Daniel de la Vega en Hermanos de sangre (2012) recrea a
personajes excéntricos, unos torpemente sumisos, otros de una mentalidad
profundamente retorcida. Su trama, basado en el (des)encuentro entre el típico “buen
tipo” y un caritativo psicópata, trae a la memoria similares conflictos que
tenía el protagonista principal de El
club de la pelea (1999), sobre el quiebre de una rutina y cómo esta provoca
una variación emocional en su ser. De la Vega, por otro lado, distinto a David
Fincher, se inclina a una influencia asociada al estilo de un filme de Serie B,
es el citado a la violencia en una versión carnicera, brotes de humor negro,
fotografía saturada, la variabilidad de planos y puntos de vista, la necesidad
de representar sobre lo grotesco y lo ridículo. Hermanos de sangre, sin embargo, tiene de estilo pero no de trama,
una que es predecible de inicio a fin. El móvil del filme se sujeta a la
fantasía de un amor no correspondido y la mecánica del exterminio continuo, con
poco ingenio y mucha sangre.
viernes, 31 de mayo de 2013
II FIACID: Educación Física (Competencia Internacional)
La filmografía de
Alberto Fuguet tiene en común retratar la historia de personajes ermitaños,
sujetos que parecen estar peleados con su entorno, yendo a contracorriente de
la rutina y el orden laboral, prejuiciosos, casi unos resentidos sociales. Son
seres conformistas camino a la mediocridad. Estancados e inflexibles ante
cualquier individuo que quiera revertir su estilo de vida. Vivientes del
presente y abstemios de un futuro que, a pesar de todo, se les viene encima.
Los personajes de Se arrienda (2005)
o Velódromo (2010) son treintañeros,
buenos tipos, talentosos en su oficio aunque de una madurez endeble al ser
partidarios de un idealismo utópico. Los finales de ambos filmes son abiertos,
los protagonistas ceden a la rutina ajena, más parecen conservar su esencia
inicial, el talento creativo, el talento soñador. Pablo Cerda, actor en dos
filmes de Fuguet, hereda, parcialmente, esta misma línea en su ópera prima.
Educación física (2011) es la historia de Exequiel (Pablo Cerda), profesor de
un colegio en una provincia chilena, amante de la comida chatarra, del trabajo
a medio tiempo, consumidor de tele y videojuegos, viste de poleras y pantalones
deportivos. Su pasión: el baloncesto. Vive junto a su anciano padre y pasa
algunas horas al lado de su único amigo. Cerda sigue el perfil de los
protagonistas de Fuguet, solo que esta vez visto desde la periferia. Los
habitantes de este contexto no son los sujetos aculturados ni tampoco residentes
de los círculos snobs. La vida aquí,
ya de por sí, tiene ese aire estancado. Existe un perímetro limitado, los
espacios son los mismos, los lugares de visita son los que el promedio parece
conocer. Al borde, se encuentra el ambiente marítimo, naturaleza que termina
por coronar una ciudad sin expectativas,
gris y baldía. La mayoría de los habitantes son conscientes de ello. En el aire
está esa necesidad de aspirar a algo distinto. Exequiel, sin embargo, prefiere
no pensar en ello. Es más, la idea parece aterrarlo.
A diferencia de
Alberto Fuguet, Pablo Cerda no cae en el discurso de la reflexión, algo que de
hecho contamina al espectador de una moraleja nada sutil y que de paso pone en
jaque la actitud medular del protagonista principal, uno que rehúye del
consejero. Exequiel es el prototipo del individuo conformista, el fabricante de
excusas en fin de justificar una desidia que ha eclosionado a propósito de un
antiguo fracaso –otro referente de Fuguet–. Esta pues presente la frustración,
el miedo a retornar a la derrota. Pero lo que llama más la atención en Educación física es que los hijos
pródigos, aquellos quienes han logrado pasar las fronteras de la periferia, han
sido víctimas del desencuentro, ello representado en el divorcio o la
alienación (tal como se señala en el dejo “argentino” de un chileno). La vida
de la capital o del “exterior”, entonces, no es como lo pintan. Dos son las
opciones: o es que no existe un espacio oficial para el fracaso, o es que el
individuo está destinado a cargar siempre su estigma contextual.
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jueves, 30 de mayo de 2013
II FIACID: Leontina (Competencia Internacional)
Leontina regresa al
mar luego de 50 años. Desde entonces el recuerdo de la muerte de un ser querido
ha sido su fantasma, sin embargo el paso del tiempo ha compuesto su alma, una
que todavía es víctima de la nostalgia, aunque siempre es menguada por propia
voluntad. Leontina (2012) es el
documental que Boris Peters le hace a su abuela, y que similar a Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Yulene
Olaizola, 2008), será el pasado el tema de fondo. Leontina es el retrato de la
vejez, un estado de vida que evoca recuerdos, pero que a diferencia de los
tratamientos sobre la ancianidad, este no se inclina a lo depresivo. Tanto en
el filme de Peter como el de Olaizola, las mujeres son presas de un recuerdo
que compone un ambiente triste y melancólico, pero que sin embargo conserva un sentimiento
gozoso, una especie de celebración al pasado.
