viernes, 24 de febrero de 2017

Manchester junto al mar

Una llamada descubre la vida oculta en la rutina hostil y solitaria del conserje de un edificio. Es en ese instante además que se evidencia el uso del flashback en Manchester junto al mar (2016), recurso que incluso había servido como introducción al filme. Sospechamos entonces que habrá más de estas remembranzas, las que de seguro darán respuesta de esa coraza social que se manifiesta a la primera rabieta que expresa el protagonista de esta historia. El filme de Kenneth Lonergan en ese aspecto anuncia un argumento rumbo a lo predecible, sobre personajes que han roto el cordón umbilical con su pasado, pero este los trae de vuelta contra su voluntad. La tarea aquí será entonces resolver cuál fue la motivación de ese aislamiento, si fue destierro o autoexilio, si fue retiro o escape. Lo que está claro es que ese retorno tendrá tonos dramáticos. Tanto el rostro desgarbado del personaje como el gélido ambiente, en ese aspecto, son literales.
Lee (Casey Affleck) volverá a su pueblo natal luego de enterarse del fallecimiento de su hermano mayor. Siendo ahora el único adulto de la familia, él tendrá que hacerse cargo del protocolo de entierro y además de ver a Patrick (Lucas Hedges), su sobrino adolescente. Más allá del drama que suscita la muerte de este pariente cercano, es el asunto de las relaciones humanas que ahora recaen en el ermitaño hombre el propósito del filme. No suficiente con “estar de vuelta”, tendrá que hacerse responsable, dialogar cuando no quiere, y de paso comenzar a reconstruir el pasado a través de su memoria. Levemente comienza a agrietarse más esa curiosidad sobre el pasado aún difuso de este personaje, ello a propósito de las murmuraciones del pueblo, entre extrañadas y algunas condenatorias. En tanto, Lee haciendo las cosas de forma mecánica. Aquí es fundamental la interpretación de Affleck para representar a este hombre que solo quiere terminar las cosas para salir huyendo a su vida antisociable.
Así como en Margareth (2011), en la última película de Kenneth Lonergan también el estado de ánimo (y la actuación) del protagonista principal es crucial para establecer el dramatismo interno que en cierto punto de la historia se expresará a su exterior. Al personaje de Manchester junto al mar, sin embargo, lo veremos siempre en un límite de su cordura, a pesar del estado y la posición en la que se encuentra. Eso es lo mejor de la película; no inclinarse al drama ostensible, sino el contenido. Lee es un sujeto inmolándose ante el último deseo de su hermano o evitando hacer revivir a su ex esposa esa terrible tragedia que, a pesar de los años, aún agobia a los dos. Es también la personalidad de Patrick. Más allá de quererse graficar un estado rebeldía o indiferencia juvenil, es otro modo de asumir el luto. Manchester junto al mar descubre a personas asumiendo formas distintas de sobrellevar sus dramas, y al parecer todos coinciden en camuflarlo de alguna u otra forma.