Ethan está de regreso y no decepcionará al público. ¿O tal vez quiera decir Tom Cruise? Porque a diferencia de los protagonistas de otras franquicias, el público de Misión: Imposible quiere ver al actor y no al personaje. Sí quieren ver a Obi-Wan, a la máscara de Scream aka Ghostface, a Indiana Jones por muy envejecido que esté. No quieren ver a sus actores, quieren ver a las leyendas de ficción. ¿En serio existe alguien que quiera ver las nuevas y locas aventuras de Ethan? No, muéstrenme a Tom Cruise, uno de los pocos actores que hace de su propio doble de acrobacia, una prueba de que la fantasía que Hollywood construyó en base a su personalidad y físico todavía está vigente. Y claro que lo está, no solo cuando se lanza desde un edificio y recién a la mitad de su trayecto activa el paracaídas, sino también cuando está “fuera de la ficción” promocionando su próxima película. No es presumir sobre sí mismo, es ofrecer entretenimiento, eso que hizo que el cine se reconozca como industria. El tipo sonríe y promociona la película, y no a él, sino a sí como parte de un producto fílmico que solo puede funcionar junto a todo un equipo, los escenarios, la producción, etc. Nunca habla de Ethan hará esto o Maverick —su personaje de Top Gun— hará lo otro. Él te vende emociones. El tipo es un gurú del marketing y no una mera creación del star-system o personalidad que se conforma con pararse en donde le digan que se pare.
miércoles, 12 de julio de 2023
Tom Cruise en Misión: Imposible: Sentencia Mortal – Parte uno
miércoles, 25 de mayo de 2022
Top Gun: Maverick
Hace unos días atrás, Tom Cruise recibía la Palma de Oro honorífico en el Festival de Cannes, a propósito del reciente estreno de Top Gun: Maverick (2022), secuela de la película ochentera que lo perfilaría como uno de los embajadores del nuevo rostro de Hollywood. ¿Qué tienen en común pues Cruise con Manoel de Oliveira, Jeanne Moreau o Jean-Pierre Leloud, además de haberse ganado un premio ofrendado por uno de los festivales más influyentes en la historia del cine? El actor estadounidense, al igual que los mencionados, ha generado un impacto en la industria del cine. Su rostro, sus roles, así como las películas que ha formado parte, han modelado una cinefilia que ha sabido transcender ante el paso del tiempo. Ahora, si algo hubiese que rescatar del reciente masterclass de Cruise en La Croisette, esta no tiene que ver con su discursiva de actor de método que emana aires que no está lejos de la perorata impulsada por la generación del liderazgo barato. “Hago películas para la gran pantalla…”; se refirió el actor cuando se consultó la razón de por qué Top Gun: Maverick -película en donde además es productor- no se estrenaría simultáneamente en plataformas streaming. “Eso no va a ocurrir”. Cruise fue tajante respecto a una modalidad de distribución que, en efecto, transgrede a su hábitat natural, ese para el que fue creado. Cruise nació para la pantalla grande, un cine espectacular que revivió a un Hollywood que diez años atrás de Top Gun (1986) ya no destellaba como en su época dorada.
A propósito de Kilmer. En efecto, Maverick es un personaje de culto que es diestro en su oficio y nadie lo niega. A diferencia de la película de Tony Scott, en esta secuela sí que se siente el viento en el rostro del público. Las secuencias de vuelo son un deleite, así como la habilidad del personaje ficticio, hombre solitario que sigue igual de rebelde, pero que ahora lo vemos mudando de rol. Algo que molesta de las películas que deciden volver a reunir a viejos elencos “a pedido” de un espectador nostálgico, es que intentan forzar esa misma rutina que funcionó décadas atrás. Felizmente, Top Gun: Maverick no remeda las derivas de la vieja Top Gun. Revisita sus argumentos, sí, con el fin de fabricar un mediano conflicto: el distanciamiento hacia uno de sus alumnos. El gran conflicto que engloba a este mediano conflicto es Maverick saliendo de su zona de confort. Cambios en su hábitat natural lo empujan una vez más al circuito de los “Top Gun”. Vemos un halo de ese Maverick de los ochenta resistiéndose a ese cambio. Lo suyo no es ser profesor o tutor de unos muchachos, pero alguien tiene que hacerlo. Ese conflicto con un enemigo político es una excusa de la que no vale la pena ahondar, pues ni identidad tiene. Lo que importa es si el personaje se dará cuenta de que a su edad no le queda otra que cumplir con el ciclo de vida: el instruir o ceder sus conocimientos a nuevas generaciones.



