una nueva “palabra” (o idioma), algo que lo ve representado en un bosque en donde continuamente se pierde y se encuentra. Le beau danger registra además algunas charlas impartidas en giras literarias que Manae va promoviendo en distintos países o diálogos sueltos, los cuales van montando el imaginario del escritor. Todo esto es la cuota del cine representando la literatura del escritor. Sin embargo, está también la inserción de lo literario. Son los rótulos de sus poemas, no dictados, sino transcritos en la pantalla, como simulando una plataforma de lectura. Es la palabra que se manifiesta mediante su propio lenguaje. Es decir, que no pasa por el filtro de la representación provocada por el cine.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Festival Transcinema: Silvered Water, Syria Self-Portrait

A través de una compilación de videos caseros procedente de distintos autores y grabaciones realizadas por uno de sus directores en la ciudad de Homs, Silvered water, Syria self-portrait (2014) registra a una nación devastada por un gobierno opresor. En sus secuencias veremos protestas, masacres, tanto de rehenes como de turbas manifestantes, y brevísimos testimonios de deudos que fueron castigados bajo la orden gubernamental de eliminar a aquellos que estén en contra de la política en vigencia. Lo compilado por Ossama Mohamed y Wiam Simav Bedirxan son en su mayoría imágenes muy gráficas. El documental está cargado de un lenguaje que retuerce y conmueve a consecuencia de la violencia que se imparte. Las más impactantes tal vez sean aquellas en donde vemos a los más indefensos dañados directa o indirectamente por este conflicto desproporcionado.
Un ejemplo. En una larga secuencia se observa a un niño paseando entre la inmensidad de los escombros. Me viene un inevitable recuerdo a la Alemania, año cero (1948), de Roberto Rossellini. Lo que distancia sin embargo al niño italiano del niño sirio, es que este último preserva su inocencia, incluso ante la alerta de un temible francotirador. Silvered water, Syria self-portrait es también la charla entre sus realizadores. Ambos poetizando su dialéctica, o tal vez simplemente intentando rebuscar un idioma que ausculte (en vano) la impotencia sentida a igual por el director exiliado (Mohamed) como por la directora residente (Simav Bedirxan), quien además es educadora. El documental bajo ese sentido asume una postura comprometida. El testimonio de un individuo intentando fundar un cineclub en un pueblo en estado de crisis, en donde pasen películas realistas o de corte social, más que un gesto de afrenta es una acción de enmienda. La misma cacería de registros sobre este conflicto, en un estado en donde la presencia de una cámara es equivalente al ojo enemigo, es un acto cívico.

Festival Transcinema: Field niggas

Field niggas (2015) es el retrato a una comunidad. Esta es la de los habitantes negros de una calle en Harlem, compuesto en su mayoría por drogadictos. El director y fotógrafo Khalik Allah es un conocido del lugar. Él será mediador en plena nocturnidad. En lo que aparenta una sola noche, el director dialogará con homeless o gente que incluso llega de vecindarios cercanos a fin de negociar o consumir una diversidad de estupefacientes asequibles. La miseria salta a la vista. Los hay padres y madres de familia, ex presidiarios, pequeños traficantes y limosneros. Muchos de ellos son de pocas carnes. Algunos roban por costumbre pero varios por necesidad. Allah realiza un documental inspirado en la fotografía de retrato. Es decir, el encuadre que ajusta en los rostros y desenfoca el fondo. El lente dramatiza y compone la indigencia casi con lirismo, un tratamiento que décadas atrás había realizado el documentalista Lionel Rogosin en su película On the bowery (1957), un vecindario también ubicado en Manhattan, en donde retrata de una distinta manera a una comunidad de alcohólicos.
Hay sin embargo un discurso panegírico en el filme de Allah. A diferencia del documental de Rogosin, en donde se rescata el gesto humanitario en medio de la miseria provocada por el alcoholismo, en Field niggas existe una defensa por los derechos humanos. Este documental, a propósito del rescate estético que emerge del retrato mismo de la miseria y la drogadicción, abre el debate sobre la cuestionada normativa y proceder de la policía en New York. Allah va acallando los prejuicios sociales a medida que encuadra a estos personajes que transitan. Es su pase por un filtro humanizador. Ya luego, son estos mismos los que irán dando cuenta de sus exigencias a fin de frenar el abuso de las autoridades, quienes accionan bajo un mecanismo que patenta los estereotipos raciales del imaginario estadounidense.

Festival Transcinema: Strange Particles

La tercera edición del Transcinema Festival Internacional de No Ficción va del 4 al 12 de diciembre. Iniciamos con los post a las películas que se ira viendo.

