Última
parte del extenso seguimiento del director Wang Bing a la rutina de los jóvenes
trabajadores de los talleres textiles en Zhili, China. Youth (Homecoming)
(2024) es una suerte de epílogo si se la relaciona a sus anteriores partes. Antes
de su trilogía, en su documental 15 hours (2017), Wang ya había ofrecido
un adelanto al frenético acto repetitivo de las labores de los trabajadores en
uno de los tantos talleres en Zhili, comunidad que se considera desde hace
algunos años como la meca de la producción de ropa infantil en China y el
mundo. Finalizada la Pandemia, el país asiático venía generando el 35% de exportaciones mundiales en moda infantil, originándose gran parte de esa
producción en los talleres de la región en cuestión ubicada al norte de China. La
reciente trilogía de Wang se abre con Youth (Spring) (2023). Asúmase
esta primera parte como el prólogo a un tema constante en la filmografía del
director: la explotación laboral consecuencia de un estado informal. Antes, vayamos
mucho más atrás. A inicios del siglo XXI, Wang debutó con su documental de
nueve horas de duración Tie Xi Qu (2002). Su película hacía un recorrido
a un decadente distrito chino que tiempo atrás había sido cuna de fábricas
textiles. Tras la adopción de nuevas industrias por parte del Estado, la
producción textil fue reducida. Saldo de ello, podemos ver en este documental almacenes
abandonados, grandes maquinarias echadas a perder y un pueblo fantasma. En
tanto, Youth significa la recuperación de la industria textil a partir
de pequeños talleres, esta vez no administrados por un plan socialista.

Youth
(Hard Times) (2024), la segunda parte, es un alarmante
acumulado de hechos que evidencian la explotación laboral que se vive a diario
en los talleres de Zhili. Jóvenes provincianos desde 15 hasta 30 años son mano
de obra encargada de rezurcir abrigos, pantalones o cualquier pieza que vestirá
a niños de quién sabe qué parte del mundo. Aquí vemos a empleados continuamente
reclamando a su empleador un pago más justo por labores que han ido aumentando su
dificultad o ritmo de producción, detalle que, obviamente, no es considerado
por los dueños, quienes nunca extendieron un contrato oficial a los muchachos.
El panorama de Youth (Hard Times) es muy dramático, sin embargo, Wang no
deja de reconocer un espacio duro que pugna con la calidez propia de las edades
de los protagonistas. Eso se percibe aún más en la primera parte, Youth
(Spring), el prólogo o presentación de algunos de los tantos trabajadores. Es
el acercamiento a un ambiente juvenil en un entorno laboral. Los personajes conversan,
ríen, se enamoran e incluso pelean entre ellos. Son jóvenes. Ahora, todo eso lo
hacen mientras trabajan y lidian con las injusticias laborales. Hay un
equilibrio entre la rutina alegre propio de un entorno juvenil y la rutina
dramática social correspondiente a los problemas que surgen en el trabajo o que
incluso ya vienen cargando estos chicos procedentes de familias pobres que
viven en provincias muy alejadas de su punto de trabajo.
Youth (Homecoming)
es una despedida al seguimiento de estos trabajadores, retrato que Wang inició su
grabación en el 2014 y finalizó en el 2019, capaz cuando la Pandemia ya se venía
insinuando. Ese dato aumenta el dramatismo del panorama si nos imaginamos lo
que sucederá con esas personas que en el transcurso de Youth, a pesar de
los malos tratos, se reconocían como privilegiados al gozar de un trabajo u
obtener dinero que ayudará al padre impedido de trabajar por enfermedad, solventará
los préstamos que la familia tuvo que solicitar para comer o podrá costearse un
billete de tren necesario para retornar a tiempo a casa en época de Año Nuevo y
otro billete para después volver al trabajo. Reconozco Youth (Homecoming)
como el epílogo dado que gran parte de la película acontece en las afueras de los
talleres. En esta tercera parte del documental, vemos a jóvenes casarse o
visitando a la familia. Nuevamente, surge un contraste en ese reconocimiento.
Por un lado, a unos les toca celebrar, por otro lado, a algunos les toca
recibir malas noticias. De pronto, las experiencias o dramas que se viven
dentro de los talleres no están lejos a lo que viven los mismos personajes o
sus familiares en su provincia, espacios rurales en donde el trabajo también es
escaso y más agresivo en lo que se refiere a derechos laborales. Eso me
recuerda a una larga secuencia en Youth (Hard Times), en donde uno de
los trabajadores cuenta las experiencias de gente laborando en otras ramas. “Me
siento afortunado”, parece decir mientras comparte esos relatos como si se
tratasen de historias de terror, estas narradas en medio de la penumbra, y no
para crear clima, sino porque el dueño del taller está no habido y los del
alquiler han cortado la electricidad.

Wang
Bing es un director netamente contemporáneo. Su estilo de filmación parece
remontarnos al cinema verité y el registro de método etnográfico. Todo
parte de la convivencia cercana y por años que crea con sus personajes. Salvo
por dos secuencias, no hay intervención del director, alguien que siempre está
oculto. La cámara asume una posición puramente observacional no invasiva, gran
parte optando por un plano general fijo, aunque siempre dispuesto a acortar la
distancia con el sujeto o fabricar movimientos cámara en mano con el fin de
perseguir el conflicto. Es como un cine de guerrilla, austero de producción —ni
si quiera se molesta en servirse de un steadycam— e improvisado.
Volviendo al cinema verité, su presencia siempre retorna al estado
invisible. Respecto a lo etnográfico, es fruto de la convivencia que va
reconociendo rutinas, comportamientos, pensamientos y hasta las tradiciones.
Estas últimas se manifiestan en Youth (Homecoming). Debido a que
mucho de lo que acontece en esta parte pasa en las zonas de provincia, el
espectador se convierte en un observador privilegiado de esos actos que la
modernidad no ha podido cambiar. Es una despedida agridulce a los personajes.
Obviamente, es un cierre que no concluye para ellos, pues más adelante tendrán
que volver y reiniciar todo lo visto. Pero, nuevamente, queda esa idea de lo
que les espera, el 2019, un año que dio paso a una etapa muy difícil. Youth
termina con un plano a un taller vacío, casi a media luz, y una única persona
trabajando con una prenda muy familiar para todos. Es uno de los pocos chicos
que de seguro no alcanzó a obtener el dinero para volver a casa en tiempos de
vacaciones. Afuera es invierno, en provincia las familias se reúnen, pero este
sigue trabajando.