Una película que arranca como un thriller que demanda razonamiento, pero que poco a poco va careciendo de cordura. La ópera prima de Sarah Arnold es una sátira extravagante a la corrupción pública como aliada de los privilegiados. L'espèce explosive (2026) nos lleva a una zona rural francesa. En ese territorio, agricultores y cazadores por puro hobbie están enfrentados. Jabalíes mantenidos por los segundos están destruyendo la producción de los primeros. En tanto, el orden público no pone orden. No será hasta un asesinato y fuga que las cosas comenzarán a tomarse un poco más “en serio”. Ahí entra al juego nuestro protagonista. Fulda (Alexis Manenti) es un despechado policía recién divorciado, agudo sabueso, aunque continuamente disociando con la realidad. El tipo ha sido sublevado de su puesto en Córcega —esto no es gratuito—. Es decir, un sujeto abandona su habitad natural localizado en una zona del Mediterráneo acondicionada a la rutina violenta de la pugna entre mafias para ingresar a una zona de campiña habituada a la desigualdad de derechos. ¿Es que no se parece esto a una premisa western? De hecho, Fulda tiene pinta y personalidad de un arisco cowboy que no gusta de las injusticias. Ahora, más allá de ser un forastero, es un sujeto raro. El hecho es que lo vemos acondicionándose rápidamente a un lugar a fin de dar con la misión encargada: buscar a un fantasma vengador.
jueves, 17 de septiembre de 2026
Fantastic Fest 26: Too Many Beasts (Next Wave Competition)
El
argumento y dinámica de Arnold parece estar en una continua deriva. Decía, su
película inicia como un thriller, sin embargo, lo que aparenta un caso oscuro
se comienza a perfilar como una suerte de anécdota o lapsus de un pueblo en
donde no debería pasar nada grave. El que un agricultor haya asesinado de un
tiro a una importante personalidad pública y luego se diera a la fuga es cosa extraordinaria.
El hecho es que pasó, y ahora el prófugo es un mito, capaz ejecutor de
fechorías que inquietan a los comuneros, y la tarea de Fulda es atrapar al
“mito”. En paralelo, acontece una subtrama. Stéphane (Ella Rumpf), la psicóloga
pública, es la encargada de vigilar a que Fulda, dado sus antecedentes, no
pierda del todo la cordura. Es a raíz de esta convivencia que L'espèce
explosive se perfila a una comedia de situación —efecto de los tics de
Fulda— apuntando incluso a una comedia romántica en una versión muy
extravagante. Y es que a medida que nuestro cowboy comienza a encontrar pistas
y evidencias de la normalización de un egoísmo de clase, su condición de
despechado de mujeres comenzará a sanar para cuando interactúe más con la única
mujer protagonista de un territorio que la discrimina por una masculinidad preponderante
también normalizada. Dicho esto, dos denuncias cruzan caminos y deciden darse
esperanzas mutuamente. Por consiguiente, Sarah Arnold hace coincidir a dos
personajes dispuestos a transgredir un sistema. El orate y la cuerda hasta
cierto punto estarán de acuerdo con iniciar una revolución, y para cuando
suceda esta los niveles de demencia serán exorbitantes y triunfales.
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