Strange particles (2015) es un documental que sigue la rutina de un físico, tanto fuera como dentro de la sociedad. Primero dentro de su hogar, una vivienda ubicada en medio de un contexto de apariencia boscosa, atiborrado de libros, anotaciones y fórmulas; luego formando parte de un campamento juvenil, esta vez siendo educador y a la vez vigía de los adolescentes expectantes por la diversión que les promete la temporada de verano. Es síntesis, vemos a nuestro protagonista principal como una figura ermitaña y además como una figura de autoridad. Es decir, es como si su presencia vaticinara una introversión, siempre marcando una distancia con la rutina de los demás, o al menos para con los que no están en sintonía con su retórica matemática.
El director Denis Klebleev, más que verse encandilado por la sabiduría numérica  de este personaje, observa a este laborioso físico como una presencia que va generando un punto de inflexión dentro del espacio. Es una visión exótica la que se proyecta en este individuo quien cita continuamente teorías y paradojas. Términos que podrían llamar la atención del Christopher Nolan de Interstellar (2014). Esto indudablemente lo pone en contraste frente a un círculo púber, del que poco entiende (o viceversa). En una secuencia anecdótica, alguien hace notar al matemático que tiene manchada su espalda de pintura. “Debe ser que me he apoyado en algún cerco recién pintado”, resuelve el físico. Qué es sino la marca de pintura fresca dibujada en la espalda la evidencia del exilio de este matemático, una prueba de su naturaleza incomprendida a consecuencia de su extravagancia y pasión por los números, y que lo ha convertido en esta “extraña partícula” que desencaja en un universo que parece no pertenecerle, ¿o es tal vez el mundo que simplemente no quiere que forme parte de sí? Es de hecho ese cuestionamiento pesimista lo mejor de Strange particles; observar a alguien tan lógico dudando de la validez de sus aptitudes.

martes, 27 de octubre de 2015

Puente de espías

Ver reunidos los nombres de Steven Spielberg, Tom Hanks y los hermanos Coen en una misma película es más que motivador. Puente de espías (2015), sin embargo, no logra hacerse un espacio entre lo mejor que hayan realizado, protagonizado o escrito alguno de los mencionados. Muy a pesar, tampoco es que exista alguna razón que la identifique como una muestra deficiente o que merezca ser arrinconada por la memoria. A estas alturas poner a prueba a Spielberg, Hanks o los Coen, sonaría absurdo, siendo cada uno de ellos (desde el principio de sus carreras) piezas fundamentales para la Industria, sea por lo que han hecho o siguen haciendo en la actualidad. El talento nato no se mancha. Centrándome en Spielberg; eso ha quedado claro en sus más recientes películas, ninguna de ellas memorables a grandes rasgos, pero que sin embargo no dejan de ser modelos fílmicamente disciplinados. Ni sus historias ni sus montajes apelan a conformismos. Su cine no ha dejado de ser referente, tal vez no realizando grandes obras, pero sí engendrando secuencias desplegadas con maestría y que sobretodo evocan a un cine conservador.
Puente de espías se basa en hechos reales acontecidos en EEUU durante la temporada de la Guerra Fría. En la historia dos momentos serán percibidos: el proceso judicial del espía ruso Rudolf Abel (Mark Rylance) y la posterior negociación e intercambio de prisioneros/espías con la URSS, siendo James Donovan (Tom Hanks) pieza clave en ambos protocolos. Él en primera instancia será el abogado defensor del espía ruso. Más adelante, el moderador de un acuerdo entre naciones que transitan por una temporada de tensión. Ambas tareas serán fichajes contra su voluntad, órdenes asistidas que, a pesar, Donovan irá asumiendo con obediencia, pero sobre todo con compromiso. Lo alarmante llegará a un nivel crónico para cuando este abogado se verá enfrentado contra los intereses políticos de cada estado. Donovan se irá convirtiendo en un actor neutral, lo que erróneamente lo volverá un traidor (desde la perspectiva del ojo público de su propia nación) y un informante (desde la perspectiva del enemigo).

