viernes, 31 de mayo de 2013

II FIACID: Hermanos de sangre (Panorama Iberoamericano)

Daniel de la Vega en Hermanos de sangre (2012) recrea a personajes excéntricos, unos torpemente sumisos, otros de una mentalidad profundamente retorcida. Su trama, basado en el (des)encuentro entre el típico “buen tipo” y un caritativo psicópata, trae a la memoria similares conflictos que tenía el protagonista principal de El club de la pelea (1999), sobre el quiebre de una rutina y cómo esta provoca una variación emocional en su ser. De la Vega, por otro lado, distinto a David Fincher, se inclina a una influencia asociada al estilo de un filme de Serie B, es el citado a la violencia en una versión carnicera, brotes de humor negro, fotografía saturada, la variabilidad de planos y puntos de vista, la necesidad de representar sobre lo grotesco y lo ridículo. Hermanos de sangre, sin embargo, tiene de estilo pero no de trama, una que es predecible de inicio a fin. El móvil del filme se sujeta a la fantasía de un amor no correspondido y la mecánica del exterminio continuo, con poco ingenio y mucha sangre.

II FIACID: Educación Física (Competencia Internacional)

La filmografía de Alberto Fuguet tiene en común retratar la historia de personajes ermitaños, sujetos que parecen estar peleados con su entorno, yendo a contracorriente de la rutina y el orden laboral, prejuiciosos, casi unos resentidos sociales. Son seres conformistas camino a la mediocridad. Estancados e inflexibles ante cualquier individuo que quiera revertir su estilo de vida. Vivientes del presente y abstemios de un futuro que, a pesar de todo, se les viene encima. Los personajes de Se arrienda (2005) o Velódromo (2010) son treintañeros, buenos tipos, talentosos en su oficio aunque de una madurez endeble al ser partidarios de un idealismo utópico. Los finales de ambos filmes son abiertos, los protagonistas ceden a la rutina ajena, más parecen conservar su esencia inicial, el talento creativo, el talento soñador. Pablo Cerda, actor en dos filmes de Fuguet, hereda, parcialmente, esta misma línea en su ópera prima.
Educación física (2011) es la historia de Exequiel (Pablo Cerda), profesor de un colegio en una provincia chilena, amante de la comida chatarra, del trabajo a medio tiempo, consumidor de tele y videojuegos, viste de poleras y pantalones deportivos. Su pasión: el baloncesto. Vive junto a su anciano padre y pasa algunas horas al lado de su único amigo. Cerda sigue el perfil de los protagonistas de Fuguet, solo que esta vez visto desde la periferia. Los habitantes de este contexto no son los sujetos aculturados ni tampoco residentes de los círculos snobs. La vida aquí, ya de por sí, tiene ese aire estancado. Existe un perímetro limitado, los espacios son los mismos, los lugares de visita son los que el promedio parece conocer. Al borde, se encuentra el ambiente marítimo, naturaleza que termina por coronar una ciudad  sin expectativas, gris y baldía. La mayoría de los habitantes son conscientes de ello. En el aire está esa necesidad de aspirar a algo distinto. Exequiel, sin embargo, prefiere no pensar en ello. Es más, la idea parece aterrarlo.
A diferencia de Alberto Fuguet, Pablo Cerda no cae en el discurso de la reflexión, algo que de hecho contamina al espectador de una moraleja nada sutil y que de paso pone en jaque la actitud medular del protagonista principal, uno que rehúye del consejero. Exequiel es el prototipo del individuo conformista, el fabricante de excusas en fin de justificar una desidia que ha eclosionado a propósito de un antiguo fracaso –otro referente de Fuguet–. Esta pues presente la frustración, el miedo a retornar a la derrota. Pero lo que llama más la atención en Educación física es que los hijos pródigos, aquellos quienes han logrado pasar las fronteras de la periferia, han sido víctimas del desencuentro, ello representado en el divorcio o la alienación (tal como se señala en el dejo “argentino” de un chileno). La vida de la capital o del “exterior”, entonces, no es como lo pintan. Dos son las opciones: o es que no existe un espacio oficial para el fracaso, o es que el individuo está destinado a cargar siempre su estigma contextual.

jueves, 30 de mayo de 2013

II FIACID: Leontina (Competencia Internacional)

