sábado, 21 de agosto de 2010

Un superhéroe sin superpoderes (o Kick-Ass)

El superhéroe postmoderno
Kick-Ass está dedicado a los individuos que han convivido con los clásicos superhéroes como Spiderman, Superman, Batman e inclusive Wolverine, y se preguntaron: ¿Cómo es que nadie ha intentado ser un superhéroe? En tiempos de la era digital, el mercado libre, el facebook, los videojuegos, los videos de tortura y otras gestas de la ultra violencia, nace un superhéroe que no tiene nada de súper, ni tampoco de héroe.

“Kick-Ass” (Patea-trasero) es el alter-ego más atrevido y ridículo que no se ha visto en la pantalla grande desde la aparición de “El Santo”. Su génesis, a diferencia de los otros superhéroes, ha sido motivada por muchas lecturas de cómics. No ha sido mordido por una araña ni tampoco ha venido de otro planeta, pero en lugar de eso es un estudiante de secundaria que para todo el día en el skype, además de fantasear con su profesora de lenguaje. Su vestimenta, posiblemente comprada por Ebay. Su entrenamiento fue duro y de apenas un par de horas. Su súper poder: sobrevivir, como la gran mayoría de gente de su edad.

Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar, dirige esta película sin tapujos ni tabúes. En EEUU ha sido calificada con un PG-13. Eso quiere decir que niños menores de 13 años no podrán verla, clasificación muy sana para una película donde solo falta que las butacas tengan un dispositivo que lance sangre en el rostro del público. La mayoría de críticos en el país del norte lo han clasificado con un PG-17, no apto para menores de edad, presencia de violencia, disparos, bombas, bazucas, hombres sin cabeza, brazos que vuelan, niñas asesinas, etc., etc.

Es cierto, vale la prevención, Kick-Ass es una película para adultos. Si algo nos ha enseñado el cine de la última década, es que las parodias con tonos de comedia negra no son ideales para los niños, a pesar que sean sus personajes coloridos, torpes y graciosos. Kick-Ass, como gran parte de las novelas gráficas que pululan en el medio, posee aparentemente raíces inofensivas. La película de Vaughn es el famoso “lobo vestido de cordero”, en contraparte, si se le prohíbe al menor a pesar de haber llamado su atención, es preciso que sea vista por el público adulto a pesar de no haberle llamado su atención.

Dave Lizewski (Aaron Johnson) es el adolescente que encarna a “Kick-Ass”, que más que patear traseros, es su trasero el pateado. Además de este, habrán otros superhéroes, tales como “Red Mist” (Christopher Mintz-Plasse), “Big Daddy” (Nicolas Cage) y la sorprendente “Hit Girl” (Chloe Moretz). Son los superhéroes en la era de la tecnología, prototipos forjados en su tiempo y en su situación. Acá ninguno quiere ser un Peter Parker o un Logan. Estos superhéroes antes de ser “súper”, son humanos. Saben que de sus ojos no saldrán rayos X, ni tampoco votarán bolas de fuego de sus bocas. Tony Stark y Bruce Wayne podrían ser sus modelos más cercanos, siendo ellos los más reales (y porque sus armas se pueden comprar por internet).

Ha nacido el superhéroe postmoderno. Son dos cosas las que estos individuos necesitan para ser igual que sus personajes de caricaturas: tener coraje y armas. Armas corto punzantes y de fuego, de todos los calibres. Y, obviamente, entrenar mucho. Iron Man y Batman son así los precursores de este superhéroe postmoderno, aquellos que tuvieron coraje a través de sus pasados, ambos en la necesidad de reivindicarse personalmente, uno enmascarado y el otro en sintonía con el mercado mediático, decidiendo defender a la sociedad de las injusticias y los malhechores. En Kick-Ass reconoceremos superhéroes con una cuenta de facebook y otros viviendo en el anonimato. No es que estos hayan mejorado, sino que se encuentran en sintonía con su tiempo.

Superhéroe no significa ser el héroe de toda una nación. El significado de héroe es estar fuera del límite de “lo normal”. Dave Lizewski luchará con un grupo de pandilleros a duras penas. Con su “casi” victoria no habrá defendido a una sociedad, pero sí se ha colocado fuera de “lo normal”. Ha sido capaz de enfrentar lo inafrontable. Se vive en un tiempo donde los hombres son “independientes” y no son capaces de ayudar al necesitado, aún así esté en condiciones de hacerlo. Dave Lizewski es escuálido y torpe, pero es su aptitud la que lo convierte en héroe.

La génesis de estos nuevos superhéroes no es nada complicada, es apenas una motivación fuerte o suficiente para tomar las riendas sobre su situación. Dave Lizewski al verse brutalmente “normal”, decide volverse un superhéroe. “Big Daddy” al verse traicionado, se verá obligado a vengarse y ser un superhéroe. “Hit Girl” al ser criada en medio de un deshonor familiar, será una superhéroe. Ninguno de ellos es idealista, sólo pretenden ser o hacer algo por sus propios fines, eso los convierte hasta cierto punto en egoístas.

El superhéroe postmoderno no necesita de un traje camuflado o complejo. Es apenas una vestidura improvisada lo que los cubre, lo preciso para resguardar su identidad. Sus poderes, como se había dicho, son las armas de fuego. Mientras más armas, más “súper”. Por otro lado, los enemigos no son los típicos “malos idealistas”, aquellos que vivían para hacer el mal a la gente o robar un banco. El malo postmoderno es también un interesado. Él es un negociante, un empresario, de un mercado negro, pero emprendedor.

