martes, 4 de julio de 2017

7 Lima Independiente: Arabia

Un hombre ha muerto. Nadie sabe nada de su presente ni mucho menos de su pasado. No se le conoció familia ni amigos, salvo por aquel que un día lo recomendó para laborar en la fábrica de metales, quien por cierto lleva tiempo de haberse marchado con rumbo desconocido del barrio industrial de Ouro Preto. Arabia (2017) gira en torno al descubrimiento de un extracto autobiográfico de ese individuo, una fuente escrita que es único vestigio de vida que dejó este “NN”. Desde el modo en que se aborda esa regresión –que recuerda a las entonaciones de Miguel Gomes– al soundtrack, existe un gran peso nostálgico en la película de João Dumans y Affonso Uchoa, siendo la trama indiferente a los argumentos en donde podrían verse dilatados ciertos instantes de clímax. El dictado de la historia de Cristiano (Aristides de Sousa), desde que cumplió pena hasta terminar varado en un distrito desconocido, se apega a la contemplación propia de un peregrino, su puntualidad de hechos y vivencias, incluso de los más significativos para él.
Arabia no es la revelación de un hombre o una historia extraordinaria. La trama no se rinde al valor argumental de un ritual de aventuras, sino al valor anímico que va expresando la soledad innata de Cristiano. El protagonista transcribe una larga temporada de su vida, pero curiosamente hay poco indicio de un algún cambio en su personalidad. Es la ruta de un héroe que no madura, que se le dispone algún cambio en su vida, pero se resiste a acogerlo. Es el eterno “hombre de ningún lado”, hombre de carretera, vagando continuamente, mientras se hace idea de su final. Cristiano espera a que la muerte lo sorprenda en cualquier momento. Es la historia de un hombre que ha fabricado su propia condena. Ni el amor parece persuadirlo. Al menor indicio de una fatalidad, Cristiano asume como una señal de continuar su camino, y no hay derecho a retorno.
Es muy significativo quién es el descubridor de las notas de Cristiano; un adolescente que, al igual que el autor, padece de una orfandad que, posiblemente, ha afincado en él una personalidad solitaria, además de una desafección por el contexto y los que le rodean. Es como si el destino quisiese que encontrara esas notas, una proyección de su naturaleza. Lo otro, y sería en un terreno hipotético, es el destino de esas notas: el olvido. Arabia parece ser un homenaje a los personajes destinados a ser anónimos por propia convicción, fantasmas que transitan y que solo algunos recuerdan, como el viejo habitando en las cercanías de una plantación de mandarinas, de antecedentes encomiables, pero de fama marchita, y que al parecer también esperaba a la muerte. João Dumans y Affonso Uchoa relatan una historia de un hombre afligido y autodestinado a la consumación, extraviado en un terreno tan amplio, uniforme y confuso como el Sahara, en alusión al chiste de unos jornaleros perdidos y confundidos.

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