Leontina regresa al mar luego de 50 años. Desde entonces el recuerdo de la muerte de un ser querido ha sido su fantasma, sin embargo el paso del tiempo ha compuesto su alma, una que todavía es víctima de la nostalgia, aunque siempre es menguada por propia voluntad. Leontina (2012) es el documental que Boris Peters le hace a su abuela, y que similar a Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Yulene Olaizola, 2008), será el pasado el tema de fondo. Leontina es el retrato de la vejez, un estado de vida que evoca recuerdos, pero que a diferencia de los tratamientos sobre la ancianidad, este no se inclina a lo depresivo. Tanto en el filme de Peter como el de Olaizola, las mujeres son presas de un recuerdo que compone un ambiente triste y melancólico, pero que sin embargo conserva un sentimiento gozoso, una especie de celebración al pasado.
Leontina halla un punto que la diferencia de Intimidades. Así como se habla del pasado, también se habla del presente. La abuela de Peters, a medida que hace remembranzas de su vida, responde a cómo estas han influido en su cotidianeidad. Hay un ejercicio de sabiduría y sobretodo de ánimos de vida. Recordar la tragedia de un marido muerto no la embauca a la desolación. Leontina es sobre el encaramiento al pasado, la reflexión, el perdón y la necesidad de seguir el transcurso de la vida. El personaje de este documental le hace frente a la muerte, no con la idea de esperar a su llegada, sino con el fin de aplazar aquello que –ella es consciente– no le es lejano. El cierre del filme es una ofrenda al vivir sin sufrir, un espacio que descubre la belleza de la vida y que se reconoce en la belleza de la vejez o la sapiencia.

II FIACID: Pacha (Competencia Internacional)

La historia de un pequeño lustrabotas se debate entre sus vivencias en tiempos de la efervescencia social y sus viajes oníricos hacia un espacio donde se reencuentra consigo mismo y con su alrededor. Pacha (2012), de Héctor Ferreiro, más que una trama, adapta un discurso sobre la eterna confrontación entre lo mundano y lo intangible. Es como el viaje de Dante a los círculos que nos aguarda después de la muerte, un lugar donde se reconocen los pecados del mundo, solo que también hay un reconocimiento a la Cosmogonía Andina, sobre sus deidades y los respetos hacia un origen extraviado. Todo esto sin embargo se hace extenso y repetitivo, plagado de simbolismos desgastados (cementerio es a muerte, paños de oro es a una deidad, carteles y pintas como mensajes subliminales) y líneas que no poseen la vitalidad al margen del lirismo representado. Fácilmente este pudo haber funcionado más como cortometraje.

II FIACID: 17 monumentos (Panorama Iberoamericano)

17 monumentos (2012), de Jonathan Perel, es un documental que, por lo menos, a los diez minutos de haberse iniciado este filme, te arrincona a la meditación. Es, por ejemplo, el momento ideal para meditar sobre lo qué hiciste el día de hoy y sobre lo que harás mañana, o tal vez es la interrogante de qué miraré más tarde o cuánto dura la película o qué estaría haciendo si no hubiese venido a ver la película de Perel. Ver 17 monumentos es hallarse en un lugar adecuado en el que puedes pensar en las mismas cosas que a uno se le viene a la mente durante una ducha matutina. Lo cierto es que, en medio de tanto pensamiento, uno no deja de observar la sucesión fílmica, una que solo se dedica a hacer primeros planos continuos de monumentos, cada uno contemplado durante un lapso de tiempo determinado. En este filme no hay una voz en off o testimonios orales, apenas está el sonido de la carretera o la naturaleza. Hojas que revuelan, gatos que se cruzan, pajaritos que detienen el vuelo.
Pero como mencionamos, en medio de nuestras notas mentales, el filme no deja de manifestar los monumentos petrificados, esos que han sido fundados a propósito del fin de una Dictadura, aquella que ha marcado a toda una nación, y que por el hecho de ser observado por un espectador que fue ajeno a dicha realidad, implica que su asimilación a este filme sea tardío. 17 monumentos –ya entrando en razón– es un documental que invita a la reflexión. El mutismo o la suspensión de una premisa oral son la vía que conduce a una serie de meditaciones relativas que nos trasladan, por ejemplo, a las víctimas desaparecidas, los hijos huérfanos, padres de hijos raptados, el perdón, la impunidad, lo fue y lo que hoy significa para Argentina. Cada monumento reza a los vocablos “Memoria, verdad, justicia”, no necesariamente en el mismo orden, y es que cuando se trata de un alto número de afectados, existe también un alto número de formas sobre cómo se concibe una tragedia. Es entonces cuando el documental de Jonathan Perel se convierte en un filme casi dialéctico porque cada monumento fundado en un área distinta, provoca una nueva respuesta, una reflexión variante.

miércoles, 29 de mayo de 2013

II FIACID: Locaciones Buscando a Rusty James (Funciones Especiales)

