lunes, 4 de junio de 2012

Plato tradicional: Poltergeist, 30 años después

Un día como hoy se estrenó en EEUU Poltergeist, película dirigida por Tobe Hooper y producida por Steven Spielberg; el primero, uno de los directores más influyentes en el género de terror, el otro, uno de los más importantes dentro de su generación. Aquí un análisis del filme.

The Texas Chainsaw Massacre (1974), o también conocido como La Masacre en Texas, significó para Tobe Hooper el inicio de una carrera tempranamente prodigiosa. Este filme fue sin duda el referente directo para muchos directores durante la década de los ochenta. Antes que Jason Voorhees, Michael Myers o Freddy Krueger, estuvo Leatherface; uno de los personajes de terror más retorcidos en el cine estadounidense. Tobe Hooper, a diferencia de otros directores del género de terror, no se retrajo al ambientar el género gore,  tipo de cine que recién se liberaba de las producciones de serie B pasando al cine comercial luego que la censura frente a la gráfica violenta y pornográfica resultó obtener mayor tolerancia frente al mercado cinematográfico. Lo cierto del género gore es que tampoco significó la necesidad de liberar el comportamiento sádico o reprimido de un grupo de personajes que no justificaban la disección o mutilación de unas víctimas indefensas que encontraban a mitad del camino. Para Tobe Hooper, el gore no era más que el realismo brutal, un estilo de cine que poco tenía de ficcional para aquellos tiempos violentos, tanto bélicos como suburbiales.

Hooper siguió una carrera activa los siguientes años, esto a pesar que sus posteriores películas no lograran conseguir la misma acogida que su ópera prima. Una adaptación de un libro de Stephen King, fue uno de sus mayores logros. Salem’s Lot (1979) se estrenó en televisión a modo de miniserie. Ese mismo año se estaría adaptando su versión al cine gracias a la grata recepción que tuvo en la tv. A inicios de los ochenta estrenaría dos nuevos filmes, siendo The funhouse (1981) una película que localizaba a Tobe Hooper como uno de los directores más acertados dentro del género de terror. Hooper tenía la genialidad de recrear formas grotescas, imágenes que perturbaban a un espectador que recién se estaba acostumbrando a la virtuosidad de la nueva tecnología y al maquillaje realista. Fue así como Steven Spielberg, ya convertido este en uno de los directores más respetado dentro del mercado, se fijó en el aún desconocido director cediéndole la dirección de un guión que había fabricado junto con Michael Grais y Mark Victor. Para entonces Spielberg ya tenía confirmado el inicio de rodaje de E.T. El extraterrestre (1982), esto evitándolo de dirigir un segundo filme al mismo tiempo.

Poltergeist (1982), en efecto, nace de una idea original de Steven Spielberg. Lo cierto es que el mismo Spielberg fue un director adjunto a Hooper, lo que ha traído la suspicacia entre comentaristas y aduladores que sería el creador de Tiburón (1975) quien realmente dirigió en gran proporción esta película. Cierto o no, Spielberg siempre ha tenido la genialidad de encuadrar la imagen, de puntualizar la historia y de seleccionar acertadamente a sus actores. Spielberg, sin embargo, siempre ha preferido el suspenso a la sobreexposición cuando de género de terror se trata. Poltergeist tiene más de esto último, detalle que solo Hooper ha ido renovando desde el principio de su filmografía, y que en esta película expresa su mayor logro; capacidad que el mismo director no superaría en el resto de sus filmes, hasta la actualidad. Entre Spielberg y Hooper, ambos comparten una habilidad creativa, sea en el argumento o en la exposición visual de sus imágenes, y esto se ve reflejado en el filme; una historia amoldada al relato “Spielberg” y al imaginario grotesco de Hooper.

Terror en Amityville (1979), ya antes había retratado una historia similar, sobre una familia que va experimentado sucesos sobrenaturales que más adelante tendrán una explicación casi razonable –además de un exorcista –. Poltergeist, a diferencia de la película mencionada, posee razonamientos casi ridículos en su historia. Si en el primer filme el argumento repasaba el macabro asesinato de una familia a manos de un hombre seducido por la locura, en el filme de Hooper era la manifestación maligna de una casa y sus espíritus luego que se profanara el cementerio indio que yacía en las profundidades de un jardín. Justo a una familia se le ocurría fabricar una piscina en un lugar maldito. Aunque parezca contradictorio, he ahí la primera evidencia provocadora de este filme. Steven Spielberg había creado la historia de una familia normal. La típica “american family” compuesta por dos padres de familia relativamente jóvenes, la hija adolescente y los dos pequeños. En el día, los mayores con su trabajo de oficina y los menores en la escuela; en la noche, los padres fumando hierba, mientras que los niños juegan en sus recámaras. La joven, quién sabe dónde andará. Todos estos habitando dentro de un suburbio.

Spielberg, influenciado por el espíritu hitchcockiano, toma a un grupo de personas normales y los vuelca a lo imprevisto. Poltergeist es la historia de una familia brutalmente normal que de pronto se verán envueltos en una serie de hechos inexplicables; hechos que casi a mitad del filme serán justificados, y que ya para eso se habrá disfrutado de avistamientos fantasmales, ruidos estrepitosos, eso que llaman aquellos que han experimentado este tipo de situaciones “un ambiente cargado”. Es en esta larga introducción quien Tobe Hooper manifiesta su afición por la dialéctica macabra, una que ha venido cocinando desde The Texas Chainsaw Massacre, y que más adelante directores como Wes Craven o Sam Raimi tomarían prestada. Poltergeist se inicia como el reconocimiento de lo intangible. Es la escena en que la angelical Heather O’Rourke se levanta luego que la tv rompe su emisión local. Es la mano fantasmal que atraviesa el televisor y el sonido sinfónico compuesto casi enteramente por instrumentos de viento, los mismos que explotan y alertan que algo desconocido ha invadido el mundo normal. El quiebre de la rutina se da, y Hitchcock diría: “es momento del suspense”, el mismo que está sujetado de ese idioma macabro, que es el límite entre lo terrorífico y lo cómico. La familia sigue actuando de lo “más normal”, sin imaginarse con lo que se están enfrentando.

Es así como observamos escenas cuando la madre juguetea con los espíritus. Fraterniza, los conoce, se divierte de ellos, les pone pruebas a medida que va subiendo el nivel de dificultad, o más bien, el nivel de irrealidad. Intenta con cosas, luego con su hija. Después le muestra al padre su gran descubrimiento. Hay una necesidad de entablar los lazos de lo normal con lo sobrenatural, esto como un gesto de afrenta o reto que deconstruye los miedos y los convierte en risas provisorias. Décadas anteriores, nunca habríamos visto a la víctima mofándose de “El hombre lobo” o de “El monstruo del pantano”. Tobe Hooper recrea una manera de causar terror y suspenso. Los personajes están expuestos al peligro, conviven con ello, y esto no causa más que pánico preguntándonos o debatiéndonos una y otra vez sobre “¿qué pasará?” o “yo no haría nunca eso”. La familia ha sido seleccionada de tal manera que no cuestiona lo extraño. Ellos no tienen religión, son gente de clase media, quién querría hacerles daño. “No hay motivo para asustarse”, dicen ellos. Obviamente el espectador dice todo lo contrario. Ya más adelante ocurrirá la desaparición de la pequeña que había advertido a la familia: “There’re here” (Ellos están aquí). A partir de eso, la familia pasa de la normalidad a la perturbación.

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