Mostrando entradas con la etiqueta Cine Ecuatoriano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine Ecuatoriano. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2026

30 Festival de Lima: Hiedra (Latinoamericana Ficción)

Una película que sabe retener la expectativa, incluso para cuando libera un dato que revoluciona el sentido de una acción o comportamiento. En la nueva película de la ecuatoriana Ana Cristina Barragán, vemos a una mujer ataviada de misterio y capaz de una actitud sospechosa. Azucena (Simone Bucio) es una joven que lleva una vida sin mucho estímulo o pretensiones, pero, adicionalmente, se desplaza por un lugar que no es su lugar. Ella comenzará a inquietarnos ante su deseo por observar y luego querer filtrarse a un grupo de amigos adolescentes provenientes de un orfanato. Al igual que sus anteriores películas, Hiedra (2025) está maquillada por un ambiente lacónico y de aire enfermizo, y que no es más que la mascarada de una agonía silente y muy reservada. La nueva protagonista de Barragán es una mujer que, dentro de su territorio, todo lo que venga de ella pasaría desapercibido, sin embargo, ciertas hipótesis comienzan a elevarse cuando comienza a entrar en la vida de unos huérfanos. Hay un sentimiento de intromisión y hasta invasión que, obviamente, los jóvenes no son capaces de concientizar. Ese es el primer enganche con la trama. ¿Por qué hace eso Azucena? ¿Qué quiere? Si se es muy atento a los detalles de su intimidad, podría anticiparse parte de la razón; muy a pesar, no deja de identificarse como un giro de trama lo que se prepara para casi la mitad del relato.


Hiedra entonces transita de la mala espina a lo dramático. No es de extrañarse viniendo de Barragán, una directora inclinada a retratar a personajes fracturados con una sensibilidad especial para depurar eso que las mantiene inquietas, tristes. En tanto, aquí también hay mucho de autorepresión y no por un efecto argumental, sino de personalidad. Azucena, luego de una revelación, no abandona del todo ese hermetismo que, ciertamente, parece haber contagiado al otro personaje importante para el drama. Ocurrido eso, para cuando las perspectivas y motivaciones se aclaren, Hiedra tomará un nuevo rumbo. Se convertirá así en una historia que busca la recuperación, la sanación. Ana Cristina Barragán, muy a pesar, no deja de reservar algo para sus personajes. En medio de un escenario simbólico, la directora no solo representará la volatilidad de un vínculo en proceso de construcción mediante una naturaleza en abullición, sino también a partir de la interacción entre los dos personajes que confunden el juego con la recriminación o el sentimiento de culpa, según sea correspondiente. La película podrá ser muy complaciente con esta reunión, pero no por eso quiere dejar en claro que un estallido emocional se acerca en la historia de estas dos personas. Por muy idílico que parezca el final de este caótico reencuentro, pueda que lo peor esté por venir.

martes, 29 de marzo de 2022

CPH:DOX 2022: This Stolen Country of Mine (F:Act Award)

Un documental con rabia social ante el advenimiento de una colonización. This Stolen Country of Mine (2022) nos pone al corriente sobre los acontecimientos en el ambiente social, político y económico en Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa, a propósito de la alianza con el gobierno de China. Desde su primera secuencia, el director Marc Wiese deja en claro que estamos ante el testimonio de una sociedad arraigada a su territorio y todo ese imaginario que reposa en este. Lo siguiente, es el descubrimiento de un escenario infame y opresivo, pero también el de la respuesta de un bloque reaccionario y efervescente. Policías y pobladores luchan en las orillas de un campamento minero que es uno de los tantos fundados tras los denominados contratos chinos, una serie de tratados en donde el país sudamericano cedía al país asiático una mayoría de concesiones de reservas naturales, además de tantas otras infraestructuras. Ecuador es controlada por China, y así será al menos hasta el 2024, según el tratado político. Este es el seguimiento de una colonización del siglo XXI: la apropiación de tierras y la economía de un país bajo un marco legal. Aquí no veremos desembarcos de artillerías, sino recibimientos con los brazos abiertos en valor del interés político y no social.

This Stolen Country of Mine funciona casi como un thriller. Gran parte de los registros de Wiese son o bien desde la clandestinidad o atestiguan una represión policial. Este documental tiene impactantes secuencias que no tendría por qué envidiar a alguna película bélica. Pero, claro, no es una impresión épica la que aquí se percibe, sino una dramática y hasta trágica. Basta reconocer a los protagonistas de este enfrentamiento para saber qué tan peligroso es el acto de crear una ofensiva. Los protagonistas de este documental son pues los mismos habitantes de las zonas montañosas del Ecuador, encabezado por Paúl Jarrín Mosquera, activista ambiental. Vemos así una lucha desigual por un flanco. En otro extremo, el periodista Fernando Villavicencio hace una lucha por hacer una difusión pública de los actos de corrupción del gobierno en el caso de los contratos chinos. Se reconoce así a dos persecuciones y dos formas de lucha contra el Estado. En ambos casos, se vislumbra el enfrentamiento de David contra Goliat. De ahí lo dramático y hasta trágico del asunto. Si bien esta nueva modalidad de colonización no inicia con violencia, sí logra derivarse a esta. Ahí está la resistencia de los ecoguerrilleros zonales, una reacción ante la falta de un consenso o asistencia social frente a la degradación de la naturaleza, la reducción de los recursos naturales y el desalojo de comunidades enteras.