Spielberg retrata a un héroe en el corazón de la tormenta. Desde los suburbios de Brooklyn hasta las áreas que rodean el muro que divide a las dos Alemanias, se percibe un ambiente plagado de desconfianza y hostilidad, comportamientos propios de la coyuntura durante la Guerra Fría. Todos dudan de todos, pero especialmente del abogado defensor del espía ruso. Es tal vez ese el momento más dramático de las dos misiones del encomendado Donovan, un personaje que por encima de las conveniencias políticas de su estado prefiere operar bajo las normas constitucionales. El personaje de Hanks es de seguro uno de los pocos hombres justos y obstinados que existió durante esa época álgida de la posguerra. Un individuo modelo que es cercano al personaje de la anécdota que narraba el espía Abel desde su cautiverio, sobre un hombre común y corriente, pero que se mantuvo en pie a pesar de las adversidades. Y a propósito de constitucionalistas en tiempos de adversidades, quién sino el mismo Abraham Lincoln como otro modelo a citar, personaje histórico que de igual forma actuó como moderador entre dos bandos durante la Guerra Civil.
Puente de espías, junto a Lincoln (2012), forman parte de lo que parece ser un proyecto histórico sobre el razonamiento constitucional en EEUU, espacio en donde la ley abraza al hombre por igual. Al igual que Lincoln, Donovan simula personificar el carácter tutelar y paternalista que promueve la constitución. Ni sus jefes ni la gripe provocada por el crudo invierno centroeuropeo mellan su convicción. Puente de espías es una película que si bien no sobrepasa las expectativas, es correcta de inicio a fin, dejando secuencias memorables como un grupo de niños siendo educados por la propaganda nuclear o el cerco de Broadway que remueve un trágico recuerdo que Donovan trajo de la Alemania dividida. Steven Spielberg no deja de revisitar en los recuerdos o en la memoria individual; el gran perjudicado de los errores humanos a través de la Historia. Un guión realizado por Matt Charman y los hermanos Coen, siendo el exquisito humor sobrio del ruso Abel la firma del dúo. La impecable fotografía de Janusz Kaminski. Una siempre correcta interpretación de Tom Hanks, además del interpretado por Mark Rylance. Pueda que este último de la sorpresa para las próximas premiaciones.

lunes, 19 de octubre de 2015

Beasts of no nation

Este fin de semana, la plataforma de películas y series Netflix ha estrenado Beasts of no nation, el que sería el primer filme que se estrena de manera simultánea en multicines y vía streaming (en EEUU). Bajo criterio personal, e independientemente si esta película me gustó o no, pienso que elegir una película bélica como el lanzamiento oficial de este modo de distribución no es acertado. No hay duda que ver un filme de este tipo de género se pierde desde una pantalla de laptop o televisor. Como para cuestionar. Aquí una reseña al filme.

La inocencia de la infancia como protagonista en el cine bélico siempre ha sido propósito de reflexión. A través de la pantalla grande se han observado contextos en plena guerra y, en medio, a niños comportándose o reaccionando de distintas maneras. Los hemos visto como figuras desinteresadas (¿Dónde está mi amigo?, 1987) o sumisas (Juegos prohibidos, 1952), actuando como adultos al verse absorbidos por alguna causa (La infancia de Iván, 1962) o sobrellevando la situación (Las tortugas también vuelan, 2004), o incluso han sido también privados de sus propias acciones o decisiones (Paloma de papel, 2003). En la mayoría de casos, su inocencia ha sido de alguna forma ultrajada, obligada a cruzar la orilla de la precocidad sobre el conocimiento trágico de la humanidad. Muy a pesar, la inocencia no deja de palpitar de forma natural, se resiste abandonar su lugar o simplemente no termina de comprender el porqué de la violencia o la muerte prematura. Es de esta forma que se abre la reflexión.
Beasts of no nation (2015) se basa en un testimonio real, sobre la historia de Agu (Abraham Attah), un niño africano inmerso en una guerra civil en la que se verá implicado producto de las circunstancias. Luego de ser testigo de una masacre, el prófugo Agu será secuestrado por una milicia antigobierno que está a las órdenes del “Comandante” (Idris Elba). Ese será el inicio de una estadía del niño junto al lado más terrible de la guerra. Agu no solo será observador de la tragedia, sino que además será accionista de la misma. La película realizada por Cary Joji Fukunaga hace un acercamiento a los miles de casos de niños reclutados por alguna causa política. A pesar de ser claros los causantes o el eje responsable de esta guerra, el filme no tiene el más mínimo interés en analizar dicho asunto sobre qué es lo que está funcionando mal dentro de esa nación o cuáles serían las posibles enmiendas para llegar a un consenso. En su lugar, la historia apunta estrictamente a cómo la inocencia de un niño es fracturada, y no solo la de Agu, sino también la de otros tantos que son sus compañeros de guerra.
Fukunaga para ello se inclina al relato veraz, es decir, no tendrá titubeo al momento de graficar la violencia. No es suficiente realizar un plano general de un regimiento infantil cargando armas de alto calibre. Beasts of no nation no escapa a lo perturbador. Es lo real, y lo real simplemente no deja de impactar. Muy a pesar, lo cierto es que los momentos más sensibles de la película no son necesariamente cuando vemos a los niños obedeciendo a las órdenes del implacable “Comandante”. Por encima de la violencia externa está la violencia interna. O sea, para cuando vemos la inocencia que reluce en algún infante. Es, por ejemplo, un niño confundiendo a un rehén con su madre o el mismo Agu aislado en sus pensamientos dialogando con lo intangible, cuestionando sus acciones o invocando a sus familiares y anterior vida. Lo mejor de Beasts of no nation tiene que ver con esas fracturas, señas en donde los infantes se ven desencajados, confunden la realidad, ya no saben lo que es juego o es tragedia, como drogados por un mundo ajeno. Cary Joji Fukunaga sin embargo es consciente de que la inocencia nunca es extinguida. Siempre permanece ahí, batallando hasta el final. Comparar el Agu del inicio con el Agu a mitad de la trama es conmovedor al ser situaciones contrarias. Lo que parecía ser una historia de humor y candidez se vuelve una historia de terror.