¿Hay algo de Rusty James en los personajes de la fílmica de Alberto Fuguet? El protagonista principal del filme de culto Rumble fish (1983), de Francis Ford Coppola, es el prototipo del rebelde que en su tiempo fue encarnado por James Dean en Rebelde sin causa (1955) o por Martin Sheen en Badlands (1973), este último en una versión más oscura e inerte, sobre los personajes rudos pero a la vez frágiles, estos tres arrastrando una orfandad imaginada, real o figurativa, y que no dudan en llenar dicho vacío en base a actos transgresores. Matt Dillon es pues el líder de la collera, pero también el chico enamorado y el hermano menor que idealiza al hermano mayor, uno que lo reemplaza por un padre que ha fracasado como tal. Fuguet ya antes ha citado a Rusty James, uno bajo un código más moderno, igual de rebelde y conflictivo.
Los personajes principales en Se arrienda (2005) o Velódromo (2010) son idealistas y solitarios, son los incomprendidos, aquellos que caminan a contracorriente, resistiéndose a seguir la típica rutina laboral manejada por una sociedad de la que guardan distancia. En relación a esto, son sujetos estancados en un mundo en constante movimiento, son talentosos, sin embargo conservan una actitud conformista. Hay en ellos además un desencanto o una ausencia de la figura paterna. Se niegan a obedecer a los cánones, muy a pesar tienen su lado sentimental o enamoradizo, eso que de un momento a otro los inclina a mirar del otro lado. Tal vez entonces sus días de rebelde terminen; es un “tal vez”. Locaciones: Buscando a Rusty James (2012), documental de Alberto Fuguet, reúne una serie de testimonios sobre la personalidad de un filme que ha tocado tanto al autor de este montaje, como a toda una serie de comentaristas anónimos, todos ellos coincidiendo en ser –por encima de una evaluación crítica– un grupo de apasionados.

Fuguet realiza hasta el momento su filme más interesante al converger una serie de factores a propósito de su obsesión a una película y un personaje impregnado en su fílmica. Locaciones… es en primera instancia el relato íntimo de un puñado de desconocidos. Encuestar “qué significa Rumble fish en la vida de algunos”, implica el vistazo rápido al pasado de otros. Es la rutina de colegio de uno, la historia de amor de otro, el distanciamiento de dos hermanos, el reflejo de un barrio argentino, otro chileno. Sin darnos cuenta, estamos siendo testigos de la intimidad ajena, oyentes de relatos honestos porque vienen de personas que retratan sus antiguas vivencias, siendo unos más nostálgicos que otros. A esto le siguen los fantasmas de la Historia. La Dictadura Chilena se asoma en algunos testimonios como marco contextual. Surgen así hipótesis sobre el porqué pudo haber calado de dicha manera una película como la realizada por Coppola. El gusto como respuesta de toda una generación reprimida.
Locaciones: Buscando a Rusty James es también el paseo nostálgico por los cineclubes, la agrupación de recortes de periódicos y puntos de vista que coinciden con el ánimo melancólico de los protagonistas de Rumble fish. Alberto Fuguet realiza una especie de alegoría a todo un filme, sin recurrir a un análisis tedioso o estético. La película se mueve a modo de confesionario, abriéndose paso con una oda improvisada y sincera sobre la llegada de su director a un mundo ajeno aunque familiar. Lo cierto también es que, en un momento de la película, las visitas a las locaciones son lo de menos, avistamientos que más bien funcionan a forma de marco a una serie de miradas. En definitiva, esto la convierte en un documental. 

II FIACID: Los días (Competencia Internacional)

El día de ayer se inició el II Festival Iberoamericano de Cine Digital, a realizarse hasta el próximo 9 de junio. A partir de hoy, posteamos las críticas de las películas que iremos viendo.

La historia central en Los días (2012), de Ezequiel Yanco, emprende a media hora de haberse iniciado el filme. El principio es pues una larga introducción sobre la cotidianeidad entre las hermanas gemelas Martina y Micaela, junto a una maternalidad apegada y una paternalidad casi ausente. Es el seguimiento a distintos escenarios, desde el dormitorio hasta el casting que las niñas hacen, el enfoque de primeros planos que va descubriendo las personalidades planas y sucesos de unas infantes que no evocan acciones ni hechos curiosos o extravagantes. Las gemelas están dentro del concepto de lo habitual de todo niño. Ellas ríen, pelean, juegan, hacen pataletas, se enferman, realizan sus tareas, van a la catequesis, hacen caso a la madre y a veces no. Toda esta acción bajo la mirada vigilante de la cámara y de la presencia materna. Asomado el título, las cosas cambian.
Los días, luego de su introducción, es la misma cotidianeidad de la niñas, solo que en esta ocasión sin la presencia de la madre. La trama se desarrolla bajo el mismo ritmo, salvo la omisión de pucheros y otras actitudes que pongan en evidencia la inestabilidad emocional de las gemelas, unas que más bien demuestran lo contrario a las expectativas de las que podría aguardar el espectador luego de haber conocido a las pequeñas durante su media hora inicial. Ezequiel Yanco provoca el énfasis de curiosidad hacia unas niñas que de un día para otro tienen que cuidarse, criarse y formarse por sí solas. Etapas de la infancia que son constituidas o motivadas por el lazo paternal o de familia, tales como la Primera Comunión, la educación, el tránsito de la niñez a la adolescencia (el ritual del pintado de uñas) e incluso la misma alimentación, son acciones que están abstemias de la compañía materna. Esto es lo único a contemplar del filme.