Kick-Ass es desquiciado e irreverente. Desde el inicio del filme, las imágenes nos muestran que al superhéroe le falta un tornillo. “Kick-Ass”, dentro de toda su farsa (la imagen mediática que se crea a través de la fantasía del Youtube), resulta tener un sentido que va más allá del superhéroe idealista que vivía luchando por la justicia. Los golpes e humillaciones son el acto heroico de este personaje ridículo, pero con aptitud. Es con la parodia y la comedia negra que Matthew Vaughn hace un nuevo tratado al tema del superhéroe.

Al igual que Neo o Beatrix Kiddo, ejemplo de los superhéroes postmodernos, Dave y “Hit Girl”, se moverán por medio de sus deseos: el de escapar de su fantasía (el negarse ser “normal”, como en Matrix) o el de clamar venganza (como en Kill Bill), respectivamente. Los citados específicos de Matrix (tal como el asalto a la casa de un narcotraficante o el ataque con un jet-pack desde la ventana) son un claro ejemplo. Kick-Ass es una de las mejores representaciones del “anti-superhéroe”, al menos de lo que va del año en nuestra cartelera.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Departures o La felicidad de Vivir



Departures, ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, es la historia de Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki), un violoncelista que luego de haber logrado su gran sueño, formar parte de una banda sinfónica, esta termina por disolverse. Sin trabajo y con los sueños extraviados, Daigo viajará junto con su esposa Mika (Ryoko Hirosue) de Tokio a su ciudad natal para vivir en la casa de su madre, fallecida dos años atrás. En esta ciudad, Daigo conseguirá un nuevo empleo, uno peculiar: ser maquillador de cadáveres.


Yojiro Takita, su director, relata una historia llena de humanidad y reflexión. El tema de la muerte es una constante dentro de Departures, que no exclusivamente se entiende como las “partidas” de los vivos al mundo de los muertos. Departures es también partir a tu ciudad natal, a tus orígenes. Daigo, así como su esposa, realizan un exilio a “la realidad”. Su mundo que consistía en la subsistencia económica, es casi un mito luego que Daigo es contratado en su nuevo empleo, aquel que lo acercará más a la realidad humana, triste e inesperada, pero real.
Los personajes de Departures en el transcurso del filme, sin darse cuenta, conviven todo momento con la muerte: la presencia de un anciano, la cena del día o sus días en la casa de una difunta. El tema de la muerte no necesariamente está relacionado con la presencia de los difuntos. Takita nos da señales que este “paso humano” está más cerca de lo que nosotros pensamos. La labor del director será la de hacer convivir estas dos. Lo que parecía ser dos realidades distintas, es en realidad una sola. Departures es (con)vivir con la muerte.
A diferencia de otras películas que tocan el tema de la muerte, el tratamiento que otorga Takita es distinto al que se podría esperar. Departures no relata la vida de personas abatidas o resignadas frente a la muerte. La forma en que se asume esta dentro del filme es con naturalidad, de ahí el humanismo que refleja Departures. Es a través de la naturalidad de la vida que la presencia de los muertos se ve equilibrada con los rasgos cómicos. La presencia de muertos entremezclados con eventos graciosos, no hace referencia a que se está tratando de un humor negro.
La comedia que representa Takita es ligera y nada malintencionada. Los infortunios de Dagio son cómicos, pero son también un camino para ver y entender a la muerte con un sentido del humor distinto al que siempre se le merece. Es a través de las situaciones graciosas u ocurrentes, que los personajes van reflexionando sobre la vida y la muerte, esta como algo típico, como guiños, en ocasiones humorísticos, que la vida suele ofrecer. La risa así va tomando una naturalidad como la misma muerte; un punto de vista distinto al lado dramático del hombre.
Los momentos más bellos son cuando el jefe de Daigo, o él mismo, proceden el “nokan”, esta es la limpieza del occiso con la intensión de borrar las marcas de la vida terrenal. La mezcla de paños y cremas que van acariciando la piel muerta es todo un ritual que crea una comunicación entre el “preparador” y el muerto. El escenario toma una apacibilidad profunda a la entrada de la banda sonora que parece acariciar con sus notas el cuerpo inerte que se está velando. El sonido, delicado y lírico, forma parte de la ceremonia, aquella que no sabe diferenciar entre un niño o un anciano.

viernes, 13 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Sección Competencia Ficción: La Yuma