viernes, 16 de octubre de 2015

Sicario

Desde su filme Poltytechnique (2009), Denis Villeneuve ha tenido un profundo interés en mostrar el lado sórdido de la humanidad. Junto a esta, en sus películas Incendios (2010) y Prisioneros (2013) vemos a personajes destruyéndose mutuamente. La cacería es literal y es con esto que la violencia se abre paso a medida que va asumiendo un rol protagónico dentro de la trama. En paralelo, el carácter emocional no deja de ser tema de interés. El director canadiense hurga en la mente de las víctimas a fin de hallar respuestas o cuestionamientos frente a la hostilidad propia de la sociedad o coyuntura a la que pertenecen. La respuesta llega casi siempre acompañada de un sentimiento de frustración. Esto se observa, por ejemplo, en los sobrevivientes de una masacre padeciendo una fractura emocional en Poltytechnique, la hija que hereda el duelo de su difunta madre en Incendios o el padre delinquiendo a fin de hallar a su hija cautiva en Prisioneros. Como pasa también en la misma Enemy (2014), Villeneuve narra historias sobre personajes sometidos a una tortura mental.
En Sicario (2015), la agente del FBI, protagonizada por Emily Blunt, será la víctima de ese martirio mental. Su reclutamiento a una misión de élite encargada de perseguir a altos jefes del cártel mexicano será equivalente a introducirse a un mundo enigmático que atenta contra su postura idealista y reformadora. Nuevamente Villeneuve inunda a sus protagonistas en contextos ambiguos. Si en Prisioneros la tranquilidad de los suburbios se ve interferida por una pérfida secta, en Sicario ese círculo de élite apadrinado por el propio Gobierno es cuna del protocolo infractor, siendo este mismo grupo liderado por un sujeto igual de ambiguo. Es el personaje de Josh Brolin, en inicio vistiendo de sandalias y proyectando un aire comprometido, para después convertirse en el promotor de una tapadera arribista y prefabricada. Es también la presencia de su “ejecutor” y brazo derecho de la misión, interpretado por Benicio del Toro. Ambos irán generando cuestionamientos y socavando la incertidumbre en la desinformada, mas no sumisa, Blunt.

Villeneuve es un director que promueve un carácter testimonial. Sus historias son dramas que se ven envueltos en hechos violentos en donde sus propias víctimas dan informe tanto del mal proceder de los ejecutores como de la condición emocional por la que están pasando. Caso en Sicario, es la mirada incrédula y decepcionada de la agente frente a las controvertidas acciones del equipo al que ahora forma parte. Desde dicha premisa, este último filme hace una remembranza al cine de Sidney Lumet, sobre benevolentes intentando persuadir a sus respectivos antagónicos, a propósito de algún dilema ético y moral. En películas como Doce hombres en pugna (1957) o Punto límite (1964) los protagonistas se esfuerzan por seguir lo que dictan las normas o el protocolo. En Sicario es su inversa, algo que por cierto está definido y es consciente. Es decir, son las normas institucionalizadas tanto por las fuerzas del orden como por el mismo narcotráfico. La ley del más fuerte y el más hábil. A partir de esto es inevitable no pensar en el posterior fracaso o frustración de la idealista por imponer lo correcto.
Lo que prevalece en Sicario, sin embargo, no es su trama. Su historia incluso resulta poco novedosa. Basta pensar un rato en películas sobre policías buenos y policías malos o las tantas versiones del gobierno yanqui lidiando contra el narcotráfico mexicano. Lo sobresaliente en la última película de Villeneuve tiene que ver con la composición visual, el despliegue de los escenarios donde ocurren los enfrentamientos y revelan un potente western, el ocaso que dibuja a un grupo de soldados a contraluz, el dinamismo de la cámara en los momentos de persecución,  la fuerza con que realiza las tomas de acción. A propósito de esto último, Denis Villeneuve ha sido fiel a sus esquemas mas continuamente ha venido mudando de géneros. La road movie, el thriller, el drama psicológico y el cine absurdo, este manifiesto en su filme temprano Maelstrom (2000). Ahora se inclina a un cine de acción. Pero Sicario tiene algo que es superior a todo lo mencionado: su banda sonora. El compositor Jóhann Jóhannsson es lo mejor de la película. El acompañamiento sonoro que le otorga al maquillaje visual es palpitante, provoca ansiedad, es tenso, estresa, sensación que calcina incluso hasta los nervios de acero de Emily Blunt, quien también está formidable en toda la película.