Leontina halla un punto que la diferencia de Intimidades.
Así como se habla del pasado, también se habla del presente. La abuela de
Peters, a medida que hace remembranzas de su vida, responde a cómo estas han
influido en su cotidianeidad. Hay un ejercicio de sabiduría y sobretodo de
ánimos de vida. Recordar la tragedia de un marido muerto no la embauca a la
desolación. Leontina es sobre el
encaramiento al pasado, la reflexión, el perdón y la necesidad de seguir el
transcurso de la vida. El personaje de este documental le hace frente a la
muerte, no con la idea de esperar a su llegada, sino con el fin de aplazar aquello
que –ella es consciente– no le es lejano. El cierre del filme es una ofrenda al
vivir sin sufrir, un espacio que descubre la belleza de la vida y que se
reconoce en la belleza de la vejez o la sapiencia.
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II FIACID: Pacha (Competencia Internacional)
La historia de un
pequeño lustrabotas se debate entre sus vivencias en tiempos de la efervescencia
social y sus viajes oníricos hacia un espacio donde se reencuentra consigo
mismo y con su alrededor. Pacha
(2012), de Héctor Ferreiro, más que una trama, adapta un discurso sobre la
eterna confrontación entre lo mundano y lo intangible. Es como el viaje de
Dante a los círculos que nos aguarda después de la muerte, un lugar donde se
reconocen los pecados del mundo, solo que también hay un reconocimiento a la
Cosmogonía Andina, sobre sus deidades y los respetos hacia un origen
extraviado. Todo esto sin embargo se hace extenso y repetitivo, plagado de simbolismos
desgastados (cementerio es a muerte, paños de oro es a una deidad, carteles y
pintas como mensajes subliminales) y líneas que no poseen la vitalidad al margen
del lirismo representado. Fácilmente este pudo haber funcionado más como cortometraje.
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II FIACID: 17 monumentos (Panorama Iberoamericano)
17 monumentos (2012), de Jonathan Perel, es un documental que, por lo
menos, a los diez minutos de haberse iniciado este filme, te arrincona a la
meditación. Es, por ejemplo, el momento ideal para meditar sobre lo qué hiciste
el día de hoy y sobre lo que harás mañana, o tal vez es la interrogante de qué
miraré más tarde o cuánto dura la película o qué estaría haciendo si no hubiese
venido a ver la película de Perel. Ver 17
monumentos es hallarse en un lugar adecuado en el que puedes pensar en las
mismas cosas que a uno se le viene a la mente durante una ducha matutina. Lo
cierto es que, en medio de tanto pensamiento, uno no deja de observar la
sucesión fílmica, una que solo se dedica a hacer primeros planos continuos de
monumentos, cada uno contemplado durante un lapso de tiempo determinado. En
este filme no hay una voz en off o
testimonios orales, apenas está el sonido de la carretera o la naturaleza.
Hojas que revuelan, gatos que se cruzan, pajaritos que detienen el vuelo.
Pero como mencionamos,
en medio de nuestras notas mentales, el filme no deja de manifestar los monumentos
petrificados, esos que han sido fundados a propósito del fin de una Dictadura,
aquella que ha marcado a toda una nación, y que por el hecho de ser observado
por un espectador que fue ajeno a dicha realidad, implica que su asimilación a
este filme sea tardío. 17 monumentos –ya
entrando en razón– es un documental que invita a la reflexión. El mutismo o la
suspensión de una premisa oral son la vía que conduce a una serie de meditaciones
relativas que nos trasladan, por ejemplo, a las víctimas desaparecidas, los
hijos huérfanos, padres de hijos raptados, el perdón, la impunidad, lo fue y lo
que hoy significa para Argentina. Cada monumento reza a los vocablos “Memoria,
verdad, justicia”, no necesariamente en el mismo orden, y es que cuando se
trata de un alto número de afectados, existe también un alto número de formas sobre
cómo se concibe una tragedia. Es entonces cuando el documental de Jonathan
Perel se convierte en un filme casi dialéctico porque cada monumento fundado en
un área distinta, provoca una nueva respuesta, una reflexión variante.
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miércoles, 29 de mayo de 2013
II FIACID: Locaciones Buscando a Rusty James (Funciones Especiales)
¿Hay algo de Rusty
James en los personajes de la fílmica de Alberto Fuguet? El protagonista
principal del filme de culto Rumble fish (1983),
de Francis Ford Coppola, es el prototipo del rebelde que en su tiempo fue
encarnado por James Dean en Rebelde sin
causa (1955) o por Martin Sheen en Badlands
(1973), este último en una versión más oscura e inerte, sobre los
personajes rudos pero a la vez frágiles, estos tres arrastrando una orfandad
imaginada, real o figurativa, y que no dudan en llenar dicho vacío en base a
actos transgresores. Matt Dillon es pues el líder de la collera, pero también
el chico enamorado y el hermano menor que idealiza al hermano mayor, uno que lo
reemplaza por un padre que ha fracasado como tal. Fuguet ya antes ha citado a
Rusty James, uno bajo un código más moderno, igual de rebelde y conflictivo.