De Million dollar baby nació Kina Malpartida y La Yuma, película dirigida por Florence Jauguey que trata la historia de una joven apodada “La Yuma” (Alma Blanco), una chica que en medio de una sociedad nicaragüense degradada, decide optar por el boxeo como su medio de vida, además, el escape de su realidad también corroída por el pandillaje y la vida fácil.
Luego de más de dos décadas, Nicaragua produce un nuevo largometraje de ficción en su nación. El último recuerdo más claro de un filme de ficción que se tenía del país, era el drama bélico de Miguel Littín, Alsino y el cóndor (1982), película que postuló a los premios Oscar como Mejor Película Extranjera. La Yuma retrata la situación social del país. Es a través de las vivencias juveniles que Nicaragua se representa como un contexto donde la violencia y la delincuencia son asuntos a la orden del día. Es el boxeo el lado amable de la violencia. “Yuma” observará frente a esta situación más como una escapatoria a sus problemas y dilemas. Más que una pasión, el boxeo resulta ser la ruta para poder sobrevivir, aún sea este en un ring o debajo de una carpa de circo.
La Yuma asiste a la moral, a las lecciones que te ofrece la vida y a ver el mundo con ojos honestos, es por eso que la película es aburrida. Los dilemas están en el aire. Los prototipos antagónicos de la mujer que desea superarse son caricaturizados, así como las presencias de los “amigos perfectos”. La Yuma alecciona lo evidente, repite un plato que parece haberse enfriado hace mucho. No hace mucho se ha aprobado una ley de cine en Nicaragua, y de seguro habrá otras propuestas cinematográficas dispuestas a sobrepasar este largo, que de paso tuvo unos cuantos reconocimientos en diversos festivales.

14 Festival de Lima: Sección Competencia Ficción: Alamar

Alamar parece estar atrapado entre el cine de ficción y el documental. Con un escaso contenido de trama, esta película dirigida por Pedro González-Rubio se esfuerza por describir el mundo pictórico que comparten dos personajes, un padre y un hijo, ambos, rumbo a su separación. Alamar es el diario íntimo de dos personas que se despiden para, posiblemente, no volverse a ver. Más que una despedida paternal, es una despedida hacia la naturaleza, rumbo al cobijo de la modernidad.
Pedro González-Rubio realiza un papel entero de director, guionista, editor y fotografía en este, su primer largometraje de ficción. En una entrevista que se le dio en el Festival de Rotterdam (donde la película ganaría el Premio Tiger a la Mejor Película), González-Rubio declaró que sus personajes, Jorge y Natan, padre e hijo, eran personas reales, así como la historia de su separación. El director, afirmó que todos los actos realizados por Jorge y Natan en el arrecife de Banco Chinchorro, eran planes que se le iban comunicando con anticipación. Los viajes a las profundidades de un coral, las actividades de pesca o las caminatas entre los matorrales son de por sí reales.
En la introducción de Alamar, el inicio de la historia narra las razones por qué los padres de Natan decidieron separarse. Hay una separación producto de las naturalezas tan distintas que existe entre los padres: él, mexicano; ella, italiana. La decisión de los padres será que Natan se quedará a vivir a Italia junto a su madre. Los preparativos a un viaje rumbo al arrecife de Banco Chinchorro, en México, será el lugar donde padre e hijo se aislarán en medio de la naturaleza, rodeados de las aguas, siendo esta su despedida.
La despedida de Natan no solamente responde a un desprendimiento paternal, sino además, a su ruptura con la herencia mexicana, herencia que viene de las raíces mayas a la que pertenece Jorge. Hay un tercer personaje, “Matraca”, el padre de Jorge, abuelo de Natan. Estas tres generaciones reflejarán la armonía que existe entre el hombre-familia y la naturaleza. A pesar que Alamar está destinado al drama de la separación, no hay más que un instante donde el sufrimiento del distanciamiento se manifiesta. El resto, sin embargo, es una dinámica jubilosa, donde hasta el cocodrilo más salvaje resulta ser parte del decorado perfecto de un Edén.
El trabajo de fotografía que realiza González-Rubio es sorprendente. Los marcos escénicos parecen recordar los viajes que Werner Herzog realizó en sus ficciones-documentales, adentrándose al corazón de las tierras vírgenes de la Amazonía o a los gélidos glaciares de la Antártida. La presencia de los corales, la fauna silvestre, el sonido de la naturaleza, son patentes que otorgan una enorme estética a esta historia humana. Alamar es el lenguaje del beatus ille. Es la armonía que existente entre el hombre y la naturaleza, el vivir una vida apacible, donde los temores y los conflictos no tienen lugar dentro de la vida marítima.
Alamar es altamente pictórico. La naturaleza y el hombre conviven todo el tiempo. No hay momento en que exista uno sin el otro. Las experiencias de la vida de un pescador, fruto del oficio familiar de Jorge, es el medio de convivencia entre el hombre y su espacio, formándose uno solo. Alamar es sobre el amor y la naturaleza, en esta se refleja la tranquilidad y la libertad, estas no existentes dentro del mundo urbano como Italia, futuro hogar de Natan. Alamar es hacer una “reservación” en medio de las aguas, fuente de vida, lugar donde un pequeño niño ahogará los últimos rastros culturales de su padre, incluyéndolo a él mismo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Funciones de Gala: El secreto de sus ojos