jueves, 1 de octubre de 2015

Una reinvención del Slasher ochentero, a propósito de Está detrás de ti

La herencia del slasher se descubre a plenitud en It follows (2015) o Está detrás de ti. El director David Robert Mitchell parece tener bien estudiada las rúbricas del género que reformula cacerías de John Carpenter o Wes Craven. Aquí una segmentación a la trama:
  • El contexto es un área suburbial
  • Una atmósfera sombría. Un fondo musical nebular
  • Los protagonistas son adolescentes
  • Un asesino ha comenzado una matanza
  • El acudir al sexo será excusa para convertirse en una nueva víctima
  • El verdugo (como Jason Voorhees) es de caminar parsimonioso, fuerza sobrehumana y además nunca muestra su verdadero rostro
  • No hay golpe o arma que logre derribarlo. Es inmortal
  • Ni la Ley ni los padres intervendrán
  • Nadie salvo la próxima víctima podrá verlo. En consecuencia, esta será tomada por desquiciado(a)
  • No entrará en tus sueños (a lo Freddy Krueger), aunque mantendrá a sus víctimas en vigilia
  • El correr solo dilata el acoso. Tarde o temprano, y cuando menos lo espere, volverá al acecho
  • El final es prueba de lo inevitable

lunes, 28 de septiembre de 2015

Knock knock

No es habitual no referirse a la fílmica de Eli Roth sin hacer cita al gore en un estado demencial y masoquista. Knock knock (2015) es de lejos la incursión más mansa del director, y no hay razón para desprestigiar esto. Lo decepcionante surge, sin embargo, para cuando su trama no logra presumir el carácter dramático por el que se ve envuelto un padre de familia “modelo”, quien erróneamente cae en la trampa de dos sensuales jóvenes. Roth nuevamente apunta a una historia de personajes de paso. A diferencia de sus anteriores películas, estos no juegan a ser las víctimas, sino más bien los verdugos,  las cuales acosarán y castigarán a un cándido Keanu Reeves. Basada en la película Death game (1977), Roth reformula su trama en un área residencial en plena temporada de viajes. El solitario Reeves recibirá la súbita visita de dos mujeres a la deriva en una noche lluviosa. Es el auxilio voluntarioso y sin malicia, que luego abre paso a un jugueteo sensual.
Lo rescatable de Knock knock tiene que ver con esa primera parte. Las jóvenes ¿adolescentes? invadiendo la privacidad del “buen padre”, husmeando por las narices de los retratos de la familia perfecta que adornan por toda la casa, tocando y preguntando lo que no deben y relacionando todo tema con el libertinaje sexual. Es decir, preparan el terreno para el inocente Reeves quien constantemente se escabulle, guardando siempre su distancia a cualquier insinuación de alguna de las jóvenes. El montaje, sin embargo, va surtiendo efecto. El tramo se va tornando un juego erógeno, que a ojos del protagonista parece funcionar a modo de fantasía o remuneración sexual luego de una larga veda de sexo conyugal. Lo que sigue es el timo, la difamación y el juego villano. Knock knock decepciona a medida que esta película que apela al castigo y la humillación está a un nivel de principiantes. Los acontecimientos no provocan ni la compasión ni sacan a flote lo perverso. Así como en la etapa de seducción, las adolescentes parecen seguir armando sus travesurillas.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Tempête

Pocos son los dramas que logran motivar la sensibilidad a través de una mirada que se libra de la puerilidad dramática. Tempete, del director Samuel Collardey, es un claro ejemplo de ello. La historia de un padre y sus complicaciones en relación a sus lazos familiares y laborales se despliegan con honestidad y sin maquillaje alguno. El drama en este relato no apela a lo trágico ni tampoco al milagro provocado por algún efecto Deus ex machina. Los sucesos que ocurren en este relato son producto de las circunstancias y no de malas jugadas del destino. Todo lo que sucede aquí está en base a un razonamiento natural. Son cosas que pasan, y nada más. La vida de Dom (Dominique Leborne), un marinero de un barco pesquero, se verá interrumpida por el prematuro embarazo de su hija de apenas dieciséis años. En paralelo, tendrá que lidiar además con la renovación de la custodia de esa misma hija y un segundo.