Los personajes
principales en Se arrienda (2005) o Velódromo (2010) son idealistas y solitarios,
son los incomprendidos, aquellos que caminan a contracorriente, resistiéndose a
seguir la típica rutina laboral manejada por una sociedad de la que guardan
distancia. En relación a esto, son sujetos estancados en un mundo en constante
movimiento, son talentosos, sin embargo conservan una actitud conformista. Hay
en ellos además un desencanto o una ausencia de la figura paterna. Se niegan a
obedecer a los cánones, muy a pesar tienen su lado sentimental o enamoradizo, eso que de un momento a otro los inclina
a mirar del otro lado. Tal vez
entonces sus días de rebelde terminen; es un “tal vez”. Locaciones: Buscando a Rusty James (2012), documental de Alberto
Fuguet, reúne una serie de testimonios sobre la personalidad de un filme que ha
tocado tanto al autor de este montaje, como a toda una serie de comentaristas
anónimos, todos ellos coincidiendo en ser –por encima de una evaluación
crítica– un grupo de apasionados.
Fuguet realiza hasta
el momento su filme más interesante al converger una serie de factores a
propósito de su obsesión a una película y un personaje impregnado en su fílmica.
Locaciones… es en primera instancia
el relato íntimo de un puñado de desconocidos. Encuestar “qué significa Rumble fish en la vida de algunos”,
implica el vistazo rápido al pasado de otros. Es la rutina de colegio de uno,
la historia de amor de otro, el distanciamiento de dos hermanos, el reflejo de
un barrio argentino, otro chileno. Sin darnos cuenta, estamos siendo testigos
de la intimidad ajena, oyentes de relatos honestos porque vienen de personas
que retratan sus antiguas vivencias, siendo unos más nostálgicos que otros. A
esto le siguen los fantasmas de la Historia. La Dictadura Chilena se asoma en
algunos testimonios como marco contextual. Surgen así hipótesis sobre el porqué
pudo haber calado de dicha manera una película como la realizada por Coppola.
El gusto como respuesta de toda una generación reprimida.
Locaciones: Buscando a Rusty James es también el paseo nostálgico por
los cineclubes, la agrupación de recortes de periódicos y puntos de vista que
coinciden con el ánimo melancólico de los protagonistas de Rumble fish. Alberto Fuguet realiza una especie de alegoría a todo
un filme, sin recurrir a un análisis tedioso o estético. La película se mueve a
modo de confesionario, abriéndose paso con una oda improvisada y sincera sobre
la llegada de su director a un mundo ajeno aunque familiar. Lo cierto también
es que, en un momento de la película, las visitas a las locaciones son lo de
menos, avistamientos que más bien funcionan a forma de marco a una serie de
miradas. En definitiva, esto la convierte en un documental.
II FIACID: Los días (Competencia Internacional)
El día de ayer se inició el II Festival Iberoamericano de Cine Digital, a realizarse hasta el próximo 9 de junio. A partir de hoy, posteamos las críticas de las películas que iremos viendo.
La historia central en
Los días (2012), de Ezequiel Yanco, emprende
a media hora de haberse iniciado el filme. El principio es pues una larga
introducción sobre la cotidianeidad entre las hermanas gemelas Martina y
Micaela, junto a una maternalidad apegada y una paternalidad casi ausente. Es el
seguimiento a distintos escenarios, desde el dormitorio hasta el casting que
las niñas hacen, el enfoque de primeros planos que va descubriendo las
personalidades planas y sucesos de unas infantes que no evocan acciones ni
hechos curiosos o extravagantes. Las gemelas están dentro del concepto de lo
habitual de todo niño. Ellas ríen, pelean, juegan, hacen pataletas, se
enferman, realizan sus tareas, van a la catequesis, hacen caso a la madre y a
veces no. Toda esta acción bajo la mirada vigilante de la cámara y de la
presencia materna. Asomado el título, las cosas cambian.
Los días, luego de su introducción, es la misma cotidianeidad de la niñas, solo
que en esta ocasión sin la presencia de la madre. La trama se desarrolla bajo
el mismo ritmo, salvo la omisión de pucheros y otras actitudes que pongan en
evidencia la inestabilidad emocional de las gemelas, unas que más bien
demuestran lo contrario a las expectativas de las que podría aguardar el
espectador luego de haber conocido a las pequeñas durante su media hora inicial.
Ezequiel Yanco provoca el énfasis de curiosidad hacia unas niñas que de un día
para otro tienen que cuidarse, criarse y formarse por sí solas. Etapas de la
infancia que son constituidas o motivadas por el lazo paternal o de familia,
tales como la Primera Comunión, la educación, el tránsito de la niñez a la
adolescencia (el ritual del pintado de uñas) e incluso la misma alimentación, son
acciones que están abstemias de la compañía materna. Esto es lo único a contemplar
del filme.
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