Etero (Eka Chavleishvili) se ha salvado de la muerte. Esta experiencia será una especie de impulso para hacer lo que nunca quiso o capaz simplemente postergó a fuerza de la costumbre. Blackbird Blackbird Blackberry (2023) sigue las intempestivas alteraciones en la rutina de una mujer de 48 años. La directora Elene Naveriani nos presenta a un personaje con un conflicto interno: ser o dejar de ser. Las cosas han cambiado en la vida de Etero desde que decidió era hora de perder su virginidad. Entonces su soledad ha sido interrumpida, las burlas de la gente hacia su persona ahora le resultan más molesto que de costumbre, se siente melancólica, luego irritada, además algo extraño está sucediendo con su cuerpo. Es toda una serie de factores las que la mantienen fuera de sí. Su identidad está en pleno cambio. Muy a pesar, hay una resistencia. Para Etero, la idea de ser una “más” del promedio le resulta inconcebible. Simplemente no se ve como amante, esposa o madre. Sin embargo, su cuerpo y sus emociones parecen desear lo contrario. ¿Pero de dónde radica ese rechazo? Etero mira a su alrededor y no reconoce la motivación. Ahí están sus lacerantes y mordaces descargos contra sus únicos modelos, las vecinas casadas que tanto cuestionan su independencia. El hecho es que existen otros antecedentes más profundos los que posiblemente hicieron de ella alguien dispuesta a huir de las convenciones.
Mostrando entradas con la etiqueta Cine Georgiano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine Georgiano. Mostrar todas las entradas
viernes, 31 de mayo de 2024
XV Festival Al Este: Blackbird Blackbird Blackberry (Competencia Al Este)
Blackbird
Blackbird Blackberry hace un reconocimiento a una generación de
mujeres que de alguna manera se convirtieron en víctimas de las tradiciones
asociadas a su género. Por un lado, las vecinas de Etero, mujeres que camuflan con
bromas una envidia hacia el goce de la libertad, algo que desde hace mucho
dejaron de percibir. Por otro lado, Etero, una suerte de excluida por sus “iguales”
a causa de que su vida contradice los roles tradicionales. Ahora, sendos casos
o tipos de personalidades fueron impuestas, sea mediante la ingesta de esas
costumbres o la privación de estas. Mientras que algunas mujeres durante su
juventud fueron orientadas a convertirse en esposas y madres, el padre y el
hermano de Etero se dedicaron a ahuyentar a cualquier pretendiente de la
muchacha. Es así cómo Etero aprendió u obtuvo su independencia, a fuerza del
deseo de sus familiares y no bajo convicción propia. ¿Estamos entonces ante una
mujer libre? Definitivamente, la independencia en la película de Elene
Naveriani resulta ambigua. Vamos a llamarlo así, a raíz de una epifanía, Etero por
fin está comenzando a formular sus roles sin ayuda o guía de otros. De pronto,
percibo a esta protagonista como una persona asumiendo una adolescencia tardía,
aquella que disputa con los adultos y se siente cómoda con una púber, no está
segura de sus sentimientos, explora su cuerpo, atiende a sus cambios y síntomas,
se deprime, se asusta, niega su estado, pero luego reconsidera. Ella está
explorándose.
viernes, 25 de mayo de 2018
IX Festival Al Este: Madre aterradora
Un tema frecuente,
aunque expuesto a un filtro poco convencional. La película de Ana Urushadze
toma por protagonista principal a Manana (Nato Murvanidze). La historia de esta
mujer es la historia de Jeanne Dielman, Thelma y tantas amas de casa
sobrellevando una rutina doméstica y luego rebelándose o liberando –que es lo
mismo– sus represiones frente a una masculinidad en su versión patriarcal. Los
enemigos de Madre aterradora (2017) son
los padres represores, no los hombres. Ellos son los que gobiernan a su
protagonista, y de paso dan señas de que sus dictaduras se extienden fuera del
círculo conyugal. Es decir, las hijas son también atormentadas por los tiranos.
Todo esto, Urushadze lo manifiesta a partir de un ambiente gélido, mortuorio,
extraño y enfermizo, una ligera inclinación al thriller psicológico, risas que
no son risas, sino que se confunden con el llanto. Hay un peso visceral que
expresa Manana.
Esta protagonista es
una escritora “en el clóset”, y como todo escritor, su literatura es una extensión
de su biografía. Su nueva obra será núcleo del conflicto, creación que ha
irritado al esposo de Manana y que, posteriormente, despertará prejuicios,
tabúes, pero también encontrará un único fan, un hombre solitario, letrado,
empeñado en contagiar a otros el valor que este observa en el libro de la
mujer. Madre aterradora tiene la
intención de promover una película que hace una demanda frontal frente al caso
de una mujer asediada por las convenciones. Manana parece una especie de Emily
Dickinson, revolucionando la literatura de su tiempo o localidad dentro de su
propia ficción, pero fuera de esta será desaprobada por el canon. Lo cierto es
que la película es argumentalmente evidente de inicio a fin. Por muy
extravagante que sea la propuesta, aludiendo a criaturas míticas filipinas, su historia
no propone giros. Su final ya estaba escrito antes de.
jueves, 21 de mayo de 2015
VI Festival Al Este de Lima: Corn Island
Entre los nominados a
Mejor Película Extranjera para los Oscar del 2015 estuvo Tangerines (2013), un filme de Estonia que narraba la historia de
dos personajes tratando de sacarle provecho a un cultivo de mandarinas dentro de
un territorio en pleno conflicto armado. Corn
island (2014), de George Ovashvili, parece partir de similar idea. En esta
es un anciano y una adolescente migrando a una reducida isla que les servirá
como lugar provisorio para su campo de cosecha de maíz. De igual forma, los
protagonistas, además de disponer de solo una temporada para sacarle provecho a
esa tierra que emerge del agua únicamente en tiempos de primavera, serán
testigos también del ir y venir de tropas enfrentadas. En medio del sembrío y
la (aparente) soledad de la naturaleza, la hostilidad merodea, y el rumor de la
violencia parece convertirse en el rutinario ruido de ambos personajes.
A diferencia de Tangerines, Corn island es menos argumental y más contemplativo, especialmente
en su primera parte. Lo cotidiano toma presencia en el filme y, a medida de ese
tramo, se va perfilando algo sugerente. Lo mejor de la película tiene que ver
con esa intimidad frustrada de una menor. Es la femineidad expuesta de la niña
que se está convirtiendo en mujer no solo en un contexto reducido, sino también
en un contexto continuamente vigilado. Por un lado es su anciano acompañante, y
por otro las improvistas apariciones de los paramilitares que hacen acecho por
los alrededores. Ya para la mitad, la película se torna más narrativa. Un
repentino visitante nuevamente recuerda a Tangerines,
además del tema sobre el gesto humanitario en tiempos de guerra. El final de Corn island es el otro punto a favor del
filme. Es el dramático éxito que evoca a un triunfo sobre la tierra y las
circunstancias. Muy a pesar, es también el reinicio de un ciclo. Nuevamente,
los personajes estarán expuestos a los riesgos de una posible tragedia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