Tempete se inicia con una introducción a la historia. Es el antes en la rutina de Dom. Es su retorno luego de estar internado por semanas en el altamar. Lo veremos recoger a sus dos adolescentes hijos. La camaradería entre ellos trasluce a primera vista. Hacen fiestas, miran películas, duermen juntos. El ambiente es de fotografía. Tiempos de calma atraen tiempos de tormenta. Al regreso de una nueva faena laboral, Dom se encuentra con esa nueva noticia. Su hija lleva cuatro meses de embarazo. Hay además un riesgo en la salud del niño en concepción. A esto se le suma el otro riesgo, de que Dom pueda perder la custodia de sus hijos frente a su esposa, una de la que se interpreta no ha sido muy maternal durante la época en que eran una sola familia. El marinero tendrá que ajustar entonces sus horarios, evaluar un nuevo proyecto de trabajo a fin de atender a sus hijos. Los retos se asumen con optimismo. Es la benevolencia de un padre sostenido por una confianza ante un posible fracaso.

Dom hará lo que es necesario para no perder a sus hijos, no perder el sustento económico y, sobretodo, no perder la cordura. Tempete despliega la imagen de un hombre emprendedor. A medida que se va esforzando por planificar su nueva vida, ciertos percances lo irán frenando. Muy a pesar, para un camino existen otros más. Collardey define este drama personal mediante la historia de un personaje que es constante. Hay una honra y tributo al compromiso paternal. Uno que no necesariamente se define por las acciones finales, sino por las intenciones que lleva a cabo. Tempete modela los gestos de humanidad, más reduce lo dramático. Para los momentos de desesperación o fracasos no habrá un padre perdiendo los estribos ni tampoco unos hijos reclamándole con bravura. Existe incluso una historia de amor que a Samuel Collardey no le interesa convertirlo en un melodrama. El filme, en su lugar, prefiere contemplar las etapas. Son las idas y venidas, los altibajos del que nadie está libre. En ese sentido, el optimismo y la dignidad nunca son derrocados. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Mate-me por favor

Una ola de muertes está sucediendo en una localidad. Mujeres han sido mancilladas y masacradas. Un asesino anda suelto. Nadie sabe nada, pero los estudiantes de un colegio aledaño han comenzado a hablar al respecto. Entre ellos comparten sus propias hipótesis. Versiones que de repente se confunden con sus sueños y fantasías que, al igual que los asesinatos, apuntan a lo grotesco. Mate-me por favor es un filme sórdido que evoca por momentos a una atmósfera slasher. Son pues los personajes enteramente conformados por adolescentes en pleno despertar sexual en instantes en que se está gestando una ola de homicidios. La ópera prima de la directora brasilera Anita Rocha da Silveira hace coincidir los tópicos del sexo y la muerte a fin de crear una convivencia que se verá reflejada en la rutina de su protagonista principal.

El sexo de pronto no está lejos de la muerte, parece asumirlo Bia (Valentina Herszage), quien, al igual que sus compañeros, cree pensar que el primero está subordinado al segundo. Retomando el comportamiento de un slasher, este género reza que los adolescentes quienes cometan actos sexuales son los aspirantes a víctimas fatales. Mate-me por favor no está lejos de dicha dialéctica. Bia, cándida y enamorada, de un momento a otro se encuentra inmersa en una curiosidad púber que apunta a la perversión. Son las pulsiones violentas que ha adoptado la adolescente al punto de inclinarse a una pulsión de muerte, como cuando se produce herida, por ejemplo. En paralelo que van sucediendo nuevos casos de violaciones, Bia va yendo en búsqueda de su goce sexual. La adolescente parece sentirse atraída por lo que piensa el verdugo sexual ¿Qué es eso que busca el asesino? ¿Es el placer sexual o el placer por la violencia? ¿O es acaso ambos? El caso de una víctima masculina impulsa a Bia a una repentina fijación por las de su mismo género. En un extremo, la adolescente comienza a sentir una atracción morbosa por circular en la zona en donde se perpetraron los hechos. Es como si ella desease “experimentar” de esa violencia a primera mano.

En Mate-me por favor no hay padres. Al igual que en los slasher, de pronto la presencia de la autoridad está ausente. Son los adolescentes mismos quienes se las ingenian para enfrentar sus miedos o aprender sobre lo que no conocen. Caso en la película de Rocha da Silveira, es la fijación distorsionada del descubrimiento sexual. El sexo y la muerte simpatizan en base a un efecto coyuntural. Esto puede ser asimilado por el espectador como crítica social o simple testimonio de un comportamiento sexual desalineado a una perspectiva conservadora. Mate-me por favor, además, tiene ciertas coincidencias con otra película también seleccionada en la Competición Orizzonti. En The fifts, película de Anna Rose Holmer, sucede también una suerte de paranoia que a medida que avanza se va convirtiendo en una obsesión casi sombría. Son el grupo de adolescentes abiertos a esta experiencia fuera de lo normal, una que incluso genera un colapso o daño físico. Al igual que Mate-me por favor, el final cierra con una experimentación colectiva.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Wednesday, May 9