Juan José Campanella con El secreto de sus ojos obtiene la madurez como director. Campanella, hasta la actualidad, contiene casi un promedio de diez películas, de los cuales solo El hijo de la novia es el único filme reconocido como una muestra valiosa dentro del cine latinoamericano. El drama que proponía para entonces Campanella, era personal, tierno, pero a la vez cruel. Luego de esta, el director argentino había realizado otros filmes, pero ninguno tan profundo como la mencionada, hasta la aparición de El secreto de sus ojos.
Su actor fetiche, Ricardo Darín, interpreta a Benjamín Espósito, un secretario de un juzgado al borde del retiro. Su misma vejez, su vida solitaria y la nostalgia del pasado, son las razones que le motivan a escribir un libro, este narrará la historia de uno de los casos que le marcó la vida. Espósito, 25 años después, no puede olvidar la investigación de un brutal asesinato a una joven de 23 años, este quedado en la impunidad. A partir de aquí se perfila a este personaje como un obsesionado a su pasado, una cierta condena que poco a poco va modelando la memoria de Espósito como la peor de sus tragedias.
El secreto de sus ojos será básicamente la historia de cómo este obsesionado se dedica a escribir una novela, la novela de su juventud, de su pasado. La novela para Espósito, es una excusa para hurgar una vez más los problemas que nunca pudo concluir: la muerte de una joven y un amor suyo nunca concretado. Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil) es una jueza que 25 años atrás, en su tiempo de asistente de juez, llevó junto con Espósito el caso. El encuentro, años después, de estos dos personajes, es como el encuentro de dos amantes a punto de continuar lo que un día fue. El hecho es que Espósito e Irene nunca tuvieron nada entre ellos. Las distinciones sociales y públicas que ambos tenían (y siguen teniendo) fueron para entonces un muro de concreto del cual ninguno fue capaz de derribar. Campanella intercalará el pasado y el presente, dos tiempos que irán reconstruyendo un “caso archivado”; la muerte de una joven y el amor entre la pareja.
El género del cine negro se tiñe en escena. Espósito es un hombre atormentado por su pasado, víctima de un amor que fue acallado por los prejuicios sociales y morales. Víctima de un caso que fue el reflejo de su vida, aquella que fue cargando hasta su futuro. Ricardo Morales (Pablo Rago) era el esposo de la víctima ultrajada. Luego de la muerte de la joven, este pasaba todos sus días buscando pistas del asesino de su esposa muerta. Morales en una escena describe sus esfuerzos por no olvidar la descripción de su último día con la mujer que amaba. Hay una resistencia hacia el olvido. Isidoro Gómez (Javier Godino) era el asesino, entonces juzgado, pero luego liberado por las fuerzas adversas de la política manipuladora. Morales pasa a ser víctima de un amor que le fue arrebatado, así como víctima de la impunidad. Morales, así como Espósito, son dos condenados por el pasado.
El secreto de sus ojos es una mirada hacia el pasado luego de haber conseguido la madurez. Vemos a un Espósito entrado en años, canoso y deshecho, esta vez decidido a resolver lo nunca antes resuelto, ha iniciar lo nunca antes iniciado. Los personajes, tanto del pasado como del presente, son víctimas de una doble vida, la real y la pasional. La real es a la que estarán atados, imposibilitados de abandonar, mientras que la pasional será la vida reprimida, llena de inseguridades y dudas, esto producto de la mocedad, de la inexperiencia de sus personajes.
Gran parte de este filme está inundado de primeros planos, un encuadre que encierra a sus personajes, los limita a ser estudiados en lo más profundo de sus intimidades. Muy buenas interpretaciones, especialmente la de Darín y Guillermo Francella, irreconocible en el doble papel de Sandoval; serio y humorista en los momentos precisos. Dos escenas formidables son la persecución en el estadio, un plano secuencia envidiable el que realiza Campanella, y la escena del ascensor. La entrada de Gómez luego de su liberación, es el muestrario de una escena ruda, con una mezcla de miedo e impotencia. Formidable en ella la presencia intimidante de Javier Godino. Buen filme de Campanella.

martes, 10 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Sección Competencia Ficción: Navidad


