Lo que me provoca interés de la nueva película de Gessica Geneus es el vínculo y diálogo que manifiesta con otras películas del escenario centroamericano. En Marie Madeleine (2026), contemplamos cómo una región de Haití es escena de una brecha ideológica a propósito de creencias que residen de mundos diferentes. En un barrio pobre, se funda una nueva iglesia evangélica justo en frente de un burdel. Este es el punto de partida que definirá al discurso evangélico como un método cerrado y represor. Pienso en Cocote (2017) de República Dominicana y Temblores (2019) de Guatemala, películas que también nos cuentan historias sobre personas acondicionados a la fe. La “buena moral” se convierte en el conflicto de esos relatos, una forma de pensamiento que los protagonistas deberán abrazar a menos que quieran sufrir el ostracismo a manos de la comunidad que creían formaban parte. Marie Madeleine sigue a Joseph (Béonard Monteau), el hijo del pastor de la iglesia recién fundada, quien simpatizará con Marie Madeleine (interpretado por la propia directora), una de las vecinas que trabaja en el burdel. Es de esa manera que Geneus se inclina a coquetear con las parábolas bíblicas para contar una versión en donde la “pecadora” es quien dirige el camino al “pastor”.
lunes, 18 de mayo de 2026
Cannes 2026: Marie Madeleine (Cannes Premiere)
El
acercamiento entre estos dos personajes, en efecto, va más allá de la cercanía
física. De pronto la personalidad curiosa de Joseph lo hace cruzar más de una
vez esa frontera que se le tiene prohibida. Ahora, este cruce de frontera no
solo se reduce al husmear en el terreno de la libertad sexual, propio del mundo
de Marie Madeleine, sino también a otro terreno que descubrirá una nueva brecha
que también es clara en Cocote. En la película de Nelson Carlo de los
Santos Arias, vemos cómo una comunidad está definida por la pugna entre evangelismo
y el chamanismo. El asunto es que, a diferencia de la creencia de vínculo cristiano,
la segunda se la ve asociada a lo tradicional o arraigado. En tanto, al margen
de su carácter déspota, indirectamente, lo evangélico se define como lo exótico
o foráneo. Este mismo argumento se ve representado en Marie Madeleine
para cuando el chamanismo también ingrese a la escena. El problema es que hay
algo de artificioso y superficial en la argumentación de Gessica Geneus. Lo que
podría ser una exposición etnográfica, se percibe lírica y etérea. Lo que
debería percibirse como tradicional, se define con un lenguaje de lo exótico. Algo
similar radica de la introducción realista de la película. De pronto, si
mantenemos ese recuerdo de una mujer lacerada, resulta ambiguo y hasta nocivo
ese camino al que se le invita a recorrer al hijo del pastor.
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