Artículo publicado en Cinencuentro.
El actual cine iraní, en gran parte, se ha visto influenciado por dos factores. Uno tiene que ver con un carácter de protesta. Es, por ejemplo, el cine de Jafar Panahi. Un cine socialmente comprometido, desaprobando la represión que llega tanto del Estado como de las normativas sociales. Lo segundo tiene que ver con un carácter humanitario. Es, por ejemplo, el cine de Abbas Kiarostami, no el más reciente, sino específicamente el de la década de los 90. Un cine sensible que a partir de la rutina se emergen historias ejemplares. Wednesday, May 9 se podría decir que acoge ambas motivaciones. La ópera prima del director Vahid Jalilvand narra la historia de un aviso al público anunciando el desinteresado donativo que irá a nombre de algún necesitado. Esta será la excusa para descubrir tres historias, cada una sosteniendo sus propios dramas y a la vez revelando el lado trágico de la realidad en dicho país.

Jalilvand tiene esa influencia del cine de Kiarostami en base a cómo un móvil va desmantelando a otros personajes o historias. No existe un protagonista central. En su lugar existen personajes que coinciden dentro de un mismo contexto opresivo que genera frustración. Wednesday, May 9 cuenta la historia de Jalal, autor del aviso y donante de esa considerable suma de dinero, y dos mujeres, ambas aspirando a conseguir la donación a fin de curar sus dramas. La película a medida que va adentrándose en estas tres historias, va manifestando acciones, comentarios, sucesos que en cierto modo no son transcendentales dentro de la trama, pero que sin embargo generan una visión del contexto. Parece ser que no solo son los dramas que viven estas tres personas las que los ha dañado o sensibilizado. Es más bien un todo. Por ejemplo, las vivencias que desatan comentarios tiránicos, la vigilancia estatal siempre mirando con desconfianza o el machismo tan punzante que castiga tanto a mujer como hombre.

Wednesday, May 9, en respuesta a esto, tiene una postura utópica. Jalal es un altruista producto de la impotencia de la que fue víctima en un pasado y que no deja de observarla a través de los demás. Este protagonista es una suerte de mártir que incluso se inmola aunque no literalmente. Este personaje absorbe la tragedia ajena, haciéndola suya por su abuso de compasión hacia los necesitados. Jalal cura a los demás a fin de curar sus propias heridas. Vahid Jalilvand crea a un individuo que se mitifica a medida que va percibiendo las angustias generadas por la coyuntura. A pesar de esa presencia benevolente y desinteresa, Wednesday, May 9 no deja de expresar el lado dramático. Es por un lado los rezagos de la caridad, algo que genera tensiones en la vida personal de Jalal. Está también esa imposibilidad de asistir a todos. No es gratuito que esta filantropía llegue de una persona común. Es el compromiso estatal aún irresuelto.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: Pecore in erba

Artículo publicado en Cinencuentro.
Leonardo Zuliani tiene pegado en su habitación un afiche de This is Spinal Tap (1984). Faltaba más. Y es que este clásico del género mockumentary sirve de gran inspiración para la película de Alberto Caviglia, filme que sobretodo configura a un romántico. Al igual que los rockeros de la película de Rob Reiner, Zuliani será un famoso de poca monta, pero que sin embargo es –desde una clasificación de libros de autoayuda– un emprendedor nato. Pecore in erba enteramente relata el biopic de un antisemita, xenófobo, político radical, enemigo de los judíos o de algún grupo terrorista fundamentalista, el “odiado de turno” por la sociedad, huérfano de padre a quien odia con pasión (lo que le produjo una prematura disfunción eréctil, afirma su psicólogo de cabecera); y así sigue la lista. Es decir, un perverso, resentido y defectuoso por excelencia, pero que a pesar de todo fue líder nato, caricaturista, fundador de un grupo político y de un círculo literario, filósofo, inventor, autor de algunos libros y de una franquicia de comida rápida. Lo cierto es que Zuliani fue mucho, aunque nada.