Navidad, de Sebastián Lelio, es un drama sobre la adolescencia. La soledad, la rebeldía y la precocidad, son los temas fuertes que están relacionados con el estilo de vida que llevan tres adolescentes de la sociedad chilena. En el mismo día de navidad, una pareja de enamorados, Alejandro (Diego Ruíz) y Aurora (Manuela Martelli) deciden exiliarse de sus hogares a la antigua casa del fallecido padre de la joven. En ese lugar encontrarán a Alicia (Alicia Rodríguez), una niña que acaba de escapar de su casa.
El punto curioso dentro de este filme chileno, es el modo en que se representa un día festivo como la navidad. La presencia de este día toma escena con su misma “ausencia”. La estadía de estos tres adolescentes dentro de un hogar apartado de sus familias, así como te todo roce humano, es una contradicción respecto a esa tradicionalidad correspondiente al imaginario, en este caso, católico. Los únicos personajes de esta película, niegan la naturaleza de esta fecha trascendental. Desde esta perspectiva, la navidad se toma a forma de pretexto, siendo esta un medio para representarse y entender la naturaleza tan compleja del adolescente, aquel que se refugia en sus propios mundos, inclusive en el día más significativo de todo el año.
A pesar que la navidad no se toma en este filme al pie de la letra, esa tradición no se pierde completamente. La navidad, dentro del cine, es la entrada a distintos discursos morales, tales como la redención, el perdón y la unión familiar. Si bien ninguno de ellos se cumple (ya que en lugar de eso se niegan estos trazos) dentro de este filme, sus personajes se dedican a meditar sobre sus propias vivencias. En lugar de sentarse junto a la familia a intercambiar sus buenos deseos a cada uno, estos jóvenes se sientan a hablar de sus problemas, a debatir o comentar sobre distintos temas que les son familiares dentro de sus generaciones, más no siempre son asumidos con la seriedad o la meditación al caso. Ese es el rol de la navidad dentro de este filme, ser el contexto para que tres personas “incomprendidas” tengan la oportunidad de poderse aceptar y aceptar nuevas experiencias. Mediante esto, la navidad no pierde a totalidad su esencia, también es tiempo de reflexión.
Sebastián Lelio a pesar de enfrentar a una pareja de enamorados de 18 años, con una adolescente de 15 años, sus diferencias de edades no son un motivo que los separe abismalmente el uno del otro. Son más bien los problemas que cada joven experimenta en sus hogares los que lo diferencian. Es a través de sus historias privadas que se va entendiendo los perfiles, distintos, de cada uno de ellos. Aurora recuerda con nostalgia a su padre fallecido, Alejandro sobrevive ante el gesto dictatorial de su padre, mientras que Alicia está obsesionada con la ausencia de su padre desde que tenía algunos meses de vida. Con esto vamos entendiendo por qué Aurora es la más madura entre los tres. Si bien en ambas mujeres hay una ausencia paternal, en el caso de Aurora, ella responde con un aire de independencia. Ella es la de mente abierta, dispuesta a vivir nuevas experiencias. En Alicia, caso contrario, su fragilidad es prueba de una ausencia arrebata o que nunca había existido. A Alicia no le queda más que idealizar su presencia paternal, algo que ella nunca podrá experimentar al saber que su padre esta “no habido”. Alejandro es cerrado, medroso a los cambios bruscos, siempre pendiente del juicio externo a él, esto provocado por la continua fiscalización de parte de su figura paterna.
La adolescencia en el cine se ha visto representada de distintas formas. La que dedica Sebastián Lelio, es similar a la que se mostró en Los soñadores, de Bernardo Bertolucci, o en Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón. En ambos casos observamos la imagen de adolescentes en la búsqueda de experimentar nuevas cosas. Temas como la sexualidad o el amor van rompiendo los mitos que ellos tenían imaginado. Hay un quiebre de su inocencia, una forma de abrir los ojos al mundo. Navidad desde este plano, parece citar lo que ya ha sido asumido por otros directores, como son los casos de los mencionados. El significado de los ritos católicos, sin embargo, resultan ser el mejor atractivo de este filme.

lunes, 9 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Sección Competencia Ficción: Crónicas Chilangas


Crónicas chilangas es un surtido de situaciones, no de tres, sino de varios personajes que se van enredando en una serie de peripecias para al final, forzosamente, sus tres principales puedan encontrarse.
Esta comedia de enredos, dirigida por Carlos Enderle, es fallida de comienzo a fin. El eje central que intenta mostrar este filme, es presentar a tres personas que sufren obsesiones. Uno cree ser el liberador de una “invasión extraterrestre”, la segunda es una adicta a las revistas pornográficas y el tercero, en realidad, nunca se entiende a qué podría estar obsesionado. Al dinero, a su hija enferma, al pago de sus bienes; sea cual sea, por ninguna perspectiva se puede percibir un rasgo de obsesión en este personaje que además es víctima de varias peripecias.
La fórmula de Enderle es ajena. La cinta intenta aspirar a lo que Quentin Tarantino realiza con un hábil e ingenioso desorden narrativo. Existe humor e ironía (y muchos muertos) dentro de esta película, más nada de eso le sirve al no poseer a los personajes indicados. Estos tres “obsesionados” son débiles en sus rasgos, y además muy “sonados”. Está la imagen de la pareja de ancianos sin ningún centavo encima, que tienen que hacerse cargo de su hija postrada en cama. Sobre los infortunios que debe de pasar para que al final una ayuda divina les “caiga del cielo”.
Un segundo personaje ha visto “la luz”, tal como le pasó a Jules en Pulp fiction. Jairo es un joven que ha escuchado la señal, y esta le deparará un destino. Una voz omnipresente le afirma es el indicado para desenmascarar a los extraterrestres. Lo que se plantea como cómico, resuena a un absurdo. Ocurren una serie de acciones de parte de este personaje que en lugar de causar gracia, reflejan poca motivación en el guión. La otra obsesionada, la que gusta de las revistas XXX, parece tener mejor planteamiento al tema respecto a los otros personajes. Efectivamente tiene una obsesión, y además, hay una lógica y una continuidad de sucesos. Sucesos que luego se ven truncados, cómo si el creativo se hubiese olvidado de su existencia. Veinte minutos antes de finalizar el filme, la película ya había terminado para la “lujuriosa”.
Crónicas chilangas termina siendo una parodia en lugar de una comedia. Los sucesos van pasando y nosotros ya nos hemos enterado del final, claro que pensábamos no se iba a dejar una variedad de cabos sueltos, como el tema de la familia del hijo raptado, los agentes corruptos, la misma obsesiva, cuestiones que parecían ser vitales, pero resultaban ser resortes para que se pueda concluir este filme. La misma obsesión se perdió dejándose abandonada a mitad de camino, eso sí en verdad hubo en algún momento un interés en plantearla.

domingo, 8 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Sección Competencia Ficción: Carancho