viernes, 17 de septiembre de 2021

TIFF 21: Lo invisible (Discovery)

¿Un retrato sobre la depresión o el síntoma de un severo cuadro represivo? Lo nuevo del director Javier Andrade nos presenta la historia de una mujer acaudala dominada por un estado de contención, protagonizado por la actriz Anahí Hoeneisen, coescritora del guion, quien ya antes había escrito relatos dramáticos sobre personajes lánguidos consecuencia de sus frustraciones cotidianas. Lo invisible (2021) narra los días de Luisa tras su salida de un confinamiento temporal en una clínica psiquiátrica. Lo más interesante de esta película ecuatoriana se gesta en el transcurso de su introducción. La cámara pone en un primer plano poco convencional a la protagonista. La imagen la denota como una presencia escindida. La vemos de espaldas o de perfil a contraluz, tras un ventanal en donde se confunde con su propio reflejo, o simplemente cortada por el encuadre. Es como si tratáramos con una identidad fantasmal que “pena” entre la normalidad que acontece en el interior de su mansión. Este es un trasfondo que además se describe lejano, un segundo plano o dimensión del que solo escuchamos murmullos, producto del ensimismamiento de la mujer. Se denota entonces una clara frontera entre la realidad y lo que acontece en el interior de Luisa.

Lo invisible es el merodeo de esta mujer en su propia casa. Aunque sea corta esa lista de actividades que forman parte de su rutina, su postura áspera, esos repentinos momentos de mutismo o la frialdad con que trata a los que conviven con ella parecen indicarnos que se siente desencajada dentro de sus propias funciones. Hay algo no habitual en el escenario. ¿O es que simplemente se cansó de actuar? Andrade poco a poco comienza a darnos información extra, antecedentes o circunstancias que posiblemente sean la respuesta del historial mental de Luisa. Lo invisible de esta manera es que comienza a descubrir ese perfil de drama íntimo. La maternidad, el matrimonio, las relaciones o distanciamientos humanos se revelan como temas que vibran alrededor de la protagonista, una figura que ligeramente comienza a desfogar esos gritos que al parecer ya no desea dejar escapar en la soledad. Luisa está entre la figura de una niña que abraza a su “madre” o hace pataletas y la figura de un adulto que se otorga licencias extravagantes para anunciar sus carencias o demandas. Ella muerde, se orina, bebe, se desquita. Es decir, fabrica sus venganzas sin mucho ruido y pocos testigos. Una venganza, tal vez, no solo a lo que le rodea, sino a lo que representa. Por qué no, Lo invisible pueda ser entendido como un gesto de desdeño de una clase que no se soporta a sí misma.

lunes, 9 de abril de 2012

Pescador

A propósito de IberFilmAmerica -Festival Iberoamericano online -iremos comentando sobre aquellas películas que están dentro de la competencia.

Crónicas (2004), de Sebastián Cordero, es, a mi parecer, una de las mejores películas realizadas en Latinoamérica. Un guión simple, pero de un tema sugerente, global y actual, retratado de un modo que parcializa la historia, lo que agrega un plus a un argumento de naturaleza engañosa, agresivo y perturbador. Crónicas se codea entre notables títulos sobre películas que hablan en referencia al discurso periodístico, la ética y la moral. La interpretación de Damián Alcázar es un motivo más para ver esta película. Pescador (2011), al igual que el filme citado, se acerca al lado testimonial, sobre un sujeto desafortunado que un día observará la “fortuna” de poder sobrevivir de su estancado mundo. Basado en una crónica ecuatoriana, el director se ajusta al modo de narrar los sucesos, de manera lineal y contemplativa. Lo cierto es que no existe buen argumento para esta película.

Sebastián Cordero gusta de las historias de boletín. Aquellas que hablan de robos (Ratas ratones rateros, 1999), de asesinos en serie (Crónicas) u otros crímenes (Rabia, 2009), historias que poseen un marco contextual, que fijan la realidad, casi siempre caótica, sea dentro de Ecuador o en calidad de migrantes. El director ecuatoriano se ajusta a un idioma informativo para hablar a propósito de una situación que sus personajes lamentan. Es el encuentro con la posibilidad de superarse. Pescador es lo equivalente al “sueño americano”, solo que en una versión del subdesarrollo, con un humor agrio y pesimista que el personaje de Blanquito parece llevar siempre por encima de sus hombros. Ciertamente, un perfil que poco a poco se está extinguiendo dentro del cine latinoamericano, y que, por lo tanto, ha dejado de ser un atractivo; al menos en la versión que aplica Cordero.