Pecore in erba inicia con un noticiario anunciando la desaparición del joven italiano. No solo su familia, sino toda Italia está consternada. ¿Dónde está? ¿Fue acaso un escape o un secuestro? Multitudes claman la liberación de este joven incomprendido que desde pequeño, casi por naturaleza, sometió al bullying a su compañero judío. Desde ese momento, Leonardo Zuliani no dejó de impartir esa causa/odio hacia la comunidad judía como extranjera. Caviglia promueve la sátira partiendo de un personaje que tiene una lógica que rompe un tabú tan antiguo como moderno, pero que en cualquier momento de la Historia de la Humanidad fue carente de lógica. Es en base a ese absurdo que el director italiano se imagina a este individuo increíble. Cual Forrest Gump, este se va desenvolviendo en muchas áreas especializadas. Las políticas, las académicas, las mediáticas, las empresariales. En cada una de estas, Zuliani irá manifestando su discurso del odio. Muy a pesar, la frustración es inevitable.

El viaje comprometido de este héroe o antihéroe, como se le quiera ver, es la de un destinado a la frustración. Es decir, intentando exterminar algo tan arraigado como el conocimiento judío, tan trascendental e imperante en el mundo occidental. Cada corriente filosófica o estrategia de marketing que haya triunfado y promovido Zuliani, no será más que una suerte de ilusión, algo efímero. El efecto boomerang no se deja esperar. Justo cuando el protagonista principal ya se sentía en la cima del mundo, el piso se remece (o la Historia se acomoda) y la humillación asalta al joven romántico. Entonces nuevamente lo vemos aislado en su dormitorio. Sentado sobre su cama, justo al costado del afiche de los rockeros que al igual que él, su historia sirve como una suerte de radiografía de una época. Pecore in erba piensa en base a los comportamientos de una sociedad. Es irónico ver como las masas son tan volubles. Por momento odiando a este antisemita, al otro día comprando sus productos, luego odiándolo otra vez, y al final invocando a su reaparición. Queda, sin embargo, en la coda del relato ese sabor a triunfo y redención humanitaria; algo que en la actualidad resulta ser tan utópico. Alberto Caviglia es otro romántico.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Venice Sala Web: The fits

Artículo publicado en Cinencuentro.
The fits se inicia con la figura “masculinazada” de una niña. Su presencia rodeada de testosterona y prácticas de boxeo de inmediato contrasta con ese otro sector ubicado en el mismo complejo deportivo, uno que está conformado por el grupo de chicas, en su mayoría adolescentes. En paralelo, veremos a la protagonista de la película ejerciendo las mismas labores que las de su hermano mayor, sea ayudando con los tareas como empleado del complejo o haciendo rutinas de entrenamiento propio de un aspirante a boxeador. La ópera prima de la directora Anna Rose Holmer en principio parece apuntar a un drama de identidad, sobre la niña que siente curiosidad por ese club femenino de danzantes urbanas. Hay algo que le atrae de esta práctica. Es tal vez la naturaleza de compartir lo mismo que los de su mismo género. La película, sin embargo, apunta a una naturaleza más compleja.

Lo que parecía lejano a la niña, de pronto forma parte de su nueva rutina. La menor cuelga los guantes y pasa a formar ahora parte del grupo de chicas practicando coreografías que son todo un reto para la recién integrada. Junto a ella, se unen otras de su edad, quienes junto a las más mayores serán entrenadas para un próximo desfile. Algo inesperado, sin embargo, sucedió en la primera práctica. Una de sus líderes ha sufrido un repentino ataque de convulsiones. Las noticias no son claras de lo que sucedió, pero tal parece que no fue nada grave. Las sesiones de baile siguen su curso. En el transcurso, un cambio se percibe. Es el del divorcio fraternal. Es la niña pasando cada vez menos tiempo junto a su hermano mayor. La distancia es cada vez más notoria, aunque sin dramatismo. ¿Es acaso ese el conflicto de la historia? Una nueva víctima de convulsiones afirma que no lo es.

The fits me recuerda a algunas películas de Serie B en EEUU durante la década de los 50, sobre las paranoias colectivas, hechos inexplicables que sacuden a un grupo de personas, especialistas y noticieros lanzando hipótesis que como espectadores estamos seguros son erradas. Ya después del segundo desmayo, el ambiente en la película de Rose Holmer se torna pesado. La banda sonora se manifiesta misteriosa y amenazadora. Lo desconcertante se expande para cuando comenzamos a oír los testimonios de las víctimas ya recuperadas, cada una explicando a su manera esa suerte epifanías. Tal parece que la experiencia se va convirtiendo en una moda y, como en el inicio, la protagonista ahora busca ser parte de esta. The fits sigue siendo en cierto modo un filme sobre la búsqueda de la identidad o la inclusión, muy a pesar lo enigmático desplaza cualquier huella dramática. Anna Rose Holmer en su debut de ficción recrea su propia versión de las modas adolescentes desde una lectura un tanto retorcida como mesiánica. Es por un lado el clímax grotesco producto de parálisis y desmayos, es por otro lado la señal que simboliza la cumbre de la perfección; ambos casos relacionados a la danza que de paso abrió las puertas de la adolescencia a una niña.