Carancho salda el malestar que había causado Leonera, película que parecía haber inaugurado un nuevo perfil de Pablo Trapero, visto este dentro de un cine comercial, muy lejano a sus grandes éxitos de autor como Mundo grúa o Familia rodante. Carancho muy a pesar ha pasado por una cuantiosa difusión “comercial”, tanto en publicidad televisiva como en el ciberespacio, además de contar con el rostro de uno de los actores más mediáticos del cine argentino, Ricardo Darín, provocando la tentación de catalogarla prematuramente como una muestra más para el cine comercial.
Pablo Trapero en Carancho, presenta un filme de cine negro-policial. Son sus personajes seres atormentados al haber asumido un oficio que los obliga a pagar un “derecho de piso”. Sosa es un abogado especialista en accidentes automovilísticos, pero inmiscuido en una oscura sociedad. El trabaja para una casa de abogados que planifica los accidentes de tránsito con la intención de estafar a las aseguradoras. Luján es una médica que recién ha llegado a Buenos Aires, cargando consigo también un oscuro secreto. Ella es adicta a los sedantes. Ambos sujetos pagan su “derecho de piso”, uno por el precio de conseguir la renovación de su licencia, la otra para alcanzar una mejor situación a la que lleva dentro del hospital capitalino, fatigante y explotador.
Carancho es un filme realista, más no aleccionador. Trapero no vende un cine que juzga o reivindica a sus personajes, ajeno entonces a un perfil netamente comercial. La moralidad y las enseñanzas no es un lenguaje que se menciona en su última película. Ambos personajes, dentro de sus vicios y defectos, se comprenden y se aceptan tal como son. El romance es el tema central dentro de Carancho, y es mediante este que los “atormentados” consiguen un consuelo. Como sucede en el clásico cine negro, dos sujetos, víctimas de sus fantasmas, se unen por medio de sus situaciones (Sosa como el “carancho” que es, y Luján cubriendo en la ambulancia en su horario de turno), por pura casualidad. Su unión es una especie de redención, una aceptación frente a una sociedad oscura que los sofoca, los castiga y los termina estigmatizando. Sosa y Luján son dos condenados sin rumbo. Trapero en ciertos momentos logra brotar ciertas auras esperanzadoras, pero estas se desvanecen cruel y repentinamente.
Desde el inicio de la película los personajes principales muestran sus flaquezas, sus cicatrices, sus “marcas”; estas dicen mucho de ellos. Sosa en el transcurso de toda la película, es golpeado en diversas ocasiones. Su rostro parece nunca sanar, siempre marcado por algún corte. Luján oculta su “talón de Aquiles”, amoratado, siempre alimentándola de más dolor. Esta tampoco nunca sana. Ambos tienen heridas que mostrar, pero solo las de Sosa son perceptibles. Su caso ha sido una elección, el de Luján es distinto. Ella al ser “huésped” en una ciudad corrosiva, tiene las de perder. La fragilidad de la doctora se manifiesta a través de su adicción, como un único escape de su realidad. Sus temores son reprimidos, no manifestados, es por eso que esconde sus heridas. Estas se manifestarán luego que el romance con Sosa parecía un lecho de rosas (una de las esperanzas desvanecidas que Trapero manifiesta). Ambos, una vez más, son perturbados. Luján esta vez tiene las mismas marcas que las de Sosa. Ahora ella carga también con los pecados de su ser amado. El romance se muestra entonces como un sacrificio hacia el ser que amas. Sus personajes deseaban redimirse ante la misma sociedad, pero esta es ofensiva y manipuladora, apuntalando en lo más profundo de su yagas. La solución al problema es más dramático aún.
El final de Carancho es desconcertante. Hay una muestra de ironía tal como pasa en No es país para los viejos, de los hermanos Coen. Un castigo divino que cae sobre los personajes, posiblemente un modo de prueba: no se puede escapar del castigo social. Es tal vez un exceso que comete Trapero al intentar culminar su película con un final teatral. En general Carancho es una buena película. Buenas actuaciones de Ricardo Darín y Martina Gusmán. El ritmo del filme es ágil, en ningún momento se toma un descanso. La historia va asomando nuevos trazos dramáticos a medida que sus personajes se van amando. Es la combinación de un cine personal, con mucho de comercial, esto no desdeñable.

sábado, 7 de agosto de 2010

14 Festival de Lima: Presentaciones Especiales: Celda 211


Con un género inusual dentro del cine español, Celda 211, de Daniel Monzón, en el 2009 se consideró, según la crítica española, la mejor película en ese año, siendo catalogada como uno de los mejores filmes de España en la última década, ganadora además de 8 premios Goya, incluyendo la categoría a Mejor película, director y actor.
Celda 211 es un drama carcelario, que roza con el thriller, además de contener una temática netamente realista, pues se hace cita explícita a una serie de factores gubernamentales, como también políticos. La historia gira en torno a una revuelta armada dentro de una cárcel, confundiéndose dentro de esta turba Juan (Alberto Ammann), un postulante a guardián del recinto, que se hará pasar por uno de los presos con el fin de poder salir con vida.
Monzón logra pasar las reglas esenciales dentro de este género. El líder de la revuelta es uno de los convictos más rebeldes dentro de la cárcel; Malamadre, interpretado por Luis Tosar, en un buen papel. El estereotipo de este villano, es el corazón dentro de esta trifulca, al ser él una inspiración para toda una masa rebelde, inconforme frente a los malos tratos de parte de las entidades carcelarias. Malamadre tiene la cabeza rapada, una voz rasposa y una serie de tatuajes en los brazos. Su historial dentro de otras cárceles revela que se trata con un reo de elite. Sin embargo, esta máscara será un medio que se irá degradando a paso que se va relacionando con el personaje principal.
El director español otorga al personaje de Juan sea el mediador de los sucesos en el largo de la película. Las acciones o cambios de opinión que el novato vigilante irá tomando dentro de su estadía en la cárcel, será la dirección que tomará toda la historia. Celda 211 a inicio presenta a un hombre ingeniándoselas para salir con vida dentro de ese oscuro lugar. Las situaciones irán cambiando cuando Juan se percata que la realidad vista en la cárcel, es distinta a lo que se muestra fuera de ella. Los medios de comunicación, así como los funcionarios estatales, van perdiendo credibilidad y Juan, así como la historia, toma un nuevo curso. Juan de vigilante pasa a ser mediador. Las negociaciones y razonamientos que este personaje irá proponiendo desinteresadamente, irán creando nuevas expectativas en su situación.
A la par, Malamadre, siendo parte de la historia, a comienzos reflejado como un personaje violento, propio del prototipo de un “reo”, irá codeándose con su nuevo “aliado”, mostrando así lo inusual dentro de su personaje. Observamos de pronto cómo el más perverso de los seres, razona, y además, se familiariza con nuestro héroe. Monzón, más que enriquecer a Juan o la historia misma, va nutriendo al personaje de Malamadre. En este momento no se parece reconocer quién es el antagónico dentro de la trama. Ocurre un nuevo suceso dentro de la situación de Juan, haciéndole concebir violentamente una nueva postura al asunto.
Por segunda vez la historia toma un giro, y los rebeldes parecen ir reclamando una justicia que parece ser cada vez más razonable. Tanto Juan como Malamadre, se ven de igual a igual. La frase apropiada para los condenados, “sin nada que perder”, toma mucho sentido dentro de la trama. Ambos personajes, uno condenado por sus errores, mientras que el otro por los errores ajenos, toman riendas del asunto con una alianza ruda, pero a su vez, entrañable.

Celda 211 en realidad no es “la gran película”. Más que valor fílmico, esta apunta a cómo la cinta de Daniel Monzón resulta ser un atrevimiento frente a la situación, de la cual sale airoso. El género carcelario, además de ser inubicable dentro de la filmografía española, es también un género extinto del que casi ya no se adapta, sino en películas de serie B. Monzón demuestra que se puede recapitular los escenarios, los estereotipos y las tramas, que películas como Papillon (Franklin Schaffner, 1973) o The Shawshank redemption (Frank Darabont, 1994) habían tratado. Celda 211 está dentro de las reglas del género, nada más.

viernes, 6 de agosto de 2010

El origen (o Inception)


El “director” en su laberinto
Christopher Nolan, luego de haber reivindicado al “Caballero de la noche”, toma por asalto una vez más la temporada de verano en Estados Unidos, para demostrar como un filme de tan alto presupuesto como El origen (recurrente de acción y esa moda sci-fi), intenta escapar de ese velo o estereotipo clásico de las “películas hollywoodenses”, comunicando al público y a las industrias, no es “otra tonta película de verano”.
Antes que nada, fueron diez años los que Nolan se ha valido para finalizar el guión de El origen. Una vez más, el director británico toma en serio su labor de “arquitecto” fílmico, pues así como la mayoría de sus anteriores filmes, Nolan, más que una linealidad narrativa, sigue una complejidad narrativa. El estilo de ir narrando los sucesos o ir describiendo a los personajes dentro de sus películas, son una necesidad que el director se vale para no dejárselas fácil al espectador. El origen, a diferencia de sus anteriores filmes, posee una trama, ya de por sí, complicada. A esto se agrega su estilo narrativo, casi como un Vargas Llosa, insertando una nueva historia dentro de la historia planteada.
Cobb (Leonardo DiCaprio) es un usurpador de ideas. Es un mundo donde existe un grupo de personas capaces de entrar a los sueños de la gente, para así poder conocer sus más grandes secretos. Nolan nos presenta un mundo de fantasía. Lo que Freud interpretaba, los personajes de Nolan son capaces de enterarse a través de una máquina que los inserta dentro de los sueños ajenos, convirtiéndose así “huéspedes” dentro del subconsciente de un individuo. Es inevitable no remembrar a Matrix y el viaje de Neo al mundo de la “fantasía”. Lo que es el mundo fantasioso para Matrix, es el mundo de los sueños para El origen. Cobb junto con Arthur (Joseph Gordon-Levitt), son dos espías destinados a saquear las ideas que serán útiles para las corporaciones más perversas. Gracias a este oficio, ambos compañeros son dos prófugos de la justicia.
La historia de El origen se centra cuando Cobb recibe una oferta a manos de Saito (Ken Watanabe), un multimillonario. Su misión consiste en entrar al subconsciente de Robert Fisher (Cillian Murphy), hijo de un gran empresario, e implantarle una nueva idea. La idea de implantar una idea a un subconsciente es un gran reto, más no imposible, según afirma Cobb. Este reto dará origen a una empresa compuesta por distintos personajes, cada uno, especialistas en una rama. Este grupo, además de Saito, tendrán como misión entrar al subconsciente de Fisher, creando un nuevo sueño dentro de este, y así uno más, con la intención de hurgar en la “bóveda” de su mente e implantar la nueva idea. Se arma entonces la película del “atraco perfecto”, que si bien no será sustraer algo, tendrá los similares sucesos que pudiera tener una película de dicho género: balazos, choques, explosiones, viajes a distintos puntos de la tierra. Cobb de pronto se vuelve un Ethan como pasa en Misión imposible, intentando cumplir su tarea en un tiempo determinado. Es aquí donde Nolan nos demuestra su habilidad.
Los que entran al subconsciente de los sujetos, tendrán que construir una arquitectura capaz de poder crear una “realidad aparente” dentro de los sueños. A estos se les llama “arquitectos”. Curiosamente, Nolan es uno de ellos. El crea una historia donde los personajes no saben si viven una realidad o un sueño. Una tras otra, los personajes confunden su verdadera “localidad”. A esto también se infiere que el director logra crear una confusión frente al espectador, esto con la intención de provocar una reinterpretación de los sucesos, e inclusive de sus personajes. El origen tiene mucho de las dos primeras películas de Nolan; demasiado diría yo. Following (1998) es la historia de un escritor frustrado que encuentra en la vida de un ladrón un nuevo sentido a su vida. Al igual que el personaje de DiCaprio, el ladrón de esta cinta se llama Cobb, que a diferencia del Cobb de El origen, este no roba ideas, sino cosas materiales, aunque dicho con la intención de “irrumpir” en la vida de estos. Viéndolo desde esta última perspectiva, ambos Cobb tienen mucho de similar.
En Following y Memento (2000), Nolan se vale de un estilo narrativo complejo. Los hechos son narrados en desorden o de atrás para adelante, contando ambos con una historia simple. El origen es lo mismo, aunque, (digamos que) es la pieza maestra de las narraciones de Nolan. Su complejidad supera a las dos mencionadas, por tratar de sincronizar tres sueños, tres niveles narrativos, y además, por ser una historia complicada como habíamos anunciado. Nolan una vez más retoma a sus personajes atormentados: el escritor en Following, Leonard (buscando venganza por la muerte de su esposa) en Memento, Will (culpable de un asesinato) en Insomnia o Batman en Batman Begins. El personaje de Cobb es un ser atormentado por su pasado; pasado que a su vez es su sueño. Cobb es un personaje que siempre ha estado ubicado en el “limbo”. El recuerdo de su esposa y su retorno a la realidad, simboliza su continua estadía en el “limbo”, lugar donde quedó encerrado al intentar vivir una “realidad perfecta”.
Cada movimiento que va realizando Nolan en su “nueva” película, es cada vez más familiar. Su modalidad de querer confundir al espectador, a que este está viviendo un mundo “aparente”, al no estar seguro si es realidad o sueño, es un juego que intentó realizar en gran parte de su filmografía. Nolan se esfuerza por querer crear ese efecto de un laberinto que no tiene fin. Sus trampas o sus juegos de niveles son de pronto predecibles; al menos para los que habían visto, por lo menos, Memento. El origen, al igual que otras películas de Nolan, es un filme de engaños y ensueños, donde la realidad está degradada, donde el personaje principal (e inclusive el espectador) “cree” estar al tanto de dónde está o qué está sucediendo.
Parece que el largo plazo que se ha tomado Nolan en realizar este guión, ha mortificado a su inconsciente a dejar pistas que van prediciendo el significado de la película. Ariadna (Ellen Page), es la “arquitecta” en la empresa liderada por Cobb. Ella se encarga de fabricar la arquitectura o el “laberinto” de los sueños. Nolan “sutilmente” juega con el significado del mito griego, dónde Ariadna, cual novia de Teseo, lanzará la madeja para que Cobb pueda salir del “laberinto”, que es dejar por olvido a su esposa. Esto nos lleva a la presencia de Mal, esposa de Cobb, aquella a la que no puede abandonar pues está obsesionado con su amante muerta (al estilo Scottie, en “Vertigo”), encarnada por Marion Cotillard, actriz hoy conocida como la ganadora del Oscar por su papel de Edith Piaf, la misma que canta “Non, je ne regrette rien” (utilizada en la película de Nolan), la que describe en su letra las ganas de dejar atrás al pasado, los recuerdos ya vividos. Asunto que está en sintonía con la situación de Cobb, interpretado por Leonardo DiCaprio, el mismo que hace un tiempo en La isla siniestra, interpretaría a un también detective abrumado por su pasado conyugal.
Memento podría ser aún, la mejor película de Christopher Nolan. Muy a pesar en su tiempo recibió una serie de críticas debido a que presentaba una serie de espacios en blanco. Cavidades o “fallos” que el “arquitecto” Nolan había descuidado, pero que muy a pesar no destronaron la reputación del filme, siendo coronado por muchos críticos como la mejor película independiente ese año correspondiente. Y es así como debe de verse los filmes (de este calibre) de Nolan, de reojo. Más que entender la película, es dejarse llevar por las situaciones que se van narrando. Si se le ocurre a alguien, hurgar las posibles descoordinaciones que existe en El origen, es perderse de lo que podría ser un entretenido thriller surrealista. Más, no creo se puede exigirse a esta película. Sería (re)citar el anterior trabajo de Nolan. Esperamos no sea tan predecible para la próxima.